Poder

Manola Sánchez: “Me considero neoliberal”

La hermana de Beatriz Sánchez lleva más de 20 años haciendo carrera en el sector empresarial: fue decana de la Escuela de Negocios de la UAI y hoy es directora del BCI. Defiende el libre mercado, está a favor de las AFP y difiere totalmente de la forma en que su hermana “quiere arreglar el mundo”. Y pese a que dice que “estoy muy lejos del Frente Amplio”, va a votar por ella.

-

"Voy a votar por mi hermana Beatriz de todas maneras”. Quien lo dice es Manola Sánchez (44), ex decana de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez, actual directora del Banco de Crédito e Inversiones (BCI) y única hermana de Beatriz Sánchez, la candidata presidencial del Frente Amplio.

Claudia Manuela Sánchez Muñoz fue la primera mujer chilena en entrar al MBA en Harvard; trabajó para la familia Ibáñez y ahora integra la principal empresa de los Yarur; además, está casada con el gerente general de Moneda Asset Management. ¿Qué tiene que ver ella con la nueva carta a La Moneda promovida por Giorgio Jackson y Gabriel Boric?

“Poco. Pensamos totalmente distinto. Pero nos tenemos un respeto profesional mutuo enorme. De hecho, cuando entré al BCI, ella fue de las primeras en felicitarme. Me dijo: ‘Qué bueno, Manola, los directorios necesitan gente como tú’. Ella sabe lo que he hecho, lo que represento y cómo pienso”, responde Manola.

En enero, Beatriz Sánchez (46), entonces periodista de radio La Clave, llamó a su hermana para comentarle algo. “Me dijo que le habían ofrecido ser candidata presidencial por el Frente Amplio, pero que ella había dicho que no. Sin embargo, todo indica que durante las vacaciones entró en reflexión. Ella debe haber sentido algo que al rato la hizo cambiar de opinión”, explica.

En marzo, su teléfono volvió a sonar: “Esta vez me dijo que iba a hacerlo”, cuenta la ingeniera comercial de la UAI desde el living de su casa emplazada en San Carlos de Apoquindo. El salón está tapizado de cuadros de Matta, Balmes, Matilde Pérez, entre otros. También hay fotos del día de su matrimonio con el español Antonio Gil.

Manola retoma el relato: “Sólo le dije ‘cuídate. Suerte. Y, Bea, hazte un chequeo médico. Estas campañas son matadoras y me preocupa tu salud’”.

-¿Tomó en serio esa candidatura?

-La verdad, no demasiado. Cuando nos dijo, pensé “yaaaa…”. No porque no la creyera capaz, sino porque había muchos candidatos, y ella, pensé yo, era una más. Pero empezó a crecer, tanto que esta semana pasó a ser la tercera más popular, y nadie, ni ella, ahora puede creerlo.

-En un mes subió del 2% al 11%...

-Qué impresionante, ¿no? No sé qué pensar. Es la respuesta a la antipolítica. Yo creo que todos ya estaban aburridos de los políticos de siempre, que quizás no quieren el bien de todos sino más bien su permanencia en el poder.

-¿Por qué va a votar por ella?

-Es mi hermana. Voy más allá de lo político. No estoy votando porque crea en el Frente Amplio. Claro que no. Estoy muy lejos de ellos, y muy lejos de su pensamiento. Pero es mi hermana.

“Suertuda”

Esta ingeniera comercial estuvo 15 años fuera de Chile haciendo carrera: primero entre Argentina y Perú como ejecutiva de McKinsey. Luego, en 1998 entró a Harvard, y vivió en Boston durante dos años, período en que, además de estudiar, trabajó en Goldman Sachs, en la división fusiones y adquisiciones. En la sala de clases conoció a su marido, un español, quien por su parte, trabajaba en Boston Consulting Group. El 2000 partieron juntos a Londres: él entró al J.P. Morgan y ella se desempeñó en empresas como Amadeus Capital Partners y Deloitte.

En 2009 decidió hacer una pausa y optó por dedicarse a los tres niños que nacieron en ese período en Inglaterra. “Nos estábamos replanteando todo, y entonces surgió un cargo en Chile para mi marido”, relata. Su amigo Juan Luis Rivera, socio de Moneda Asset Management y ex compañero de Harvard, le contó que la empresa necesitaba un gerente general. Antonio Gil postuló, quedó y así, después de 15 años fuera, volvió a Chile.

