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Artículo correspondiente al número 251 (30 de abril al 14 de mayo de 2009)
-¿También sobre la acreditación?
-Como contribución a la autoevaluación y al mejoramiento continuo de las instituciones, nosotros queríamos un proceso acreditador que fuera sólo una instancia de verificación. Eso es lo que debe ser la acreditación... y nada más. Que no hubiera intervención, ni siquiera que se pudiera suponer que había la intención de intervenir. En cambio, la ley habla de “promover la calidad” y eso significa intervención. ¡La universidad como instancia social superior debe saber lo que hace y cómo lo hace! Por otra parte, se necesitaba de una pluralidad de agencias realmente acreditadoras que fueran libres en su quehacer y en sus decisiones y no que la decisión de acreditación sólo estuviera reservada a la agencia oficial controlada por el Estado. Hacía falta un consejo real, de tiempo completo, similar al del Banco Central, que pudiera ocuparse de todo lo relativo a su función. En lugarde eso se entregó todo el proceso a una secretaría ejecutiva, que detenta el poder y trabaja casi solamente informando.
Corazón socialista
-¿Por qué al final las demás terminaron aceptando la acreditación?
-Porque suponen que la acreditación es un elemento importante para mejorar la posición de mercado y la ven como un instrumento de marketing, Pero el problema de fondo no está ahí. Lo que hace posible esto es la existencia en el país de una cultura que es socialista en materia educacional. Hay personas libremercadistas en todo… menos respecto a la educación. Quieren garantías, controles, quieren que el Estado planifique, intervenga y que ojalá les dé educación gratis. Se creen libres, pero siguen teniendo una parte socialista en el corazón, no comprenden que la que tiene que buscar y elegir bien es la propia persona; que para crecer se necesitan amplios espacios de iniciativa y libertad; que la función del Estado en una sociedad que avanza es y debe ser subsidiaria. Esto es muy preocupante.
-¿Por eso se niegan a recibir el Aporte Fiscal Indirecto?
-Quiero preservar la independencia de nuestra universidad. Nosotros rechazamos el AFI porque éste no se asigna a las y los alumnos de buenos puntajes, sino que se entrega a la universidad a modo de subsidio o contribución sin que medien acciones o trabajos equivalentes a lo que se recibe. Entendemos que una institución privada, para tener total libertad, requisito esencial a una universidad, debe tener la capacidad de financiarse a sí misma, ser absolutamente privada y no recibir aportes del Estado, a menos que se trate, como señalé, de algún proyecto específico, de algún concurso. No queremos que en algún momento el gobierno de turno nos condicione a través del dinero. Nuestra negativa es una cuestión de principios. Si nosotros no somos capaces de hacer esto, entonces, ¿qué estamos enseñando cuando pretendemos formar personas creativas, capaces y empresarias?
-¿Cuál es tu posición en torno a la Ley General de Educación recientemente aprobada?
-Ninguna ley resolverá absolutamente nada, porque no hay voluntad y sí muchas dificultades para encarar los problemas de fondo del sistema educacional. Mientras esté vigente el Estatuto Docente, que impiden mover a los malos profesores y funcionar en libertad, no hay destino alguno. ¡Ninguno! Yo postularía en este minuto entregar los colegios a los profesores y tener programas y planes mínimos, ¡pero verdaderamente mínimos!, no como los actuales. Que la gente de Punta Arenas enseñe lo que la gente de Punta Arenas necesita aprender y que los de Arica enseñen lo que necesitan ellos. La plataforma común debe ser básica, mínima y ascendente, de modo de producir unión en el tiempo, pero habiéndole dado la oportunidad a las niñas y niños de adquirir confianza en sí mismos y conocer lo propio; sólo así, lo que aprendan va a tener sentido y permanecerá en la mente.
-¿Tan inútil es la LGE?
-No quiero molestar a nadie, pero siempre decimos lo que pensamos y hacemos lo que decimos... y eso es importante. Una Ley General de Educación no puede resolver los problemas, que son muy simples y están en las personas. Necesitamos mucha más libertad, diversidad muy grande en los proyectos de iniciación enla educación, que vayan convergiendo en la medida en que las personas crecen y maduran. Pero, definitivamente, nuestra clase política no confía en el ejercicio de la libertad de las apersonas y, entonces, trata de reemplazar lo que es evidente y urgente de realizar por la planificación y la programación hecha por una burocracia que hace ya mucho tiempo viene fracasando.
-Y ese criterio tan liberal, ¿cómo lo aplicas en tu universidad?
