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Reportajes y Entrevistas
Andrés Velasco no hace lo que quiere. Hace lo que puede

Artículo correspondiente al número 198 (23 de feb al 08 de mar 2007)

Menos leyes y más libertad

-En la comisión de Hacienda del Senado el único economista es Carlos Ominami. Usted es abogado, Hosain Sabag y José García son contadores y Camilo Escalona cientista político. ¿Ha pensado en que el Congreso podría dictar leyes generales en materia económica y dejar a otros organismos las regulaciones técnicas, lo que permitiría, a su vez, despachar estas leyes con mayor rapidez?

-La calidad del Congreso no es ni mejor ni peor que la calidad del país, pero este no es solo un problema de legislación económica, porque el tema central es que frente a cada problema lo que nace es dictar una ley. Yo dedicaría gran parte de nuestro tiempo a derogar leyes, pero esa es nuestra lógica jurídica, no la de la Concertación. Yo estoy abierto a estudiar nuevas fórmulas y creo que si en el MKIII queremos hacer algo que valga la pena, deberíamos formular ciertos principios generales y que las regulaciones queden en manos de un organismo técnico. La ley de bancos, por ejemplo, es muy corta y los bancos funcionan bien con las normas que establece la superintendencia del ramo.

-¿Ha sentido presión de los empresarios en contra de aumentar el límite de inversión de las AFP en el exterior, toda vez que hoy día tienen prácticamente un mercado cautivo en Chile con las inversiones de las AFP en sus empresas?

-El hecho es que en el MKII estaba la norma que permitía el aumento y no hubo presión de las empresas. Lo único que puedo garantizar es que en esta materia vamos a oír en el Senado a los economistas y no a los empresarios. Además, estas normas van a tener que ser de aplicación paulatina, porque no creo que a las autoridades les interese generar una crisis bursátil o que las tasas de interés se disparen.

-¿La bolsa local opera en una burbuja?

-Efectivamente hay una presión sobre la bolsa y, sin ser un experto, creo que en algún momento habrá que liberarla. Lo que nosotros estamos pidiendo es que se eleve el rango máximo, pero las AFP, que hoy tienen cerca del 70% de sus fondos invertidos en Chile, tampoco van a ser suicidas llevándose todo para afuera. Nuestro mercado de capitales es chico porque el país es chico, pero fuera de ciertas regulaciones que responden a este afán de las autoridades de querer controlar todo, este es un mercado moderno, abierto y transparente.

-¿Se podría discutir pronto la ley de gobiernos corporativos, que en principio formaba parte del MKII, y que se rijan por ella las empresas del Estado?

-Mi impresión es que a Codelco le darán trato separado. Además, en esa discusión se preocupan mucho más de las sociedades anónimas que del manejo de las empresas estatales, lo que refleja que siempre la desconfianza está en los privados. Cada intento nuestro para que las empresas del Estado se manejen de manera más eficiente y transparente cuesta una brutalidad.

-¿No es una buena señal que se hayan formado distintos grupos de trabajo a nivel de gobierno y privados para discutir la reforma del MKIII?

-Todas las opiniones, sobre todo en asuntos técnicos como éste, son bienvenidas. Yo espero que el MKIII sí logre que el mercado de capitales sea mucho más moderno y competitivo, pero al final eso pasa por el convencimiento del gobierno y la Concertación, no de los privados.

-¿Cuál es su pronóstico de crecimiento para este año?

-Siempre los pronósticos se han estado corrigiendo a la baja y no veo cuál es el fundamento económico del optimismo del gobierno para pronosticar que este año vamos a crecer un punto más que el pasado. Lo que está pasando es escandaloso y la Concertación tendrá que rendir cuentas en la corte celestial, porque aquí nadie pide cuentas de nada, ya que con las mejores condiciones de la historia, crecimos por debajo del promedio mundial. Así, no veo cómo podremos llegar al desarrollo y derrotar la pobreza.

Un nuevo proyecto

-¿De ser ustedes gobierno, qué habrían hecho y cuánto estaríamos creciendo?

-De partida, al menos ahora estamos haciendo algo que habíamos dejado de lado como oposición, y que es criticar, porque nosotros no tenemos el poder para gobernar. Dicho eso, en materia económica creo que lo primero que tiene que hacer un gobierno es dar confianza a quienes mueven la economía y generan empleo, que son las empresas.

-¿No le parece que los grandes empresarios están bastante cómodos con el manejo de la Concertación?

-A los empresarios no les conviene hablar de política. Las grandes empresas no pueden aplicar una política de choque, porque tampoco el país está en un caos, pero me parece que ninguna de las cosas que estoy diciendo los sorprende. Las empresas tienen que funcionar igual en un país con más o menos regulaciones, con crecimiento 4% ó 7%, con más o menos impuestos. Uno no concibe una gran empresa que cierra la cortina con cada cambio de ministro de Hacienda. No sé si hay una amistad mayor de los empresarios con el gobierno, simplemente tienen que seguir funcionando.

