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Artículo correspondiente al número 236 (5 al 16 de septiembre de 2008)
¿Alguien pensó que la crisis financiera podía limitar su impacto a Wall Street y los principales mercados europeos? En un mundo globalizado, con una banca asumiendo grandes shocks y consumidores sufriendo la pérdida de riqueza y el alza en los precios, era previsible que la enfermedad se extendiera. Revise hasta qué punto.
Cientos de departamentos en venta. Nuevos desarrollos inmobiliarios convertidos en verdaderos pueblos fantasmas. Las imágenes del reportaje de la BBC parecían desmentir a propósito el análisis que, minutos antes, hacía el ministro de Economía español, Pedro Solbes, sobre el crecimiento de su país.
Por cierto que el 1,8% anotado en el segundo trimestre no daba para festejos, pero el experimentado personero insistía en que la tímida cifra ubicaba a España por sobre la media de los países de la eurozona. “Menudo consuelo intenta colarnos el ministro”, comentaría más tarde en Internet un coterráneo de Solbes. Y con razón, porque se trató del peor crecimiento intertrimestre informado desde 1993.
La crisis financiera tiene a España al borde de la recesión (como lo advirtió recientemente Standard & Poor’s), tanto por el inevitable contagio que supone una economía globalizada como la actual, como por los efectos de su propia burbuja inmobiliaria, la misma que ya motivó la quiebra de la firma constructora Martinsa-Fadesa y que tiene a los bancos ofreciendo suculentas tasas para captar dineros de los ahorrantes que les ayuden a enfrentar los impagos.
La situación no es muy distinta, por ejemplo, de lo que ocurre en Gran Bretaña. El grupo constructor Persimmon anunció recientemente el despido de 1.100 trabajadores para enfrentar la caída de 34% en su facturación al primer semestre. Un ejemplo de lo que ocurre cuando la economía frena su crecimiento al 0%, como mostró el Reino Unido al segundo trimestre, y sus autoridades monetarias comienzan a vaticinar un estancamiento también en 2009.
La conclusión es evidente, Europa no escapó a la crisis. Los 15 países que usan el euro como moneda experimentaron una contracción del 0,8% en el segundo trimestre comparado con su desempeño entre enero y marzo. Se trató, ni más ni menos, que de la primera caída desde la introducción del euro en 1999. Según cálculos de JP Morgan Chase, comparando los mismos períodos, ajustando por estacionalidad y anualizado, el PIB de Alemania se redujo 2%; el de Francia, 1,2%; el de Italia, 1,1%; el de Dinamarca, 2,4%. De hecho, este último país habría sido el primero en entrar en recesión, camino que también siguió la otrora ejemplar Irlanda.
Considerando esta performance de los 15, más el Reino Unido y las complicaciones que enfrentan Estados Unidos y Japón, Goldman Sachs llegó a la conclusión de que la mitad de la economía mundial se encuentra en recesión o está muy cerca de ella. A cargo de este diagnóstico estuvo Binit Panel, economista internacional del banco de inversión, quien –en todo caso– calculó que las probabilidades de una recesión mundial no superan el 20% porque China crecerá alrededor de un 10% este año y el siguiente. “La continuación de un crecimiento vigoroso, aunque más lento, en China y el resto de los mercados emergentes producirá un crecimiento mundial del 3,9% este año y 3,6% el próximo”, afirmó Patel.
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Pero las estimaciones de Patel no son las únicas ni tampoco se limitan a la situación de Europa o de las economías más desarrolladas. En UBS prevén un crecimiento mundial de sólo 2,9% este año y de 2,5% en 2009, cifra que consideran recesiva, y aseguran que en el segundo semestre Estados Unidos no podrá evitar una recesión (a lo que sumará una caída de 1% en el PIB el próximo año) y habrá una fuerte ralentización de la economía europea.