Revista Capital

“Piñera está lejos de ser Bachelet y la elección no está jugada”

Por: Marcelo Soto
Fotos: Verónica Ortíz

En abril de 2018 se cumplirán los cinco años que dejaron a Harald Beyer inhabilitado para ejercer cargos públicos, luego de ser destituido por el Senado cuando era ministro de Educación del gobierno de Piñera. La operación tuvo aspectos bochornosos; para muchos fue un ajuste de cuentas para vengar lo sucedido un lustro antes con Yasna Provoste, titular de la misma cartera en la primera administración de Bachelet.

Beyer, hoy director del CEP, dice que no se arrepiente de haber sido ministro, que la experiencia fue satisfactoria y que no quedó asqueado de la política, porque sabía a lo que se arriesgaba y cuando aceptó el cargo tenía en cuenta la posibilidad de una acusación constitucional en su contra. De todos modos, asegura, no aceptaría otro puesto en un gobierno. “Hay que dar paso a las nuevas generaciones”, dice.

En un escenario que puede dividirse entre apocalípticos e integrados, Beyer pertenece a los segundos. Este economista, doctorado en la UCLA, es de aquellos, como Carlos Peña, para quienes no hay un malestar contra el modelo, sino más bien la expresión de un deseo de ajustes en el proceso de modernización. Con todo, cree que las candidaturas hasta la fecha “están al debe”, porque no han sabido responder adecuadamente a esa demanda.

Beyer exhibe una tranquilidad imperturbable: con mirada serena y mente fría, parece leer la realidad sin melodramas. Si bien la ciencia social no es exacta, él sostiene sus planteamientos en números, encuestas y estadísticas. Esta posición desapasionada es útil para comprender la temperatura de estos tiempos: quizá haya un poco de fiebre, pero es síntoma, según su diagnóstico, de una sociedad con mayores grados de libertad.

-La conclusión de la primaria es que Sebastián Piñera será con mucha probabilidad el próximo presidente de Chile. ¿La batalla está ganada?

-No, porque él tiene un techo que no es demasiado alto. Está lejos de ser Bachelet y está lejos de estar jugada esta elección. Pero si sigue haciendo las cosas razonablemente bien, veo difícil que alguien pueda arrebatarle la presidencia de la República.

-¿Qué tendría que pasar para que Piñera perdiera?

-Hoy se observan importantes grupos medios que quieren tener la posibilidad de vivir de la forma que estimen más conveniente y si ven en él una alternativa que no abre sino que cierra esas puertas, indudablemente será perjudicado.

“Beatriz Sánchez ha demostrado falta de conocimiento de las distintas sensibilidades culturales, históricas, políticas, que hay en Chile. La política no es para los aparecidos”.

-En el caso de Manuel José Ossandón, ¿sale fortalecida o debilitada la opción de una derecha conservadora y popular?

-La pregunta que él se tiene que hacer es si realmente representa dentro de la derecha una fuerza política distinta, o más bien su éxito tiene que ver con su gestión como alcalde. Y eso creo que no quedó claro tras la primaria.

-¿Cree que es un error menospreciarlo?

-Refleja una derecha que siempre ha existido, que responde a una visión asistencialista. Es un mundo que viene retrocediendo políticamente. Para que se convierta en una alternativa real no es suficiente ese paternalismo, tiene que enriquecer su mensaje, pero es un error menospreciarlo. En política, uno tiene que sumar y no restar.

-¿Piñera debería acogerlo?

-Piñera tiene que tratar de barrer hacia adentro.

-¿Qué debiera rescatar de Ossandón?

-Creo que él apela a un grupo que ha ido quedando marginado del proceso de crecimiento y desarrollo.

-¿Los perdedores?

-En Chile no hay grandes perdedores, porque si uno mira los datos, en general, todo el mundo ha ido mejorando su nivel de bienestar. Por supuesto, hay personas rezagadas y Piñera debe dar un mensaje de acogida para ese grupo.

-¿Calificaría a Ossandón como populista?

-Él se rodeó de gente joven y capaz para gestionar bien su municipio, y uno no podría sostener que fue populista. Pero la apelación que hace a la calle es una retórica propia del populismo. Creo que él mismo está en tensión, no tiene muy claro cuál es su estrategia más adecuada.

