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Artículo correspondiente al número 241 (14 al 27 de noviembre de 2008)
Francisco Vidal, el polémico y cuñero vocero del gobierno, se toma un respiro para reflexionar sobre “la crisis de nuestro sistema de representación”. Con el triunfo de Obama en la retina, confiesa su sueño: “me gustaría ver el próximo año columnas en la Alameda y a algún Jesse Jackson llorando el día que ganemos”. Por Guillermo Turner; fotos, Verónica Ortíz.
Francisco Vidal, el vocero de Palacio, nada como un pez en la coyuntura diaria. Diestro cuñero –utilizando una expresión periodística– marca la posición del gobierno ante cada hecho que ocurre en el país con alguna frase corta, punzante y, por lo general, polémica. Eso lo tiene como plato fijo en el menú informativo, generando una imagen en la opinión pública que no resiste calificaciones intermedias: a Vidal se le quiere o no. “Trato de decir lo que pienso”, afirma.
Pero en Capital le pedimos que se olvidara por un rato de ese rol y reflexionara más a fondo sobre las lecciones que dejaron las elecciones municipales; obviamente, sin lenguajes futbolísticos de por medio. Así las cosas, el primer énfasis de Vidal está puesto en la participación: “lo objetivo es que votó menos gente y que todas las coaliciones tuvieron menos votos que en 2004”.
-¿Y la principal lección para la Concertación?
-También a partir de hechos objetivos –estadísticos, cuantitativos– es la falta de unidad. Hay 40 alcaldes electos fuera de pacto, de los cuales 34 tienen historia de Concertación o fueron militantes. Sumando sus votaciones, la Concertación habría sacado más votos que la Alianza en alcaldes. Pero lo importante es la lección para el país: estamos en crisis del sistema de representación. De más de 11 millones de potenciales electores, al final votaron un 6 y medio, a lo que se suma el problema de un padrón envejecido, que es prácticamente el mismo que el del año 88, nada más que renovado parcialmente.
-¿Dónde está el origen de la falta de unidad en la Concertación?
-Hay una cierta crisis de dirección de los partidos que se observó muy bien en el Parlamento. Yo se que los presidentes de los partidos han hecho esfuerzos enormes de conducción, pero las bancadas parlamentarias muchas veces opinan y votan distinto. Creo, además, que primaron en muchas partes lógicas de partidos e, incluso, de grupos partidarios, en desmedro del objetivo principal, cuyos resultados los estamos viendo. Claramente, Sankán era mejor candidato que Zapata; claramente, el pacto por omisión en Estación Central y Recoleta hubiera permitido que se replicara lo de Pedro Aguirre Cerda… El asunto de las dos listas, desde el punto de vista de su rendimiento, teniendo más candidatos y obteniendo menos votos, resultó muy bajo. A eso hay que agregar una situación económica compleja, una inflación que se ha notado, el problema del Transantiago en la capital…
-Problemas que, de paso, no fueron centrales en las campañas de los candidatos, como tampoco las eventuales propuestas de fondo en educación o salud.
-Entonces, volviendo a la pregunta original, la Concertación disminuyó su votación y perdió municipios porque en muchos partidos, o sectores de partidos, primaron intereses menores al interés principal.
-¿No percibe lo mismo en la discusión de los eventuales presidenciables de la Concertación?
-Lo que yo siento en los presidenciables es que están en una fase inédita, que nunca había ocurrido en la Concertación. Porque en el 93 el candidato era claramente Frei; en el 99, era claramente Lagos; en 2005, era claramente Bachelet. Por primera vez, la Concertación tiene potenciales candidatos presidenciables con un cierto equilibrio, y eso ayuda a esta especie de congelamiento y a estos movimientos tácticos que pueden ser importantes e interesantes para los protagonistas, pero que desde un punto de vista superior, la coalición se ve afectada.
-¿Eso del equilibrio entre los candidatos hay que leerlo como que están todos encumbrados o que ninguno brilla?
-Yo creo que son las dos cosas.
-¿Cómo? ¿Todos arriba y abajo? Eso no se puede.
-Todos potencialmente medianos, donde, además, mientras no se defina por uno, no se podrá medir de verdad su apoyo compitiendo. Porque cuando se encuesta por parejas –donde Piñera gana por 10 ó 15 puntos– el traspaso de los freistas a Lagos, de los laguistas a Frei, de ambos a Insulza y de Insulza a los dos, no es automático.
-Porque están preocupados de elegir candidatos en base a cómo aparecen en las encuestas.
-Exacto.
-Pero el liderazgo no se elige por encuestas.
-Claro, pero la experiencia de la Concertación es que han coincidido los liderazgos históricos con una evaluación muy buena en las encuestas. Liderazgos distintos: Aylwin con la transición, Frei con la modernización, Lagos con la consolidación republicana, Bachelet con la novedad de la inclusión. Pero es cierto que por primera vez la Concertación, a nivel presidencial, está viviendo un hecho que no sabe administrar y que lo está aprendiendo a administrar.
-¿Los candidatos han estado a la altura de este nuevo desafío?
-Pienso que ahora, después de las municipales, están tomando conciencia de la situación.
-¿Cómo califica esa situación?
-Para la coalición de gobierno es una situación muy difícil, porque si gana la derecha no será por merito propio, sino por los errores de la Concertación. Porque la base electoral existe, porque la base sociológica-cultural existe. Se expresó en un casi 38% de votación en alcaldes y 45% en concejales. A eso se agrega que el Juntos Podemos jamás votará por la derecha. Entonces, el desafío de la dirigencia concertacionista es aprender de esta elección, dar cuenta de una mayoría política, social y cultural que persiste, y conducirla.