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Artículo correspondiente al número 245 (23 de enero al 19 de febrero de 2009)
Aunque sin estadísticas oficiales, se calcula que en Chile hay 100 operadores de pesca (lodges y outfitters) entre las zonas de Los Ríos y Tierra del Fuego. Se trata de una “industria” que recibe anualmente a unos 12.000 turistas, quienes gastan en promedio cerca de 1.500 dólares durante su estadía; es decir, generan unos 18 millones de dólares al año. Por María Eugenia González.
¿Qué lleva a empresarios chilenos como Andrés Ergas o a millonarios extranjeros como el inversionista inmobiliario Jim Anthony a aventurarse en el mundo de los lodges? Al parecer no se trata sólo del amor por la pesca con mosca, pues hay creciente consenso respecto a que este es un negocio de altísimo potencial y gran rentabilidad.
Si bien la inversión inicial es importante, porque se trata generalmente de lugares apartados a los que se debe llevar todo, las tarifas compensan sobremanera: pueden llegar perfectamente hasta los 15.000 dólares por una semana recorriendo lugares de ensueño y hospedándose en recintos que nada tienen que envidiarle al mejor de los hoteles cinco estrellas.
Aunque no existen estadística ofi ciales, en el mercado se habla de aproximadamente 100 operadores de pesca entre las zonas de Los Ríos y Tierra del Fuego, quienes ven rotar cerca de 12.000 turistas al año, con un ticket promedio de 1.500 dólares por estadía. “Esto implica un volumen total del negocio en torno a los 18 millones de dólares al año”, señala Luis Felipe Devés, presidente de ChileLodge y propietario de Ruca Chalhuafe Lodge, ubicado a los pies del volcán Osorno.
El cálculo parece conservador, luego de conversar con Paul Kinney, gerente del Yan Kee Way lodge, a orillas del lago Llanquihue, propiedad del millonario norteamericano Michael Darland: “nosotros, con sólo un 15% de ocupación, hemos facturado hasta 1 millón de dólares promedio al año”.
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| Patagonia Camp |
De todo un poco
En el negocio dicen, sin embargo, que hay ofertas que no cumplen con la calidad esperada. O sea, no todos son VIP. Este tema es clave, asegura Franz Schirmer, dueño del Petrohué a orillas del lago Todos los Santos, un clásico en la oferta sureña, con más de 95 años de vida.
“Para calificar como un verdadero lodge, es decir, un lugar de descanso donde puedes desarrollar distintas actividades de turismo aventura y contemplación, debes cumplir con altos estándares”. Y de eso sabe: no por nada aquí se han alojado desde el presidente Roosevelt hasta los príncipes de Japón y España, pasando por la producción de dos capítulos del famoso reality show de CBS Amazing Race.
Y cuando hablamos de calidad nos referimos a la preocupación por los más mínimos detalles, porque de lo que se trata, indica Paul Kinney, es de tener cubiertas todas las necesidades de los pasajeros. Esto se traduce en una arquitectura respetuosa con el entorno, generalmente en maderas nativas; preocupación por la eficiencia energética; luces especiales para el descanso y la lectura; gastronomía de primera, desarrollada con insumos producidos en huertos orgánicos o invernaderos; salas de ahumado, cavas de vino a cargo de chef y sommelier; reciclaje de basura; equipos deportivos importados de las más reconocidas marcas; vehículos todo terreno y transporte aéreo.
Pero también se trata de lujo, porque en el confín del mundo, en plenas Guaitecas, por ejemplo, se puede comer centolla o caviar; dormir con óptima calefacción a los pies de los Cuernos del Paine y en yuras (carpas de campaña); o llevar un box lunch con toallas húmedas del mejor algodón, en medio de bosques de alerce milenario.
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| Yan Kee Way | |
Si es chileno, es bueno
La lista de inversionistas nacionales que han decidido entrar al negocio es larga. El empresario Víctor Peterman incluyó un lodge en su reserva de Huilo Huilo, en la Región de Los Ríos, y el Marina del Fuy, a través de Prorigen Limitada, propiedad de su esposa, Paula Munilla. Se trata de un pequeño refugio de 12 habitaciones, a las que sumarán diez más, el cual está lleno de detalles: la construcción se hizo con maderas nativas como raulí, mañío y coigüe y estuvo a cargo del arquitecto Rodrigo Verdugo; en el lugar hay antigüedades como un piano de 1877, además de numerosos trabajos de artesanos del sector de Neltume y Panguipulli, los pueblos vecinos.
La opción del empresario Cristián Astaburuaga, dueño de Muebles Nordik, fue reconvertir la que era su casa habitación, situada a siete kilómetros de Puerto Varas a orillas del Lago Llanquihue, en el lujoso y exclusivo Quincho Country Home. Gerenciado por la alemana Silja Torborg, llevan tres años operando con sólo cuatro habitaciones para un máximo de 10 pasajeros. “Esta es la joyita de Cristián, porque ama esta región, aún no es un negocio”, dice.
Son 800 metros cuadrados que reciben en un 90% a empresarios extranjeros de entre 50 y 60 años, de muy bajo perfil. “El día que llegan nos sentamos frente a un mapa y les pregunto por sus gustos para diseñarles la estadía; pero, en general, lo que buscan es tranquilidad y aquí los hacemos sentir como en su casa”, detalla Silja.