Se instalaron en una casa en San Carlos de Apoquindo, matricularon a sus hijos en The Grange School y al poco tiempo a ella le llegó una oferta laboral: Andrés Benítez, rector de la UAI, le ofreció ser decana de la Facultad de Negocios, cargo que hasta entonces sólo había estado en manos de hombres. “Lo único que me unía a la escuela era que era egresada. Aparte de eso, no tenía ninguna historia que dijera que era idónea para este cargo”, confiesa. Sin embargo, aceptó. Ahí estuvo hasta diciembre del año pasado, cuando decidió dar un paso al costado. “Uno cumple ciclos. Logramos sacar las tres acreditaciones internacionales y posicionar nuestros programas de MBA como los primeros de la región. Fuimos reconocidos internacionalmente. Ése fue el objetivo. Quizás la universidad en ese momento tenía otras prioridades, no la Escuela de Negocios, y es bueno dejarle a otra persona la posta”, indica.

Hoy, Manola Sánchez es reconocida en el mundo empresarial. “Una vez, mientras le contaba mi historia a un headhunter, le dije: ‘Tuve la suerte de ir a Harvard, de trabajar en Londres, en la UAI, entrar al BCI...’. Entonces me dijo: ‘Bah, parece que tienes demasiada suerte’”. Y me quedé pensando. Él tiene razón: uno genera la suerte. Me saqué la mugre y trabajé súper duro para tener esa suerte”.

-Sólo el 6% de los miembros de directorios locales son mujeres. Hay quienes creen que Chile debiera ponerse “rojo” de vergüenza.

-El 2011 estábamos entre 2% y 3%. Y se ha creado conciencia en estos años. Hay empresas que jamás hubieran imaginado la entrada de mujeres; como la Bolsa de Comercio. Se va creando un hábito, una conciencia y puede que en este momento haya compañías que lo hagan porque es políticamente correcto. Pero así parte todo. Si me dicen que de aquí a tres años seguimos en 7%, es un problema. Pero si estamos en 8% o 9%, creo que se ha creado conciencia y podemos llegar a lo que es Inglaterra, que está en 22%, o a Noruega, que alcanza 30%.

-¿Faltan mujeres capacitadas? ¿O falta interés de jugar ese rol?

-No creo que sean pocas las que quieren llegar a este tipo de puestos. Hay muchas mujeres capacitadas y conozco varias con buen currículo, pero quizás no son visibles. Yo quizás era más visible que el resto.

-¿Por qué está aumentando el porcentaje?

-En política y negocios, la presencia de mujeres es esencial. Es importante que un directorio sea diverso en cuanto a mujeres, pero también a la variedad de nacionalidades y la experiencia internacional. La economía está creciendo muy poco, y para poder salir adelante hay que ampliarse, think out of the box, ver lo que está pasando con la competencia internacional. Todo eso es relevante.

-¿El BCI es diverso?

-Se está trabajando en la diversidad. Yo siento que estoy en un lugar en el que estoy aprendiendo día a día, hay personas de la talla de Klaus Schmidt-Hebbel, José Pablo Arellano y Luis Enrique Yarur, que lleva 48 años en el banco. ¿Es intimidante al principio? ¡Todo el rato! Estás con personas que son secas, entonces tienes que estar a esa altura. Uno sabe que hay 10 personas, quizás más secas que una, que también quieren sentarse en ese puesto.

Las marchas, los anglicanos y la burbuja

-En una entrevista señaló que cuando usted tenía 22 años dijo: “Quiero ser gerente general y antes de los 30 voy a haber aparecido en la portada de una revista de negocios”.

-Yo quería ser alguien. No quería solamente pasar. Yo a los 16 años tenía claro que si iba a estudiar ingeniería comercial, era porque quería ser alguien en ese mundo. En el subconsciente me fui a trabajar al extranjero porque pensé que ahí iba a tener mejores oportunidades que en Chile. Y logré aparecer en la portada de una revista antes de los 30. Era la presidenta del Club Iberoamericano de Harvard y el año 2000 entrevistaron a quienes serían los futuros líderes de la región. Siempre estuve en las campañas de centro de alumnas del colegio y la universidad.

