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Artículo correspondiente al número 236 (5 al 16 de septiembre de 2008)
En el caso de Asia, las buenas noticias para Japón duraron poco. Tras años de buscar imprimir dinamismo a su economía con tasas reales negativas, el PIB de 3,2 anotado en el primer trimestre (ajustado por estacionalidad y anualizado) se transformó en una contracción de 2,4% en el segundo trimestre. Y los pronósticos también advierten una posible recesión.
Por mencionar otro ejemplo, India creció 8,8% entre enero y abril, pero las cifras tienden a declinar y, lo que es peor, las autoridades hacen lo imposible por combatir una creciente inflación. Porque ahí radica el mayor problema de Asia: el alza en los precios.
En lo que se refiere a nuestro barrio, según un reciente informe de la CEPAL, América latina y el Caribe crecerán un 4,7% en 2008, una cifra inferior al 5,7% obtenido en 2007, pero que igual llevaría a la región a completar cinco años de aumento sostenido del PIB por habitante a una tasa superior al 3%. “Para encontrar un período similar en la historia económica de América latina y el Caribe habría que remontarse a 40 años atrás”, indica el informe. El problema es que hay pocos indicios de que este auspicioso panorama se mantenga en los años siguientes, por al menos tres razones: la contracción del mercado financiero global, la caída que empiezan a evidenciar los precios de los commodities y el impacto de la inflación, que obliga a los bancos centrales a subir las tasas de interés.
Con los bancos enfrentados a pérdidas que aún no terminan de reconocer y los consumidores sometidos a una disminución de riqueza y un alza en los precios, pocos economistas serios se atreven a pronosticar una pronta salida de las dificultades. Si a ello se suma la peligrosa combinación de inflación con bajo crecimiento –un fenómeno que los economistas llaman estagflación y que resulta muy difícil de atacar con las herramientas monetarias tradicionales–, entonces el panorama se vuelve aún más incierto. Lo decía recientemente Myron Acholes, premio Nobel en 1997: “la crisis no ha terminado y no estoy seguro de cuándo terminará exactamente”.
Si se trata de estimar las pérdidas, las cifras resultan sorprendentes y se ajustan casi a diario, en la medida en que nuevos bancos efectúan sus correspondientes “reconocimientos”. Sólo por concepto de préstamos subprime de los bancos e instituciones financieras, se habla de 226 billones de dólares en el caso de Estados Unidos, casi 172 billones en Europa y otros 11 billones en Japón. O sea, la friolera de 409 billones de dólares. Considerando otros préstamos, inversiones y operaciones bancarias, la cifra crece a 504 billones.
Pero eso no es todo, porque a tales cálculos habría que agregar lo que aún queda por declarar. Según el FMI, ese total sería de 945 billones de dólares, un pronóstico bastante más positivo que el trillón de dólares que estima Goldman Sachs o hasta los 2 trillones de Nouriel Roubini, un profesor de economía de la Universidad de Nueva York.