Poder

Roberto Izikson: Plaza Pública Cadem

Actividad: Gerente de Asuntos Públicos de Cadem
El libro que recomienda: El fin del poder, de Moisés Naim.

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Roberto-Izikson

“Hay tres fenómenos que están ocurriendo en Chile. En primer lugar, atravesamos por la peor crisis de confianza pública de los últimos 25 años.

En la encuesta CEP de agosto de 2015, se preguntó si Chile estaba progresando, estancado o en decadencia. El 62% cree que Chile está estancado y si le sumas el 22% de los que opinan que está en decadencia, llegas a un 84%: es el nivel más alto de estancamiento o decadencia desde el año 2000 y lo más probable es que desde el 90.

En julio de este año, Plaza Pública Cadem preguntó cuál era el nivel de satisfacción con la forma en que el sistema político está funcionando. El 88% se declaró poco o nada satisfecho.

La desafección de la política queda de manifiesto con la Encuesta Nacional UDP 2014. En 2005, un 52,5% de los encuestados no se identificaba con ningún partido político y el 2014 esa cifra subió a un 78,3%. Las coaliciones políticas tienen una tendencia similar y el eje de izquierda a centroderecha ha ido aumentando significativamente.

¿Qué pasa con las expectativas de los consumidores y los empresarios? Estamos en una zona roja, con bastante desconfianza en la economía comparable con el año 2009, cuando el mundo se desplomaba por la crisis financiera de Lehman Brothers. Pero lo curioso es que Chile está creciendo –poco y mal– y aún así tenemos estos niveles de desconfianza sólo comparables a un fenómeno de crisis económica.

¿Qué pasa con las empresas? Según Hill & Knowlton Strategies, en 2002 tenía 744 puntos. Hoy está en 638. Lo interesante es que esta caída no es un fenómeno de este año, tampoco es producto de los casos Penta o Caval, ya que desde 2009 el índice ha variado muy poco. Desde ese 2009 que la empresa en Chile enfrenta la baja en la reputación corporativa y no lo ha asumido como un desafío.

 

¿El desplome de las instituciones?

Según la encuesta Plaza Pública Cadem de marzo de 2015, el 63% de los encuestados cree que el Poder Judicial no es completamente autónomo; el 84% que no asegura igualdad ante la ley. Eso refleja lo que hoy representan nuestros tribunales de justicia. Por ello, creo que la crisis de confianza es una crisis del poder público.

No existe un desplome de las instituciones. Eso es un mito. Lo que existe es un desplome de lo público. Carabineros y las Fuerzas Armadas subieron su grado de confianza, según el CEP. Las que se derrumbaron son la Iglesia Católica (que bajó de un 47% en diciembre de 2002 a un 29% en agosto de 2015); el Gobierno, de un 32% a un 15% en el mismo período; el Congreso y los partidos políticos. ¿Qué tienen en común todos ellos? Que son los responsables de la administración del poder.

Hoy enfrentamos una crisis de confianza pública. Cuando evaluamos lo público versus lo privado las diferencias son gigantescas: en un estudio que realizó Plaza Pública Cadem junto a la Sofofa, al preguntar sobre cuánto confía en las empresas, el 45% le pone nota entre 5 y 7. Y cuando se les pregunta por su propia empresa, esa cifra sube a 75%. Algo similar ocurre al comparar a los empresarios con el dueño de la empresa en la que el encuestado trabaja. Esos datos confirman que hoy el problema está situado en el espacio público, pues en lo privado, pareciera ser que tanto la empresa como su dueño están haciendo bien el trabajo.

En esta misma encuesta preguntamos a la gente si les gustaría crear su propio negocio si tuvieran el tiempo suficiente y la oportunidad. El 86% dice que sí. Esto demuestra las fortalezas del mercado, del modelo que hemos creado, el cual no se ha derrumbado.

Si comparamos lo público versus lo privado, la encuesta CEP de agosto de 2015 pregunta por la satisfacción personal y del entorno cercano. El 69% se declara satisfecho con su vida; el 75% cree que su familia está satisfecha, pero al preguntar por la satisfacción de los amigos la cifra cae a 59%. A medida que nos empezamos a acercar a lo público, comienza a aparecer la desconfianza.

 

La confianza pública en crisis

El fenómeno de la desconfianza se explica por factores estructurales y coyunturales. Respecto a los primeros, estamos viviendo el fin de la transición de un país de pobres a uno de clase media. Somos testigos del fin de un ciclo político, económico y social y de cómo vamos a enfrentar las amenazas de ese nuevo ciclo, que son principalmente la desigualdad y el abuso. Y en tercer lugar, experimentamos el triunfo de las lógicas de mercado sobre lo público: pasamos de la tesis del derrumbe del modelo de 2009 al derrumbe del Estado como símbolo de lo público.

“No existe un desplome de las instituciones. Eso es un mito. Lo que existe es un desplome de lo público”.

En los últimos 25 años ha habido un alza sostenida y permanente de la riqueza, una reducción sistemática de la pobreza. Hoy tenemos un desarrollo humano similar a un país como Portugal. Hay un acceso masivo a bienes públicos –educación, salud y vivienda–, una alta participación de la mujer al mundo laboral, una democratización del uso de la tecnología y una sociedad más libre, desde lo político, económico y social.

