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El grito de Cobquecura

Preocupados están los habitantes de la localidad de la Octava Región. ¿La razón? Una decena de proyectos acuícolas para cultivar salmones, cojinovas, choritos y algas a mar abierto. Mientras Cultivos Pelícano, ligado a la familia Stengel, asegura estar abierto al diálogo y actuando de acuerdo con las normas, el movimiento “Todos somos Cobquecura” dice que su batalla busca salvar un santuario único de lobos marinos.

Por: Carla Sánchez Mutis

cobquecura

Es la mezcla perfecta entre campo y playa. Para los surfistas, el secreto mejor guardado. Para los amantes de la fauna, el sitio perfecto para avistar ballenas y delfines. Emplazado en la provincia del Ñuble, en la Octava Región, Cobquecura es un lugar especial. Su nombre en mapudungun significa “pan de piedra”, una zona con más de 52 kilómetros de costas de arenas grises, piedra pizarra y formaciones rocosas.

“Este lugar es un sitio único. Aquí no ha llegado la modernidad, es como si el tiempo se hubiera detenido. Todavía se pueden ver costumbres típicas como la trilla o a los bueyes sacando los botes del mar”, cuenta Maricarmen Moya, ingeniera ambiental que ha pasado gran parte de su vida en esa ciudad.

Su casco histórico, compuesto por calles pintorescas y construcciones de muros continuos, fue declarado zona típica por el Consejo de Monumentos Nacionales, en junio de 2005. Pero la postal ya no es la misma. El epicentro del terremoto del 27 de febrero fue precisamente frente a las costas de Cobquecura y Buchupureo, destruyendo gran parte de sus construcciones patrimoniales. Lo que se salvó fue el borde costero, pues sorprendentemente en este lugar no hubo tsunami. Pero hoy, según cuentan sus habitantes, una decena de proyectos acuícolas ponen en riesgo esa playa que sobrevivió intacta al maremoto.

 

Una amenaza color salmón

El 11 de diciembre pasado se celebró el aniversario número 137 de la comuna. Como todos los años, desfilaron desde los jardines infantiles hasta los carabineros. Pero esta vez, un gran lienzo presidió la marcha. En él estaba escrita la frase “Cobquecura protege su mar”. Detrás, decenas de vecinos e incluso huasos a caballo con banderas que flameaban con la consigna “En Cobquecura, no a las salmoneras”.

Fue precisamente un par de semanas antes del desfile que los cobquecuranos se enteraron –por la prensa local– de los planes de Cultivos Pelícano. La empresa ligada a los Stengel, familia de la Octava Región, socia de pesquera Camanchaca, planea instalar 11 centros acuícolas a mar abierto, ubicados entre 1,6 y 1,9 kilómetros de las costas de las comunas de Cobquecura, Trehuaco y Coelemu, en la Región del Biobío. Se trata de algo totalmente inédito en la zona, en la cual hasta ahora, no ha habido acuicultura en aguas abiertas, como se conoce a este tipo de producción –utilizada en países como España, Italia, Australia, Canadá y Noruega– que contempla la instalación de jaulas que flotan en el mar como icebergs. Centros circulares, de un diámetro de 30 metros, sobre los cuales se construye una especie de muelle flotante con habitabilidad, bodega y tecnología para alimentar a las especies. Otra novedad es que serán centros de policultivos, donde se criarán salmones, cojinovas, choritos y algas.

Los cobquecuranos se enteraron por la prensa local de los planes de Cultivos Pelícano, la empresa ligada a los Stengel, que planea instalar 11 centros acuícolas a mar abierto, frente a las costas de las comunas de Cobquecura, Trehuaco y Coelemu.

Ocho de los once proyectos acuícolas –que contemplan una inversión que supera los 14 mil millones de pesos– ya presentaron su Declaración de Impacto Ambiental (DIA) al Servicio de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA) y están a la espera de su aprobación. El más avanzado es el proyectado al noreste de Punta Rinconada, la pequeña bahía que tiene olas entre 1,5 y 5 metros, y que debiera obtener su permiso el próximo mes.

En tiempo récord, los vecinos se organizaron en el grupo “Todos somos Cobquecura”, integrado por ingenieros, biólogos, antropólogos y pescadores artesanales, entre otros. Un movimiento ciudadano que incluso cuenta con el apoyo municipal y que está dando la pelea para mantener prístinas sus playas.

 

El santuario de los lobos marinos

Francisco Urrejola, kinesiólogo jefe de la Clínica Santa María y padre de la actriz Fernanda Urrejola, va a Cobquecura hace más de cincuenta años. Y no es el único enamorado de la región. Aquí veranean los Pérez Yoma y Joaquín Lavín. También muchas familias de Chillán y Concepción. Es tal el furor que ha causado esta zona, paraíso para los surfistas que buscan olas más al sur de Puertecillo y Pichilemu, que el valor de los terrenos se ha disparado: hace 10 años, una hectárea con vista al mar costaba 30 millones y hoy vale el doble.

