Poder

Menos Excel y más Word

A punto de cumplir 25 años, Libertad y Desarrollo tomó una decisión: involucrarse a fondo en la discusión de las ideas, no sólo desde la perspectiva de las políticas públicas. En esta entrevista, los protagonistas detrás de este proyecto desmenuzan el Chile de hoy, analizan los desafíos que enfrenta la derecha y advierten del peligro de las reformas que impulsa Bachelet: “Aquí se endiosó el programa y ahora estamos asistiendo a su derrumbe”, dicen.

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Por Carla Sánchez M.
Fotos: Álvaro de la Fuente

Libertad-y-Desarrollo

Se conocen hace años

Más de veinte para ser exactos. A principios de los 80, Hernán Büchi los convocó para crear Libertad y Desarrollo, un centro de estudios independiente con el objetivo de colaborar para que las políticas públicas en Chile se orientaran a defender la libertad. Es desde ese entonces que Lucía Santa Cruz viene insistiéndole al actual director ejecutivo del centro de estudios, Luis Larraín, que había que meterse más en la discusión de las ideas.

“Siempre nos decía que necesitábamos menos Excel y más Word. A la luz de lo que ha pasado en la política chilena tenía razón”, admite Larraín, quien apenas se enteró de que la historiadora dejaba el decanato de la Facultad de Artes Liberales de la Universidad Adolfo Ibáñez, no dudó en ofrecerle concretar su inquietud.

La actual consejera será quien presida el consejo del nuevo auditorio del LyD, con capacidad para 70 personas, sala de cine y tecnología de última generación, que acaba de inaugurarse en la remozada sede de Alcántara. El plan es que en este lugar, las ideas de la libertad no sólo se discutan desde el ámbito de las políticas públicas, sino que desde la cultura, el pensamiento y el debate.

Un cambio que, de cara a las celebraciones de los 25 años del centro de estudios, busca abrirse a nuevas audiencias. “Si vamos a hablar de la libertad, tenemos que hacerlo en diversos ámbitos”, dicen.

-¿Cuáles serían esos ámbitos? ¿Van a hacer ciclos donde se discutan temas como el matrimonio gay, el aborto o la eutanasia?
-Luis Larraín (LL): Las políticas que hemos definido tienen que ver con discutir más sobre política, sobre cuál es el sentido de justicia en la derecha, por ejemplo. Respecto a temas valóricos, institucionalmente no vamos a tomar una posición, ya que ellos son materia propia de la conciencia de cada persona. Queremos abordar temáticas como las redes sociales y la sociedad civil, discutir sobre políticas universitarias con distintos grupos de representantes estudiantiles y hacer una evaluación de los 25 años de la transición.

-¿La idea es que LyD no sea asociado a un centro de estudios de derecha?
-(LL): Nosotros tenemos nuestras ideas, que son las de centroderecha, pero queremos dar pie a discusiones con pensamientos distintos a los nuestros.
-Lucía Santa Cruz (LSC): Si uno cree en una sociedad donde la libertad es importante, el pluralismo es un sine qua non. Tenemos pensado hacer un ciclo de cine sobre “libertad, dignidad humana y coerción” con Héctor Soto, traer a psicoanalistas, generar discusiones. El año pasado realizamos un ciclo bien interesante de las ideas de la derecha en Chile con historiadores.

 

El avestruz

-¿Cómo ven al país hoy?
-LL: Nosotros tenemos una mirada bastante crítica a este gobierno de la Concertación, antes de que empezara y sobre la base de su programa, fuimos críticos, incluso Lucía sufrió un cierto bullying…

-¿Cuando dijo que el programa de Bachelet era “el primer escalón en el establecimiento del socialismo en Chile?
-LL: Claro, y como es habitual en la manera de enfrentar las cosas en la derecha, mucha gente no creyó en esto y dijo “noo, éste es un gobierno más de los muchos que hemos tenido”. Y la verdad es que el Gobierno pareciera estar empeñado en una transformación bastante radical de la sociedad chilena, en el sentido de introducir mucho más al Estado en las decisiones, tanto en materia educacional, económica, etc. Ello, aparentemente con la intención de llevar a cabo el programa casi con independencia del apoyo que éste pueda tener en la población.