¿Cuáles son los efectos coyunturales de esta crisis de confianza pública? Estamos experimentando los efectos de un programa potente de gobierno que no interpreta al nuevo Chile. La presidenta Bachelet creía que el malestar público empezaba en la calle y terminaba dentro de la cama de la familia. Su gobierno agarró el programa y al sentir que tenía la calle, empezó a avanzar hacia la casa. El problema es que tocaron el timbre y la señora salió con una escoba a correr al gobierno. Nadie quiere que se metan dentro de su casa: ese error de diagnóstico, de creer que el malestar cruzaba todo el espacio privado y público, fue el que llevó a cometer un profundo error en la reforma tributaria. Obviamente, la coyuntura con los escándalos de Penta, Caval, SQM, la Iglesia, ahora CMPC y todo eso, en dos años ha hecho mucho más profunda esta crisis. Pero lo importante es que nos demos cuenta de que esa crisis no es de este año, esto viene desde mucho antes.

Respecto a la evaluación país, preguntamos si Chile iba por buen o mal camino, pensando en todos los aspectos político, económico y social. En marzo de 2014, un 78% creía que el país iba por un buen camino. Un año después, esa cifra cayó a 28%. Si Chile fuera una acción transada en bolsa, se hubieran suspendido las transacciones del país y estaríamos buscando hechos esenciales que expliquen por qué estamos con ese precio de acción tan bajo.

¿Qué pasa con la economía? En marzo de 2014, un 52% creía que había progresado versus un 44% que creía que estaba estancada o retrocediendo. Hoy, quienes creen que la economía progresa es apenas un 17%.

La presidenta Bachelet parte con un 52% de aprobación y hoy tiene un 27%. En marzo pasado tenía un 20% de desaprobación, alcanzó niveles del 72 y hoy está en 64%, son 44 puntos más de desaprobación en un año.

El escándalo de CMPC es un tema que al Gobierno le viene muy bien, pero la presidenta tiene un flanco abierto: no puede juzgar directamente a CMPC sin que aparezca el caso de su hijo Sebastián Dávalos, porque ambos casos representan el abuso de poder. Si yo fuera el gobierno, este caso lo dejaría pasar.

¿Qué viene para 2016? Va a ser un mal año para la confianza. No están ni las condiciones ni los actores necesarios para llegar a un acuerdo que permita revertir esta tendencia: la política seguirá en la fiscalía, la empresa en el TDLC, la Iglesia en los medios y los jueces en aquella casa bien oscura.

En política, veremos una recuperación lenta y paulatina de la imagen de la Presidenta Bachelet, quien deberá acostumbrarse a gobernar por un largo tiempo con niveles de aprobación cercanos al 30%. Octubre fue de dulce y agraz para Bachelet: por primera vez logra mejorar en una encuesta –aumenta su aprobación de 23% a 28%– pero completa 12 meses consecutivos con más desaprobadores que aprobadores. Sin embargo, muestra una leve tendencia a la recuperación por tres eventos donde la opinión pública se alineó con ella: el terremoto del norte de septiembre pasado, el fallo de La Haya y la nueva constitución: el 71% está de acuerdo con que Chile necesita una nueva carta fundamental.

En economía, no tendremos brotes verdes, veremos un Estado con menor capacidad de contención y un sector privado que no tiene la confianza ni las condiciones para volver a invertir y crear empleos.

“Estamos experimentando los efectos de un programa potente de gobierno que no interpreta al nuevo Chile. La presidenta Bachelet creía que el malestar público empezaba en la calle y terminaba dentro de la cama de la familia”.

Si pensamos en la próxima elección presidencial, este semestre es decisivo. El candidato que en abril del próximo año esté ganando en las encuestas espontáneas seguramente será el presidente de Chile. Así ha sido en las últimas cinco elecciones. En este período, el ex presidente Ricardo Lagos será el gran personaje que va a ordenar o desordenar el mapa de la elección y tiene seis meses antes de abril próximo para posicionarse.

 

¿Cómo solucionamos el problema a largo plazo?

Estoy convencido de que la solución a la crisis de confianza del sector público es una nueva constitución. Recuperarla pasa por un nuevo pacto, un acuerdo amplio que puede darse con una nueva constitución en el contexto de elección presidencial. El problema es que estamos poniendo el debate donde no corresponde, primero en el mecanismo antes que en el contenido. Por otro lado, este gobierno ha generado una sobre expectativa con la nueva constitución. Lo grafico con dos datos: el 16 de octubre pasado, el 51% creía que el cambio era bastante prioritario para el país y una semana después esa cifra subió a 61%. Y la mayoría de los encuestados creen que permitirán superar los problemas en temas de educación, seguridad y salud; hará de Chile un país más justo y mejorará la confianza en las instituciones. Esto es una irresponsabilidad. La nueva Constitución lo que va a resolver es la desconfianza en las instituciones públicas, pero no todas las situaciones que afectan a Chile.•••

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