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Artículo correspondiente al Martes 26 de Julio, 2011
Cada vez que sale en el diario, televisión o radio, al mundo empresarial –y a varios políticos de derecha–, se les aprieta la guata. Tras estar algunos días en Economía, descubrió que ese ministerio estaba mandado a hacer para él. ¡Qué Vivienda, MOP o Mideplan! Defendiendo al consumidor y subsidiando a cuanto pyme se le cruce, Longueira está en llamas. Cuidado. Por María José O’Shea C.
El 5 de mayo pasado fue la última vez que Pablo Longueira lloró. Venía saliendo, atrasado –todas las conversaciones con él suelen alargarse–, de una reunión con la ministra del Sernam, Carolina Schmidt, y el entonces senador Andrés Chadwick por el posnatal de 6 meses, del cual es ferviente defensor. Su apremio por la hora se debía a que tenía que estar a las siete de la tarde impartiendo clases en la Escuela Sindical de Infocap. Pero antes que eso, debía cumplir con un compromiso: pasar a la celebración del día de la Madre en La Vega Central.
Cuando Longueira llegó –su plan consistía en saludar y seguir rápidamente– se dio cuenta de que era el invitado de honor en la fiesta. Apenas entró al evento, una mujer anunció su llegada y le pidió que subiera al escenario. Ahí, junto con un apretado abrazo, la locataria le entregó un galvano. “Hace 27 años usted nos hizo propietarios de nuestro negocio. No lo hemos olvidado”, le agradeció la mujer. Longueira se emocionó. Recordó que en 1984, cuando estaba a cargo del departamento poblacional de la UDI, convenció al alcalde de Santiago, Carlos Bombal, sobre la necesidad de traspasar la propiedad de los locales a los feriantes. Es decir, que se los regalara. Casi 30 años después, y ahora al frente ni más ni menos que del ministerio de Economía, Pablo Longueira se apronta a replicar la idea.
Quiere partir con las pergoleras del terminal de flores, cuentan en la institución que hace sólo un par de semanas comandaba un mucho más dogmático Juan Andrés Fontaine.
De formación jesuita, impulsor de la UDI popular, defensor del salario ético, del bono por las bodas de oro, del fi n del 7% de cotización de salud para los jubilados, hasta plantea la educación gratuita para todos quienes saquen más de 600 puntos en la PSU.
Ese es Longueira. Ingeniero civil de la Chile, casado, 7 hijos, próximo a cumplir 53 años. Líder de esa UDI que busca “mística” y que ve en la política algo parecido a un apostolado.
Nada que ver con Fontaine.
Cuentan en Economía que a pocas horas de haber desembarcado en el epicentro de los técnicos y economistas, el ex senador llegó como torbellino a sacudirlo todo. Que va a continuar con las ideas principales de su antecesor –I+D, competitividad, productividad, etc...– pero que con Longueira viene un giro en 180 grados en las prioridades.
A soltar las lucas
El ministro se lo transmitió ya al equipo que está en Economía. Y habló también con el jefe de la Corfo, Hernán Cheyre –quien además es muy amigo de Fontaine– para contarle sobre la nueva dirección de la micro. Es que Cheyre tiene una idea bastante distinta: cuando llegó a su cargo, dijo que “se acabó la imagen del Estado asistencialista” y ha dado muestras de que su gestión aspira a perfeccionar la entrega de créditos y medir la eficiencia de los emprendedores a los cuales se les presta dinero. Al parecer, ahora la cosa va a cambiar: el nuevo ministro –más que profesionalizar la entrega de créditos para el emprendimiento– ha comentado que quiere un programa de la CORFO para “hacer de Chile un país de propietarios”. ¿Cómo? La idea sería crear instrumentos financieros y transferencias directas de recursos para que los más pequeños se hagan dueños. “Quiere pasarles 100 millones a cada uno”, comentan en el piso 12 del ministerio. Y los mismos agregan que ya puso el ojo en las floristas.
¿Le complica la idea? A él le fascina. El flamante secretario se impuso como sello de su gestión cumplir con aquello del Estado subsidiario. “Un padre que le da al hijo lo que éste no puede lograr por sí solo”, habría dicho.
Y si al gobierno le ha costado tanto encontrar su famoso relato, Longueira ya tiene el suyo: “desarrollo solidario”, dicen que se llama. Un concepto que planea potenciar con medidas como comprar un minuto de televisión a todos los canales en horario prime –y páginas en diarios y revistas– para que, por ejemplo, los feriantes puedan competir en publicidad con los supermercados. Ya pidió a sus equipos que estudien cómo hacerlo. Otra idea que barajaría es convencer a Piñera de que anuncie que si a fin de año el país ha crecido al 6%, el salario mínimo se aumenta en 3 mil pesos.
Es en este mismo “desarrollo solidario” en donde caben las alzas de impuestos, las mayores regulaciones y hasta la idea de dejar atrás la estricta regla fiscal, la que a ojos de Longueira es casi una obsesión de los economistas. Claro, su visión es la política: pertenece al lote que considera un absurdo que el gobierno haya resuelto entregar la administración con un déficit del 1% del PIB. Para ellos, la lógica es la siguiente: si el gobierno de Bachelet entregó la billetera con un déficit de 3,1% y terminó con un 80% de popularidad, es ridículo que el gobierno de Piñera –que ya está en el 30% de aprobación– se mantenga empecinado en el 1% y no acceda ni siquiera a buscar un término medio. Más gasto, más votos. Lo tiene claro hace tiempo. Así ya lo había mostrado –con gráficos– en el último consejo de la UDI el mes pasado.
Sernac de oro
“Es una lotería”, se escucha cada día con más fuerza entre los círculos empresariales. El ministro sabe lo que se comenta sobre él y, de alguna manera, la idea de ser el caza-empresarios- abusadores le seduce. Encontró en el Sernac una mina de oro y a las 24 horas de haber asumido mostró que la iba a estrujar anunciando demandas contra Presto. Y tal como lo dijo el gerente general de Walmart Chile, sólo alcanzaron a tener una sesión de la mesa de diálogo que se había instaurado para buscar un acuerdo entre el Sernac y la empresa, cuando el ministro Longueira llegó al gabinete y cortó por lo sano: fin de la mesa y que la justicia resuelva.
Aunque se ha encargado de dejar en claro que no hay que “echar a todos en el mismo saco”, los empresarios han manifestado su temor por esta arremetida, sobre todo aquellos que están en el mundo del retail financiero. La tesis del ministro –según revelan en su entorno– es regular el mercado del crédito y terminar, por ejemplo, con los seguros que vienen asociados a las tarjetas. “En muchas de estas tiendas la orden es capturar al cliente, y después ver cómo lo estrujan”, habría comentado. Aunque el ex senador sabe bien los beneficios que tiene el acceso al crédito, varios economistas temen que tanta regulación será contraproducente, porque las retailers simplemente dejarán de prestar plata a los sectores más vulnerables, lo que tiene como efecto inmediato una disminución del consumo.