[Archivo] María Noseda de Angelini: "Soy una vieja feliz" - Revista Capital

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[Archivo] María Noseda de Angelini: “Soy una vieja feliz”

Este fin de semana murió la viuda de Anacleto Angelini, y recordamos la última entrevista que dio a Revista Capital en 2012. A sus 89 años, decidió que todo lo suyo quedará en manos de una fundación para ayudar a los más pobres de los pobres. En una larga conversación con Capital, Marita, como le dicen sus cercanos, habló de su vida, de su niñez, de su marido y de cómo han sido sus cinco años de viudez.

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Por: Catalina Allendes E.
Fotos: Verónica Ortíz

María Noseda de Angelini

“Qué quiere que le diga, soy una vieja feliz”, es lo primero que dice María Noseda Zambra, la viuda de Anacleto Angelini Fabbri, mientras una tremenda sonrisa se dibuja en su rostro. Son las 12 del día de un martes y nos recibe en su departamento en una calle sin salida, a pocas cuadras de Américo Vespucio, en Las Condes.

Confiesa que sería más elegante decir que es una “anciana feliz”, pero a ella en realidad esas cosas no le preocupan. A sus 89 años, dice lo que piensa.

"Me sentí sola, sola, sola (tras la muerte de Anacleto). Sin marido, sin hijos, ni hermanos. Sola. Entonces dije: vieja y sola, amargada jamás. Voy a salir adelante".

Su sencillez le sale hasta por los poros. Camisa celeste, un impecable pero sencillo pantalón azul, su pelo cano tomado con un cintillo de carey y los zapatos bajos de cuero negro que –cuenta entre risas– usa desde hace años, la revelan tal cual es. Para qué decir el cariñoso trato que tiene con Alejandro y Clarita, quienes trabajan en su casa hace décadas… Lo mismo con su enfermera y con cada una de las personas que estuvieron ese día en su departamento.

De joyas ni hablar. Sólo un collar blanco de su juventud y un pequeño reloj digital Casio. “No necesito más. Cuando joven me gustaba comprarme cosas lindas, pero tampoco tanto. Los relojes se me echaron a perder y éste está estupendo”, cuenta, mientras muestra orgullosa su muñeca.

Tiene un encanto especial esta señora Marita, como la llaman sus cercanos. En nada calza su figura, modo y carisma con el título de millonaria que lleva a cuestas. Tras la muerte de su marido, en 2007, María Noseda heredó junto a sus sobrinos Roberto y Patricia Angelini Rossi, uno de los patrimonios más grandes que se hayan amasado en Chile.

Amargada jamás

Fiel al estilo que profesó su marido, a María Noseda no le gusta hablar de platas. No le interesa ni le entretiene. Pero decidió romper el silencio para contar cómo desde hace un tiempo le ha cambiado la vida, ayudando a los más desposeídos. Y, de paso, adelantar qué va a pasar con su patrimonio cuando ya no esté.

"Para mí en Chile todavía hay mucha riqueza y mucha pobreza. Antes no me daba cuenta, ahora sí y no me gusta. Habría que ayudar mucho más todavía, si uno es feliz con tan poco".

Está convencida y entusiasmada con lo que está haciendo. Tiene la certeza de que su testimonio puede impulsar a otros a adoptar el camino que trazó hace ya un par de años. Si hasta le puso nombre a su nuevo desafío: Amayu. “Amar y ayudar, que es lo que me hace más feliz en la vida”, dice llevándose las dos manos al corazón.

Pero en el camino hacia esa felicidad que hoy asegura sentir, también transitó por momentos difíciles. No tuvo hijos, sólo un embarazo que no llegó a término, y a muy temprana edad vio morir a sus dos hermanos, Giorgio y Fernando. El primero partió repentinamente a los 4 años, y el segundo a los 31, de hemofilia. A pesar de que en su recuerdo habita una infancia feliz, ésta siempre estuvo acompañada del sufrimiento de sus padres.

Se casó a los 36 años con Cleto, como llamaba a su marido, tras conocerlo seis años antes en la piscina del Estadio Italiano, gracias a una mancha de pintura en su traje de baño (ver recuadro).