-¿Promovían el “activismo” en su casa?

-No explícitamente. Pero algo debe haber. Te dan las herramientas, y el mensaje subliminal es que uno tiene que seguir su camino, pero donde estés, tienes que hacer lo mejor posible.

Manola tenía 8 años y su hermana Beatriz de Jesús 10, cuando en 1981 su padre, Alejandro Manuel Sánchez, les contó que se mudaban a Nottingham, Inglaterra, porque ahí realizaría un curso complementario a su carrera como geógrafo. Las matriculó en el colegio público de la zona y el primer día de clases, las dejó en la puerta de entrada y se fue. “Nos quedamos solas, sin saber hablar más que lo básico en inglés, ‘here is the table’, ‘where is the door’. Ese estilo de educación de nuestros padres, nos forjó”, cuenta Claudia Manuela Sánchez.

Salvo por ese paréntesis, las dos hermanas Sánchez crecieron en Viña del Mar. Hijas de un profesor universitario de Geografía –el primero en tener título profesional de su familia– y de, Beatriz Muñoz, enfermera  de profesión quien se dedicó a hacer clases de fisiología en la UC de Valparaíso, aprendieron a temprana edad el significado del rigor y la disciplina. “No tengo el recuerdo de que nos hayan dicho ‘estudia’. Pero sí está en mi memoria la imagen de mi padre repasando y repasando libros, trabajando duro, de mañana, de noche, en la semana o el fin de semana. Eso se transmite por osmosis”, relata Manola. Y agrega: “Si tú me preguntas a mí si mis padres eran exigentes, o nosotras éramos autoexigentes, ahí uno no logra descubrir qué es primero, si la gallina o el huevo”.

Vivían en el sector de Agua Santa y sus padres eligieron el entonces nuevo colegio de la zona, el Saint Paul, para que sus hijas estudiaran. “En su momento no llegaba hasta cuarto medio, sólo hasta octavo básico. Hoy está dentro de los 100 mejores colegios del país, pero cuando entramos ni si quiera estaba en los rankings. Nadie lo conocía. Me metieron a este colegio porque estaba a cuadra y media de la casa, nos llevaba mi abuelita y a los 10 años me iba sola”, recuerda.

-Su hermana ha admitido en entrevistas que vivía “una vida de burbuja en Viña” y que la discusión política en su casa “era contenida durante los 80”.

-No estoy de acuerdo con la palabra burbuja. Si tú comparas Santiago con Viña, no hay duda de que en Santiago hay más burbujas. Nosotros teníamos compañeros que venían de los más variados lugares. En esa época, que era mucho más conservadora, teníamos compañeros a los que los papás les iba muy bien, otros que no les iba tan bien, otros que tenían sólo mamá, y nunca hubo una estigmatización de dónde provenías. Y eso es lo más valioso que nos dio el colegio.

-¿Cómo era el ambiente político?

-Políticamente muy diverso. Yo me gradué el 90. Todo el tema del Sí y No tenía divididos a los cursos. Dentro del Saint Paul había mucha división. Personas de familias exiliadas, muy de izquierda, otras súper de derecha. La política generaba discusiones que se transformaban en verdaderos debates en el recreo.

-¿Marchaba?

-Todos marchamos. No sé si en mi caso por convicción o más bien guiada un poco por mi hermana. Me acuerdo que no me gustaba nada cuando nos tiraban los caballos encima, y le decía “Bea, no quiero más, ¡por favor!” (Ríe).

-¿Y su familia?

-La familia estaba polarizada. Somos cuatro políticamente súper diversos. Quizás yo no era de las más abanderadas de un lado o del otro. Yo estaba con el No, iba a marchar por el No, pero a diferencia de otros, había cosas del Sí que yo rescataba, pero a pesar de eso, pensaba que era más importante tener democracia. No voté, no alcancé, tenía 16, mi hermana tampoco alcanzó a votar. En mi casa había mucho diálogo, mucha conversación. La mesa siempre estaba llena de gente. No es que “en esta casa se pensara de esta manera”. Nada se impuso. Nos obligaban a pensar. Yo creo que fue lo mejor, lo único que nos exigieron mis papás fue terminar la carrera. Porque la educación iba a ser la herramienta para la vida.