-Respecto de Felipe Kast, ¿fue decepcionante su votación?

-Lo que pasa es que su votante es muy parecido al de Piñera y entonces el ex presidente es como un muro infranqueable. Pero una vez que no esté Piñera se le abren oportunidades que podría aprovechar.

-¿En cuatro años más puede ser una carta?

-Tiene una posibilidad, tiene que aprender de esta experiencia, ver dónde falló, construir un mensaje más inclusivo, más amplio... Creo que se equivoca cuando dice “yo soy liberal y represento a ese sector”. De hecho, el liberalismo como partido político no ha tenido mucha fuerza en ninguna parte del mundo. Como cuerpo de ideas, sí, tanto en la izquierda como en la derecha. Pero no hay que equivocarse: una cosa es que tenga influencia, otra cosa es que tenga políticamente un espacio muy grande.

-Mirando al Frente Amplio, ¿faltó consistencia o madurez política en ese conglomerado?

-Es un movimiento nuevo, hay que darles una oportunidad. Ahora, creo que ellos han sobreexagerado su presencia en el país. El Frente Amplio no tiene realmente fuerza, ni cultural ni políticamente en la sociedad chilena. Y ellos creen que sí, su campaña reflejó un poco eso. Y fue un baño de realidad la votación que obtuvieron. No pueden estar contentos. Tienen todavía mucho que construir y si no lo hacen van a ser un movimiento más de izquierda fracasado, como hay muchos en la historia de Chile y del mundo.

No al derrumbe

-¿Los resultados de esta elección hablan de que la gente no quiere otro modelo, sino más bien corregirlo?

-Claro, yo creo que hemos tenido un proceso de modernización relativamente exitoso. Cuando se abandona la pobreza, la gente siente nuevas comodidades, pero al mismo tiempo tremendas fragilidades. Creo que el sistema político chileno ha sido lento en abordar eso.

-Pero cuando se habla de pensiones menores de 200 mil pesos, ¿no hay una realidad que exige más que ajustes, cambios?

-Lo que la gente valora es cambio, pero también estabilidad. Y cómo hacer esa síntesis es el desafío que tiene el mundo político. No creo que haya en la población una idea de refundar el modelo, porque los grandes grupos medios se beneficiaron de ese sistema y lo tienen muy claro.

“Piñera no es Le Pen... Es un candidato mucho más moderado, tiene una tradición democrática. No hay ningún clivaje que haga factible una campaña de todos contra Piñera”.

-Los que dicen que Chile debe superar el neoliberalismo, ¿están apuntando fuera de tiesto?

-Desde luego no creo que Chile sea un país neoliberal.

-¿Qué país sería neoliberal?

-Si uno quisiera aplicar una diferencia muy estrecha, me atrevería a decir que Singapur. Un gobierno autoritario, claro... Pero su recaudación tributaria es la mitad de Chile. Chile tiene un gasto social relativamente importante, tiene niveles de protección, que sin ser perfectos, existen. No, yo creo que decir que es neoliberal es una caricatura y muestra el fracaso de esa política que denuncia algo que la gente no ve.

-¿El Frente Amplio es un modelo trasnochado o representa una renovación?

-Representa una sensibilidad y, por lo tanto, yo no hablaría de movimiento trasnochado. Lo que pasa es que esa sensibilidad tiene un soporte societal muy bajo, y el desafío de ellos es aumentar ese caudal, y eso es lo no han sabido hacer. Porque ahí chocan con la percepción de la ciudadanía, que siente que no hay una situación catastrófica ni de gran malestar. Nada de eso existe.

-¿Beatriz Sánchez da el ancho?

-La gente cree que la política es fácil, que puede saltarse de estar en la radio o en un medio a ser candidata, y está lleno de historias así. Si uno piensa en la campaña anterior de Golborne, pasó lo mismo. La experiencia es importante. Ella ha demostrado una incapacidad de aplicar sus conocimientos a la realidad política, ha demostrado falta de conocimiento de las distintas sensibilidades culturales, históricas y políticas, que hay en Chile. La política no es para los aparecidos.

