Revista Capital

[Opinión] Educación: cinco claves estratégicas

Por Rafael Rincón-Urdaneta Z.

La educación dará mucho que hacer al nuevo gobierno, más si ha de proyectarse sobre los cuatro años. También a la empresa, la sociedad civil y la academia; el nexo con el trabajo es total. La primera urgencia es mejorar la aproximación estratégica con la que se ha tratado en el debate público este colosal y desafiante asunto. Aquí, cinco modestas recomendaciones:

1. Dimensionar el factor tecnológico: Cualquiera sea el énfasis y el marco referencial —la segunda era de las máquinas o la cuarta revolución industrial, por ejemplo—, la tecnología es trascendental en términos de escala, alcance y velocidad. Para apreciar magnitudes conviene comprender el fenómeno exponencial. Las tecnologías exponenciales, responsables de fantásticos avances y disrupciones estremecedoras, están acelerando y modelando como nunca las mayores industrias y todos los aspectos de nuestras vidas: inteligencia artificial, realidad aumentada, realidad virtual, robótica, fabricación digital, nanotecnología, etcétera. Una tecnología es exponencial cuando su poder y/o velocidad se duplica cada año y el costo cae a la mitad. ¿Conocen la Ley de Moore? Y
atención al desarrollo de la computación cuántica (quantum computing).

2. Ajustar el foco: La discusión hay que revisarla. Además del acceso y los costos, no debe quedar fuera para qué se educa y qué se aprende (valores, propósito, competencias, extensión del aprendizaje). La educación debe fomentar la ética de una sociedad libre; trabajar más en habilidades y competencias que en transferencia de información (nunca ha habido tanta, tan creciente y a tan bajo costo); y desarrollar la creatividad, el pensamiento crítico, la flexibilidad, la adaptación, la agilidad cultural y la originalidad, entre otras cosas. Esto, de por vida (lifelong learning).

3. Sin miedo ni mitos: Algunas personas piensan que la tecnología embrutece o atrofia habilidades. O le temen. Sin descuidar destrezas importantes ni ignorar riesgos antes inexistentes —el cyberbullying, por ejemplo—, la educación debe incorporar amigable y responsablemente la tecnología, pues abre nuevas potencialidades. Y debe fortalecer los valores y la ética, en particular con respecto a las relaciones humano-máquinas. Con esto claro, las máquinas nos ayudarán mucho a aprender y a trabajar mejor.

4. Tecnología y datos en serio: No se trata solo de equipar las escuelas y universidades con WiFi y el último grito digital. Es incorporar seriamente tecnología de punta a las metodologías y a los contenidos. Hoy es imperativo entender profundamente la robótica, la programación, la biotecnología, etcétera. También el uso e interpretación de datos e información. Dice Aoun en Robot-Proof que las personas deben aprender a crear, usar, manipular y trascender las tecnologías.

5. Educar para crear: Cognizant listó 21 trabajos que podríamos tener en el futuro, como analista de ciber-ciudad, constructor de viajes de realidad aumentada, agente de datos personales, sastre digital, curador de memoria personal, gerente de equipo humano-máquina, etcétera. Un estimado del Foro Económico Mundial de 2016 dice que 65% de los niños que están entrando a la escuela primaria podrían desempeñarse en labores que aún no existen. Hay que educar para inventar, para crear valor y soluciones.
El presente y el futuro son y serán de los creadores. No hay tiempo que perder.