“Siempre tuve miedo de casarme, me dijeron que la hemofilia se transmitía por la mujer. Hubiese sido tremendo transmitir esa enfermedad. Pero me casé, tuve un embarazo y lo perdí... Fue mejor así”, relata hoy.

Hace poco menos de un año armó la Fundación Careno, en honor al pueblo natal de sus padres, que gestionará todo lo suyo a la hora de su muerte. Y ya está a pleno pulmón. Con un directorio integrado por hombres y mujeres de su confianza, la institución pretende ir en ayuda de los más pobres de los pobres. Ya tiene, por lo demás, su primera obra: la Casa de Retiro Fernando Noseda Zambra, que levantó en honor a su hermano, para acoger el proceso formativo de los 11 mil niños y jóvenes de la Fundación Belén Educa.

-¿Han sido muy difíciles estos cinco años de viudez?

-No tanto. De mucha pena, pero no tan difíciles. Me sentí sola, sola, sola. Sin marido, sin hijos, ni hermanos. Sola. Entonces dije: vieja y sola, pero amargada jamás. Voy a salir adelante.

Ahí empezó su renacer. Durante esta entrevista repitió varias veces que a ratos se siente como de cinco años, los mismos de la viudez. “En mi pena conocí a un sacerdote que es una maravilla, el padre Marcelo Gidi (SJ) y él me dio vuelta la tortilla. Ahora tengo el Espíritu Santo conmigo. Tengo una vida interior plena. Mi pensamiento y mi corazón me hacen feliz”, relata.

Una villa en Careno

Sorprende la lucidez de su “casi siglo”, como dice ella misma. No sólo porque está enterada de cada una de las noticias que aquejan a Chile y el mundo –“leo todos los días el diario”, dice–, sino porque en su cabeza tiene bien guardadas las anécdotas que acompañaron su infancia de la calle Román Díaz, su paso por el colegio Jeanne D’Arc y el Santiago College, además de sus viajes a Italia. Con nostalgia habla también de los años que vivió con su marido en la casa que tuvieron en la comuna de La Reina, la cual se vino abajo con el terremoto de 1985, y que hoy alberga a un colegio.
Goza contando las historias y mostrando los impecables álbumes que atesora en una antigua cómoda de su living. Decenas de fotos en Santiago, en Italia y en Santo Domingo, donde solía pasar los veranos con su marido en un fundo de 400 hectáreas a orilla del mar, entre Las Brisas de Santo Domingo y Santa María del Mar, que hoy es parte del patrimonio de Fundación Careno.

María Noseda nació en Chile, igual que sus hermanos, pero siempre mantuvo una estrecha relación con sus abuelos en Italia. Allá viajó muchas veces de soltera y muchas más de casada. Para qué decir cuando su marido Anacleto compró la villa, a orillas del lago Di Como, que pertenecía a los Noseda. “Una casa preciosa, con una terraza encima del lago”, describe. Hace años que no va y a su edad tampoco volverá a hacerlo. La casa hoy está en manos de Roberto Angelini.
De todas las historias que cuenta, varias prefiere que no salgan de su departamento. Otras, permite revelarlas para que se dimensione el mundo en que vivió, “que es muy distinto al de hoy”.

“Era un mundo más austero, más sano y de poca gente. Ahora está inundado de gente, de ruidos, de desgracias. En la televisión no hay ninguna noticia buena”, advierte y por eso a estas alturas prefiere quedarse tranquila en su departamento, en el mismo edificio donde vive el ex presidente Ricardo Lagos. De ir de compras, ni hablar. A un evento social, menos. Este año ni siquiera irá a Santo Domingo de vacaciones. A María Noseda le gusta estar en su casa, cuidando sus laureles, cardenales y camelias.

-¿Qué le complica de la época que estamos viviendo?

-Me parece que éste es un mundo muy malo.

-¿Malo? ¿Por qué?

-Porque no hay amor. Veo las noticias para saber lo qué está pasando, pero no tolero lo que veo. La gente lo único que quiere es plata y comprar y comprar, además de sexo.