El barro del candidato

-Hablemos de Piñera. En algunos debates se vio ofuscado. ¿Cree que debe controlar ese aspecto de su carácter?

-Estaba extraordinariamente incómodo. Es una gran polemista en asuntos públicos, pero cuando le afectan su situación personal, no ha sabido lidiar bien con esa realidad.

-Tampoco parece digerir bien las críticas duras a su gestión...

-Porque no entiende que un político tiene que estar sometido a un creciente escrutinio. Curiosamente, hemos visto que en algunos programas sí respondió con efectividad. Pero no logra equilibrar cuando se mezclan asuntos de política pública y asuntos personales. En esa categoría no sabe muy bien cuál es la estrategia que tiene que seguir. En el debate de TV eso se notó mucho. Él trató de no entrar, pero terminó entrando...

-¿Cayó en el barro?

-Claro, ahí mostró algunas debilidades. En todo caso, cuando yo fui ministro de su gobierno, me reunía bastante con él a propósito de los proyectos de educación y siempre teníamos un debate bastante...

-¿Áspero?

-No diría que áspero, pero sí intenso. Pero él nunca tuvo problemas en ceder cuando se le daban buenos argumentos. Él es una figura bien particular, porque no es rencoroso para nada. En política, eso es muy importante. Le molestan ciertas cosas, pero se olvida rápidamente de ellas. Tiene muchas condiciones para la política, justamente por esto.

-¿Cuáles son sus flancos débiles? ¿Los escándalos financieros o conflictos de interés van a seguir pesándole?

-Por supuesto van a estar siempre presentes en la campaña, pero van a ser poco efectivos. Más bien, él tiene que entusiasmar a su sector para que participe, y no olvidar que él finalmente es un candidato que el centro valora; por lo tanto, tiene que hacer gestos, moderar su discurso, acoger, incluir. Toda esta discusión errática que ha tenido, por ejemplo, sobre la adopción homoparental lo hace ser un candidato menos inclusivo.

La modernización no solamente trae cambios económicos, sino culturales, y uno de los que aprecio con más fuerza es esta idea de que la gente quiere vivir su vida de la forma que mejor le parezca. Cuando siente que un candidato le impone restricciones, reacciona negativamente. Esta máxima kantiana de que nadie va a obligarme a ser feliz a su manera está instalada en la población y él tiene que ser cuidadoso.

-¿Oponerse a la gratuidad puede costarle caro?

-No creo. Cuando le preguntas a la población si quiere gratuidad para todos, la mayoría dice que tiene que ser para los más vulnerables solamente. Y no se aprecia en este punto ninguna diferencia entre los votantes de Guillier y Piñera. No es un tema diferenciador políticamente. Una de las cosas que ha sorprendido es que la gratuidad no parece haber producido beneficios políticos al gobierno.

“Piñera no logra equilibrar cuando se mezclan asuntos de política pública y asuntos personales. En el debate de TV se notó mucho. Entró en el barro, ahí mostró algunas debilidades”.

-¿Qué decisiones estratégicas debería tomar Piñera en este nuevo escenario?

-Él tiende a enfatizar excesivamente el crecimiento económico, el empleo, que está bien, pero no basta. Tiene que reconocer que la modernización conlleva una fragilidad. Cualquiera que aspire a gobernar tiene que recogerla. La gente no tiene grandes reparos a las desigualdades económicas, en la medida que ellas sean justas, pero sí le molestan mucho las desigualdades de trato. Quiere más meritocracia. Eso es lo que la ciudadanía está demandando al mundo político. No me parece que sea tan misterioso lo que hay que hacer.

Modelo reforzado

-Hay quienes piensan que estamos viviendo una crisis, el mismo Lagos habló de que ésta era una de las peores...

