Revista Capital

El error del gobierno español

Por: Constanza Fernández Danceanu, abogada y analista internacional, Directora de Ciencias Políticas y Administración Pública U. San Sebastián

En democracia se espera que los gobernantes escuchen a quienes los eligen. En España muchos respaldaron el referéndum por el que Cataluña buscaba la secesión, incluso estando en contra de su independencia. Las manifestaciones multitudinarias en la Puerta del Sol de Madrid, en apoyo al pueblo catalán, así lo demuestran. Pero la tozudez y el mal manejo del gobierno ha sido lo que ha trascendido luego del referéndum del 1 de octubre. El presidente Mariano Rajoy dijo que “hemos sido un ejemplo para el mundo”, pero las portadas de cientos de diarios internacionales dicen lo contrario: “España hecha pedazos” titulaba The Times, “Cataluña en crisis” señalaba The Independent, “el golpe de la fuerza” indicaba Libération, y “caos y enfrentamientos” denunciaba el New York Times, en referencia a los cerca de 900 heridos tras la violenta intervención de la policía, la que buscaba impedir la celebración de la consulta.

Es evidente que el gobierno español quería evitar que se abriera una puerta para que vascos y gallegos, por ejemplo, busquen su propia independencia, pero el camino elegido consiguió lo contrario. Hasta antes de la votación tanto la Organización de Naciones Unidas como la Unión Europea habían apoyado al gobierno central de España, señalando que el referéndum era ilegal. Pero después de la excesiva conducta de la policía, el mundo entero está tendiendo a respaldar al pueblo catalán. Lo sensato hubiera sido permitir la consulta y hacer campaña por el ‘no’ a la pregunta “¿Quiere que Cataluña sea un estado independiente en forma de república?”. Es la alternativa que adoptó, por ejemplo, Reino Unido ante la aspiración de secesión de Escocia. Ser parte de la Unión Europea fue un factor relevante para que los escoses votaran ‘no’. También lo habría sido para los catalanes.

Pero el camino escogido por el gobierno español fue el peor posible. Con solo alrededor de un 40% de participación, el ‘sí’ ganó con más de un 90%. Si se hubiera llamado a los catalanes a votar, muy probablemente, el ‘no’ hubiera ganado. El razonamiento de que la historia, cultura y lengua propias son características suficientes para no depender del país ibérico no hubiera bastado para una separación. Pero el comportamiento del gobierno sí es razón para no querer ser parte de España. Al intentar retener a los catalanes, el gobierno central los alejó aún más.

Con esto, y otras tantas naciones buscando ser Estados, no cabe duda que el mapa político sufrirá más de alguna modificación en el futuro próximo.