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Artículo correspondiente al número 247 (6 al 19 de marzo de 2009)
-¿Se puede ser parlamentarista con gente como Navarro, que hace un proyecto de ley en base a Wikipedia, o díscolos como Marco Enríquez-Ominami?
-Bueno, a Navarro lo critiqué en su momento por ese tipo de tonterías. Pero yo he estado con Navarro una sola vez, antes de que se volviera más delirante y chavista, y me sorprendió su inteligencia. Tiene la particularidad de la inteligencia de los hombres bajos de estatura. Marco Enríquez me parece que es mucho más político y, por su juventud, se puede dar ciertos lujos. Yo lo conozco y le he dicho: “si Arturo Alessandri fue director de la biblioteca del Congreso en su momento y escribía libros de historia más o menos, tú también puedes ser director de cine y eventualmente tener una carrera política muy provechosa. Y si Arturo Alessandri cometía estupideces, tú puedes ser díscolo”.
-¿Está trabajando en su campaña?
-No, aparezco en su página web, pero no estoy trabajando con él. De hecho, yo no voy a votar. Lo que me ha llamado la atención en Marco Enríquez es que –aparte de ser una persona que estudia mucho, me consta– tiene un pedigrí único en la historia de Chile actual, un pedigrí político por todos los lados, por su papá, por su papá adoptivo, por los Enríquez, los Gumucio, los Rivas. Esos son factores importantes en un país como Chile. Y tiene carisma: caminar en la calle con él es impresionante, no sólo lo saludan, le hablan, sino que también lo tocan. Es raro.
-¿Qué le parece la posibilidad que Piñera salga elegido presidente?
-Sería nefasto para la derecha. Tengo serias dudas de que sea de derecha, creo que es un demócrata cristiano oportunista que está ahí en la derecha porque le habría sido más difícil ser político en la centro izquierda. Es una persona muy representativa de los años 80, en términos económicos y políticos, y por eso me parece que corresponde a un modelo especulador, agresivo, exitista, que es lo que acaba de derrumbarse en los últimos 6 meses. Piñera se ha rodeado de gente que me parece muy conocida, como Espina, Allamand, Fernando Barros. La gente joven que lo rodea son todos empleados de él… Aunque los otros quizás también lo son. Piñera ha financiado Renovación Nacional como si fuera otro Tantauco. En ese contexto me parece que no tiene nada nuevo que ofrecer y se le pasó el cuarto de hora. Y creo que sería nefasto para la derecha. Tengo la impresión de que es algo que otra gente de derecha también opina, empezando por Pablo Longueira. También creo que el empresariado nunca ha creído en Piñera, porque ha hecho negocios con Piñera. Yo he hablado con mucha gente que ha hecho negocios con Sebastián Piñera, y ninguna persona que ha hecho negocios con él se expresa bien de Piñera. Nadie.
-¿Por qué sería nefasto para la derecha? Mal que mal, significaría llegar al poder, después de cuatro gobiernos de la Concertación
. -Yo creo que Piñera, si llega al poder ,va a terminar siendo el quinto gobierno de la Concertación. No va a hacer ningún cambio, ¡si hasta va a gobernar con los equipos de la Concertación! Eso es nefasto para la derecha. Se puede dar el caso de que Piñera sea como el gobierno de Jorge Alessandri, que gobierne con gerentes al principio y eso va fracasar, y va a tener que volverse político con la diferencia de que Sebastián Piñera no tiene la calidad humana y republicana que Alessandri tenía. Yo no tengo mayor simpatía por Jorge Alessandri, pero creo que en esa comparación no queda muy bien Piñera. Y sabemos que el gobierno de Alessandri para la derecha fue nefasto y, desde ese entonces, la derecha nunca ha llegado a La Moneda por la puerta ancha. Por lo tanto me parece que si es así, Piñera es nefasto para la derecha. Además, la derecha no se lo merece todavía.
-¿Por qué?
-Por lo que hemos visto. En el caso de la señora Rubilar, en una comisión tan delicada como Derechos Humanos, la chamboneó. Francamente, todavía no están listos. Y era muy importante que una figura de derecha presidiera una comisión de Derechos Humanos. La festinaron. Me parece que se puede festinar fácilmente la presidencia de la República después de una elección que ganarían únicamente por el desgaste lamentable de los gobiernos de la Concertación. Se necesitan una regeneración de cambio y una nueva Constitución. No sólo un gobierno de derecha que signifique una alternancia.
-¿Pero existen personas para ese cambio político?