-¿Liberal? Eso es una etiqueta y nada más. Nosotros, en estos 28 años, hemos ido pasando de los planes iníciales a lo que la experiencia y el mercado nos indican como una conveniente evolución. La sociedad ha cambiado y es natural que también las universidades se adapten a la realidad si quieren seguir sirviendo a la juventud. En el fondo, a los planes y programas que tomamos de la Universidad de Chile les agregamos de manera armónica nuestros valores, nuestra visión de mundo, nuestra antropología que es la cristiana. Aquí, desde el primer día de clases, fue obligatorio estudiar dos años de Filosofía en todas las carreras. También tenemos Castellano, porque los jóvenes no saben hablar, no saben escribir, no saben redactar, tienen una ortografía pésima. Enseñamos las nociones elementales de la cultura y enseñamos Inglés obligatorio desde el primer año. Establecimos el deporte obligatorio por dos años como un modo de formar personas en un plano diferente a la sala de clases.
Alumnos con aritos
-¿Qué piensas de las críticas que señalan que la Gabriela Mistral forma muy buenos profesionales, pero con un sello muy conservador e incluso colegial?
-Sé que eso es lo que se comenta y sólo puedo decir que no somos liberales en materias valóricas, ni tampoco estamos dispuestos a aceptar cualquier cosa. Sin embargo, somos una institución acogedora, tremendamente familiar, que recibe con cariño a todas las personas que están aquí. Procuramos apoyar a nuestros alumnos y alumnas y compartir con ellos todas las experiencias que tienen que vivir, sean personales o académicas. ¿Qué pasa con supuestas restricciones? Como rectora tengo la responsabilidad y la obligación de aconsejar a la juventud que ha confiado en nosotros. Cuando veo a un alumno con arito, me acerco y le pregunto por qué lo usa. ¿Quieresdarte seguridad? ¿Pertenencia a algo? ¿Llamar la atención? Conversamos y generalmente me regalan el arito para mi colección… Cuando las niñas andan semidesnudas también intervengo. Es una pena que degraden el cuerpo cuando es algo tan valioso, tan digno, un instrumento de vida, de maravilla y de placer en el ser humano. Pero si lo estamos basureando porque lo frivolizamos…hemos perdido el rumbo y afectamos gravemente la relación entre los sexos. Ese es el punto.
-¿Cuál es el sistema de ingreso a esta universidad?
-Nunca hemos adheridos a la Prueba de Aptitud Académica, ni ahora a la PSU. No nos gustan esas pruebas. Tal vez porque yo conocí un sistema distinto cuando en mi tiempo postulé a la Universidad Católica. En ese momento, la Escuela de Derecho tenía una prueba objetiva de conocimientos y aptitudes como la comprensión de lectura; pero, además, había una entrevista personal, que era definitoria. Para mí, esa experiencia fue tremendamente enriquecedora. Nosotros buscamos seleccionar a personas, que pueden haber tenido puntajes excelentes o puntajes medianos. Si la persona es inteligente, si la persona es valiosa, yo me quedo con ella, no importa qué puntaje haya tenido.
-¿Y cómo miden si están recibiendo a los alumnos adecuados?
-Cuando se matriculan, los alumnosson apenas una potencialidad. Al cuerpo docente, apoyado por la administración, le corresponde sacar todo el rendimiento posible a esa promesa. La calidad de nuestro esfuerzo, de nuestra apuesta por un tipo de jóvenes, se mide por los resultados. Tenemos más de 8.000 titulados que están muy bien ubicados en el mercado nacional y en el mundo. Voy a China y me encuentro con ex alumnos nuestros. Lo mismo pasa en Europa, en Japón y en Estados Unidos. Trabajan o están perfeccionándose en los lugares más diversos del planeta. La verdad es que a nuestros alumnos y alumnas les va muy bien, tienen prestigio porque tienen un sello de calidad humana. De hecho, competimos mano a mano y sin complejos con los mejores alumnos de la Católica, de la Chile o de quien sea.
-¿Te sientes apoyada por el entorno universitario?
-Soy una mosca blanca y estoy sola. Lo que pasa es que algunos cuidan lo que han obtenido y a veces tienen miedo de perder algo. Entonces callan. Desde siempre he sido la que ha dicho las cosas por su nombre a las autoridades. No se puede ceder en ciertos principios que son esenciales para lograr una mejor sociedad. Por mantener esta posición hemos pagado costos bastante altos que no los cobran la autoridad o el Gobierno, sino la sociedad, esa misma por la cual hemos tenido y tenemos la actitud que nos caracteriza. En todo caso, estoy dispuesta a seguir pagándolos, porque si no, no tiene sentido permanecer aquí. Esta es una institución católica –a secas- que sirve a Dios y tiene la tarea de colaborar en la formación de las personas que sean capaces de mejorar nuestra sociedad.