Poder

Panguipulli S.A.

Son empresarios. Veranean hace años en la zona. Pero además de juntarse en buenos asados, crearon una corporación para promover el desarrollo de la comuna y atraer inversión. Una empresa como cualquier otra, con gerente, reuniones de directorios y Rut, pero con un objetivo claro: poner a Panguipulli en el mapa. Por Carla Sánchez M.

Panguipulli S.A.

Convertirse en un estacionamiento para lanchas. Ese era el destino de la enorme casona ubicada detrás de la parroquia de San Sebastián, en terrenos de la diócesis de Villarrica. Una joyita construida en los 40 por el padre capuchino Bernabé de Lucerna, pero que ya se caía a pedazos con cada lluvia.

Al menos una vez al mes, Aníbal Montero, vicepresidente ejecutivo de Salfacorp, viajaba a Panguipulli. No lo hacía para supervisar alguno de los proyectos de la inmobiliaria, sino para inspeccionar en terreno los avances de la restauración de la casona de estilo suizo. Una delicada tarea en la que también participaron los arquitectos Andrés Amenábar, Alfredo Cruz y la diseñadora María José Tagle.

El 17 de febrero de 2010, la remozada casona cultural “El Encuentro” fue estrenada en sociedad. Ahí estaban sentados, en primera fila, Jean Paul Luksic y su madre, Iris Fontbona. Dos enamorados del balneario sureño.
Pero no son los únicos.

Hace 35 años, el empresario inmobiliario Andrés Amenábar quedó impactado con la belleza natural del lago. Lo mismo les pasó al ex presidente de Corma, Fernando Léniz, y al ingeniero químico Vicente Navarrete, quienes buscaron un lugar menos turístico que Pucón para construir sus casas. En pleno veraneo, los tres amigos coincidieron en un concierto de la naciente orquesta de niños de la escuela Claudio Arrau. Quedaron tan impresionados, que, de vuelta en Santiago, se comprometieron a financiarla y de paso promover el desarrollo de esta comuna, una de las más grandes en extensión geográfica (tiene más de 35 mil habitantes) y de las más pobres de Chile.

El proyecto fue convocando cada vez más figuras. Y así, lo que nació como un grupo de amigos que se reunió para colaborar en temas de salud, educación y cultura, hoy es una verdadera empresa con directorios y regulaciones legales, al igual que las que muchos de sus 101 socios manejan privadamente. Eso sí, esta tiene únicamente fines sociales.

Mechada con arroz

“Pareces Toribio el náufrago”, le comenta Jaime Bellolio a Nicolás Ibáñez. El director de Walmart Chile sonríe con su rostro quemado por el inclemente sol de la Antártica, donde estuvo hace algunos días escalando un cerro con Paola Luksic, otra de las directoras de la “Corporación de Adelanto Amigos de Panguipulli” (ver recuadro). Es un día miércoles de diciembre y al igual que una veintena de socios, él no se pierde por nada del mundo el almuerzo que cada año realizan en el Club Manquehue.

Después de posar animadamente para Capital, pasan a uno de los salones del club. La sesión la preside Peter T. Hill, presidente de la Cámara de Comercio de Santiago, y también de esta corporación. Mientras circulan ensaladas y cebiches, Hill pasa revista al concierto de la Orquesta Sinfónica de Panguipulli, a los avances en la construcción de una sala de cine digital, y al proyecto “Educando a la comuna”, un plan piloto para mejorar el aprendizaje de alumnos de kínder y primero básico en tres escuelas ubicadas en Neltume, Choshuenco y Huellahue.

Uno de los temas que más preocupa a los asistentes es el alga didymo, más conocido como el “moco de roca” que forma grandes masas de aspecto viscoso, amenazando el desarrollo de la actividad turística y productiva de ríos y lagos. “Las algas se están moviendo más rápido que las autoridades”, se queja uno de los socios. Hill comenta que en Panguipulli están llevando a cabo un plan de contención y prevención para atacar el alga.