“No sé por qué eligieron este lugar para instalarse. Como no pueden seguir desarrollando las salmoneras en el sur, se vinieron más al norte. Está demostrado que es una industria altamente contaminante, y pretenden operar en una zona de protección costera”, se queja Urrejola, para quien lo más grave de la situación es que “las cosas en Chile se hacen para burlar la ley dentro de la ley. Fraccionaron el proyecto para evaluar los centros por separado, sin embargo, nosotros sabemos que eso es una burla porque están vinculados. Dicen que son jaulas submarinas, pero van a poner muelles flotantes donde van a venir barcos cada dos días a retirar los peces”.

Al igual que Urrejola, otro de los que está preocupado por los proyectos acuícolas es el microbiólogo y bioquímico Romilio Espejo, quien se pregunta ¿qué pasará con los lobos marinos?

El año 1992, las formaciones rocosas El Islote, la Lobería y la Iglesia de Piedra de Cobquecura fueron declaradas Santuario de la Naturaleza. Tienen más de 300 millones de años y albergan a una biodiversidad marina que incluye grandes colonias de lobos marinos. Por ejemplo, según el censo que realizó el año pasado la Universidad de Concepción en la Lobería, hay cerca de 2.700 ejemplares, una población que se mantiene sana y estable. Además, en esta zona hay un sitio de apareamiento y una maternidad de lobos, según cuentan los vecinos, única en la zona centro sur.

“Sería muy grave el desarrollo de proyectos acuícolas en la zona. He trabajado en la industria acuícola y es cuestión de ver cómo han contaminado con plástico Chiloé, cómo han ensuciado el fondo marino y cómo han disminuido las especies silvestres”, explica Espejo y hace un crudo vaticinio: “Lo que es seguro es que los lobos van a tratar de entrar a las jaulas a comer los peces. Y empezará a disminuir la población”.

“Está en peligro toda nuestra biodiversidad marina y las aves silvestres. El lugar donde se instalarán las jaulas está justo en la ruta donde los pescadores artesanales obtienen jaibas, cuya tasa de crecimiento bajaría considerablemente con la contaminación del agua a través de fecas y los residuos de alimentos que no consumirán los peces y que caerá al fondo marino”, agrega la ingeniera ambiental Maricarmen Moya.

“Voluntariamente desistimos de un centro de cultivo que se encontraba cerca del santuario de lobos marinos”, explica Mark Stengel.

“Cobquecura es el basurero de la Octava Región. Ya perdimos la batalla con Celulosa Arauco, cuyo ducto de la planta Nueva Aldea descarga en nuestro mar. Y ahora, pretenden instalar jaulas submarinas”, se queja el ingeniero Cristóbal Bustos, uno de los voceros del movimiento “Todos somos Cobquecura”, que cuenta con la asesoría legal de la ONG Fima, el primer estudio jurídico ambiental de Chile.

 

La otra cara de la moneda

El 15 de diciembre pasado, Mark Stengel, director ejecutivo de Cultivos Pelícano viajó a la zona acompañado de consultores externos para reunirse con autoridades y representantes de la zona. En Cobquecura, fue interceptado por un grupo del movimiento, con los que sostuvieron un, a su juicio, desagradable intercambio como queda de manifiesto en una grabación a la que tuvo acceso Capital.

“Tienen que darse cuenta de que nosotros no los queremos acá. Nosotros vivimos del mar, hemos cuidado nuestro pueblo y no queremos que vengan a hacerse lucas con nuestra playa”, sostuvo un manifestante, a lo que Stengel respondió: “Simplemente queríamos ver el lugar, ustedes tienen una posición sobre la materia, una información incompleta... Queremos conversar, pero éste no es el lugar más adecuado”.

¿Por qué los centros acuícolas que Cultivos Pelícano quiere instalar generan tantos anticuerpos en el pueblo?

Stengel reconoce que “el proyecto siempre incluyó una etapa muy importante de sociabilización, pero efectivamente no fuimos lo suficientemente rápidos en comunicar. Asumimos esa responsabilidad”, y agrega que “estos proyectos están recién en proceso de evaluación ambiental y a un plazo importante de que se materialicen”.

