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Artículo correspondiente al número 276 (20 de mayo al 4 de junio de 2010

| ¿Zanahoria o garrote? |
| Una de las discusiones más acaloradas de los últimos años para combatir los efectos de la mala alimentación se ha dado en torno a si es recomendable establecer impuestos a la comida chatarra. Los expertos en salud son categóricos: los países que aplican medidas para regular la oferta de alimentos poco saludables, a la par del establecimiento de una política de educación sobre qué es comer sano, han bajado sus índices de mortalidad por enfermedades asociadas a la obesidad. Para el representante de la Organización Panamerica de la Salud y de la OMS en Chile, doctor Rubén Torres, para prevenir una conducta obesogénica o para tratarla, se necesita una constelación de medidas que ataquen las causas, de carácter preventivo y legislativo. El primer frente es claro: enseñar a la población a consumir alimentos más sanos e incentivar la actividad física para terminar con el sedentarismo. ¿Cómo hacerlo? Ejemplos hay muchos. Una de las normas que varios países han adoptado es la prohibición de ofrecer, en los kioscos escolares o en los casinos, alimentos de riesgo. Otra medida que han implementado países como Dinamarca es gravar la publicidad de productos poco saludables o simplemente prohibirla, tal como se ha hecho con el tabaco. Existe también otro grupo de países que ha elevado la tasa de impuestos a los alimentos que no responden a los parámetros sanitarios. Ejemplos nítidos son algunos estados de Estados Unidos, Finlandia, los países nórdicos, Australia y Canadá. En Inglaterra, además de exigir información clara en el etiquetado, se aplica un impuesto especial de 17,5% al valor agregado de productos de confitería, helados, algunos snacks y la mayor parte de las bebidas. En los últimos años se ha discutido sobre la posibilidad de hacer extensivo este impuesto a una amplia gama de alimentos con alto contenido de grasas, azúcar y sal. Según los expertos, ello traería como resultado 3.200 muertes menos al año en esa nación, un 1,7%. Austria y Dinamarca tienen normas que limitan a 2% las grasas trans en productos de consumo y se está discutiendo una propuesta para cargar con mayores impuestos los caramelos para bajar su consumo. En Estados Unidos, un 20% de los estados ha votado a favor de la aplicación de un impuesto del 17% a las gaseosas y otras bebidas dulces. De aprobarse este impuesto anticalorías –comos se le ha denominado–, no sólo subirá el precio de estos productos, sino que además se impedirá su venta en colegios y centros educaciones. Pero en esta materia no sólo hay castigos, sino que también premios o incentivos a la industria. ¿Cómo se ha hecho? Pactando con los productores estímulos monetarios si elaboran alimentos de categoría sana. No es algo raro, y de hecho en países como Finlandia y algunas zonas de Australia se aplica este modelo. |