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Alfredo Jocelyn-Holt. Disparos de historiador

Artículo correspondiente al número 247 (6 al 19 de marzo de 2009)

 

 

Escuche algunos extractos de la entrevista en nuestra sección Podcast.

 

 

Alfredo Jocelyn-Holt pone en duda la coherencia política de Sebastián Piñera, de quien dice que de ganar “hará un gobierno de la Concertación”. Y mantiene sus cuestionamientos frente a Michelle Bachelet: “se ha destacado por su ineptitud”. Por Federico Willoughby O. y Marcelo Soto; fotos, Enrique Stindt.


La casa de Alfredo Jocelyn Holt, en un pasaje de Pedro de Valdivia, es una especie de isla en medio de los condominios y el caos vial. En su acogedora y bien dotada biblioteca, que da a un parrón junto a una pileta, reinan el silencio y la tranquilidad, aunque a pocas cuadras el bullicio y las construcciones modernas, altisonantes, marcan agresivamente la identidad de un barrio que está dejando de ser lo que era.

Autor de una aplaudida Historia de Chile –que va en su tercer tomo, el notable Amos, Señores y Patricios, sobre los siglos XVII y XVIII–, Jocelyn-Holt también, en cierta forma, pertenece a una estirpe en retirada: alguien que se define de derecha, pero critica fuertemente a su sector; crítico del pinochetismo, y a la vez duro opositor a los gobiernos de la Concertación; un polemista fiero y contundente, que pareciera tener más amigos en la izquierda que en su propia parcela.

Por sus opiniones muchas veces ha estado en el ojo del huracán. Hace 4 años puso en incómoda situación a la entonces candidata Michelle Bachelet, al cuestionar su consistencia política, y hoy mantiene sus críticas: “ella ha estado siempre en permanentes contradicciones, da la impresión de que es una persona que todavía no deja de sorprenderse de estar en ese cargo”, dice sobre la presidenta, aunque tampoco sale bien parado en su análisis Sebastián Piñera: “creo que es una persona muy representativa de los años 80, en términos económicos y políticos, y por eso me parece que corresponde a un modelo especulador, agresivo, exitista, que es lo que acaba de derrumbarse en los últimos 6 meses”.

Cuando Chile se apronta a celebrar su bicentenario, quisimos conversar con el historiador para conocer su visión sobe el estado del país. Como siempre, su punto de vista puede ser controvertido, incluso despiadado, pero nunca banal ni carente de interés.



-¿Qué similitudes se pueden encontrar entre el centenario y el bicentenario? En ese tiempo estábamos en plena riqueza del salitre, pero hubo crisis. Ahora venimos saliendo de un positivo ciclo del cobre y de nuevo estamos en un período de estancamiento.

-Es atractiva la comparación, porque a primera vista se ven similitudes muy pronunciadas. La sensación de malestar pareciera ser coincidente, también el escenario positivo en términos de crecimiento y que después se estanca. En 1907 hubo una crisis económica mundial y en este caso nuevamente hay una crisis de proporciones. Son antecedentes que reafirman la idea de un ciclo y por lo tanto uno tiende a hacer la comparación... y ahí aparece la sensación de que estamos empantanados y no nos podemos mover. Que hay algo medio fatal que nunca podremos superar y que tarde o temprano vamos a caer en el mismo pantano. Pero
yo rechazo tal idea. Creo que en la historia nada es fatal. Nosotros somos dueños de nuestra historia.


-¿Hay una paradoja entre estos períodos de bonanza y el desarrollo frustrado del país?

-Esa es la famosa tesis de Aníbal Pinto, que sostiene que nosotros tenemos un desarrollo político muy fuerte y tenemos condiciones económicas bastante débiles. Y esa es la paradoja: somos un país pobre que en algunos momentos ha obtenido recursos. Después de la Guerra del Pacífico, con el salitre; después con el cobre, fenómenos pasajeros. Este es un país pobre y justamente porque es pobre tiene que ser muy inteligente en su manejo político de recursos escasos. Por lo tanto tenemos un desarrollo político muy sofisticado para lograr equilibrar fuerzas políticas que pugnan o amenazan con desestabilizar. Eso habla bien del sistema político chileno. En general.


-Pero esa sofisticación no siempre se advierte en los dirigentes. De hecho usted fue muy crítico el 2005 con Michelle Bachelet, en ese entonces candidata. Planteó su desconfianza respecto a si ella era un producto mediático, populista, “una carta tapada, no reconocida aún de las fuerza militar”.

-Yo he sido crítico con todos los gobiernos de la Concertación. Pero mi crítica a la Bachelet fue exclusivamente en esa coyuntura, aludiendo a su pasado que es muy interesante desde el punto de vista político, porque ella viene de la izquierda dura pero al mismo tiempo ella es más que eso. Ella tiene vínculos con los militares por la relación con su padre, pero también porque ella ha sido ministra de Defensa en el gobierno de Lagos y porque ella tiene formación en temas de Defensa. Y esto no lo entendieron. El punto era que ella había estudiado en Estados Unidos en centros de estudios estratégicos, lo cual es bastante raro porque a su vez ella vivió en la República Democrática Alemana, no precisamente exiliada; ella se fue exiliada a Australia y desde allí elige libremente irse a la RDA, siguiendo a su madre, que siempre ha sido cercana al Partido Comunista. Por tanto yo me hacía la pregunta si ella no era la carta tapada de los militares. Eso fue lo que gatilló el efecto medio escandaloso de una pregunta que era abierta.


-Fue una pregunta particularmente dura, ¿no se arrepiente?