-Yo creo que siempre la necesidad produce a los personajes. Me tocó estar en la comisión de legislación y Jorge Burgos me hizo la pregunta: “con la calidad de políticos que tenemos, ¿cómo podemos tener parlamentarismo?” Es una muy correcta pregunta. Pero el parlamentarismo es la regla general en el mundo europeo occidental, al cual todavía, ojalá, pertenezcamos. El presidencialismo es una aberración norteamericana. Además, en general, donde hay regímenes parlamentarios hay muy buenos parlamentarios. Tenemos que hacer un cambio, cambio que es inevitable. Y de hecho el propio Frei lo ha señalado, muy bien asesorado, por lo demás. No soy freista, no pienso votar por él, de igual manera que no pienso votar por Arrate o Marco Enríquez, pero voy hacer todo lo humanamente posible para que no salga Piñera.
-¿Usted se sigue definiendo de derecha? De acuerdo a su análisis, no es fácil serlo en estos momentos.
-Yo soy de derecha. Pasa lo mismo en el deporte. Está lleno este país de gente que es defensor de la Unión Española, Wanderers o la Universidad de Chile, y lo siguen siendo aun cuando sus equipos estén en pésimas condiciones.
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Las interrogantes del bicentenario |
-Cuando Chile se acerca a celebrar el Bicentenario es un buen momento para evaluar lo que han sido estos dos siglos. -Es un momento fascinante en cuanto te permite hacerte preguntas extremadamente duras que no pasan por el ángulo de las crisis y el malestar. Por ejemplo, ¿deberíamos tener un régimen republicano? Yo hice mi tesis sobre la independencia y entre otras cosas concluí en que la independencia había sido accidental y que habíamos terminado eligiendo un régimen republicano porque las monarquías estaban muy desprestigiadas. -Pero si no fuéramos republicanos, ¿qué podríamos ser? -Recuerda que Argentina en el periodo de la independencia se planteó la posibilidad de constituirse en un protectorado inglés. Nosotros pudimos optar por una monarquía constitucional. De hecho, en materia económica, hoy la penetración de capitales españoles es tan fuerte en América latina que a veces uno se hace la pregunta, pero de manera seria, de la posibilidad de volver a formar parte de un conglomerado económico político europeo o español. Si el agua, el teléfono, el banco ya son españoles... entonces, ¿por qué no ingresar al sistema europeo? Hay que recordar que hubo 300 años de dominio español en los territorios americanos y de un día para otro cambiamos de régimen y nunca más volvimos a tener monarquía. Entonces, los 200 años de nacionalismo republicano liberal también podrían quedar en nada. -¿Usted sugiere que nos convendría depender políticamente de Europa? -La globalización significa que formamos parte de bloques. La pregunta es: ¿no hay opciones en estos bloques? Yo creo que sí hay opciones y no tiene por qué ser la norteamericana. Hay varias razones de orden político y cultural para sostener que sea el europeo y no el norteamericano. Sobre todo, en el contexto de debilitamiento norteamericano. Por ejemplo: ¿quién nos va salvar de los Chávez en los próximos 30 ó 40 años? ¿Estados Unidos? No creo que sea un escenario positivo. No hay que olvidar que fue el rey de España el que hizo callar a Chávez. Además, históricamente Chile ha preferido enfrentar solo los escenarios más delicados. -De hecho, Chile hoy enfrenta problemas con la mayoría de sus vecinos. ¿Existe la llamada deuda histórica con Perú y Bolivia? -Por lo que sabemos de la guerra contra Perú y Bolivia del 79, Chile estaba en una situación de crisis económica muy fuerte, lamentable y crítica (quizás más que en 1930). En sas circunstancias, tenía dos alternativas: parar su desarrollo económico y político y transformarse en una nación como Paraguay o se volvía imperialista y usurpaba riquezas que no le correspondían históricamente. Se optó por esto último. Fue un robo y un imperialismo a la chilena. Llegamos por enésima vez a Lima. Piensa que estuvimos en Lima en la guerra de 1830, en la Independencia y nunca nos hicimos cargo. Nunca reconstruimos el virreinato peruano: simplemente dejábamos la tendalada y volvíamos a Santiago. Si vamos a ser imperialistas, tomemos Lima, gobernemos con nuestra capacidad política, que es enorme, desde Lima. Pero eso no lo hicimos. Finalmente nos retiramos y nos quedamos con el salitre peruano y con el cobre boliviano. Si tú me preguntas, si hay una deuda histórica posterior, yo creo que sí, tanto hacia Bolivia como hacia Perú. |