Mientras varios saborean una carne mechada con arroz, el empresario naviero Sven Von Appen –quien conoció Panguipulli casualmente al cruzar la cordillera y hoy tiene un fundo en Choshuenco– destaca el correcto manejo del presupuesto de la corporación, que supera los 400 millones de pesos al año. “En Chile, hay muchas instituciones que gastan más plata de la que tienen, eso no pasa aquí”, comenta. Su hermano Wolf, quien no pudo asistir al almuerzo, también es un comprometido con la localidad. Viaja tres veces al año al directorio de la escuela de Choshuenco para constatar en persona los avances del proyecto educacional. Para facilitar la asistencia de los alumnos, incluso gestionó la adquisición de un bus para recoger a los niños de la zona rural.

“Hemos puesto a Panguipulli en el mapa. Hay muchos pueblos en el sur que están yendo a Panguipulli a preguntarnos cómo lo hemos hecho”, comenta orgulloso Hill.

¿Qué los motiva a donar tiempo y plata a esta comuna?

“El sentido de este proyecto es devolverle a la vida lo que nos ha dado con creces. Existe una tremenda inequidad. Hay un tercio de la comuna que es mapuche y que siempre ha sido tomada como la conflictiva y es porque no ha sido integrada por la sociedad”, explica Aníbal Montero, hoy a cargo de la construcción del cine. “Lo lindo de este proyecto es que la comunidad se ha hecho partícipe en igualdad, que vayan al mismo cine que los veraneantes”, agrega. Montero está convencido que es un deber de los empresarios participar de este tipo de iniciativas porque “nosotros mismos, con el modelo económico, hemos generado una desigualdad abismante y nos tenemos que hacer parte de ella”.

Si hay algo que caracteriza a esta corporación es la participación activa de los socios, que además de donar una cuota anual, deben involucrarse en los proyectos que promueven. “No se trata de pasar un cheque a fin de mes. Aquí hay 100 empresarios y profesionales que están apoyando en distintas áreas, como la pesca, la música y el deporte”, sentencia Montero.

Ivonne Reifschneider, vicepresidenta de la Corporación, tiene casa en Puerto Fuy. Lo suyo es el desarrollo sustentable y la conservación que fomenta en la Fundación Huilo Huilo, la cual preside, y que quiso replicar en Panguipulli. “Esto no es filantropía, porque la filantropía queda ahí no más. Cuando tú ayudas a abrir la mente, por ejemplo, con todos estos proyectos culturales, llenas un vacío que muchas veces deja el Estado porque tiene otras prioridades”, piensa.

La “generosidad” de los chilenos

Hasta el 2010, el financiamiento provenía del aporte de los socios y del convenio del pago de patentes de sus empresas, que por el mismo motivo trasladaron a la zona. Pero ese año, un dictamen de la Contraloría que eximía de pago a las sociedades pasivas, generó una disminución de la fuente de financiamiento. “Eso nos obligó a plantear que esto tenía futuro en la medida en que el aporte de los socios o comuneros, fuera relevante, pero no único”, cuenta Jaime Bellolio, quien es vicepresidente junto a Ivonne Reifschneider y Nicolás Ibáñez (ver recuadro).

Se constituyeron como una corporación, con Rut y gerente general, lo que les permitió acceder a otros financiamientos, como fondos concursables. Con ello, compiten con las instituciones que también persiguen recursos estatales.

“La mayoría de los 101 socios tienen muchas actividades, y también una suma de peticiones de otras fundaciones y organizaciones. Eso nos obligó a competir con las mejores armas: transparencia en la gestión, gran cercanía con la comunidad, e involucrar a las autoridades. Si alguno de ellos ve que sus recursos no están lo suficientemente bien invertidos, hay un portafolio de alternativas para poder irse”, agrega.

Mauricio Larraín, presidente del Banco Santander, es otro activo miembro de la Corporación. Viaja a la zona casi todos los meses y le encanta ir a la remozada casona de encuentro. Tanto, que llevó a la directora del banco, Lucía Santa Cruz y al consejero externo, Vittorio Corbo en una de sus visitas.

“En Chile existe una cultura de filantropía muy fuerte, los empresarios en general son extremadamente generosos, pero tiende a ser más bien algo individual y muchas veces sin una gestión profesional. Acá tenemos una gestión de excelencia. El mérito de esta fundación es que ha juntado a muchos empresarios que están involucrados en iniciativas sociales y eso hace que tenga un efecto multiplicador muy importante”, piensa Larraín.