-La pregunta era absolutamente legítima desde el punto de vista histórico. Dado que ella pertenece al Partido Socialista, que es el único partido (junto con el MIR, pero el MIR desapareció) que tiene política militar, porque en su origen se da el caso de que el fundador del partido es también el fundador de la Fuerza Aérea de Chile, que es Marmaduque Grove. Intentaba dilucidar cómo esta persona, que prácticamente había salido de la nada, había llegado a ser candidata. La señora Bachelet no tenía una trayectoria muy notable, ¿qué hacía en esa situación? Yo quería que me explicara, porque era una incógnita histórica.


-¿Y en estos años ha encontrado una respuesta?

-Lo que ha quedado demostrado es la ineptitud de la señora Bachelet como gobernante. Aun cuando ella me parece una muy buena persona y yo no pongo en duda sus buenas intenciones. Además, me parece una mujer honesta, precedida por gobiernos bastante corruptos. La presidencia de la República ha sido un gestor de corrupción fuerte y me parece que esa crítica se le puede hacer al gobierno de Lagos fuertemente, pero no creo que se le pueda hacer a la señora Bachelet. La señora Bachelet sí se ha destacado por ser inepta. Entonces, cuando yo analizo el problema, pienso que la pregunta que yo le hice no la pudo responder porque no tenía idea o la pilló por sorpresa. Sin embargo, ella es una persona que ha tenido adiestramiento en materias de inteligencia –a menos que los centros de entrenamiento americanos sean muy malos– y entonces pienso que ella vio el peligro de la pregunta.


-El viaje a Cuba, en ese sentido, no destacó precisamente por su oportunidad y buen tino.

-Ella tiene cierta espontaneidad fuerte, muy propia de la generación de los 60. Eso la hace muy auténtica, pero la lleva a cometer torpezas políticas como el viaje a Cuba, una torpeza con el agravante de que se le advirtió y se le advirtió desde todos los sectores políticos. Me parece que ella se da ciertos gustos, y este es un gusto izquierdista. Quería sacarse la fotografía con Fidel Castro. Para una persona como la señora Bachelet, Fidel es un referente muy fuerte, es el personaje latinoamericano más importante del siglo XX, sin lugar a dudas. Si alguien pone a América latina en el mapa de la historia contemporánea, para bien o para mal, es Fidel Castro. Por lo tanto ella, para estar en la historia, tiene que sacarse la fotografía al lado de Fidel. Con Raúl Castro no sirve. Esta fascinación con Castro tiene que ver con la fascinación con el Castro de la primera época, algo que no tiene nada que ver con el tipo que ya lleva 50 años en el poder.


-¿Qué gana Bachelet fotografiándose con Fidel Castro? Usted dice que fue un gusto que se dio. ¿Tan simple como eso?

-Algo tan elemental como eso. Me parece que ese es el dilema, se pega un gusto: sacarse una foto con Fidel Castro. Ella es muy primaria, muy poco presidencial en su lenguaje corporal. Si el lenguaje corporal manifiesta cierto grado de complejidad sicológica, me parece que ella no es muy presidencial en su fuero interno. Ella ha estado siempre en permanentes contradicciones, da la impresión de que es una persona que todavía no deja de sorprenderse de estar en ese cargo y eso es complicado. Quizás por eso insiste muchas veces que va escribir un libro, porque supongo que eso significa que ella tiene que explicarse a sí misma cómo llegó donde llegó. Un amigo me contó que corre un comentario que dice que la señora Bachelet es como una tortuga arriba de un palo: nadie sabe cómo se subió, cómo llegó arriba ni cómo la van a bajar. Yo creo que ella misma se tiene que hacer esa pregunta, y es muy complicado, muy fascinante también. Ha ocurrido muchas veces que los presidentes de la República se encuentran frente a la situación de que tienen un enorme poder y una enorme máquina, pero no saben cómo manejarla.


-¿La presidencia de Eduardo Frei Ruiz-Tagle fue un poco eso?

-El primer Frei (porque ahora estamos hablando de un segundo Frei) me parece que fue así. El Frei de la primera administración sale porque es hijo de Eduardo Frei, no hay duda de eso, pero eso no se aplica en esta segunda posibilidad. Pero incluso en el caso de Lagos, existe ese problema. ¿Qué tan en control está una persona como Ricardo Lagos? Uno tiene la sensación de que Ricardo Lagos siempre está en posesión de su cargo, pero si una persona tan de izquierda como Lagos termina haciendo (como dice Carlos Altamirano) el mejor gobierno de derecha, eso demuestra que perdió el control en algún determinado momento. A Patricio Aylwin lo estamos viendo. Si ha habido alguien que se ha manejado en las cuerdas y en un equilibrismo dudoso ha sido Aylwin. Ahora, después de muchos años, salta el caso Mirage que los compromete a él y a su ministro de Defensa, circunstancias en que era sumamente delicado el panorama de una comandancia en jefe con Pinochet. ¿Qué tanto control tienen los presidentes?


-¿Piensa que estos problemas se derivan del presidencialismo chileno?

-Lo que pasa es que el ejecutivo en un régimen fuertemente presidencialista como el chileno genera máquinas autónomas de poder que incluso debilitan a la persona que está ejerciendo el cargo. Fue el caso de Allende, un individuo absolutamente sobrepasado, el caso de Eduardo Frei Montalva en los últimos 3 años de su gobierno. Ha ocurrido muchísimas veces en la historia de Chile. El ejecutivo tiene enorme poder y se niega a transar con el poder alternativo del Congreso. Por eso es necesario hacer una nueva propuesta de orden constitucional y movernos a un régimen de orden parlamentario.

 

 



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