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Artículo correspondiente al número 262 (2 al 15 de octubre de 2009)
Pero ojo con las expectativas, porque ni la opción por la norma japonesa ni la discusión del futuro marco jurídico pueden contrarrestar algunas limitaciones propias del mercado chileno y su torta publicitaria. Igual, todo indica que tendremos mas canales y una calidad de imagen que avanza al ritmo del apetito de los consumidores por la renovación tecnológica. Este es el análisis de los expertos de la TV reunidos por Capital.
Y finalmente, después de años de espera, el Ejecutivo dio la señal: Chile, tras una larga cantidad de estudios técnicos, se la jugó por la norma japonesa para el desarrollo de la televisión digital.
Trascendió que la opción europea estuvo, en su momento, muy cerca de aprobarse, pero el fracaso del Transantiago hizo que por esos días las autoridades decidieran volver a revisarlo todo. También, que la norma americana debió haber sido la alternativa dada la enorme cantidad de contenidos que llegan de ese país. Como sea, la decisión ya está tomada. El gobierno optó por la ISDB-T con MPEG 4 (nombre técnico) para iniciar un proceso que culminará cuando aproximadamente en 2017 se produzca el apagón analógico, nombre que recibe el momento exacto en que los canales de televisión dejan de trasmitir de manera análoga para pasar a una transmisión cien por ciento digital.
El cambio tiene impactos. De partida, significa que desde ese momento la mayoría de los televisores en los hogares nacionales sintonizarían, bajo el nuevo régimen, nada más que estática en lo que a recepción terrena se refiere (no por cable ni satélite). Como la trasmisión pasa a ser digital, sólo los televisores que vengan de fábrica con la norma oriental, o aquellos que tengan conectada una caja especial, que se venderá por separado, podrán recibir la señal. Pero, ¡tranquilos!... El cambio no es de un día para otro. Se espera que el proceso total se demore unos 8 años (y quizás más, porque en Estados Unidos el final de la transición se pospuso 2 veces). Por lo demás, apagón o no, se sabe que de manera natural el parque total de televisores en nuestro país se renueva cíclicamente en un período de 7 años. Ergo, de aquí al momento en que se produzca el apagón su hogar debería tener un televisor ya listo para enfrentar la nueva tecnología.
Ahora, este escenario es sólo el aperitivo del problema. La decisión del gobierno obliga a enfrentar una serie de determinaciones que van a implicar importantes cambios, desafíos y oportunidades para la industria de la televisión. Pasar a trasmitir en forma digital no tiene exactamente que ver con la calidad con la que se ven los programas (la alta definición ya existe en el cable), sino con la posibilidad de liberar ancho de banda, lo que permitirá a los canales armar señales temáticas, trasmitir ciertos eventos (recitales y partidos de fútbol) en alta definición, mandar señal a los celulares y generar contenidos que apoyen la convergencia tecnológica, entre otros aspectos que recién se empiezan a revisar en este momento.
Además, los canales se verán enfrentados a una importante inversión. Se estima que para que puedan entrar a la televisión digital terrestre (TDT) necesitarán gastar unos 200 millones de dólares sólo en el aspecto tecnológico. Hay que agregar el financiamiento para aspectos como la capacidad de generar contenidos propios y de calidad para las nuevas señales que tendrán disponibles.
Sume a eso el hecho de que todavía se tiene que aprobar en el Congreso la modificación a la Ley de Televisión, que será la encargada de darle toda la estructura al cambio. Y este paso es más trascendente que el anuncio de la norma, porque una cosa es la decisión técnica, pero hay que ver todavía aspectos como el monto del financiamiento público, el tipo de contenidos y el sistema de otorgamiento de las concesiones.
Pero no es todo. Si actualmente la televisión abierta se mantiene peleando a muerte por una torta cercana a los 430 millones de dólares, ¿será ese un monto suficiente para financiar las nuevas señales temáticas?
Dudas, dudas y más dudas. Por lo mismo, y para hablar de lo que significa este cambio, Capital reunió a Jorge Navarrete, presidente del Consejo Nacional de Televisión; Alfredo Escobar, secretario general de Mega y vicepresidente de Anatel; Juan Agustín Vargas, miembro del consejo ejecutivo del canal 13; Eduardo Tironi, director ejecutivo de ARTV, y Luis Venegas, dueño del Canal Vía X. Todos anticipan en este artículo su visión de lo que viene y, sobre todo, lo que se verá en el futuro.
¿Múltiples canales?
Partamos. ¿La televisión digital revolucionará la industria, al punto de obligar a los canales de televisión a replantear su modelo de negocio? Eso es lo que se ha venido diciendo desde que comenzó el apagón analógico en los países desarrollados, pero esa misma experiencia ha demostrado que la cosa no ha sido tan así.
![]() Jorge Navarrete |
![]() Juan Agustín Vargas
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El modelo de negocios
Desde el punto de vista técnico, la televisión digital permitirá en el futuro desarrollar aspectos como la interactividad o el ingreso de la televisión a la telefonía, que probablemente gatillará un nuevo modelo de negocios a explorar por los canales. Vargas considera que el modelo girará hacia la búsqueda de fuentes de financiamiento distintas a las actuales. “Se requiere buscar nuevos sistemas y procedimientos para obtener recursos y el mercado publicitario, aparentemente, ya no da para mucho”.
Eduardo Tironi plantea un elemento clave: la televisión la pagan el usuario o la publicidad. “Por mucha cosa que se haga, la publicidad no crecerá más allá que el PIB. Los recursos no aumentan para hacer más contenidos, porque ahora se dice que con la norma japonesa habrá 60 canales… ¡Imposible!”
Las esperanzas están puestas en la posibilidad de que lleguen nuevos recursos, distintos del mercado publicitario, para lo cual se requiere que se presenten algunas cosas que están salvaguardadas en materia de contenidos, como es el derecho de los canales sobre su propiedad. Hoy en los canales de televisión este asunto es fuente de discusión, ya que están esperanzados en que mañana puedan obtener algunos recursos adicionales por esta vía, en la medida en que las empresas de cable o transmisión satelital paguen por sus contenidos.