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Artículo correspondiente al número 276 (20 de mayo al 4 de junio de 2010
La revolución alimentaria que vivió el mundo en las últimas décadas no excluyó a Chile: pasamos de tener una producción netamente para el autoconsumo a convertirnos en actor relevante en la generación de distintos alimentos. Para tener una idea, baste tal vez mencionar que mientras en año 2000 exportábamos unos 4.900 millones de dólares en alimentos, diez años después la cifra pasó a 12 mil millones de dólares.
El presidente de Chilealimentos, Alberto Montanari, defiende el potencial alimentario que tiene el país -con ventajas competitivas en materias como el clima mediterráneo, la disponibilidad de agua o una ubicación geográfica que actúa como aislante sanitario natural-, pero no en el espectro amplio del término, sino más bien como un productor selectivo: con alimentos sanos y muy sofisticados. Un mercado de alimentos más de lujo, describe. Para llegar a esto, el país ha tenido que invertir. Sobre todo, en tecnología e innovación. Gracias a esto último es que ha podido multiplicar su oferta y presencia en distintos rincones del planeta. Echamos una mirada a algunos de los principales sectores alimentarios del país para ver cómo han cambiado con los años y lo que han hecho –o están haciendo– para sobresalir. Y nos encontramos con varias sorpresas.
Pollos más gordos
Donde tal vez se plasma de mejor forma la innovación y crecimiento es en la industria avícola. El director de Ariztía, Marcelo Ariztía, cuenta que la base de toda la pujanza del sector está en la investigación que hay detrás.
Para entenderlo fácilmente es necesario mencionar que hace tres décadas criar un pollo involucraba unos 3,5 kilos de alimento por cada kilo de carne producida. Cada ejemplar llegaba a pesar unos 1,7 kilos, para lo cual se empleaban unos 70 días. Hoy todo se ha reducido. Se emplean dos kilos de alimento (soya y maíz, principalmente) por cada kilo de carne, pero el pollo ahora pesa en promedio tres kilos y su tiempo de maduración es de apenas 45 días.
Un cambio posible porque el tiempo entre una generación y otra de estos animales es muy breve y, por tanto, se pueden seleccionar los mejores ejemplares y trabajar sobre ellos varias veces al año. “Hoy día los pollos son muy distintos que hace 20 años. Las patas son más cortas, la pechuga es más grande. Es una de las industrias que más ha evolucionado en muy corto tiempo, porque ha podido ir mejorando su competitividad por la vía de la investigación, el desarrollo y la genética”, anota Ariztía.
Frutas con más tecnología
En el más tradicional de todos, el sector frutícola, conversamos con Ismael Ossa, dueño de Sofruco: uno de los principales productores, con más de 2.200 hectáreas de huertos en el país. Dice que el sector es hoy muy distinto a lo que fue hace 30 años. En ese entonces, por ejemplo, no existía caminos ni comunicaciones en los campos... y para qué describir lo que pensaban los empleados sobre ralear un árbol para hacerlo más productivo. “Era como botar la comida”, recuerda.
Las exportaciones tampoco eran muy bien vistas y, por lo tanto, no existía aparataje para mantener la producción, sino sólo bodegas que se baldeaban con agua para mantenerlas frescas.
Todo cambió cuando el país se abrió a las exportaciones. Se desencadenó un proceso de tecnificación que hoy resulta imprescindible: con riego controlado y cadena de frío en todo el procedimiento, se sumaron nuevos frutos: como berries o kiwis, y se instaló una creciente industria paralela de jugos, conservas, pastas y frutas secas, a la par también con el desarrollo del packaging.
Lácteos con desarrollo de productos
Se puede decir que el sector lácteo es uno de los que más se ha apegado a las nuevas exigencias de los clientes. Hoy el factor salud y bienestar tiene una mayor ponderación en la decisión de compra y, por eso mismo, se entiende el acelerado trabajo que realizan día a día las marcas del sector para mantener cautivo al público.
De un mercado compuesto preferentemente por leches y quesos, se pasó en las últimas décadas a una oferta masiva de productos light, postres y yogures con distintas propiedades.
En Soprole, por ejemplo, el gerente comercial Sebastián Tagle advierte que la innovación ha sido una herramienta clave para que la firma pasara a lanzar al mercado un promedio de 20 a 25 novedades por año, lo que se traduce en casi dos lanzamientos nuevos al mes.
Agroindustria intensiva
La agroindustria es un área donde la explosión de oferta de alimentos es mucho más latente que en otras. En Empresas Carozzi cuentan que hoy tienen un portafolio de más de mil productos distintos. “Estamos convencidos de que la innovación es una herramienta de negocio sumamente importante, vital para alcanzar la diferenciación con la competencia y satisfacer las necesidades y gustos de los consumidores, que son cada día más exigentes”, relata su gerente general, José Juan Llugany.
Dice que el mayor cambio es la tendencia a buscar alimentos orientados a mantener un estilo de vida saludable. Por eso, el empeño de la firma ha estado puesto en fortalecer su línea Vivo, que participa en diversas categorías como pastas, postres, salsas de tomate y jugos.
El mismo enfoque siguió Tresmontes Lucchetti. Su gerente de asuntos Corporativos, Felipe Lira, describe que han ajustado su oferta en función de nuevas temáticas “contemporáneas”, como la obesidad y la hipertensión. “El problema de fondo es que no hay alimentos buenos o malos, sino estilos de vida y hábitos alimenticios saludables y no saludables”, describe. Por eso es que han estado dedicados a contribuir a la enseñanza de los consumidores con distintos programas. Como uno que desarrollan en conjunto con INTA y el municipio de Casablanca y que busca enfrentar la obesidad infantil a través de programas educativos en colegios.