Poder

El camino de OSOrio

Competir contra Pixar y Paramount no era fácil. Pero el domingo, los creadores de Bear Story hicieron historia y ganaron el primer Oscar para un filme chileno.

Por: Vivian Berdicheski

osorio

“Los últimos días estuvo sonando más Bear Story, el pronóstico de Variety nos dio seguridad, se notaba en el ambiente, la gente te habla y había mayor interés. El discurso lo teníamos listo con Pato. En inglés y el otro en español para destacar que somos de Latinoamérica. Antes de que se cerraran las votaciones hablamos lo que más pudimos con los diferentes miembros de la academia, pero estábamos compitiendo con el gigante de Pixar, compañía que tiene un grupo de gente que trabaja para ellos y que son parte de los votantes”. Gabriel Osorio sabía que existía una gran posibilidad de ganar el Oscar al Mejor Corto Animado. Lo decían las revistas especializadas y en la industria se comentaba que era el favorito. Pero él no quería hacerse expectativas.

El domingo su sospecha se hizo realidad: Historia de un oso se transformó en el primer filme chileno en ganar un Oscar. El discurso emocionó a varios: Osorio habló de Chile, del exilio, hizo un llamado a “nunca más” y Pato Escala, el productor del filme, remató con un “Viva Chile”. Fue la coronación de un largo camino, no exento de frustraciones, que partió hace ocho años, cuando dos matrimonios ligados a la producción audiovisual decidieron que tenían algo que decir en la industria de la animación y fundaron Punkrobot Studio.

Porque la estatuilla está lejos de ser sólo un golpe de suerte para Gabriel Osorio, su mujer Antonia Herrera (directora de arte); María Soto-Aguilar, diseñadora gráfica, y Patricio Escala. Tras su llegada a la alfombra roja el domingo pasado en el Teatro Dolby, hay un minucioso trabajo de años y una madurez artística que se refleja en la factura, la estética y el guion de la sencilla historia de un oso que recuerda con nostalgia a su familia de la que fue separado para trabajar en un circo.

 

OSOrio

La película Toy Story marcó un antes y un después en la vida de Gabriel Osorio. Recuerda que mientras el filme se proyectaba, sólo tenía un pensamiento en su cabeza: cómo se había realizado. Le abrió un mundo, confiesa. Aunque si tiene que elegir su película favorita, declara que es City Light de Chaplin, largometraje mudo que coincidentemente se estrenó en 1931, el mismo año que se creó la categoría Cortometraje Animado en la Academia de los Premios Oscar, que en un principio se llamó cortometraje, dibujos animados.

Cuando partió trabajando en Historia de un oso, Gabriel no lo hizo pensando en el Oscar, sino en simplemente contar una historia personal. Una historia que no le era fácil contar, porque para hacerlo tendría que revivir dolores no cicatrizados. El filme está inspirado en la historia de su abuelo, Leopoldo Osorio (militante del Partido Socialista, regidor en la comuna de Maipú y uno de los secretarios que tuvo el presidente Salvador Allende), y sus dos años en prisión y posterior exilio en Inglaterra y España. La historia habla de la ausencia de su abuelo (a quien conoció a los 10 años), del exilio y del desarraigo que eso le provocó, lo que se extrapola a este papá oso que recuerda el momento de su secuestro, cuando es alejado de su esposa y su hijo, además de ser obligado a trabajar en un circo.

“El exilio no te deja una marca como persona, sino que como familia y tanto para mí como para mucho, este corto ha servido para cerrar heridas. Durante mi infancia sentí la presencia invisible de este abuelo ausente, que no estaba muerto, pero no estaba presente en mi vida. El cortometraje no es acerca de la vida de mi abuelo, pero se inspira en su ausencia y la marca que dejó en mí”, explica. La historia, que ya ha sido exhibida en varios puntos del planeta, es reconocida por su lenguaje universal, por apelar a los sentimientos y emociones con los que cualquier persona se pueda identificar según sus propias experiencias. “En varios países incluso se la asocia con el maltrato animal y en otros a la separación de las familias”, afirma Patricio Escala.

Oso-Osorio, es una feliz coincidencia de O. El animal que protagoniza la historia podría haber sido un gato o un perro, pero no. Se trata de un oso, porque así recuerda Gabriel haber sentido a su abuelo cuando lo vio y abrazó por primera vez.

Gabriel-Osorio

El viaje al Oscar

10 minutos y 14 segundos. Sólo eso bastó para contar la historia que, al son de la música de Dënver, traspasó fronteras y conmovió por su sencillez. Una pieza de arte que con su simplicidad e impecable factura, logró cautivar a públicos de diferentes nacionalidades.

“Era un proyecto de seis meses y demoramos tres años”, cuenta Escala. La película costó 40 mil dólares, los que costearon entre fondos propios, la ayuda de la Universidad de Las Américas y aportes del Estado a través de Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, que en 2010 les asignó un Fondo Audiovisual en la categoría Cortometraje Animación de poco más de 21 millones de pesos, cuando la historia aún se llamaba “La Maleta”.

Luego, a fines de 2015, al quedar en la lista corta de 10 prenominados, el CNCA hizo un aporte extraordinario de 15 millones de pesos para costear los gastos de promoción y difusión para llegar a la nominación. Y 18 millones de pesos de Corfo para su distribución.

