Hugo Ríos, República Democrática del Congo - Revista Capital

Poder

Hugo Ríos, República Democrática del Congo

65 años, Sacerdote misionero.

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“Hoy se me murió un niño en los brazos. Moisés. Tenía VIH, luego le dio resistencia a la tuberculosis. Aquí dan penas muy grandes. Y también alegrías. Cuando ves crecer a los niños que se han educado aquí, y que son el futuro del país.

Vivo en la República Democrática del Congo, pero nací en Puente Alto. Soy el tercero de seis hermanos, de una familia campesina. Siempre tuve una gran devoción a la Virgen. Sentía que ella me hablaba y me daba una misión grande. Dejé el país a los 18 para estudiar Medicina en Buenos Aires, luego me fui a Córdoba. A los 25 entré al seminario de los Misioneros Claretianos del Corazón de María. Aprendí a hablar inglés, francés y alemán. Nos preparan para la misión, estudian las culturas.

Apenas terminé me mandaron a Camerún. ¿Por qué si Chile es un país pobre y con tanta necesidad te vas tan lejos? Me preguntaban. Porque tenemos que ofrecer lo que más queremos, no lo que nos sobra, contestaba yo.

Partí atendiendo niños y ayudando en la formación de nuevas personas para la iglesia local, porque las vocaciones disminuían en Europa y América. Después vine al Congo, que en esa época era Zaire. Comencé un consultorio para la gente más pobre, que fue creciendo hasta transformarse en un hospital. Hoy atendemos a mil niños con enfermedades físicas y mentales, que han sido abandonados. Cuando hay que hacer operaciones quirúrgicas más complicadas, los llevo a Europa.

Siempre he trabajado con los leprosos, trabajé con los presos. Aquí hay mucho VIH, mucha tuberculosis. Últimamente la situación está difícil porque el hospital ha crecido mucho y el país tiene muchos problemas políticos, miseria, no hay acceso a la salud. Hay angustias muy grandes.

Que me hayan nominado este año al Nobel de la Paz no me importa. Este ni ningún otro reconocimiento. Yo no trabajo al servicio de los demás por eso.

En septiembre estuve en Chile por cinco días. Fui a enterrar a mi hermano y a visitar la tumba de mi mamá. No pude estar cuando murió. No iba desde hace 12 años. Antes, estuve tres años como párroco de Maipo, de hecho, soy hijo ilustre de ahí. Pero ahora me siento congolés”.

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