-¿Es malo hacer cambios radicales?
-LSC: Hay dos cosas que son negativas. Una, es la increíble ceguera de la derecha para entender las consecuencias que tienen las ideas. Aquí hubo una política del avestruz completa respecto del programa de Michelle Bachelet y la mayoría de las personas de derecha creyó que no lo iba a aplicar. En el análisis que hice del programa, dije que había un intento por reconstruir la política, economía y sociedad a partir de una idea, que es la igualdad. Eso tiene muchos problemas, porque en una sociedad pluralista, los seres humanos aspiran a muchas cosas, una de ellas puede ser la igualdad, pero también está la libertad. En segundo lugar, la esencia de la democracia liberal es que la política no es la imposición de un documento al cual uno adhiere como dogma de fe y lo impone a como dé lugar. La política son propuestas que hay que discutir. El concepto de la Nueva Mayoría es en cierto modo totalitario, porque implica que las mayorías no varían y resulta que son esencialmente mutables. Eso lo estamos viendo: un Gobierno que partió con un apoyo enorme (superior al 60%) que hoy está reducido a la mitad. Nadie debe sentirse tan poseedor de la representación de la mayoría que pueda imponer la totalidad de su pensamiento.

-¿Cree que en este Gobierno ha habido soberbia?
LSC: Pero tremenda. Es implícito a la idea de un programa como una Biblia que se impone como un dogma de fe, la arrogancia de creer que se tiene la verdad absoluta.

-La presidenta ha dicho en varias oportunidades que ella no va a transar en las ideas de su programa. ¿Hasta cuánto de su capital político estaría dispuesta a arriesgar, a su juicio?
-LSC: Todo lo que sea necesario. ¿Qué es lo que pierde? Ella está convencida de que tiene una misión histórica, que es cambiar todas las instituciones fundamentales que han conformado lo que Carlos Peña llama “la modernización capitalista de este país”, que le ha dado niveles de prosperidad e igualdad. No hay ningún país que haya conseguido el desarrollo y el bienestar a través del socialismo; pueden haber adquirido otros bienes, pero siempre a expensas de otros ámbitos de la libertad. Es importante que la gente tome nota de que el Gobierno no está dispuesto a transar y menos en el tema que para mí es el corazón de todo: la reforma educacional. La reforma tributaria eminentemente es reversible: viene otro Parlamento y la da vuelta. En educación, se está tratando de ponerle una bomba al sistema particular subvencionado, generando una desigualdad monstruosa entre el 7% más rico de este país –que puede ir a colegios con selección, con lucro y pago– y privando al resto de la población de esos derechos básicos que ellos usufructúan.
LL: Uno empieza a ver ciertas voces más lúcidas dentro de la antigua Concertación que empiezan a cuestionar estas cosas, reivindicar la democracia de los acuerdos y de los consensos como lo que es el ejercicio de la democracia. Creo que de verdad aquí se endiosó el programa y ahora estamos asistiendo a su derrumbe.

-Usted habla de un derrumbe del programa pero, por otro lado, vemos que los proyectos planteados, como la reforma tributaria y la educacional se van aprobando…
-LSC: Sí, así es.
-LL: Se va a hacer la reforma educacional tal cual como la quiere Michelle Bachelet, pero, a mi juicio, eso le va a hacer a ella y a la izquierda chilena un daño político permanente. Y por último, si llega a consolidar la reforma educacional, porque tiene las mayorías en el Congreso, la gente va a quedar resentida y va a haber una reivindicación legítima que la derecha tiene que tomar: devolverles a los padres el derecho a elegir el colegio de sus hijos.
LSC: He conversado con parlamentarios de la Nueva Mayoría que tienen mucho temor a que esto tenga una consecuencia electoral considerable, ya que están perdiendo el voto de la clase media. Se está creando un divorcio entre lo que esta nueva clase media emergente, pujante y aspiracional quiere y lo que el Gobierno le está ofreciendo.

-En términos sociales, está difícil leer las encuestas. Por un lado, la ciudadanía rechaza las reformas impulsadas por Bachelet pero, por otro, vemos figuras como Marco Enríquez-Ominami, partidario de profundizar reformas, que logra un gran apoyo…
LSC: El gran error es creer que cuando las personas valoran a un político, lo que están valorando son sus propuestas e ideas, que es lo que pasó con Bachelet. Hay un estudio en Inglaterra para dilucidar con qué identificaba a la gente a Tony Blair y de lo único que se acordaban es que había tenido un hijo en Downing Street, en la residencia oficial del Primer Ministro. ¿Crees que la gente que apoya a ME-O está a favor de una salida al mar para Bolivia?, o ¿están por reivindicar la figura de su padre, el fundador del MIR? Eso no es así. ME-O es encantador e inteligente, pero la gente lo apoya no por sus propuestas, como tampoco lo fue la adhesión a Michelle Bachelet.