-¿Cree que el problema principal de las empresas es falta de confianza en el gobierno?

-Las grandes empresas tienen más opciones que las pequeñas y medianas para moverse en cualquier sistema. Por ejemplo, frente a las inflexibilidades laborales, lo que hacen es tecnificarse y disminuir mano de obra o salen a invertir afuera. Cuando hablo de falta de confianza estoy pensando en lo que mueve el 80% del empleo del país y que son las pymes y cuando se ve que ha bajado la tasa de desempleo, también hay que fijarse en que no ha mejorado la calidad del empleo. Chile crece incluso por debajo de la tasa mundial y mucho menos que países de América latina que son con los que le gusta compararse al gobierno. Cualquier persona que tiene que tomar una decisión económica tendrá que pensar en lo que pasa si el cobre baja a 80 centavos o si las tasas de interés en el mundo suben, porque si con buenísimas condiciones como las actuales estamos como estamos, no me quiero imaginar un escenario adverso.

-¿Qué tiene que hacer entonces el gobierno?

-Es que yo estoy seguro que el gobierno no va a arreglar nada, la Concertación no va a arreglar el problema. Nosotros creemos que el país crece más con un Estado más chico y ahora que tenemos un fondo de 15 mil millones de dólares, en vez de plantear subir los impuestos o mantenerlos como están, lo que habría que hacer es bajar algunos impuestos y traspasar recursos a las personas. Aquí no se trata de descubrir la pólvora, sino cambiar las condiciones para que se mueva la economía. Para instalar una empresa en Chile hay que contar con un ejército de abogados y lobbystas que permitan superar los cincuenta trámites que se exigen.

-Ejército del que usted forma parte, al menos como socio de una reconocida oficina de abogados…

-Hace más de diez años que no tengo participación activa en el estudio y, por lo demás, eso no me inhabilita para opinar de estos temas ni reconozco ningún conflicto de interés.

-¿No valora iniciativas como las de Chile Compite, que plantea eliminar trabas, o todo lo que se avanzó en MKII en temas de capital de riesgo?

-El diagnóstico está hecho desde hace más de 15 años, pero no solo no se avanza, sino además cada vez veo más obstáculos a la iniciativa privada. Por eso estamos como estamos. No creo que en Chile no funcionen las leyes económicas que sí dan resultado en todos los países que han alcanzado el desarrollo. A raíz del tema del crecimiento opinaron Ominami, Eyzaguirre, Lorenzini y todos le echaron la culpa al Banco Central por el aumento de tasas del año pasado del 5% al 5,25%, como si eso por sí solo explicara el pobre crecimiento de la economía. Otros pedían que hubiera más inflación, porque todavía algunos creen que eso ayuda, y otros decían que el Estado debía gastar más: esas son las recetas de la Concertación.

-Si la Alianza tiene tan clara la receta, ¿por qué no se ve un proyecto potente que los identifique y que logre encantar al electorado?

-La Alianza tuvo un mensaje potente en la primera campaña presidencial de Lavín, el mensaje del cambio caló hondo y la gente entendió que lo que correspondía era que el Estado mirara los problemas de las personas en vez de mirarse el ombligo. Reconozco que después de eso, por distintos problemas, ese mensaje se desdibujó.

-¿Esa reformulación implica tener la valentía política de asumir un mensaje de menos Estado y menos impuestos? Se lo pregunto porque en la última campaña presidencial ni Lavín ni Piñera se negaron a eventuales alzas de impuestos y también cayeron en eufemismos en materia laboral…

-Nosotros tenemos que perfilar un proyecto distinto al de la Concertación. Uno puede estar de acuerdo en subir impuestos en determinadas circunstancias, porque aquí no hay dogmas, pero el planteamiento de fondo de la Concertación es radicalmente distinto al nuestro, porque ellos siempre van a querer un Estado más grande, mientras que nosotros queremos más libertad para las personas. Creo que la Alianza debe plantear con claridad estas cosas, sabiendo que es un discurso poco vendedor en Chile, porque creo que a largo plazo sí vamos a obtener frutos. La Concertación se puede desmoronar, pero si la Alianza no tiene un mensaje claro, nos vamos a terminar cayendo los dos juntos.

-¿Está de acuerdo, entonces, en que han fracasado tratando de construir una opción basados en las críticas al gobierno?

-Nosotros criticamos con justo derecho cuando nos parece que las cosas andan mal. Lo que pasa es que el gobierno se había acostumbrado a no tener oposición. Nuestro proyecto se basa en liberar amarras para que las personas puedan crear y reformular las políticas sociales, porque en Chile el asistencialismo es tremendo, se reparten miles de millones sin criterios técnicos y no hay ningún seguimiento. La Alianza tiene que liderar una nueva generación de políticas sociales.



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