La empresa planea instalar las jaulas en mínimo cuatro años más. Del total de centros, nueve serán destinados al policultivo (producirán salmones, cojinova del norte y choritos, pero nunca al mismo tiempo para tener un adecuado manejo sanitario) y dos serán de cultivo exclusivo de algas y choritos. “A diferencia de los centros de cultivo de la zona sur, que producen entre cinco y seis mil toneladas al año, los nuestros bordearán las tres mil toneladas anuales”, aclara el ejecutivo, e insiste en las ventajas de instalar centros a mar abierto: “Al estar emplazados en aguas oceánicas y alejadas de la costa, nuestros centros están expuestos a mayores corrientes y oleajes, lo cual beneficia el cultivo de peces simulando de mejor manera su hábitat natural. Los centros salmoneros del sur se encuentran en lugares con menor recambio de aguas”. Y además, para mitigar al máximo los impactos en el entorno marino y permitir el descanso de cada centro, “durante la operación anual, sólo 4 de los 11 centros estarán en etapa de cosecha”.

¿Por qué eligieron las cosas de Ñuble para desarrollar un proyecto acuícola?

Desde el punto de vista normativo, Stengel explica que la Subsecretaría de Pesca definió las costas de la Región del Biobío como Áreas Aptas para la Acuicultura (AAA). Y respecto del futuro de las poblaciones de lobos marinos, aclara algunos puntos: “Voluntariamente desistimos de un centro de cultivo que se encontraba cerca de este santuario y decidimos, también voluntariamente, no incorporar el cultivo de peces en otro. No obstante, la presencia de lobos marinos es una situación que todos los centros de cultivo de peces enfrentan y para lo cual la autoridad exige una serie de resguardos, los que por cierto tenemos considerados”.

 

Cobquecura, capital turística

El proyecto de ley para crear la XVI Región de Ñuble ya cuenta con la firma de la presidenta Michelle Bachelet y ahora, la iniciativa debe ser discutida en el Congreso. Los ñublenses quieren separarse de Biobío y la razón la explica el asistente social Osvaldo Caro, 34 años, nacido y criado en Cobquecura y hoy alcalde del lugar.

“Vivimos en una zona aislada y sufrimos del centralismo. La inversión se queda toda en Concepción, tenemos una desigualdad en la distribución de ingresos”, explica la autoridad.

De ser nombrada región, la capital turística serán Cobquecura y sus costas. Por esa razón, el alcalde Caro se ha sumado a la lucha contra los proyectos acuícolas. Tanto así, que el movimiento “Todos somos Cobquecura” participó de la elaboración de los oficios que presentó el municipio al SEA con todas las observaciones a los centros, las que incluyen especificar el manejo de residuos, las distancias que tendrán de los santuarios y la capacidad de enfrentar los fuertes oleajes de la zona.

“Como municipio estamos unidos con la comunidad y tal como dije en el aniversario, nosotros vamos a defender ese mar porque creemos que le corresponde a los cobquecuranos y no a un grupo económico”, sostiene el alcalde.

Mark Stengel reconoce que “el proyecto siempre incluyó una etapa muy importante de sociabilización, pero efectivamente no fuimos lo suficientemente rápidos en comunicar. Asumimos esa responsabilidad”.

Otro de los puntos que preocupa a la máxima autoridad de Cobquecura, es que el proyecto de los Stengel haya presentado una Declaración de Impacto Ambiental (DIA) por cada uno de los centros en lugar de un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) por todo el proyecto.

Al respecto, el titular del SEA del Biobío, Nemesio Rivas, aclara: “La forma de ingreso de los proyectos –DIA o EIA– que deben someterse a evaluación es una decisión de los titulares. En cuanto a si se configura o no un fraccionamiento es una determinación que le corresponde a la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA)”. Y respecto a la decisión de la empresa de presentar declaraciones por cada centro en vez de un EIA explica que, “al presentar una DIA, el titular debe justificar que no se generan los efectos contenidos en el artículo 11 de la ley 19.300, como son el riesgo para la salud, reasentamiento de comunidades, alteración del valor paisajístico o alteración de monumentos, entre otros”.

Rodrigo Díaz, intendente de la Región del Biobío, cree que “todos los proyectos son atractivos en la medida que cumplan la normativa ambiental” y según dice, no le corresponde hacer un juicio de valor sobre un proyecto específico que está en proceso de evaluación.

Mientras la autoridad ambiental aún no se pronuncie, los cobquecuranos han intensificado su campaña en medios locales y redes sociales y han sumado más gente al movimiento. Uno de ellos es el surfista californiano Chris Rieber, quien llegó a dedo a Cobquecura en 1993. Y desde ese día, no se ha movido de la costa de la Octava Región. Incluso construyó un hotel, “La Joya del Mar”, con capacidad para 12 personas, y un restaurante cuya especialidad son los productos marinos frescos. “El plan regulador establece que Buchupureo es un destino de elite, eso no será así si instalan jaulas flotantes”, dice con un acento totalmente chilenizado, convencido de que es el turismo quien hará surgir a este pueblo que cada día atrae más miradas. •••

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  • Ana Garcia

    No podemos permitir que las empresas sigan burlando al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental!
    Defendamos Cobquecura y todos aquellos lugares en donde la codicia de algunos destruye el Chile de todos #todossomoscobquecura

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