 

La “derrota cultural” de la derecha

-Si hiciéramos una analogía con el fútbol, es que como que la pelota hubiera quedado dando bote. ¿Por qué la derecha no ha aprovechado de hacer el gol?
-LL: Todavía no termina el partido, estamos recién a 8 meses desde que empezó el gobierno. La derecha ahora tiene que hacer oposición.

-Se habla mucho de la derrota cultural de la derecha, que no ha logrado imponer sus ideas…
-LSC: Es bastante relativo, porque la derecha tuvo un tremendo triunfo –no en imponer las ideas porque éstas no se imponen– pero sí en persuadir a la Concertación respecto de las bondades de un sistema de democracia liberal representativa y de una economía de mercado. La encuesta CEP demuestra que todos los valores que subyacen a la idea de la libertad, de la autonomía de las personas, del emprendimiento personal, al valor del mérito para asignar los recursos están muy arraigados en el país. Lo que pasa es que la derecha, por otras razones, no ha sido capaz de interpretar ese sentido como un imperante que es muy afín a sus ideas. Es un error creer que la Nueva Mayoría está por los cambios y la derecha por la mantención del statu quo.

-¿Cuál es el relato que debiera ofrecer hoy la derecha?
LL: La centroderecha debe tener una idea sobre la base de que cada persona en el país debe tener oportunidades para desarrollar sus propios proyectos personales, familiares, sociales y que el protagonista de ese proceso sea la persona y no el Estado. La gente no quiere educación y salud estatal como única opción, quiere tener distintas alternativas, progresar y obtener más beneficios de este modelo que se ha llamado de “gobernación capitalista”, que con distintas variantes y más énfasis prevalece en todas partes del mundo.

-¿Qué pasaría si la centroderecha se ampliara y generara una coalición más amplia? ¿Podrían las ideas de Andrés Velasco representar al bloque o no?
-LSC: Hay muchas ideas de Andrés Velasco que sí representan a una parte de la centroderecha y hay otras que no tanto…
-LL: Son fenómenos políticos difíciles de manejar centralizadamente…
-LSC: Y que no se construyen desde arriba, sino que de forma espontánea desde abajo. Creo que ya se están dando ciertos acercamientos y con el cambio del sistema electoral, yo creo que se van a dar otros…
-LL: La derecha tiene que desarrollar más la cultura de coalición…

-¿Qué pasa con los liderazgos en la derecha? ¿Es necesario un cambio en las dirigencias de los partidos políticos?
LSC: Pienso que sí, pero siguiendo la analogía con el fútbol, tengo mucha confianza en la banca.
LL: Por ejemplo, en la reforma educacional ha surgido un grupo de parlamentarios que está haciendo un trabajo muy serio y que dan esperanza de que, efectivamente, tendremos una centroderecha más presente.

-¿El próximo gobierno podría ser de derecha o es difícil?
LSC: Hay un dicho que dice que una semana es muy larga en política, imagínate lo que son tres años.

-¿El gobierno de Sebastián Piñera quedará como una anécdota en la historia de Chile? Hay algunos que hablan de que fue el quinto gobierno de la Concertación…
LSC: Pero sin la Concertación (con la centroderecha) y con énfasis bien distintos.

-¿En qué se equivocó Piñera? Su gobierno no logró que la centroderecha siguiera en el poder.
-LL: En la centroderecha se la ha dado mucha importancia a la eficiencia en gobernar, incluso en el gobierno pasado, y también a la ciudadanía no solamente le importa que las cosas se hagan bien, sino conocer cuáles son las motivaciones de la derecha para estar en política.

 

El “déja vù” de la UP

-Desde la arena internacional, hay personas como Christine Lagarde que dicen que “Chile tiene vigorosa salud”, o Jeffrey Sachs que destacó la política educacional que está impulsando Bachelet. ¿No será desproporcionado estar viendo conspiraciones marxistas en el siglo XXI? ¿Volver a un déjà vu de la UP?
-LSC: Tú no tienes idea cómo la comunidad internacional aplaudía el gobierno de Allende. Yo vivía en Inglaterra en esa época y en los diarios ingleses se hablaba de la “nueva primavera de Praga”. A la comunidad internacional le fascinan los nuevos experimentos utópicos que buscan la perfección cuando no es a expensas de ellos mismos.

-Cuesta imaginar que el FMI esté aplaudiendo un experimento…
-LSC: No sé cuán a fondo la señora Lagarde ha estudiado la reforma tributaria…

-La directora del FMI insistió en que no creía que Chile calce en “la nueva mediocridad”…
LL: Lagarde es una funcionaria internacional y hay que mantener las buenas relaciones. En el caso de Jeffrey Sachs, después de escribir varios años sobre macroeconomía ha adoptado una postura francamente socialista, con un cuestionamiento a su país (Estados Unidos), el cual porfiadamente sigue siendo el que mejor resuelve las crisis económicas y que más crece. Lo que diga Sachs me tiene sin cuidado.