Salta de una anécdota a otra de su vida en Santiago, los paseos al cerro San Cristóbal, sus años en la Cruz Roja y los constantes viajes a Italia con Anacleto. Le gusta hablar de esa época y con añoranza cuenta cómo unos platos la salvaron a ella y su familia de morir.

“Estábamos en Italia y estalló la Segunda Guerra Mundial. Mi hermano hemofílico no podía correr riesgos. El embajador de Chile en esa época nos consiguió rápidamente pasajes para el próximo barco que salía, pero mi mamá se negó. Se armó una pelea, hasta que confesó que había mandado a hacer unos platos que todavía no estaban listos. Mi padre, que la quería mucho, le pidió al embajador que cambiara los pasajes. Nos fuimos en el barco siguiente y el que no tomamos se incendió. Habría sido una tragedia”, relata.

-¿Y tiene guardados los platos?

-(se ríe un buen rato) No. Imagínese. Ya no existen.

La otra Marita

Pero nada la hace más feliz que contar el cambio de vida que ha tenido. “Mi época no es como la de ahora, en la que las mujeres son independientes. Uno era la hija de y la señora de… Por eso, cuando me quedé sola, sin herederos, me di cuenta que tenía mucha plata y dije para qué quiero la plata, si yo no compro ni necesito nada. Entonces, pensé en que me gustaría recordar a mi hermano, que sufrió tanto con la hemofilia, y surgió lo de construir y donar la Casa de Retiro”, relata.

Con Belén Educa tenía una relación de años, desde que su marido estaba vivo, pues Empresas Copec es una de los principales benefactores de esa fundación educacional, además de mantener una estrecha amistad con varios de los miembros de su directorio.

“Cuando me di cuenta de la dimensión de lo que estaba haciendo, me puse tan contenta por mi hermano, por todo, que dije algo tengo que hacer con el resto de la plata que me dejó mi papá y mi marido. Ahí se me ocurrió armar una fundación”, relata. Fue Manuel Enrique Bezanilla, abogado que siempre ha estado ligado al grupo Angelini, quien le ayudo en esta travesía.

Medio en broma medio en serio, María Noseda confiesa que no quiere pagar tantos impuestos como lo hizo su marido, pues quiere que todos los recursos vayan a parar donde más se necesitan.

Su idea es entregar fondos a instituciones que ya estén funcionando y necesiten financiar proyectos concretos. Hasta ahora la donación más importante ha sido el aporte de 1.500 millones de pesos a la casa de Belén Educa, pero está ad portas de concretar la construcción de un nuevo pabellón para ancianos de un asilo en la comuna de Pedro Aguirre Cerda. También han entregado dineros al Hogar de Cristo, Cristo Vive y otras instituciones más pequeñas.

“Recursos hay”, dice ella sin entrar en detalle de cuánto, pero insiste que le alcanzará para “funcionar por muchos años”. En el directorio de la fundación la acompañan el padre Marcelo Gidi, el abogado Manuel Enrique Bezanilla, el médico Luis Fernando Coz, su ahijada Paola Davanzo y el director ejecutivo de Belén Educa, Juan Enrique Guarachi (ver recuadro).

La visita de Roberto

-¿Cómo es su relación con Roberto y Patricia Angelini, los sobrinos de su marido?

-Yo quiero mucho a Roberto y a la Patricia. Pero ellos tienen su vida, sus hijos, sus nietos y a su mamá, que también está enferma. Roberto viene casi siempre los viernes y es muy cariñoso.

-¿Y con Empresas Copec?

-Nunca voy, ni nada. Cuando se repartió la herencia de mi marido quedó todo muy separado.

-¿Pero a veces opina sobre lo que le gusta o no de las empresas? Mal que mal, es el legado de su marido.

-No. Pero ellos saben las cosas que a mí me hacen feliz.

-¿Usted cree que los empresarios en Chile son solidarios?

