Bienvenido, te encuentras en Inicio arrow Reportajes y Entrevistasarrow Al mejor postor

Herramientas

Reportajes y Entrevistas
Al mejor postor

Artículo correspondiente al número 304 (15 al 28 de julio de 2011)

 

Es una industria creciente, la de los remates en Chile. Según cálculos de los propios martilleros, la comercialización de bienes muebles o inmuebles supera los 600 millones de dólares al año y los entendidos dicen que el mercado está como para triplicar esa cifra. Ingreso de nuevos actores y reacomodo de ejecutivos dan cuenta de cuán movida se ha puesto la cosa. Por Catalina Allende E.

 



Si todo sale de acuerdo a lo previsto, al mediodía del miércoles 20 de julio próximo la familia Guilisasti, controladora de Concha y Toro, adjudicará al mejor postor un codiciado campo de 110 hectáreas de manzanos que tiene en Mulchén, VIII región.

Para los Guilisasti es la enajenación –por razones estratégicas– de una ínfima parte de las miles de hectáreas que posee en Chile, Argentina y Estados Unidos, pero para efectos de la enorme transformación que está protagonizando la industria de los remates en Chile, la opción de venta de los viñateros bien vale como ejemplo.

“La gente tiene asociado que rematar es vender algo a vil precio, pero está lejos de ser así: es una forma eficiente de comercialización”, advierte Andrés Montero, socio y director de GMZ Subastas, la empresa que lidera el voluntario remate de los Guilisasti.

GMZ opera desde hace poco menos de un año en el mercado local y está apostando con todo a quedarse con una tajada de este lucrativo negocio en expansión, al que llegó a “revolver el gallinero”, como anticipa gráficamente Montero, que se asoció en esto con el tradicional martillero de la plaza Fernando Zañartu y con un empresario que viene del mundo de las corredoras de propiedades, Pablo Gómez.

Está claro que en los últimos años los remates han comenzado a salir del redil judicial y del ámbito de las quiebras para convertirse en una eficiente vía de comercialización voluntaria entre privados, catapultándose como un lucrativo negocio que ha pasado de enajenar activos por 60 millones a más de 600 millones de dólares en apenas un par de décadas.

Un dato para los nuevos tiempos: si antes los avisos de remates en la prensa eran pequeños, apretados y en blanco y negro, hoy figuran crecientemente en colores, con foto y en llamativos formatos.

El negocio

“El martillero no miente”, dice Andrés Montero “y eso es atractivo”, sostiene. Para él, esta actividad es algo así como un mercado perfecto, siempre y cuando se cumplan todas las condiciones de información y alta convocatoria que requiere un remate.

Los expertos lo comparan con la mecánica de la Bolsa: el precio se fija de acuerdo a la demanda; y la convocatoria, de acuerdo a la información y al atractivo.

¿Bondades? Inmediatez y transparencia de la venta o la compra. ¿Riesgos? Que no atraiga suficientes interesados o que el precio de venta no satisfaga al vendedor, pues al haber una oferta el martillero está obligado a adjudicar.

Una propiedad o un lote de maquinarias puede quedarse sin oferentes o romper toda estadística de precios, como ocurrió el 29 de diciembre pasado cuando la cadena Pre Unic pagó en un remate de Macal, la principal empresa de subastas del país, nada menos que 336 UF por metro cuadrado por un local en la calle Puente: el valor más alto de una transacción inmobiliaria de que se tenga registro.

Por eso es que el espacio de crecimiento es enorme, sobre todo en aquellas propiedades o bienes con gran atractivo comercial. “El sector está privilegiando seguridad y velocidad para la venta, dejando que el mercado defina el precio”, sentencia Pablo Stevenson, gerente general de Tattersall Gestión de Activos, una de las compañías más antiguas en el mundo de los remates.

Eso, a pesar de que las comisiones que se pagan bordean el 3%: más que el tradicional 2% de las corredoras de propiedades, en el caso de los bienes inmuebles, y hasta el 15% en otro tipo de remates comerciales. Pero de a poco compradores y vendedores están dispuestos a pagar más por la inmediatez y la transparencia de la transacción, explican quienes se dedican a las subastas.

Lo cual, sumado al feroz crecimiento del sector privado, ha llevado a que los remates se conviertan en una cómoda vía de liquidación. Ejemplos concretos son las flotas de autos de las compañías de leasing o los vehículos de los ejecutivos de una empresa. “El sector privado necesita liquidar muchas cosas y nosotros somos capaces de hacerlo eficientemente”, explica Enrique Calvo, fundador de Macal.

La diversidad de los bienes a rematar es bien amplia. Hasta la venta de derechos de agua están explorando los nuevos actores por esta vía.

La industria

De acuerdo al ministerio de Economía, en Chile existen más de mil martilleros registrados y de ellos, no más de 100 están activos; lo que no significa, en todo caso, que necesariamente estén operativos, pues no existen estadísticas al respecto. Tampoco, de cuántos remates judiciales, por quiebras o privados, se realizan en el país. Nadie regula el ejercicio de los martilleros.

Hasta 1982 era el presidente de la República quien los nombraba, y no existían más de 144 inscripciones. “Yo me inscribí en 1982 y soy el número 144. Cuando realicé los trámites me acerqué al ministerio de Economía para saber si tenía que hacer algún curso o algo, pero me dijeron que no, que con la aprobación que tenía ya era martillero. Y así partí”, cuenta Enrique Calvo.

Macal es responsable de más de un tercio de los avisos de remates que se publican semanalmente en la prensa (más de 130 páginas completas de El Mercurio al año). Lo secunda Tattersall y entre ambos acaparan la mitad de los remates de bienes muebles e inmuebles que se informan. De acuerdo a estimaciones de los propios ejecutivos del sector, tras ellos se ubican Jorge del Río y GMZ, en propiedades; San Isidro, Ramón Rey, GMZ, Torres, Julio Marticorena y Madrid del Solar, en bienes muebles.

Parte importante de los movimientos que se han producido en la industria durante los últimos meses tiene su origen en Abate Molina 77, donde se ubica el cuartel central de Macal.

La incorporación de los hijos de Enrique Calvo, Matías y Sebastián, a la línea de negocios llevó a que tres históricos ejecutivos de sus filas decidieran emprender vuelo propio, originando un reacomodo de la industria: Pablo Stevenson, gerente del área inmobiliaria de Macal, asumió la gerencia de Tattersall Gestión de Activos; y Juan Pablo Pizarro y Oscar Videla, gerentes de Operaciones y de Finanzas, respectivamente, se asociaron a la familia Marín, controladora del holding eléctrico CGE, para dar vida en diciembre pasado a la Compañía General de Remates, CGR.

La industria promete. Según cálculos del propio Enrique Calvo, fácilmente puede triplicarse en el mediano plazo.





Comenta este artículo

Nombre
:
Email
:
URL
:
  (Opcional)
Código Verificación Capital.cl

Comentarios

0 Comentarios

 
IAB ChileCertifica.com