¿Son generosos los empresarios chilenos? Hill cree que sí, pero que no es suficiente. “Falta mucho en el mundo empresarial, hay muchas personas que no ayudan, hay gente que lo hace en forma silenciosa, pero no es sólo dar 5 lucas por acá o 10 por allá. Se trata de dar algo con sentido”.

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Paola Luksic, directora: “Faltan más incentivos para que las empresas donen”

Hace muchos años que la familia Luksic tiene fundo en Panguipulli. Pero Paola, la mayor de las mujeres del clan, ya no viaja tanto a la zona porque con su marido (Oscar Lería) tienen un campo en Villarrica. Aún así, la presidenta de la Fundación Luksic está ultra comprometida con la “Corporación de Adelanto de Amigos Panguipulli”, de la cual es consejera. “Mi trabajo tiene que ver con todo lo relativo a la educación y la cultura, dos cosas que hacemos aquí en la Fundación Luksic”, comenta. “Es valorable la cantidad de personas que son de Panguipulli –o que veranean allá– lo comprometidas que están con cambiarle la cara, para convertirlo en un pueblo cultural y turístico que funcione no solamente en el verano”, agrega.

-¿Existe en Chile una cultura filantrópica?

-Cada día más. No estamos al nivel de Estados Unidos, pero la gente tiene cada vez más conciencia de que hay que ayudar al prójimo y de la igualdad de oportunidades. Para mí lo más importante de la filantropía es dar oportunidades a la gente que no las tiene, más que regalar recursos.

-¿Los empresarios chilenos se involucran en la filantropía o simplemente dan un cheque a fin de mes?

-Creo que muchos sí, pero hay que involucrarse un poco más para que ese recurso que estás entregando tenga un sentido, que le sirva a las personas. Mi papá era de esa teoría.

-¿Son generosos los empresarios?

-En general sí, pero recién se está formando esta cultura filantrópica en el empresariado y en las familias. Los chilenos somos solidarios y en los momentos graves, como para el terremoto, todo el mundo se pone. El problema es que no es un hábito que sea más permanente.

-¿Por qué en Chile no existen personas como Bill Gates, que donó la mitad de su fortuna?

-Me lo he preguntado hartas veces, pero aquí no hay una cultura que desde niño te lo inculque. En Estados Unidos, por ejemplo, hasta los castigos son trabajos comunitarios. Para muchas penas que son bajas, en vez de tener las cárceles llenas, me parece obvio que pinten las escuelas o limpien los baños públicos. Pero eso viene desde el colegio y todos aportan, hasta el más rico.

-Ustedes como familia son una de las que más aporta en Chile…

-Nuestro padre nos inculcó bastante eso y también la importancia de la educación. La fundación Andrónico Luksic es de todos, pero mis hermanos también tienen otras aparte. Si uno tiene la suerte de haber estudiado y que te vaya bien, hay que devolver la mano.

-Y hablando de educación, ¿cómo ve la evolución que ha tenido el conflicto estudiantil?

-A lo mejor los estudiantes no están contentos con lo que se ha logrado, pero se ha avanzado mucho y el ministro Beyer–que de partida sabe mucho de educación– ha logrado un acercamiento entre las dos posturas. Estoy de acuerdo en que los estudiantes hayan puesto en el tapete su causa y hayan provocado un remezón. Todos entendimos que hay que hacer un cambio.

-¿Ese cambio pasa por el fin al lucro?

-No, soy empresaria y no le veo nada malo al lucro, pero en el caso de la educación tiene que tener una fiscalización permanente y muy estricta. La gran mayoría no se aprovecha, pero hay muchos que sí, por ahí va el tema. Los que lucran, si son eficientes, dan una buena educación y tienen una buena infraestructura, ¿por qué no?

-¿Existen suficientes incentivos en Chile para donar?

-No, faltan más incentivos, sobre todo para las empresas. Sé que ahora va a haber una revisión de la ley. El temor es que nuevamente personas se aprovechen, por eso se requiere una buena fiscalización. Conozco a muchos empresarios que tienen fundaciones maravillosas y que de verdad se la están jugando por su proyecto y quieren aportar con un grano de arena al desarrollo del país y a que haya menos desigualdad. Y espero que las nuevas generaciones vengan con ese chip.

