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Reportajes y Entrevistas
A un metro de la política

Artículo correspondiente al número 251 (30 de abril al 14 de mayo de 2009)

 

Tiene 41 años pero ya habla de dar espacio a los mas jóvenes. El presidente del Metro de Santiago, Clemente Perez, plantea que su generación, marcada por una libertad sin apellidos y la valoración del mercado, no esta frustrada aunque no haya llegado aun al primer nivel del poder. Aquí, su visión de las empresas publicas y de las opciones políticas en carrera. Por Elena Martínez; fotos, Verónica Ortiz.

 

Escuche parte de la entrevista a aquí.



Sólo una fotografía –la de sus 4 hijos– se llevó a su nueva oficina al asumir como presidente del directorio del Metro de Santiago, en mayo de 2007, cuando la debacle causada por el Transantiago tenía por el suelo el posicionamiento y la reputación de la empresa.

Y es que Clemente Pérez Errázuriz está convencido de que en la vida hay que andar “ligero de equipaje” –como él grafica–, sobre todo cuando se ocupan cargos en el gobierno. “Hay que estar siempre dispuesto a salir”, recalca, y por eso es particularmente crítico con quienes no quieren soltar su cuota de poder y obstaculizan el “tiraje de la chimenea”.

Con 41 años, integra la llamada generación sub-45 de la Democracia Cristiana, el partido de toda su vida tanto por redes familiares –está casado con Elisa Pérez, la hija periodista del ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma– como por convicción.

El suyo ha sido un camino propio, más bien alejado de las estructuras partidarias.

Abogado y master en Políticas Públicas y Administración de Empresas en las universidades de Georgetown y Católica, respectivamente, partió como dirigente estudiantil pero, de ahí en adelante, su currículo tiene un fuerte sesgo técnico: consultor del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, y del Banco Mundial; director de la Conama Metropolitana; fundador de la empresa de asesoría e información ambiental Sustentable SA; y consejero del Sistema de Empresas Públicas, SEP, entre otras, antes de llegar al Metro. Hay también un paso por la dirección de un medio –el diario La Hora, entre 1999 y 2000– y su calidad estable de socio en el estudio jurídico Guerrero, Olivos, Novoa y Errázuriz.

A punto de cumplir dos años en su cargo en el Metro, dice estar entusiasmado con lo hecho y con los proyectos que vienen, en un escenario donde el “tsunami Transantiago” –como lo llama en las presentaciones oficiales– ya es parte del pasado. Una etapa desgastadora pero que le implicó desafíos, a los cuales por cierto él no les hace el quite.

En esta ocasión, si bien también hablamos del tren subterráneo y de las novedades para el 2009, la conversación corrió por otro carril. Fue más bien un diálogo político, en el que indagamos en su visión sobre las empresas públicas y también –¿por qué no?– sobre lo que viene en materia política, con elecciones presidenciales y un nuevo gobierno “ad portas”, en el que su generación obviamente tendría algo que decir y/o hacer tradicionales.

Quedó en claro que el gen político está ahí. Contó que se integrará a Océanos Azules, el equipo que elabora el programa de gobierno de Eduardo Frei, donde trabajará los temas de ciudad. Y, de paso, aclaró un poco lo que está pensando esta generación repartida por distintos ámbitos y que todavía no logra llegar a los primeros niveles del poder partidario… algo que, según él, no está entre sus ambiciones.



Sin prejuicios


-¿Se siente parte de una generación con características puntuales dentro de la DC, en términos de gestión pública?

-Absolutamente. Formo parte de una generación, no sólo en la DC, sino de la Concertación y del país. Un grupo de gente –sub-45 si quieres– que hoy está muy interesada en que al país le vaya bien y ha ido colaborando desde distintos puntos de vista: unos más político-partidarios y otros más alejados de lo partidario; pero muy relevante a nivel del aparato público y en el sector privado.


-¿Algunos ejemplos?

-Más allá de lo partidario, probablemente los sub-45 estamos sub-representados en el gobierno, si uno se compara con otros países, y también en el Congreso. No obstante eso, hay que valorar la gran cantidad de gente que está cumpliendo roles súper importantes en la modernización del país. Sólo por dar algunos nombres: el fiscal nacional económico, Enrique Vergara; o el superintendente de Valores, Guillermo Larraín. Uno, porque haya competencia en el mercado; el segundo, porque haya transparencia. O los integrantes del Consejo de Transparencia: Juan Pablo Olmedo, Roberto Guerrero, Alejandro Ferreiro. O alcaldes emblemáticos como Undurraga y Orrego. O la gente que hizo la reforma procesal penal, como Rafael Blanco. Es decir, hay una gran cantidad de representantes de esta generación sub-45 en tareas no menos importantes, igual de importantes, pero con una visión mucho más moderna del Estado. Es más, es muy posible que haya responsabilidades tanto o más desafiantes que ser diputado. ¡Por ningún motivo pensaría que hay una generación frustrada que no ha tenido desafíos!


-Sin embargo, hay representantes de la generación del 80 de la DC que han reclamado porque no le dan espacios.

-Eso es no saber de política. Los espacios nadie los regala. Se ganan. Si los sub-45 no hemos llegado a los niveles más altos de la política nacional es porque no hemos podido ganarlos todavía, ni en la Concertación ni en la Alianza. Lo frustrante sería estar en la banca todo el tiempo esperando jugar. ¡Hemos jugado muchísimo, tal vez no de centro delantero pero sí atacando! (ríe), con mucho entusiasmo, convicción e ideas nuevas. Hay una serie de cosas que os caracterizan, tanto a quienes apoyamos a Frei como los que apoyan a Piñera, una cosa mucho más desprejuiciada…


-¿En qué se refleja esta mirada desprejuiciada?

-En que tuvimos un rol activo en recuperar la democracia, y no formamos parte de las divisiones que motivaron la caída de la democracia. Segundo, hay una serie de factores que distinguen rápidamente a la generación sub-45: una valoración de la libertad sin apellidos; una reacción contra las desigualdades, sobre todo de oportunidades; importancia y valoración del mercado; exigencias de tener un Estado fuerte que cumpla su rol; preocupación por el medioambiente y la educación de calidad… Cuántos profesionales jóvenes hoy, ante la incapacidad del Estado de dar buena educación a los más pobres, han formado colegios mediante fundaciones? ¡Es una cantidad impresionante!



¿Colaborar con Piñera?


-No estuvieron en la división de los años 70. ¿Eso los hace más flexibles?

-Absolutamente.


-Dado eso, ¿estaría dispuesto a trabajar con Sebastián Piñera si fuera elegido presidente?

-A ver... desde la oposición, por supuesto. Es muy importante que haya una oposición constructiva. En el hipotético evento –porque yo creo que va a ganar Frei– de que gane Piñera, va a necesitar de una oposición constructiva y colaboración, porque la derecha tiende a tener un espíritu de fronda y a formar un conjunto de señores feudales más que equipos cohesionados de trabajo dispuestos a esforzarse “full time” en el Estado. Se va a necesitar una oposición que colabore y, sobre todo, que seamos capaces de traspasar mucha experiencia... pero desde la oposición.

 

 



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