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“La comisión Engel no soluciona la crisis”

El cientista político Claudio Fuentes participó en el consejo asesor contra la corrupción, pero cree que para superar el actual escenario se necesita algo más: aparte de total transparencia, redefinir la agenda y a nuevos actores que la conduzcan.

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Por Marcelo Soto
Fotos: Verónica Ortiz

Carlos Fuentes

Uno de los supuestos más repetidos sobre la historia política chilena reciente dice que la transición fue posible gracias a un acuerdo entre el pinochetismo y las figuras moderadas de la Concertación. Pero Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencias Políticas de la UDP y miembro del consejo asesor contra la corrupción que entregó su informe el 24 de abril, cree que eso es un mito.

"Lo que hubo fue una imposición. En el 90 la derecha escribió las reglas, y la oposición tuvo muy poco margen de maniobra. Fue entre 2003 y 2005, cuando se genera el acuerdo de reforma constitucional, en que sí hubo un pacto. Y tuvo que ver con tres cosas: eliminar los enclaves autoritarios; quitarle poder al Ejecutivo; y regularla relación entre dinero y política. Aunque no estuvo dentro de la reforma constitucional, los actores se sientan a negociar para crear un modelo de financiamiento político, porque antes no había. Así se crea un modelo que fue claramente desfavorable a las fuerzas de gobierno y muy favorable a la oposición. En dos términos: favorecer los aportes privados a las campañas, y que fuesen reservados. Esas dos condiciones estructuran el modelo que hoy está en crisis, que duró 10 años. Hubo ceguera política al hacer ese acuerdo", dice este doctor de la Universidad de Carolina del Norte, autor de libros como El Pacto, sobre las reformas de 2005, y El Fraude, sobre las irregularidades del plebiscito de 1980.

Una democracia 2.0. Aunque suene trillado, eso es lo que a juicio de Fuentes necesita Chile. Y es algo urgente, de lo contrario el país puede caer en una crisis terminal. "Eso en Chile lo hemos tenido cada 50 años. Un escenario de apatía, indignación y crisis económica es el peor cuadro imaginable, el caldo perfecto para populismos y experiencias nefastas que nadie quiere vivir". La historia se repite, insinúa, en ciclos que en el caso chileno van desde una alta concentración de la autoridad presidencial a sucesivas transferencias de poder al Legislativo.

"Se requieren otro tipo de partidos: transparentes, con democracia interna, con padrones serios de militantes, que sean auditables. Y si no cumplen todas estas condiciones, no pueden competir... Obviamente la UDI tendría que adecuarse".

"Lo que tenemos hoy es una fuerte crisis de representación", explica en su oficina en calle Ejército. "Si revisamos la historia, la élite política nacional casi siempre ha sido capaz de generar ajustes, de ahí que Chile sea una excepción en América Latina, respecto de la continuidad de sus constituciones. Tenemos un patrón muy fuerte de creación de constituciones donde hay un híper presidencialismo y después un ciclo en que se trata de reducir los poderes del Ejecutivo. Eso pasó con las constituciones del 33, del 25, y está pasando con la de 1980. Es una recurrencia histórica. En ese sentido, el programa oficial de reformas es una respuesta al nuevo ciclo, pensando muy poco en la estabilidad, porque lo central es la pugna entre el Ejecutivo y el Legislativo".

Fuentes prepara un nuevo libro, La erosión de la democracia, en el que argumenta que los procesos de reforma paradójicamente también fueron dañando y ampliando esta brecha entre representantes y representados. No obstante su título sombrío,el texto está lejos de apoyar la teoría del derrumbe del modelo que planteó el sociólogo Alberto Mayol. "El colapso no se dio. Pese a las movilizaciones y a lo que sucedió después del 2011, los grandes ejes fundantes no están alterados. Lo que seguramente va a pasar son reformas a esa estructura pero no va a haber un cambio paradigmático. En el corto plazo, no lo avizoro".

El cientista político nos recibe el mismo día de la entrega del informe de la Comisión Engel en La Moneda. Mientras afuera de su oficina se extiende un horizonte de carteles anunciando ofertas para estudiar toda clase de carreras, Fuentes -que se declara independiente, aunque reconoce haber donado a la campaña de Bachelet- aborda las principales conclusiones de dicha instancia, así como los peligros y desafíos de la actual crisis.

