Poder

Transitando del dicho al hecho tras el acuerdo de París

La lucha contra el calentamiento global requiere una comprensión más amplia de cómo los diferentes sectores interactúan entre sí. Nuevas leyes ambientales, comisiones, instituciones de regulación ambiental o campañas no van a generar el impacto buscado.

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Por Miguel Schloss, presidente, Surinvest Ltda. Ex director ejecutivo de Transparency International, y Director de Planificación Corporativa del Banco Mundial

El desarrollo económico que se registró desde la revolución industrial, propulsado por equipos de combustión interna, ha generado un aumento de emisiones de CO2 de proyecciones impredecibles. El acuerdo de la Convención sobre el Cambio Climático de París, provee un marco de acción para revertirlas y lograr que el aumento de la temperatura media mundial no supere los dos grados centígrados.

Los alcances del acuerdo implican inversiones del orden de 16,5 trillones de dólares de aquí a 2030, y cuyo énfasis debe ahora enfocarse a la acción, sin perjudicar el desarrollo económico. Ello obliga a orientar la atención hacia cuatro temas para asegurar la viabilidad y efectividad de dichos esfuerzos.

Proceso vs. sustancia

Si bien es innegable la legitimación que la multiplicidad de convenios, normas y pactos sobre el tema reflejan, es importante aclarar en qué manera las preocupaciones ambientales se traducirán en resultados tangibles.

En adelante, habrá que distinguir más nítidamente los resultados del conjunto de procesos e instrumentos para preparar y fiscalizar planes y programas, resguardándonos de la tentación de convertir estos últimos en objetivos en sí mismos, en desmedro de temas de fondo que se deben enfrentar.

Condiciones habilitantes

La lucha contra el calentamiento global requiere una comprensión más amplia de cómo los diferentes sectores interactúan entre sí. Nuevas leyes ambientales, comisiones, instituciones de regulación ambiental o campañas no van a generar el impacto buscado.

Muchos países han introducido inadvertidamente múltiples y duplicadas políticas a nivel nacional, regional e internacional. Ello ha generado más de 15 diferentes fondos de cambio climático sólo en la OCDE, con atención limitada sobre las normas o enfoques, y la capacidad de operar con tantos sistemas diversos.

Ejemplos abundan de políticas distorsionantes de precios y subsidios. En vez de tratar de resolver el problema por esa vía o por el empoderamiento de instituciones privilegiadas, es mejor enfrentar las distorsiones sin esconderlas.

En lo posible, se debe desarrollar un marco normativo que permita a los actores claves interactuar de manera orgánica, sin demasiadas restricciones, reduciendo al mínimo posible las reglas, utilizando la fijación de precios sólo cuando sea viable, y permitiendo que el costo de cumplimiento de normas ambientales pueda ser recuperado a través de los precios de producción.

Tecnologías

Las fuentes de energía renovable deben convertirse en una parte cada vez mayor de un desarrollo energético descarbonizado, pues tienden a emitir menos CO2 que las tradicionales, como puede verse a continuación:

Sin embargo estas fuentes son aún relativamente caras y constituyen muchas veces soluciones para casos dependientes de condiciones locales (como regímenes de viento o niveles radiación solar) y factores de carga limitados.

Estos son los típicos ingredientes de desarrollo en etapa incipiente de cualquier nuevo curso de acción, y que en el corto plazo limitan cambios radicales en la matriz de desarrollo energético, de transporte y otros.

La internalización de los costos del cambio climático es una experiencia relativamente reciente y el mundo aún está experimentando para hallar soluciones operativas para la producción masiva de energía limpia. Ello implica un esfuerzo de investigación y desarrollo, para ir nivelando la brecha de costos con las fuentes tradicionales que por el momento siguen siendo en muchos casos significativas:

Por ello, a la larga, una estrategia energética deberá fundarse en sustitución tecnológica del capital invertido hacia una mayor diversidad de fuentes. Ello inevitablemente incluirá plantas de carbón con tecnologías más limpias, plantas de GNL, geotérmicas e hidroeléctricas junto con energías renovables probablemente jugando un papel de nicho en el mix energético.

Gestión de transición

El masivo volumen de recursos necesario para reformar los sistemas existentes merece atención especial respecto a sus implicaciones transicionales:

-El acuerdo parece aceptar que las metas son difíciles de alcanzar, y por tanto se prevén programas de financiación para inversiones en adaptación –viviendo con el problema en el corto plazo, lo que implica la movilización masiva de recursos para inversiones "tradicionales". Como tienden a ser intensivas en capital y muchas veces implementadas por sectores públicos, suelen estar expuestas a mayor discrecionalidad y fácil presa de corrupción y desvío de recursos.

-Dado que el Acuerdo se basa en "contribuciones determinadas a nivel nacional", excluye importantes problemas globales, como el transporte aéreo, marítimo –industria que emite más CO2 que cualquier país europeo, el Ártico y la Antártica, áreas que deberán ser incorporadas en los esfuerzos de descarbonización.

-Mientras el contexto económico mundial menguado continúe, incluyendo bajos precios de combustibles fósiles, inevitablemente se complica el panorama, ya que los hidrocarburos seguirán altamente competitivos comparado con fuentes no tradicionales.
Por ello, el Acuerdo de París es por ahora más aspiracional que operacional.

Inevitablemente, el enfoque está construido sobre instituciones existentes, que no tienen mucho historial de manejo de cuestiones de este tipo, al menos en la escala necesaria, y que bien pueden llegar a ser obsoletas o inflexibles para enfrentar importantes cambios globales. Por otra parte, abre el camino para que en el largo plazo otras opciones tecnológicas e institucionales no previstas actualmente puedan constituir parte de la solución.

Los cambios tecnológicos tomarán tiempo en desarrollarse plenamente y los equipos de combustión interna, basados en el uso de carbono como nuestra fuente energética, estará con nosotros por algún tiempo, como coinciden la mayoría de las proyecciones que se resumen a continuación:

Parte de la complejidad del diseño de nuevas políticas proviene de la multiplicidad de objetivos que buscan las Autoridades. Para conciliarlas, su diseño tendrá en adelante considerar más explícitamente:

-La asignación eficiente de recursos, que requiere que los productores y los usuarios tengan que enfrentar precios de energía que reflejen su valor derivado de la escasez de recursos no renovables.

-Preocupaciones de competitividad, para no perjudicar a los productores nacionales en mercados mundiales, especialmente con relación al diseño de medidas fiscales con impacto en el sector de energía.

-Consideraciones de términos de intercambio, dado que los hidrocarburos constituyen el factor mayor de balanza de pagos en la mayoría de los países en desarrollo.

-Minimización de los costos de cumplimiento y administración, para empresas y gobiernos, que debiera enfatizarse más claramente que en el pasado como un principio estándar de diseño de políticas públicas.

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