-¿Sienten el miedo que planteó Roberto Ampuero en la ENADE de que estemos volviendo a la UP?
-LSC: No, Chile tiene fortalezas hoy que no poseía el año 73, tiene instituciones, un sistema económico que ha sido exitoso –no es lo mismo arruinar éste que una economía que venía estancada desde hace muchos años– compromisos internacionales y el mundo ha cambiado, no estamos en la Guerra Fría (ver recuadro). A Ampuero lo entiendo desde su perspectiva, de hecho la generación nuestra que vivió la UP –y eso le pasa a la señora Ángela Jeria y me pasa a mí– dentro de la pérdida de la amistad cívica empieza a hacer paralelos…
-LL: Uno puede estar más o menos de acuerdo, pero tampoco corresponde hacer un matonaje como el que ha habido hacia Roberto Ampuero. Y es matonaje, porque le toca dos puntos muy sensibles a la izquierda chilena: el primero, es su supuesta superioridad en materia de derechos humanos y el segundo, que las ideas del gobierno de la Nueva Mayoría –que buscan solucionar todos los problemas de los chilenos en educación y salud a través del Estado– son las mismas que se derribaron con la caída del Muro de Berlín. •••

 

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Luis Larraín: “No voy a renunciar a la UC”

Luis-Larrain

El mal desempeño de la Universidad Católica y la crisis que atraviesa el club tiene en un mal pie al presidente de Cruzados. Incluso Fernando Casanova, un histórico dirigente del equipo, pidió en una carta su renuncia, la cual le entregó en forma personal en un almuerzo privado con otros históricos de la UC el pasado 16 de diciembre, como Alfonso Swett y Manuel Díaz de Valdés.

-Con tanta crítica a su gestión, ¿no ha pensado en renunciar a la presidencia del club?
-No, no lo he pensado. Tengo una responsabilidad que me dieron los accionistas de Cruzados y cuento con la confianza de ellos. Tuvimos un mal año en la Católica –no el peor de su historia– y confiamos en que se va a recuperar.

-¿Cuál es su responsabilidad en la crisis de la UC?
-Nuestra principal responsabilidad –y probablemente error– fue la elección del director técnico (Julio César Falcioni).

-¿Qué pretende hacer usted para revertir esta situación?
-Trabajar muy duro, conformar un cuerpo técnico y un plantel que nos asegure ser competitivos y tratar de cumplir los objetivos que uno siempre tiene en el fútbol: obtener títulos.

-¿Usted preside la Católica porque le pidieron o porque realmente le apasiona el fútbol?
-Voy desde hace 50 años al estadio casi todos los domingos, lo que pasa es que cuando los resultados son malos, uno no puede estar contento. Como presidente de Católica no lo estoy, así como ningún hincha lo está, pero por otro lado, como cruzados tenemos que levantarnos y en eso estamos.

-¿Se arrepiente de estar metido en esta especie de “zapato chino”?
-No, no me arrepiento, ésta es una historia que no ha terminado.

 

 

Lucía Santa Cruz y el acuerdo EE.UU-Cuba:  “Es un retroceso simbólico para el comunismo”

Lucia-Santa-Cruz

-¿Cómo cambia el mapa geopolítico con el acuerdo entre Estados Unidos y Cuba para restablecer las relaciones diplomáticas?
-Es prematuro predecir cambios geopolíticos importantes a partir del descongelamiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, y todo depende cómo evoluciona el proceso.

-En términos comerciales, la inversión y el comercio permanecerán estrictamente controlados…
Si bien es cierto que la revocación del embargo requiere ley y los republicanos han demostrado reticencias y franca oposición a esta medida acordada por Obama y Raúl Castro, existe un amplio margen de maniobra que permitirá, creo yo, avances de facto y graduales en la liberación económica de Cuba.

-¿Este anuncio es un retroceso para el comunismo? ¿Influirá en el sistema político de la isla?
-Lo que ha sucedido es una constatación algo tardía de que los embargos económicos no necesariamente llevan al derrumbe a los regímenes totalitarios ni son la vía mejor para lograr la libertad y la democracia para los pueblos sometidos a la dictadura. No creo que sea un retroceso significativo real para el comunismo, aunque sí lo es desde el punto de vista simbólico. Será una derrota sólo cuando Cuba logre una democracia representativa que resguarde y proteja los derechos de las personas y su libertad en todos los ámbitos, políticos, económicos, sociales, culturales, etc. Falta para ello.

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