-En la comisión, ¿hubo posiciones encontradas?
-En el 90 % de los temas estuvimos de acuerdo. Se abordaron 5 grandes temáticas, y hay más de 200 recomendaciones a seguir. De todo ese conjunto llegamos a algunos temas muy acotados a discernir.

-¿Qué temas generaron disenso?
-Había una discrepancia sobre la graduación. Estuvimos de acuerdo en el principio de que las donaciones no pueden capturar al candidato. O sea, que el peso de una donación no sea tan grande como para que el donante tenga un poder sobre el candidato y que este dependa de ese dinero. Algunos planteamos que se tenía que avanzar a un sistema totalmente transparente de donaciones. Yo defendí esa postura.

-Lucas Sierra, que también formó parte de la comisión, plantea que la donación debe ser secreta tal como la votación, para evitar represalias.
-El problema es que si hacemos todo transparente aquellos que quieran hacer pequeñas donaciones, y que dependen de un empleador, se van a inhibir de hacer esa donación. Lo que buscamos, entonces, fue un sistema para hacer pequeñas donaciones, no de forma anónima, sino protegida: que el donante vaya al Servel y este se la entregue al candidato. Si quieres donar 20 mil pesos y eres funcionario público, pero votas por RN y hay un gobierno socialista, te pueden echar. Para evitar ese riesgo, habría que hacer cierto tipo de reserva. La diferencia se produjo en el monto límite, 20 UF, pero no en el principio de que tenía que ser preferentemente transparente. Y ahí nos dividimos 8 a 8.

-¿En qué quedaron?
-Como estábamos divididos mitad a mitad, aclaramos que algunos piensan esto y otros aquello. Era full transparencia o transparencia con algo de protección para pequeñas donaciones. Ese fue el tema que nos generó más polémica. El segundo tema donde hubo disenso fue respecto a las donaciones de empresas. La mayoría estábamos por eliminarlas, que sólo sean aportes de personas naturales, pero 4 o 5 estaban por mantenerlas. En otro ámbito, hubo quienes se opusieron a la franja radial financiada por el Estado para todos los candidatos.

-¿También abordaron el mundo privado?
-Por supuesto, la comisión entrega una mirada integral. Hicimos propuestas sobre gobierno corporativo, responsabilidad penal de la empresa, todo lo que tiene que ver con el ámbito privado. Proponemos mayores sanciones contra la colusión, también para evitar que alguien participe simultáneamente en directorios de empresas en áreas similares. No es entendible que empresas que supuestamente son competitivas compartan un mismo director.

-¿Y cómo evitar el tráfico de influencias?
-Un segundo aspecto es la interacción de lo público y lo privado: es decir, medidas sustantivas para denunciar los conflictos de interés, y evitar las sillas musicales o puertas giratorias, entre organismos reguladores y empresas reguladas, establecimos toda clase de incompatibilidades e inhabilidades. En tercer lugar, un fortalecimiento de la Alta Dirección Pública. Hoy llega un gobierno y cambian todos los altos directivos del anterior. Por último, sugerimos el financiamiento público de los partidos políticos y nuevas exigencias de educación cívica e integridad en el mundo tanto empresarial como político.

-¿Cuál cree que es la más relevante?
-La propuesta de financiar públicamente a los partidos y a la actividad de campañas, me parece que es crucial. Pero ese financiamiento tiene que condicionarse a una reforma mayor de los partidos. Queremos una democracia con partidos fuertes, pero se requiere otro tipo de partidos: transparentes, con democracia interna, con padrones serios de militantes, que sean auditables. Y lo más importante: si usted no cumple todas estas condiciones, no puede competir. Así de duro. Si de aquí a cuando inscriba sus candidatos el partido no tiene el check list de transparencia, responsabilidad y manejo interno, se va para la casa. Eso es un cambio sideral.

"Hoy lo que quiere la opinión pública es sangre. O sea, quepierdan los escaños, que haya sanciones eternas, que sean condenados en la plaza pública, etc. Pero las sanciones no van a servir de nada si no tienes un Servel en forma"

-¿En ese escenario, la UDI -que no tiene elección directa; es decir, la idea de un militante, un voto, que planteó sin éxito Francisco de la Maza- no podría competir?
-Obviamente tendría que adecuar sus estatutos, si quiere hacerlo. En nuestra propuesta, las directivas tienen que ser electas cada 3 años mínimo, tiene que haber democracia interna, y derecho de las minorías a llamar a una asamblea. Y el financiamiento público tiene que ser para actividades específicas, concretas, auditables por el Servel.