-Sí, pero es curioso, porque nunca habíamos tenido tanto apego a la democracia. Chile siempre tenía una proporción relativamente importante de población que decía que en algunas circunstancias podría ser mejor un gobierno autoritario. Eso ha caído fuertemente. Lo que hay es una crítica al funcionamiento de la democracia.
No veo el riesgo de una crisis institucional, no veo que el país esté a punto de quebrarse, nada de eso. La población mayoritariamente cree que la suerte de sus hijos va a ser mejor que la de ellos. De nuevo es una sobre interpretación de un proceso de modernización, que como todos los procesos, tiene virtudes y defectos. Tenemos que hacernos cargo de los defecto de una forma razonable.

-¿Hay un proceso de ajuste en el que la élite está siendo desafiada por una nueva?

-Lo vimos con claridad en el mundo de la centroizquierda. Hubo una recirculación de élites, grupos más críticos del proceso de modernización se hicieron cargo del gobierno. Pero ese gobierno está hoy muy cuestionado. La pregunta es cómo va a quedar este equilibrio de fuerzas. Y eso es algo que Guillier no ha logrado todavía sortear bien.

-¿El escenario va a ser Piñera versus Guillier?

-Lo más probable. No veo suficiente fuerza en el Frente Amplio para desafiar a la Nueva Mayoría.

-¿Cómo valora el liderazgo de Guillier?

-No ha logrado definir con claridad si él es un continuador o tiene algún quiebre con el gobierno actual. Y en esa indefinición ha perdido tiempo valioso. Las elecciones se vienen encima, ha estado atrapado en estas dos élites, y no ha tomado una definición. Mientras ese camino no se dibuje, sus posibilidades de levantarse y de proyectarse se hacen más difíciles.

-¿Hay espacio para un Macron en Chile?

-No. Chile históricamente ha tenido una derecha y una izquierda duras, y eso no ha cambiado y explica por qué a los grupos de centro les ha costado tanto validarse. Una cosa es que el electorado se sienta moderado, otra cosa es que esté dispuesto a votar por el centro. Eso ocurre en ambientes de mucha polarización o cuando un sector se diluye. Ninguna de las dos cosas está pasando en Chile. Ésta va a ser una elección apretada de todas maneras. Piñera tiene la primera opción, pero no significa que se va a escapar, porque hay una izquierda que sigue siendo fuerte.

-¿En ese sentido, la candidatura de Goic es ilusa?

-Claro. Esta apelación al centro no es suficiente para proyectarse políticamente. Más bien ella tiene que competir por un proyecto de centroizquierda distinto. Reconocer que es de centroizquierda y luchar por conducir esa sensibilidad con fuerza, con argumentos propios. Pero la idea de decir “Guillier es de izquierda, yo soy de centro” está condenada al fracaso.

La DC no tiene la fuerza que tenía en los 90. Hay que pensar que el 38% se identificaba con la DC, hoy día está en el 6% o 7%. No hay guerra fría, el país no está polarizado, por lo tanto, la opción de jugar esta alternativa de centro no tiene fuerza real.

-¿Cuán potente puede ser el todos contra Piñera?

-Piñera no es Le Pen, tampoco es Trump. Es un candidato mucho más moderado, tiene una tradición democrática. No hay ningún clivaje que haga factible una campaña de todos contra Piñera.

-Después de este resultado, la élite respiró aliviada.

-Supongo que la gente vinculada a Guillier siente que la amenaza del FA es mucho más acotada de lo que pensaba. Y la derecha durmió tranquila. Si bien la población no está para nada polarizada, la élite sí.

-Resumiendo, ¿el peligro de populismo hoy es menor?

-Es muy reducido.

-¿El modelo salió reforzado?

-Creo que salió reforzado. El país valora la alternancia, no está dispuesto a apoyar proyectos que se aparten demasiado de lo que se ha ido construyendo en las últimas décadas. Eso no significa que sea una población conservadora. Quiere cambios, y en algunos casos profundos, pero dentro de un esquema que siente que le ha brindado oportunidades y una movilidad que nunca antes tuvo.

-¿Y qué papel jugará Bachelet?

-Está muy desaparecida. Su gabinete ha demostrado poco talento, y la presidenta con todas sus habilidades no puede hacer mucho. El gobierno no tiene ninguna capacidad real de influir en los eventos. Lo veo muy debilitado y, sin liderazgo político para enfrentar este proceso y por lo tanto, no va a ser un actor relevante.