Bienvenido, te encuentras en Inicio arrow Reportajes y Entrevistasarrow Aires de conflicto

Herramientas

Reportajes y Entrevistas
Aires de conflicto

Artículo correspondiente al número 229 (30 de mayo al 12 de junio de 2008)

 

 



Una curiosidad: un capítulo del proyecto se llamará “Del control de la fracción gruesa” e incluirá una batería de medidas… pero para el MP10.

Ahí habrá acciones en lavado y aspirado de calles, pavimentación de veredas, renovación de bandejones, arborizaciones y ciclovías.

¿La explicación para este capítulo, dado que el discurso oficial apunta a que no importa y a que la clave es el MP2.5? “Independiente de todo lo que he señalado: que nos interesa un especial énfasis en la fracción fina; por lo dicho y porque es lo que hemos venido haciendo y ha sido lo más exitoso, también necesitamos un con trol de la fracción gruesa y es necesario”, nos dijeron en la Conama RM.

 



Aerosol orgánico: el nuevo tóxico

Como todo fenómeno producto de la convivencia del hombre con su entorno, la contaminación atmosférica es un proceso vivo, y es así como el aire que los santiaguinos respiramos hoy es bastante distinto del existente hace más de una década.

pedro oyola Doctor en Fisicoquímica, actual director del Centro Mario Molina Chile y miembro del Comité Científico del EPA-Harvard Particle Health Effect Center de la HSPH, Pedro Oyola es uno de los científicos internacionales que más saben del tema. Director de la División Atmosférica (SEPA) de Suecia entre 1978 y 1993, colaboró también entre 1996 y 2003 en la elaboración del PPDA de la Región Metropolitana.

Según explica, el impacto en la salud no sólo está asociado a los niveles de contaminación sino a la composición del material particulado fino. En los últimos años la evolución de dicho material ha tendido a un mayor protagonismo de los aerosoles orgánicos, conocidos también por la comunidad científica como “carbón orgánico”. En otras palabras, pasamos de las partículas de 10 y 2.5 micras –estas últimas, las más peligrosas, porque por su tamaño ingresan fácilmente al aparato respiratorio a los gases de complejas reacciones químicas.

El fenómeno está directamente asociado al incremento del uso de la leña y al control deficiente de las emisiones evaporativas, vinculadas a las estaciones de venta de combustibles; los procesos que involucran uso de aceites, solventes y pinturas; y a los automóviles.

Coincide con este diagnóstico el doctor en Fisicoquímica de la Universidad de California, Berkeley, Mario Molina. Aprecia una evolución natural de la composición del material particulado, desde el carbón elemental u hollín a los aerosoles orgánicos secundarios.

Los inventarios de emisiones por sector en los que la Conama se basa para fijar las metas de reducción son, en opinión del doctor Oyola, insufiientes para tener una mirada real de la atmósfera de Santiago; sobre todo, en lo que respecta a la formación de los aerosoles. Resulta urgente, dice, comprender de mejor forma el “background urbano”, que no es sino la mezcla química de aerosoles con la contribución de las fuentes. Sólo la evolución de los trazadores, que pueden explicarse en términos sencillos como cambios en las concentraciones, dará indicadores de la efectividad de las medidas puestas en marcha, según el experto.

Y va más allá. Aun cuando los inventarios de emisión fuesen construidos adecuadamente, por sí solos no bastarían para una adecuada gestión de calidad del aire.

En ciudades de California, que está logrando dejar atrás inquietantes parámetros ambientales, se destinan más de 26 millones de dólares cada año para estudios que buscan entender mejor el esmog y así diseñar políticas más eficaces.

Sólo de este modo se lograría dar el paso de un debate centrado en “tantos dígitos de restricción” o en “las fallas del modelo predictivo”, al diseño de acciones.

 

 

 

Nuevas revisiones técnicas

 

 



A la hora de las evaluaciones, no todo es pesimismo. Y no sólo en los niveles oficiales, que ensalzan “lo tremendamente exitoso que ha sido el plan” si se estudian las bajas en material particulado, ozono, dióxidos de nitrógeno, óxidos de azufre y, sobre todo, en MP2.5.

El doctor en Fisicoquímica Pedro Oyola, por ejemplo, precisa que si bien no se ha cumplido la norma para el MP10, en ozono, óxidos de nitrógeno y monóxido de carbono “la evolución ha sido favorable”, esto es, con tendencia a la disminución.

Mario Molina, también especialista en la materia, indica, no obstante, que “si bien los niveles de contaminación de Santiago no se encuentran entre los más altos el mundo, en comparación con otras ciudades la situación sigue siendo de alto riesgo para la salud”.

Hay, sí, un diagnóstico generalizado: que queda mucho por hacer.

Para el intendente Erazo, la primera acción es una reingeniería del plan y luego menciona “cambios estructurales”, como los subcentros ideados hace más de 10 años sin que todavía se concreten.