-Para mí en Chile todavía hay mucha riqueza y mucha pobreza. Antes no me daba cuenta, ahora sí. Y no me gusta. Habría que ayudar mucho más todavía, si uno es feliz con tan poco...

Además de sus sobrinos, Marita tiene un grupo de amigas entrañables. “No nos vemos tanto, pero nos queremos y nos amamos. Hay muchas viejas y enfermas, como yo”, cuenta con bastante humor.

El grupo es bien surtido, desde amigas de juventud, de la Cruz Roja a las que ha ido haciendo en el camino. En su vida diaria la acompaña el padre Gidi, su ahijada Paola, quien “también es mi amiga, secretaria, todo. Es hija de una muy buena amiga y ella sabe cuándo tengo que ir al doctor, me ayuda con los regalos, con todo”.

Con ella, antes de la fundación ya había comenzado a trabajar silenciosamente ayudando a niños y jóvenes que vienen de regiones a estudiar a Santiago.

“Qué cosa más rica es ayudar. Me hace tan feliz”, es una frase que repite desde el alma, como dice ella, una y otra vez durante esta entrevista.

Es su mayor legado. •••

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El hombre de la pintura

La primera vez que María Noseda vio a Anacleto Angelini fue en la piscina del Estadio Italiano. Ella tenía 30 años; él, un poco más. Todavía con brillo en los ojos cuenta que llegó a bañarse con un traje de baño “precioso, color esmeralda, nuevo” y él estaba en la orilla con un grupo de amigos hablando sobre su fábrica de pinturas. “Pero a mí me dio lo mismo, estuve con mis amigas y después me senté en unas graderías que estaban recién pintadas y quedé toda manchada de pintura. Casi me morí y se me ocurrió ir donde el señor que hablaba de pinturas para que me diera algo para limpiarlo”, relata, como si de eso no hubieran pasado mucho más de 50 años.

Al día siguiente Anacleto Angelini llegó hasta el hotel donde estaba hospedada con sus padres, en la Plaza de Armas, con un líquido que le salvó el traje de baño nuevo. A los pocos días ella viajó a Italia con sus padres y a la vuelta de ese viaje, a la primera persona que vio en el aeropuerto de Cerrillos fue a Anacleto.

Angelini se llevó a su tumba la razón de su presencia en Cerrillos ese día. María Noseda nunca supo si fue a verla a ella o estaba ahí por alguna otra razón. Su marido nunca se lo quiso aclarar. Se murió con el misterio.

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Las camelias de Anacleto

-¿Leyó la revista Forbes en 2008 cuando usted salió en el listado de los más ricos del planeta?

-No. No le puedo creer que salió. Me carga. Me carga. Si yo soy una mujer sencilla, mi familia viene del pueblito de Como, donde mi abuelo, cuando yo tenía frío, me hacía una cacerola que tenía hoyitos y brasas adentro para que me calentara. Era un mundo muy sencillo.

-Su marido también era un hombre muy sencillo

-Era sencillo. Sí. Muy sencillo.

-Orgulloso estaría entonces de cómo ha seguido viviendo tras su partida.

-Sí, estaría orgulloso.

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Los proyectos de Careno

Varios son los proyectos que tiene Fundación Careno en carpeta. Uno de sus directores, Juan Enrique Guarachi, director ejecutivo de Belén Educa, advierte que en todos ellos está marcado el sello de María Noseda.

“Especialmente su sensibilidad. Una persona que ha vivido siempre en torno a la riqueza pero tiene la sensibilidad con la gente que sufre. Más de una vez le hemos oído decir tengo tanto dinero y tengo que compartirlo”, confiesa Guarachi.

El directorio de Careno se reúne una vez al mes para analizar los distintos proyectos que postulan para su financiamiento. Guarachi advierte que “en esas reuniones a la señora Marita le brillan los ojos ante la posibilidad de ayudar a niños y ancianos”.

“Ella es una mujer inmensamente feliz de poder contribuir con los más pobres. Nos dice que este país tiene que tener los ojos puestos en los que más sufren. Ese es hoy el sentido de su vida. Le entusiasma dar oportunidades a personas que no la tenían”, agrega Guarachi.

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