Tras salir del colegio, Manola postuló a Ingeniería Comercial en la UC y fue aceptada. Sin embargo, optó por no salir de Viña y se matriculó en la UAI. “Mi hermana estudiaba en Concepción y mi papá viajaba todas las semanas allá porque hacía clases entre la universidad de esa ciudad y en Viña. Si me venía a Santiago, el costo económico iba a ser enorme, iban a quedar quebrados, y la opción de Viña era igual de buena que la UC de Santiago. Quizás la Católica tenía una mejor chapa, pero hay cierto pragmatismo de la familia: eres tú la persona que tiene que salir adelante. Tal vez la UC te pone dentro de un grupo, pero finalmente lo que importa y hace tu carrera es lo que tú haces, y eso fue lo que pasó conmigo y mi hermana”.

Liberal

-En abril escribió una carta a El Mercurio dirigida a Alfredo Moreno, en la que le pedía, como presidente de la CPC, retomar la productividad.

-Si queremos volver a la senda del crecimiento, si queremos salir adelante, se requiere productividad. Estamos perdiendo competitividad con algunas leyes y regulaciones que se han aprobado. Ahora hay que ver cómo lo hacemos para salir adelante. Las cifras de desempleo son preocupantes. Tenemos que ver cómo aumentar la inversión para generar más puestos de trabajo.

-¿Es crítica de este gobierno?

-Sí, absolutamente.

-¿Por las reformas?

-Había temas que era importante hablar. Una buena reforma laboral, que incorporara a los jóvenes, a mujeres, que nos permitiera adaptarnos a la realidad del siglo XXI, era lo que necesitábamos. Ahora esa reforma no está. Va a haber un cambio de gobierno, y preocupa cómo vamos a retomar la senda de crecimiento, sea quien sea el que gane. Tenemos grandes carencias en pensiones, salud, educación, hay que seguir trabajando, pero ¿cómo vamos a financiar eso? Tiene que ser a través del crecimiento.

-¿Defiende el modelo?

-Sí, me considero neoliberal. El crecimiento y el empleo son una forma de mejorar el bienestar del país y, a la vez, la productividad nos puede ayudar a eso. Cuando dices empleo, inversión, estás hablando de empresa. En la medida que el Estado crece, se puede hacer un poco ineficiente. Entonces, hay que preguntarse cuánto queremos que crezca el Estado. Prefiero que el Estado sea más acotado, que provea de las necesidades básicas. Pero el resto, lo tenemos que entregar nosotros los privados.

-¿A favor de las AFP? Su hermana las quiere eliminar.

-Sí, a favor totalmente. Es un muy buen sistema. José Pablo Arellano sacó un documento en Cieplan que comparto, que dice que hay que perfeccionar los sistemas porque Chile ha ido creciendo. Hay que tener un pilar solidario, y después cada uno debe ahorrar responsablemente para tener una justa jubilación.

-¿Cómo recuperar la senda del crecimiento?

-Con inversión y debemos tener riesgo. No existe la varita mágica del gobierno que viene a solucionar todo. La parte privada importa mucho.

Piñera, Guillier y Goic

-¿Cómo es su relación con su hermana? ¿Son unidas?

-Somos hermanas, es difícil juzgar una relación. Fuimos a todos lados juntas, jugamos a las muñecas juntas, hicimos lo que hacen todas las hermanas. Además, Viña es tan chico que siempre íbamos a los mismos lugares.

-Pero no son de las hermanas que piensan similar, claramente.

-En parte, influyó lo que estudió cada una. Pero también siempre fuimos distintas. Yo siempre fui la más ingeniera comercial de la casa. Ella tenía otras cualidades. Es una persona muy entretenida. Y cada una asume su rol. Mis papás se fueron un año a Inglaterra, y nos dejaron solas. Yo estaba a cargo de la casa en lo económico, la que pagaba las cuentas. Y ella, que ya estaba trabajando en esa época, tenía otras responsabilidades. Siempre tuvimos roles y nunca se cuestionó. Ella siempre fue el centro de atención. Cuando entraba a una pieza, todo el mundo quería conversar con ella. Y a mí nunca me importó eso. Yo siempre fui feliz de tener otras cosas.

