Revista Capital

La versión chilena de Game of Thrones

Los fanáticos de Game of Thrones –o Juego de Tronos para quienes gustan de castellanizar lo foráneo-, reciben en cada capítulo una contundente lección acerca de cómo opera el poder. Si no conoce la serie, imagínese una mezcla entre The Lord of the Rings y House of Cards: toda la exquisita atmósfera medieval de castillos, princesas, seres fantásticos y bosques encantados en un delicado entramado de intrigas, alianzas, conspiraciones y dinastías rivales. Cada una de estas dinastías es una Casa, la cual posee un lema que identifica sus principales obsesiones, así como una figura o animal que la caracteriza. El presente artículo juega con la fantasía de que nuestros partidos políticos son Casas y pueden ser representados por alguna de las familias que pueblan los Siete Reinos, el territorio donde transcurre la historia de Game of Thrones. Entonces, ¿quién es quién?

Los Lannister de calle Suecia:

Se trata de la Casa más rica y poderosa de la serie. Aunque su tierra natal es Casterly Rock, hoy ejercen su poder desde el castillo real de King’s Landing, la capital de los Siete Reinos, algo así como el Palacio de La Moneda. Nadie puede disputarle este rol a la UDI: por la riqueza de sus militantes, por la rubia cabellera de sus líderes y por la fiereza de su actuar político. El asesinato colectivo de Laurence Golborne fue digno de una estrategia Lannister. El lema oficial de esta dinastía es Hear Me Roar –escúchame rugir– lo que empalma perfecto con un partido con poder de veto que ronca fuerte dentro y fuera de su propia alianza. Cuando la UDI ruge, la política chilena lo siente.

Los Stark de Antonio Varas:

En la serie se la retrata como una Casa noble y austera al norte de los Siete Reinos, pero no es ésa la razón por la cual RN se queda con los estandartes de la heroica familia Stark. Los argumentos son otros: son los archirrivales de los Lannister, obligados a veces a trabajar juntos pero odiándose en secreto y en ocasiones destripándose en público. Los Stark y los Lannister son los Capuleto y los Montesco de la historia. Los RN-Stark no son tan diestros en conspiraciones y su ingenuidad les pasa la cuenta. Su pesimista lema es Winter is Coming –se acerca el invierno–, que encaja perfecto con la catastrofista actitud de Carlos Larraín que está recurrentemente advirtiendo que se viene de nuevo la Unidad Popular.

Los Arryn de la Falange:

Una Casa tradicional y honorable, la más noble del Valle, que ha perdido protagonismo ante la polarización del escenario. Fue grande, hoy vive de sus glorias pasadas. Sus dirigentes más queridos y respetados –Lord Jon Arryn y Eduardo Frei Montalva– fallecieron en medio de un mar de sospechas. Ambos habrían sido envenenados. Una serie de alianzas matrimoniales acercan a los Arryn con los Stark, de la misma manera que Ignacio Walker se siente social y culturalmente a gusto negociando con su par Carlos Larraín.

Los Targaryen de calle París:

Una Casa brava que sufrió el duro exilio tras el derrocamiento de Aerys el Rey Loco, asesinado por un caballero de su propia Guardia Real y miembro de la familia Lannister. Similitud escalofriante con la historia de un Salvador Allende acorralado y emocionalmente inestable víctima de un Golpe Militar orquestado por sus propios subalternos, los que tiempo después llamaron justamente al gremialismo para compartir la carga del gobierno. Así, mientras los Targaryen del PS vagaron en el destierro, los Lannister de la UDI gobernaron Chile. Hoy, las esperanzas de esta Casa están depositadas en la poderosa Daenerys Targaryen, una blonda princesa que se rodea de dragones para recuperar el trono arrebatado. Cualquier parecido con Michelle Bachelet no es coincidencia.

Los Greyjoy por la Democracia:

Una Casa aguerrida de tradiciones vikingas que habita en las inhóspitas Islas de Hierro. Se asemeja al PPD por su lema: We Do Not Sow –nosotros no sembramos– lo que quiere decir que recogen lo que otros sembraron. Precisamente, los Greyjoy del PPD nacen gracias a la recepción de militantes provenientes de distintas corrientes filosóficas y políticas. Lo suyo no es la siembra ideológica, sino la cosecha instrumental de la oportunidad. Uno de sus nobles, el joven Theon Greyjoy, terminó demasiado cerca de los Stark, de la misma manera que Jorge Schaulsohn se acercó demasiado al allamancismo de RN. Su escudo es un Kraken, monstruo mitológico de numerosos tentáculos, iguales a los de Guido Girardi.

Los Dothraki del PC:

Antiquísimo pueblo nómade de cazadores a caballo, los Dothraki son fieros guerreros, pero considerados salvajes por el resto de las nobles Casas de los Siete Reinos. Igual que en Chile, la sola mención de su nombre hace temblar a algunos. Sin embargo, los Dothraki están abandonando sus incivilizadas costumbres –en nuestro caso sería abandonando la lucha armada- por una prometedora alianza amorosa entre su líder Khal Drogo y la magnífica Daenerys Targaryen, que guardando las diferencias estéticas vendría a ser similar al acuerdo entre Guillermo Tellier y Michelle Bachelet. Finalmente el PC está dispuesto a salir del ostracismo político y unirse al nuevo gobierno de la Concertación, al igual que los jinetes Dothraki han decidido cruzar el Mar Estrecho y fondear en King’s Landing.

La Guardia Nocturna de ME-O:

No es propiamente una Casa o una dinastía familiar, porque la Guardia Nocturna está conformada por una variopinta mezcla de estirpes y reputaciones. Hijos de la nobleza comparten camarote con violadores y ladrones, porque todos caben en esta vida de redención. Algo parecido a lo que ocurre con los partidos que nacen del reciclaje de otros, como el PRO, el PRI, el MAS o CH1. Hay gente muy valiosa, así como hay otros que buscan un lugar donde olvidar o arrancar. Marco Enríquez-Ominami es una versión posmoderna de Jon Snow. Abandonó las comodidades de su castillo para ubicarse en la vanguardia política, tal como la Guardia Nocturna sobre el Gran Muro que divide los Siete Reinos del mundo desconocido. De hecho, ME-O acaba de ser ungido presidenciable del Socialismo Allendista, buen ejemplo de las curiosas tribus que habitan más allá de los límites de la Concertación. •••