 

Un cambio cultural

-¿No es ingenuo pensar que aumentando las sanciones se acaban los problemas?
-Hoy lo que quiere la opinión pública es sangre. O sea, que los parlamentarios aludidos pierdan los escaños, que haya sanciones eternas, que los ministros que hicieron boletas sean condenados en la plaza pública, etc. Nosotros pensamos que las sanciones por muy altas que sean, no van a servir de nada si no tienes un Servel en forma. Necesitamos un organismo que tenga capacidad de auditar, de fiscalizar in situ las campañas, de identificar desde el momento en que termina la campaña hasta que el ganador asume, en 30 a 40 días, que audite y que diga si efectivamente cumplió con el estándar, y que eventualmente haya sanciones hasta la pérdida de escaño. De hecho, proponemos la autonomía constitucional del Servel, porque va a ser un ente tan poderoso respecto del control de los partidos que si no le das la autonomía suficiente va a ser capturado por los partidos y va a ser un chiste.

-¿De qué manera se puede evitar el nepotismo?
-Hay una norma en la administración del Estado que hasta los jefes de servicios no pueden contratar familiares en la línea jerárquica. Es súper razonable, pero la norma excluye a los ministros de esa condición. Por lo tanto los ministros podrían contratar parientes, hasta tercer grado, un cuñado por ejemplo. Lo que planteamos es aumentar la exigencia y evitar ese tipo de vínculos. Otra medida es que en un mismo territorio electoral no puedan participar familiares en las elecciones. O sea, un candidato a CORE no puede ser la esposa del candidato a alcalde. Puedes ir a competir a otra parte, pero no dentro del mismo distrito.

-¿Y en el Congreso, que hoy tiene muy baja credibilidad?
-La Cámara ha avanzado mucho más que el Senado en algunas medidas, por ejemplo, el control que tienen respecto de las asignaciones de las dietas. Proponemos homogenizar el estándar; las exigencias de la Cámara llevarlas al Senado. Además, fortalecer los comités de ética, con actores externos, independientes, porque hoy tienen muy poco poder, no pueden tener el control respecto a cómo tú votas. La idea es que puedan sugerir: "usted, tiene un conflicto de interés, recomendamos que se inhiba de esa votación". También aumentamos la exigencia en la declaración de interés y patrimonio, incluimos no sola la personal, sino las de los familiares y relacionados.

-Quizá la zona crítica en el problema de la corrupción sean los municipios. ¿Cómo enfrentan ese sector?
-Planteamos someter a Alta Dirección Pública a los jefes de obras municipales. Hay una serie de puestos claves que también deberían pasar por ese proceso. Y cambiar el sistema de Chile Compra. Otro aspecto importante son los temas de suelos, tenemos propuestas contra la especulación inmobiliaria. No solo entramos a dinero y política sino a sectores que vemos como zonas de riesgo: municipios y uso de suelos, donde es bien crítica la situación.

-¿Con este tipo de medidas hubiese sido posible la reunión de Luksic con Dávalos y el negocio de Caval?
-No. Pero hay un debate: no todo lo podemos regular. Podemos perfeccionar la ley del lobby, pero no inhibir que en el Club de Golf se junten dos privados a conversar el domingo sobre sus negocios y que haya un posible conflicto. No podemos inhibir que un gran empresario se reúna con una persona a conversar de sus inversiones. Por lo tanto, depositar toda la fe en que un buen marco normativo va a solucionar los problemas es un error. Lo que hay que hacer es por un lado, mejorar los sistemas de detección de eventuales conflictos de interés, de eventuales especulaciones que se puedan hacer, definir de mejor modo qué es lobby, qué es tráfico de influencia... Sugerimos una mejora importante en las superintendencias, de modo que tengan mayores posibilidades de circular información de una repartición a otra para detectar este tipo de problemas.

-¿Lo de Caval fue tráfico de influencias?
-Al día de hoy nadie duda de que fue una gran imprudencia.

"Esto no es solo un problema de mala ley, sino también cultural. Hoy día, cuando vas a un restaurante, te dicen: ¿factura o boleta? Esodebería ponernos incómodos. Tenemos naturalizadala práctica de ingresar actividades privadas al ámbito de los negocios".

