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Por qué el debate se pareció a un reality show

El analista Robert Funk sostiene que Trump no pudo manejar el encuentro como lo hacía en su programa El Aprendiz. "No pudo ‘echar’ a nadie. No es el jefe, sino el que está pidiendo empleo".

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Los debates presidenciales han asumido un rol preponderante en el imaginario público, particularmente en las campañas estadounidenses. Es probable que se les de mucho más importancia de la que merecen. Los académicos han observado a través de los años que estos encuentros, por lo menos en los EEUU, no influyen en el voto de las personas. El de Hillary Clinton y Donald Trump, sin embargo, se llevó a cabo en un contexto inédito. La condición de celebridades de ambos le otorgó al choque del 26 de septiembre un nivel de interés que va mucho mas allá de la política. Se pareció más a uno de los últimos capítulos de un reality show. Como ex protagonista del programa de TV El Aprendiz (donde él decidía quién era despedido), el contexto debiera haberle favorecido a Trump. Pero la primera encuesta de CNN mostró que para un 62% había ganado Clinton, mientras que sólo un 27% le dio el triunfo al republicano. ¿Qué pasó?

1. Trump no ganó el juego de expectativas

Lo normal es que candidatos se tomen unos días para preparar los debates. Tratan de aprender datos, memorizar sus propuestas, y practicar estrategias y estilos. Arriendan espacios y realizan ensayos con alguien asumiendo el rol del contrincante. Trump repitió varias veces que no se había preparado, logrando así bajar expectativas. Lo que tenía que hacer el empresario era mostrar algún nivel de conocimiento, algún comportamiento levemente presidencial. Por otro lado, Clinton tuvo que cumplir con las altas expectativas que el público tiene de ella: que maneja los datos, que es matea en cuanto a las políticas públicas, y además que se viera fuerte, sana, energética y presidencial. Trump falló y la ex secretaria de Estado lo logró.

2. Palabras claves

Como los detalles de política pública no son sencillos, los candidatos muchas veces utilizan palabras especiales para referirse a ciertos temas complejos. Por ejemplo: delincuencia = raza, medioambiente = jóvenes, Dios = aborto o matrimonio igualitario. En el contexto electoral estadounidense, es notable lo ausente que estuvo la religión en la discusión, lo que subraya lo poco tradicional que ha sido la candidatura de Trump. Si bien el inversionista inmobiliario usa los temas de delincuencia, inmigración, y el certificado de nacimiento de Obama como guiños hacia aquellos que albergan nociones racistas, con eso no logrará atraer más apoyo entre votantes moderados. Clinton fue más exitosa al usar los temas simbólicos para reforzar las dudas acerca de la probidad de su adversario en asuntos empresariales y su actitud hacia minorías y especialmente hacia las mujeres.

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3. Controlar la narrativa

Clinton logró imponer una o dos narrativas: la del sexismo y la falta de honradez de Trump (al negar opiniones anteriores como que el cambio climático no existe o que apoyó la guerra de Irak). La forma -y cantidad de veces- en que Trump interrumpía, la forma en que hizo el giro entre dirigirse a la candidata como Secretaria Clinton a Hillary, la forma en que le cuestionó a Clinton por su ‘temperamento’ y ‘aguante’, se entendieron como ataques sexistas levemente disfrazados. La respuesta a la acusación de Hillary respecto a la ex Miss Universo, Alicia Machado, se entendió como una reacción sexista (ataque que Trump continuó en la prensa el día siguiente, diciendo que Machado había “subido una cantidad masiva de peso y que era un verdadero problema”). A diferencia del empresario, Clinton, que lleva casi medio siglo en el ojo público, demostró un nivel casi superhumano de autocontrol. Frente a acusaciones y ataques, se reía, e incluso en un momento, bailó un poco.

4. La naturaleza de la televisión

A pesar de que Trump pasó años como protagonista de un programa de reality TV, y que los debates comparten características de ese formato, hay diferencias. Para el magante este show fue largo, sin edición, sin control de la iluminación, sin poder de decisión sobre cuándo lo mostraban y cuándo no. No pudo ‘echar’ a nadie. En este reality no es el jefe, sino el que está pidiendo empleo. No está acostumbrado.

Un hombre de 1.90m frente una señora de 1.60m en sí comunica algo de dominación. Por lo tanto, la actitud belicosa y agresiva se ve mal, amenazante. La televisión es una pantalla chica que la gente tiene en sus livings o en sus dormitorios. No quieren ver a un gigante enojado en sus livings. Lo dijo MacLuhan hace 50 años: Los medios son el mensaje.

Desde que la juventud de Kennedy le dio una ventaja en el primer debate televisivo, estos encuentros se han transformado progresivamente en programas de reality. Los temas de política nacional e internacional son tan complejas que la mayoría de los votantes no le prestan mucha atención a los detalles. O no los entienden, o asumen que los candidatos están mintiendo. Como en un reality, lo que atrae en los debates son características personales (salud, personalidad, temperamento, comportamiento) y conflicto. Pero los que ganan no son siempre los más conflictivos, sino los que mejor juegan.

Y en este primer tiempo, Hillary lo hizo mejor, aunque queda mucho de partido.

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