-Hay quienes la comparan con Bachelet, con la primera versión.

-Yo no estaba en Chile en esa época, así que no sé. Mi hermana siempre ha sido así. Siempre ha sido muy abierta, tal como se le ve en la televisión. Mi hermana no es tradicional, siempre ha usado el pelo corto, y se viste de una forma quizás diferente a como me visto yo. Le gusta usar aros grandes, anillos grandes, tiene muy marcado su look y no lo ha cambiado, y tampoco ha dejado que la pauteen. Cambió la voz, eso sí… ahora tiene una voz más de candidata presidencial (pone tono grave)… Yo creo que le están haciendo clases o algo.

-¿Fue a la proclamación?

-Sí, por supuesto. Acompañando a mi madre. No la podía dejar sola. Ella no sabía si ir, mis padres no saben muy bien cómo actuar, esto es muy nuevo para la familia.

-¿Ellos están contentos?

-¡Sí, pues, imagínate, es su hija! Yo les digo a mis hijos, “ésta es una oportunidad única de tener una tía que es candidata a la presidencia de Chile”. ¿Hay orgullo? Sí, de todas maneras. Quizás no coincidimos en la forma en que vemos el mundo ni en cómo queremos arreglarlo, pero lo que está logrando es impresionante, no esperado, un tremendo orgullo.

-¿La ha ayudado en algo?

-Nooo, yo creo que ella tiene su equipo. Yo sólo le puedo ofrecer todo mi apoyo y si ella necesita mi ayuda, sabe que la va a tener.

-Más de uno le debe haber dicho, medio en broma y medio en serio, que podría ser su ministra de Hacienda…

-¡Nada que ver, pues! Vieras la cantidad de tallas que me echan en el trabajo, en el colegio de los niños, los amigos. “¿Cómo está la hermana de la candidata?”. No me acostumbro.

-¿Qué le comentan los empresarios y/o personas con los que debe lidiar?

-Está el interés de saber. En el BCI han sido súper respetuosos porque, al final, las ideas que tiene el Frente Amplio son bien diversas a lo que uno conoce en el mundo de las empresas. Pero han sido súper respetuosos en entender que éste es un lazo fraternal, no político.

-¿Cuáles son sus diferencias con el Frente Amplio?

-No conozco su programa todavía, pero mi hermana está por “no más AFP”, educación gratis para todos, y ya en esas dos cosas tenemos grandes diferencias. Pero de que las dos queremos un país mejor, todo el rato. Y yo creo que eso es lo que nos une.

-¿Cuál es su candidato?

-Todavía ni si quiera conozco los programas… recién lo sacó Piñera, pero también está Felipe Kast…

-Es de centroderecha…

-Sí, siempre me he definido de centroderecha, pero con quién en este minuto me caso, tenemos que esperar.

-¿Le interesaría trabajar en el gobierno de Piñera?

-No estoy en la política. Pienso que hay otra forma de trabajar para aportar con ideas. Están las asociaciones gremiales y me gustaría aportar más en ese ámbito, es ahí donde confluyen lo público y lo privado.

-¿Qué opina de Guillier?

-Toda su precandidatura fue muy desgastante. El tiempo de eterno candidato y todas sus indefiniciones. La bajada de Lagos no dejó de afectarle. Además, se acaban las primarias y, con ello, todo el discurso se le deshizo. Se empezó a desgastar su imagen. Y luego Goic viene y toma su decisión, muy valiente también… Los democratacristianos siempre se han victimizado. Están ahí, pero no quieren estar ahí.

-¿Su hermana sería buena presidenta?

-Es que yo creo que la presidenta no es sólo una persona. Pero yo sé que mi hermana tiene grandes valores, es una persona íntegra, y eso es bueno. Pero primero veamos el programa (ríe).

Comparte este artículo:
  • jaimefar

    Lo bueno es que ella sabe que su hermana llegara ahi no mas.

  • Chumingo

    ¡Esta es la inteligente de las hemanas!