Revista Capital

Warren Buffett y Philip Green, una historia de dos multimillonarios

Sir Philip Green, el empresario ostentoso y permanentemente bronceado de la industria del vestuario, y Warren Buffett, el apacible y frugal "Sabio de Omaha", no podrían ser más diferentes. Sin embargo comparten un fuerte deseo de proteger sus reputaciones y llevan las cicatrices por haberse aferrado a ciertas inversiones durante demasiado tiempo.

Cuando Buffet tomó control de Berkshire Hathaway en 1965 era un propietario en dificultades de fábricas textiles en New Bedford, Massachusetts. Ahora es mejor conocido como una sociedad holding cotizada en bolsa muy exitosa. Pero durante dos décadas las mismas fábricas fueron una espina en su costado que se negó a extirpar.

El riesgo de dañar sus reputaciones motivó a ambos inversionistas. La declaración de Sir Philip tal vez suene falsa a los 11.000 empleados de BHS, que ha entrado en administración judicial, pero él nos dijo que se había negado a cortar sus vínculos con el negocio: "A fin de cuentas, aquí tengo a gente que ha estado conmigo desde el principio... yo no quiero cerrar las puertas. Tengo que hacer todo lo posible para asegurar que mi gente esté bien".

Buffett, quien quedó horrorizado por la reacción adversa que hubo cuando abandonó una de sus inversiones anteriores en un fabricante de molinos de viento en Nebraska, tenía temores de que hubiera una reacción negativa debido a la pérdida de empleos si llegaba a cerrar Berkshire. Él justificó su decisión de continuar con su propiedad de las fábricas textiles en una nota a sus socios en 1968 en la que escribió: "No tengo deseos de intercambiar trastornos humanos severos por algunos puntos porcentuales de rendimiento adicional al año".

Sin embargo, en 1985, finalmente tuvo que cerrar lo que quedaba de la Berkshire original, ofreciéndoles a los 400 empleados que despidió "sólo unos meses de salario adicional", según The Snowball, la biografía por Alice Schroeder.

Desde aquellos días, el temor de Buffett al oprobio público por lo general lo ha llevado a elegir la discreción en vez de la publicidad y a promover una imagen de amabilidad y modestia. Esa estrategia lo ha convertido en una cara aceptable del capitalismo.

Por otro lado, el estilo de vida ampliamente difundido de Sir Philip y su relación beligerante con la prensa lo han convertido en una figura fácil de odiar.

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