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Accountability político

Artículo correspondiente al número 280 (del 15 al 29 de julio de 2010)

 

La opinión pública está acostumbrada a evaluar a los senadores por su asistencia y por el número de proyectos que presentan en el Congreso. ¿Será eso suficiente? Un estudio de la Universidad Mayor incluye métricas inéditas, en las que se evalúa la efectividad en la gestión parlamentaria. Es el turno de que nuestros congresistas salgan al pizarrón. Por Alfonso Peró.

 

¿Cuál es la labor de un senador? Para empezar, es representante de una circunscripción y se debe a su público y a los intereses de éste. Por eso, no es raro ver a uno que representa a una zona agrícola participar en la comisión de Agricultura y liderar la postura que su conglomerado político adopte en la sala frente a la votación de una ley. Lo mismo pasa con los honorables del norte. Muchos de ellos están en la comisión de Minería.

La última semana de cada mes, los parlamentarios parten rumbo a sus regiones, interactúan con dirigentes, dan entrevistas en los medios, recorren pueblos y comunas y visitan a los gremios y sindicatos. En fin, recogen las inquietudes ciudadanas y las transforman en proyectos de ley, en mediáticas conferencias de prensa o en diatribas durante la hora de incidentes, al final de la sesión (es normal que el parlamentario que hable a esta hora, lo haga en soledad).

Pero la principal labor del parlamentario es la formación de las leyes. Así de simple. ¿Cómo se mide la efectividad de dicha labor? Hasta ahora, por asistencia o número de proyectos ingresados a la sala. Pero ambos factores no dicen casi nada: se pueden ingresar mil proyectos de ley sin que ninguno sea aprobado o tenga respaldo político. ¿Es esa una buena labor? Otros pueden asistir al 100% de las sesiones, pero, ¿en cuántas participó, cuáles fueron los aportes que hizo, logró respaldo para alguna indicación?

En la política chilena falta –mejor dicho, faltaba– algo que los estadounidenses tienen en su ADN: accountability.

Desde marzo, el Centro de Estudio y Análisis de Gestión Pública de la Universidad Mayor, encabezado por la ex diputada Marcela Cubillos, viene haciendo un minucioso seguimiento a la labor parlamentaria. Los datos hablan por sí solos.





Nota metodológica
María Cristina Betancour, MA in Economics, NYU
El Indice de Efectividad Legislativa Parlamentaria (IELP ) mide la capacidad de cada diputado o senador para convertir en ley las mociones que presenta. Por ello, el indicador incluye los proyectos en primer trámite legislativo, segundo trámite legislativo y publicación, con distintas ponderaciones, de acuerdo al grado de avance para el objetivo de publicar y también en consideración al número de años que lleva como miembro del congreso.

Los datos anuales de cada una de las series son normalizados para hacer las series comparables, a partir de una escala de 1 a 10. Esta normalización se ajusta a la forma estándar; esto es, se le resta la media y se divide por la desviación estándar. Al resultado se le suma 5 para alcanzar la escala deseada.

Para obtener el IELP, estas series son ponderadas con un 10% las mociones en primer trámite legislativo, 30% aquellas en segundo trámite legislativo y 60% las publicadas. De esta manera, si bien los parlamentarios con mayor número de mociones publicadas obtendrán mejor ranking, también se considera a quienes hayan avanzado lo suficiente hacia ese objetivo.



Senadores: efectividad legislativa
Marcela Cubillos S., Centro de Estudios y Análisis de Gestión Pública, Universidad Mayor
Los estudios que publica el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a través del Latinobarómetro, muestran que el Congreso de Chile es uno de los más confiables en comparación alos de los otros países de Latinoamérica.

Sin embargo, con frecuencia nos hemos acostumbrado a que la actividad parlamentaria genere noticia por algún hecho aislado que provoca gran repercusión y que, en ocasiones, arrastra a todo el parlamento a altos niveles de desprestigio.

Los congresos son esenciales en el proceso de las políticas públicas, tanto en su formulación como en la posterior implementación y control de ellas. Mientras mejores sean, más sustentables –técnica y políticamente– serán las políticas públicas. Además, mientras más protagónico sea su rol en la formulación de ellas, mayor garantía habrá de que puedan cumplir con los objetivos para los cuales fueron diseñadas.

En el Centro de Estudios y Análisis de Gestión Pública de la Universidad Mayor hemos decidido abordar los cuestionamientos a la credibilidad del parlamento y contribuir a superar el desconocimiento acerca de la importancia de su misión para generar políticas públicas estables. Según nuestros estudios de opinión pública que hemos realizado, se demuestra que, incluso en temas de alto impacto, más de un 70% declara desconocer cómo votan sus parlamentarios.

Es así que hemos implementado distintos sistemas para medir y evaluar la actividad del Congreso. Uno de ellos es el Indice de Efectividad Legislativa (IEL), el cual mide la capacidad de convertir en ley los proyectos que presentan cada diputado o senador. Hace dos meses se dio a conocer el primer IELP de los diputados, en que el mejor evaluado fue Jorge Burgos (DC). Los datos completos de dicho índice están en nuestra página web www.umayor. cl/gestionpublica.

Hoy se publica el IELP de los senadores. En relación a este índice, es esencial hacer dos consideraciones: la primera es que el IELP mide sólo un aspecto de la actividad parlamentaria, cual es la capacidad del senador de convertir en ley los proyectos que presenta. Por tanto, no pretende en absoluto establecer un ranking del “mejor senador”. Dicho reconocimiento implicaría ponderar el resto de los aspectos de su trabajo legislativo como, por ejemplo, la influencia que ejerce al defender sus ideas, la consistencia en sus votaciones o la forma en que asume su mandato de representación popular.

Del mismo modo, y tan importante como lo anterior, es considerar que el IELP no pondera el “aporte oculto” que hacen los parlamentarios a un proyecto de ley. La mayoría de las leyes aprobadas por el Congreso tiene su origen en un mensaje del Poder Ejecutivo y no en una moción parlamentaria. Sin embargo, nuestro Congreso no se limita a ser un mero buzón que recibe la iniciativa y simplemente la aprueba. Las leyes salen, después de la tramitación parlamentaria, con cambios y mejoras sustanciales. En el IELP hay senadores –por ejemplo, Jorge Pizarro y Andrés Chadwick– que no destacan en su capacidad de convertir en ley proyectos propios, pero que son unánimemente reconocidos y valorados en la labor de tramitación, corrección y mejora de los proyectos que durante años han ingresado al Senado desde el ejecutivo.

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