Luego da otro paso y anticipa que en 2009 aumentarán los requisitos para los automóviles con convertidor catalítico. Las revisiones técnicas serán más exigentes, de modo de discriminar entre los vehículos que ya son contaminantes por su antiguedad.

El otro avance sería concretar una medida que el accidentado debut del Transantiago dejó en el aire: la incorporación de filtros a los buses del transporte público. Cómo se hará, todavía está en duda.

La flota actual contempla 6.400 buses. Cada filtro vale 5.000 dólares. El conflicto está en definir el incentivo económico para que pueda ser aplicado.

Un dato interesante respecto del Transantiago: un estudio reciente sostiene que el plan de transporte causó una baja de 30% de las partículas ultrafinas en la Alameda, lo que indicaría un impacto favorable en protección de salud. Eso, al menos, dicen los expertos en calidad del aire.

Las autoridades mencionan también el sector de la calefacción a leña, gas y kerosene. Se espera una norma para la leña. En la Región Metropolitana hay cerca de 70 mil estufas de doble cámara no reguladas. Hace años el caso está a nivel de estudio.

 

 



Las tareas que vienen

 

 



Igualmente se quiere perfeccionar estrategias del plan hasta ahora no del todo exitosas; entre ellas, la compensación exigida a los agentes inmobiliarios al ejecutar un proyecto. Las arborizaciones muchas veces terminan secas porque nadie las mantiene. En la Conama admiten que ha habido dificultades, que los municipios no siempre se hacen cargo de estas áreas verdes,.

Otro programa en revisión es el lavado y aspirado de calles. Si bien la época crítica del esmog ya partió, recién se llamó a licitación para este año, esperándose una pronta adjudicación. En la práctica, hoy no se están lavando las calles con cargo al gobierno regional. El argumento es que los municipios con recursos lo financian con sus propios fondos por un interés de aseo y ornato. Está el interés de licitar a largo plazo, pero con mejoras tecnológicas recomendadas por la Conama.

También está la idea de compensar las emisiones de vehículos livianos mediante la “chatarrización” de los más antiguos, acción que se podría extender a los camiones con más de 20 años de circulación. Recibirían un certificado que permitiría que sus dueños accedieran a un crédito blando o a un cupo de emisión transable. Todo, aún en análisis.

Cuánto de todo esto se podrá hacer efectivamente está vinculado a la respuesta que reciba el interés de las autoridades ambientales por modificar el esquema presupuestario con que se funciona.

Una de las propuestas apunta a sustentar financieramente 4 ámbitos: los equipos técnicos a cargo del problema, considerando la mayor complejidad del control de la contaminación; el monitoreo y seguimientos de los contaminantes; la fiscalización; y programas de renovación tecnológica.

Hay voces que argumentan que el análisis no debe centrarse ni en medidas ni en recursos, sino en algo esencial: revisar la coordinación del tema. Porque son numerosos los organismos con distinto grado de competencia, muchos de ellos con visiones sectoriales discrepantes. Lo que, a la larga, repercute en un plan de descontaminación que se reinventa sucesivamente, anuncia y reformula medidas, algunas de las cuales quedan sencillamente… en el aire.

 

 

Las platas del PPDA

Saber cuánto se ha invertido en el Plan de Descontaminación de la Región Metropolitana en todos sus años de aplicación parece una tarea imposible. Nadie tiene cifras globales y actualizadas, dado el modelo con que se opera, mediante una coordinación entre los numerosos organismos involucrados, además de acciones por parte del Estado y los privados.

El análisis del impacto económico-social más reciente de la iniciativa data de 2005. El próximo se hará en diciembre de este año, según la actualización que viene. Así, en el período 2000- 2005, los datos entregados por la Conama RM cuantifican en 647 millones de dólares en valor presente los beneficios sociales de la implementación de medidas. La lectura es que los beneficios superan los costos de puesta en marcha. La relación beneficio-costo es 5,8. Es decir, por cada dólar invertido se obtenía un retorno de 5,8.

No obstante, todas estas cifras son referenciales, porque no todas las medidas comprometidas se pusieron en práctica.

En el sector privado tampoco se tienen registros de lo destinado a limpiar el aire. La SFF carece de cifras gruesas, ya que hay diversas alternativas tecnológicas para cumplir las metas de reducción. Lo que está claro es que la reconversión a gas natural tuvo costos razonables y permitió bajar en un 63% las emisiones de MP10. Sin GNC sólo quedan tecnologías de valores millonarios.

La única medida relevante de la cual se tiene una estimación de costos es la desulfuración de los combustibles, por 600 millones de dólares, de ENAP, que implicó bajar los contenidos de azufre en diésel de 5.000 a 50 partes por millón; y en las gasolinas, hasta 30 partes por millón.

 

 

 



Comenta este artículo

Nombre
:
Email
:
URL
:
  (Opcional)
Código Verificación Capital.cl

Comentarios

0 Comentarios

 
IAB ChileCertifica.com