-¿Esta comisión pone punto final a la crisis?
-No. El consejo asesor no va a ser el punto final a la crisis. El objetivo del consejo es mostrar y señalar algunos ámbitos que tenemos que trabajar y perfeccionar, legalmente, administrativamente y éticamente. Acá hay un mensaje: esto no es solo un problema de mala ley, sino también cultural, social. Hoy día, cuando vas a un restaurante, te dicen: ¿factura o boleta? Eso debería ponernos, al menos, incómodos. No puede ser. Tenemos naturalizada una práctica que es ilícita: ingresar actividades privadas al ámbito de los negocios. Cuando los profesionales hacen sociedades comerciales para descontar impuestos, empresas de papel, están infringiendo normas éticas y legales. Hay un desafío que va más allá de cambiar las leyes. El consejo busca precisamente eso. Acá hay prácticas equivocadas, de las que la sociedad tiene que hacerse cargo en su conjunto. La autoridad política tiene prioridad en cambiar el escenario, pero el consejo no va a resolver la crisis. La crisis es hoy política y judicial, pero principalmente política. Y se resuelve en el ámbito de lo político, en cómo el gobierno va a enfrentarla, en qué tipo de prioridades va a poner.

-¿Falta una declaración más firme de Bachelet sobre su hijo?
-Yo he visto una evolución en sus declaraciones, desde no decir nada a comenzar a reconocer que hubo un error. Lo que dijo el 24 fue muy fuerte. El decir "yo me he equivocado en la evaluación que tenía de cómo funcionaban los negocios"es un reconocimiento de ella. El discurso fue un mea culpa que no se había visto. Se abre una puerta para hacer reformas sustantivas.

-¿Es necesario un cambio de gabinete?
-El Ejecutivo pasa por problemas de definición de la agenda, con actores del propio gobierno que se han visto involucrados y por lo tanto se requieren acciones muy rápidas, antes del 21 de mayo, respecto de la agenda y de quiénes van a encabezar esas reformas. Hay un momento de espera, que está expirando. La inauguración de una nueva agenda debiese estar acompañada por nuevos actores que van a liderar esos cambios.

-¿La idea de adelantar elecciones es descabellada?
-Eso sería muy inconveniente. Si adelantamos las elecciones, ¿con qué sistema electoral se va a competir? ¿quiénes? Lo más probable es que ganarían los mismos incumbentes que hoy tenemos, que se legitimarían con una participación electoral bajísima, porque la gente está indignada. Es un escenario peligroso.

-¿Es posible que la abstención llegue al 80%? ¿Sería fatal?
-El 40% participó en las últimas elecciones y creo que vamos a bajar al 35% en las municipales de 2016. Esto fluye muy rápido, pueden ocurrir eventos que desencadenen nuevos procesos. Pero hay sociedades donde los niveles llegan al 20% y no hay desestabilización. Lo que estamos viendo es un ciclo de pérdida de confianza, de hastío, indignación y ese escenario en un contexto de crisis económica, con desempleo de 10% o 15%, es tremendamente conflictivo.

-¿Una crisis estructural?
-Hasta el momento estamos en el nivel de una crisis política, las instituciones siguen funcionando, el país sigue teniendo una condición económica y social relativamente estable. No estamos en una crisis terminal del sistema pero sí estamos en un crisis política muy importante, que puede derivar, como nos enseña la historia, en un quiebre mayor.

-¿Sería una salida una nueva constitución?
-El gran problema en Chile es que la élite tiene una fuerte deslealtad con la constitución. Es la carta que ha sido más reformada en un menor período de tiempo. El apego a ella es bajísimo. Se requiere una constitución mínima, que garantice ciertos derechos individuales y colectivos, que permita definiciones de las reglas del juego; y ese acuerdo no lo tenemos. Mientras continuemos con esto, va a ser un eterno ir y venir de reformas, muchas veces incongruentes, y que terminan debilitando al sistema político. Eso hay que evitar. Y debemos resolverlo rápido.

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  • Jaime I

    Ninguna comision resuelve nada. Solo indica alternativas a seguir. Los responsables por la toma de decisiones, cuando los hay, lo que no es el caso actual de Chile, son los que resuelven las crisis.