Así, el oso inició su camino hasta la estatuilla dorada. En junio de 2014 se estrenó en el Festival de Annecy. Salió victoriosa, y los reconocimientos sumaron y siguieron. Participó en 170 festivales especializados y triunfó en 55, entre ellos Animamundi, de Brasil; Alucine Latin Film & Media Arts, de Canadá, en Cleveland Internacional Festival. También ganó la votación del público y del jurado en el Short List Film Festival, organizado por la revista especializada The Wrap. Desde ahí al Oscar, la historia es conocida.

Hoy, con todas las medallas a las que podrían aspirar a cuestas, el gobierno chileno planea mostrar la producción en colegios. Mientras, también se puede ver en los cines, previo a la película Zootopia.

En Los Ángeles fuimos a una cena en la que estaba John Lasseter, CEO de Pixar y director de Toy Story, y Pete Docter, director de Intensamente. Lasseter nos abrazó, nos felicitó y nos dijo que le había encantado el corto, fue una experiencia maravillosa”, cuenta Gabriel.

Sus creadores están en otra: mientras intentan digerir todo lo ocurrido en estos últimos días en Los Ángeles, analizan la idea de transformar la historia en un largometraje. “Fue intenso y agotador lo que hicimos previo al Oscar, el productor de Hollywood Don Diamond organizó un tour con todos los nominados por los diferentes estudios como Disney, Pixar, Dreamworks, donde se proyectaban los cortos de los cinco finalistas.

Durante esos recorridos, lo interesante es que eran trabajadores de las mejores compañías quienes nos hacían preguntas. Estuvimos en Calarts, que es la universidad que fundó Roy y Walt Disney para entrenar a sus animadores y también visitamos universidades donde la audiencia alcanzaba los 300 alumnos. Se formó una onda increíble. Fuimos a una cena en la que estaba John Lasseter, CEO de Pixar y director de Toy Story, y Pete Docter, director de Inside-out (Intensa-mente, película que ganó el Oscar en la categoría largometraje). Pudimos conversar con ellos largo y tendido, porque estaban sólo los nominados (no más de 15 personas). Cada uno pudo contar su historia, sus ideas. John Lasseter nos abrazó, nos felicitó y nos dijo que le había encantado el corto, fue una experiencia maravillosa”, cuenta Gabriel.

 

Punkrobot

En Chile, el día a día de Punkrobot está lejos del glamour, los flashes y los elogios que recibieron sus socios en Los Ángeles. La empresa funciona en el tercer piso de la sede de la Universidad de Las Américas en Antonio Varas. La casa de estudios ha sido un soporte importante en la carrera de estos animadores, que no la han visto fácil para dar a conocer su trabajo. De hecho, su serie animada Flipos, que el año pasado ganó un fondo del CNTV, fue transmitida sólo dos veces en televisión abierta en un horario donde pasó desapercibida: a las 8 de la mañana en Canal 13. Historia de un oso ni siquiera pasó ese filtro. Ninguno de los canales de televisión abierta quiso comprarla, por lo que antes de su nominación era posible encontrarla únicamente en Internet.

Desde su oficina de albas paredes, llena de juguetes y monitos, la productora no sólo crea dibujos animados para series, comerciales y proyectos dirigidos en su mayoría a niños. Ahí también nació en 2010 la Asociación Chilena de Animación, Animachi, que hoy cuenta con 17 productoras asociadas. Por eso no es de extrañar que en sus intervenciones, los socios de Punkrobot siempre alerten sobre la necesidad de desarrollar la industria de la animación en Chile.

Porque, por ejemplo, todavía no logran explicarse qué razón llevó al Consejo Nacional de Televisión a declarar desierta la categoría infantil el año pasado. Ellos postularon con Guitarra y Tambor, una serie acerca de unos instrumentos que buscan a otros para hacer una banda, con un mensaje de no discriminación.

Hoy, con el éxito del Oscar, quieren seguir trabajando para que se identifique a Chile y a Latinoamérica como un polo de desarrollo en la animación. Por ello es que no está entre los planes de sus socios vivir fuera del país. Su objetivo es quedarse aquí y atraer inversionistas para nuevas producciones.

También apuntan a crear una estética latinoamericana de animación. Una cruzada a la que apostaron desde un primer minuto con Historia de un oso. “No queríamos parecernos a Pixar o Hollywood, sino presentar una identidad estética propia. La inspiración está en un Chile viejo, en elementos de uso frecuente: tazas, portarretratos y juguetes que utilizaban nuestros abuelos cuando éramos niños. Todo ello responde a la elección de tonos sepia que no recayó sólo en la ambientación, sino en la manera de trabajar, como dibujar con carboncillo, utilizar óleo y moldear con plastilina. Técnicas más primitivas que le dan una dimensión más humana cuando luego pasa al formato digital”, explica Antonia Herrera, la directora de arte de la cinta.

Bear Story mezcla cuatro técnicas de animación: computarizada, 2D, 3D y stop motion, un mix que fue destacado por los especialistas en animación antes de los Oscar.

Hoy ya todos están felices, de vuelta a la calma desde su productora en Providencia, cosechando éxitos y volviendo a hacer monos. Esta vez, con el respaldo que entrega el tener nada menos que un Oscar entre sus juguetes. •••

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