Poder

González político

Mientras se prepara para el mundial de Montreal, el presidente de la Federación de Gimnasia asegura que Guillier lo invitó a participar en su campaña, que admira las capacidades comunicacionales de Bachelet y que votará o por Piñera –por su gestión pasada en deporte de alto rendimiento- o por Beatriz Sánchez, por su agenda más liberal.

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Por: María José Gutiérrez
Fotos: Álvaro De La Fuente

Apenas pisó suelo chileno después de los Juegos Olímpicos Londres 2013, Tomás González fue a un local en Providencia a tatuarse las cinco argollas en la espalda. Es el único tatuaje que tiene. Por ahora. “Debe tener un sentido. El próximo tendría que ser una medalla. Aunque estar en tres finales olímpicas es como haber ganado una”, dice.
Es la 1 de la tarde de un lunes de invierno. Afuera hace mucho frío. En el gimnasio del Centro de Alto Rendimiento (CAR), donde entrena González, hace calor. Tiene que ser así para que el mejor gimnasta que ha tenido el país no se resfríe durante las 3,5 horas de entrenamiento diario, donde está solo con un short.

Pero estas condiciones no las tuvo siempre. En casi 32 años, y con 27 dedicado a la gimnasia, ha experimentado de todo en este deporte: cinco años sin entrenador, federaciones que no lo inscribieron en copas mundiales porque “se les olvidó” y donaciones de Farkas por 80 millones de pesos para comprar los equipos que necesitaba.

Hoy, en cambio, Tomás González no solo entrena en un gimnasio que muy pocos deportistas utilizan. Desde abril preside la Federación Nacional de Gimnasia y el año pasado inauguró su propia escuela formativa en el centro deportivo de Iván Zamorano, que hoy tiene más de 500 alumnos y 14 entrenadores.

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