-En Chile hay pudor a la hora de donar?

-A la gente le gusta que nadie sepa, pero eso ha ido cambiando un poco. No se trata de anunciar con pancartas que estás dando, pero no tiene por qué ser escondido tampoco. Estos últimos años, la gente ha ido entendiendo que no tiene nada de malo, lo que también le da más transparencia.

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Nicolás Ibáñez, director: “La ley Valdés es timorata”

Lo primero que deja en claro el director de Walmart Chile es que esta no es una iniciativa de un grupo de veraneantes que están de paso y deciden realizar una agenda de entretención mutua. “No es una instancia social para juntarnos a almorzar en el club Manquehue porque no tenemos nada más que hacer. En la Corporación podemos proyectar nuestras inquietudes de servicio público y de paso, ayudar a mucha gente que conocemos”, explica. Para Ibáñez, este proyecto se ha convertido en una verdadera empresa social que tiene que ver con el desarrollo de políticas públicas en Chile. “La gran mayoría de nosotros somos gente de trabajo que ha desarrollado sus propias actividades que en general han ido en beneficio del país, y aquí estamos uniéndonos para desarrollar un emprendimiento social que debiera de permitir replicar políticas públicas con colaboración público privada en otros lugares”, agrega.

-¿Cuál es su trabajo en la Corporación?

-Tengo dos focos, uno son los niños, donde fomentamos los buenos hábitos de trabajo en equipo a través de los deportes náuticos. Estamos replicando lo que se hizo en el club de yates de Algarrobo con niños de las escuelas públicas de Panguipulli. Contamos con un instructor y tenemos como una docena de Optimist, cuatro laser y estamos adquiriendo otro yate. En total, tenemos cerca de 200 alumnos.

La otra área en la que trabajo es con los adultos mayores (junto a la fundación Oportunidad que preside), donde participo de un proyecto de un hogar con la Fundación Las Rosas.

-¿Usted va al hogar?¿ Conversa con los abuelos?

-Por supuesto, eso a uno lo inspira. Cuando me siento aproblemado, voy para allá y me doy cuenta que mis problemas no son nada. También tenemos un programa de atención domiciliaria en los cerros visitando a los viejitos en los lugares donde viven. La cantidad de viejitos que hay literalmente botados, es impresionante.

-¿En Chile existe una cultura filantrópica?

-Existe una cultura filantrópica, hay grandes ejemplos de individuos, familias y empresas que están comprometidos con distintos proyectos, sobre todo en el área educacional. Pero no es suficiente. Hay empresas sociales serias como esta Corporación, que se ha constituido con gerentes, directorios, estados financieros, con todo un proyecto de sustentabilidad. Soy más bien optimista, pero lamentablemente el Estado es un competidor nuestro.

-¿En qué sentido?

-Nosotros ofrecemos soluciones privadas a problemas públicos, a través de los códigos de la empresa privada, que son muchísimo más estrictos que los que tienen las empresas públicas, de calidad de servicio, de responsabilidad social verdadera, de un uso apropiado de los fondos. El Estado debiera ser mucho más generoso y abrir las puertas –tal como se ha hecho en Estados Unidos– para que haya más entidades privadas que estén dando soluciones a problemas públicos. Eso es parte de la reforma que requiere el Estado que está pendiente.

La ley Valdés es una señal positiva pero es muy limitada. Es muy timorata, es una idea genial que beneficia los aportes en cultura, pero hay que profundizarla a otros ámbitos. En este minuto hay trabas y limitaciones para donar. La regla general es que se pagan impuestos al Estado, quien decide cómo utilizar estos impuestos, pero para un país que busca niveles crecientes de desarrollo, muchas veces se requiere empresas sociales, las cuales son más sofisticadas y complejas.

-¿Alguna vez le ha planteado estas inquietudes al presidente Piñera?

-En materia de los adultos mayores, se lo planteamos a través de Fundación Las Rosas donde hay un proyecto. Por ejemplo, el Estado, aparte de pretender hacerse cargo de los adultos mayores de una manera precaria, no hace nada concreto. Dentro de la reforma al Estado debiera estar el desarrollo de entidades privadas que ofrecen soluciones a problemas públicos a través de aportes, donaciones y esfuerzos de privados. •••

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