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Artículo correspondiente al número 282 (13 al 26 de agosto de 2010)
Lipigas y Agrícola La Hornilla son dos ejemplos de empresas que buscan la fórmula de devolver a sus empleados y a la comunidad todo el apoyo y confianza que estos les han brindado por años. Ambas firmas –hoy galardonadas con el premio Sofofa-Capital Responsabilidad Social Empresarial- han logrado dar con la ansiada receta que parte con el compromiso y la convicción del directorio hasta el último de sus colaboradores. Por Paula Vargas.
El tema no se pone en duda, y aunque las dos cuentan con importantes sindicatos, han convenido en intereses y preocupaciones y se declaran como las primeras en apoyar sus programas y remar hacia el mismo lado cuando se trata de atravesar por las turbulentas aguas de las crisis. Llegar a este entendimiento ha sido un trabajo de años, centrando la mirada en los trabajadores. En Lipigas, por ejemplo, se tomaron en serio esto de la cercanía. “Va mucho más allá del eslogan”, dice su gerente general, Angel Mafucci. Y en una empresa con cobertura nacional y producto de la fusión de varias compañías, trabajar este aspecto no fue tarea de un día.
En el caso de La Hornilla el esfuerzo también merece reconocimiento. Desde luego, para una Pyme, con los obstáculos y dificultades propios del menor tamaño, hacerse cargo de programas de RSE es una tarea que requiere una fuerte convicción de sus ejecutivos, la que siempre tuvo Cristián Allende, accionista principal y gerente general de la firma agrícola quien, además de buscar alternativas de desarrollo para sus empleados y familias, quiso ir más allá y encontró la fórmula para extender la ayuda hacia las comunidades en que operan sus campos, logrando instalar programas que hoy hacen de La Hornilla una verdadera institución.
Todas estas particularidades fueron las que inclinaron la balanza del jurado de Sofofa para elegir a las ganadoras. Tarea nada fácil cuando entre las finalistas estaban compañías de la talla de Essbio, Shell, D&S y la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS) en la categoría de Grandes Empresas, mientras que en la categoría Pyme, las finalistas fueron Agrícola La Masisa y Clavos Kraown; todas, destacadas por su compromiso con sus trabajadores y la comunidad.
| Metodología de trabajo |
| El premio Sofofa Responsabilidad Social se entregó en dos categorías: Grandes Empresas y Pyme. Para el primer caso, tras extender invitaciones para que las compañías participaran, un comité técnico de Sofofa evaluó los reportes de RSE entregados por estas empresas y asignó puntajes a distintos aspectos referidos a relaciones laborales, medioambiente y comunidad, transparencia, compromisos y certificaciones, entre otros. El comité preseleccionó a cinco empresas, que luego fueron derivadas a un jurado, que encabezó el presidente de Sofofa y estuvo integrado por representantes del comité ejecutivo, quienes finalmente eligieron al ganador. En el caso de la categoría Pyme el proceso fue similar. Se invitó a distintas empresas a participar y se les enviaron cuestionarios para evaluarlas técnicamente, ya que en su mayoría estas firmas no entregan reportes de RSE. Tras la evaluación, el comité preseleccionó a las mejores y las derivó al jurado. |
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| Jurado de categoría. La difícil misión de elegir a las firmas ganadoras corrió por cuenta de Guillermo Turner, Cristóbal Philippi, Juan Antonio Guzmán, Fernán Gazmuri, Andrés Concha, Rafael Guilisasti, Wolf Von Appen y Cirilo Córdova. |
Agrícola La Hornilla
Corazón Grande
Por tercer año consecutivo una empresa Pyme es galardonada con el premio Sofofa-Capital RSE. Esta vez se trata de una compañía que lleva en su esencia el chip de la responsabilidad social, el que hasta ahora parecía primar sólo en las grandes corporaciones.
| Premio Categoría PYME Número de trabajadores: 100 permanentes y 400 en temporada de cosecha. Ventas anuales: 4 millones de dólares Primer reporte de sustentabilidad: 2006 |
De igual forma los trabajadores han respondido a los programas de capacitación permanente que realiza la firma, particularmente los relacionados al uso eficiente de los recursos, como la energía, el agua y el reciclaje de los desechos, conocimientos que luego han puesto en práctica en sus hogares, donde –cuentan- ya no hay ampolleta encendida sin que exista un uso eficiente de la misma.