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Hernán Larraín: “En la UDI ha primado la visión cortoplacista”

El diagnóstico es claro: su partido, la UDI, ha perdido liderazgo y la simpatía ciudadana porque no ha sido capaz de ofrecerle al electorado un proyecto de futuro. El senador alerta que se ha impuesto en la colectividad una mirada de corto plazo y electoralista y dice que no aprueba el estilo confrontacional por el que ha optado la oposición.

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Por Josefina Ríos
Fotos: Verónica Ortíz

Hernan-Larrain

A pesar de su gran cercanía con Jaime Guzmán, Hernán Larraín Fernández sólo se inscribió en la UDI en 1991, luego de que su fundador –y gran amigo– fue asesinado. Y si bien, durante estos 23 años de militancia ha sido presidente de la colectividad (entre 2006 y 2008) y senador por más de dos décadas, muchos ahí lo siguen apuntando como una “república independiente” dentro de un partido que suele ser bastante uniforme en sus opiniones.

Él, sin embargo, asegura compartir los valores centrales del gremialismo y su vocación por el mundo popular y la clase media. Con todo, reconoce que muchas veces se siente “predicando en el desierto”, ya que sus ideas no logran convencer ni penetrar en la colectividad dirigida por el diputado Ernesto Silva.

Dueño de un estilo conciliador, Larraín critica las últimas arremetidas contra el Gobierno protagonizadas por gente de su partido, como las duras palabras vertidas por Evelyn Matthei a diversos medios de prensa y el video #Yomerebelo que echó a correr la directiva UDI en las redes sociales. “Tengo la impresión de que eso es precisamente lo que los chilenos no quieren ver. Ellos quieren ver una oposición constructiva que ayude al Gobierno a solucionar sus problemas”, señala.

“Recuerdo cuando negociamos la Reforma Tributaria, Arenas daba los pasos sólo cuando tenía luz verde de la presidenta. Ella es la mayor responsable de lo que sucede en su administración”.

Para ello, llama a la oposición a construir un relato que entregue una alternativa distinta a la ciudadanía, porque a su juicio, es crucial que las fuerzas opositoras de una vez por todas se unan.

-De alguna manera, durante todos estos años usted ha sido una voz disonante dentro de este coro homogéneo que conocemos como UDI. ¿Se siente cómodo en el partido?
-Aunque a veces me siento predicando en el desierto, en general sí estoy cómodo porque creo que en la UDI hay un compromiso honesto con el mundo popular, con el mundo vulnerable, con la clase media. Al final del día, hay un ideario bastante social cristiano que son para mí ejes muy centrales de lo que pienso. Con Jaime Guzmán tuvimos mucha cercanía, no tanto quizás en cuestiones políticas donde también teníamos diferencias, pero sí coincidíamos en que detrás de las contingencias había un sentido de vida inspirado en valores cristianos que le daban sentido al actuar en el mundo público.

-¿Pero cuando usted dice que se siente predicando en el desierto, lo dice porque cree de alguna manera que esa idea de partido ideada por Jaime Guzmán se ha perdido?
-En parte me siento predicando en el desierto, porque en los últimos años no he logrado convencer a la UDI de ciertos caminos que yo creo que son los que debería tomar el partido.

-¿Cuáles por ejemplo?
-Hace más de un año, yo creía que era importante llegar a un acuerdo para cambiar el sistema electoral y no se hizo. Se perdió una oportunidad buena, donde existía una fórmula muy razonable. La UDI la desechó, y hoy sería casi un sueño lograr algo parecido. Pero la porfía y la mirada cortoplacista al final se impusieron. Lo mismo ocurrió con la reforma tributaria: cuando Sebastián Piñera siendo presidente plantea la idea de hacer una reforma tributaria, yo propuse hacer una reforma en serio. Claramente no una propuesta de 8.000 millones de dólares como la que tenemos ahora, pero tampoco una de 1.000 millones de dólares como estableció el gobierno pasado. Yo propuse una de 3.000 millones de dólares.

-¿Por qué la UDI se niega casi permanentemente a hacer reformas que afecten aunque sea un poco el statu quo?
-Las dificultades han estado en dos planos. El primero, es que en la UDI ha primado la visión cortoplacista y coyuntural. El sentimiento es que hoy estamos en la oposición y que a cada propuesta del Gobierno debe haber una respuesta dura y consistente, pero no veo que haya una oposición que construya ni genere alternativas.

-¿Y el segundo plano?
-Creo que a la UDI le pasó un poco lo que le sucedió a la Democracia Cristiana, en el sentido de que tuvo una crisis de crecimiento: llegó a ser muy grande con gran número de parlamentarios, alcaldes y concejales y mantener eso exige un trabajo muy fuerte para las reelecciones. Lamentablemente, el trabajo electoral siempre afecta la preservación de un proyecto político claro y con mirada de futuro. Así, la suma de estas dos cosas: cortoplacismo y visión electoralista –más que tener un proyecto y defenderlo– han hecho que la UDI se mantenga, pero que pierda liderazgo, votantes y la simpatía ciudadana, como lo demuestra la última encuesta CEP.

-¿La ausencia de figuras históricas de la UDI, como Andrés Chadwick o Pablo Longueira ha contribuido a profundizar la difícil situación por la que atraviesa el partido?
-Es claro que ellos lograron tener una tremenda visibilidad, pero el problema se origina hace ya algunos años. No sé si su ausencia ha afectado demasiado.

-¿O sea son ellos parte del problema que hoy vive la UDI?
-No digo que ellos hayan sido los responsables, pero el problema empieza en un momento dado en que logramos el mayor éxito electoral, es decir, el período que comienza con las elecciones municipales de 2008 y sigue con las parlamentarias de 2009. Ése fue el punto más alto, pero también ahí comienza la declinación. Ahora, por supuesto, que se siente su ausencia y yo los echo de menos en el Senado, porque teníamos una bancada muy potente. Hoy, los nuevos senadores están haciendo un esfuerzo y se han ido posicionando, pero hay una transición en la que obviamente uno echa de menos a figuras consolidadas, suma a Jovino Novoa y a la Evelyn Matthei, había un elenco muy notable.

-¿Estaba preparado Ernesto Silva para hacerse cargo del partido en un momento que a todas luces iba a ser difícil?
-Creo que sí. Ahora es cierto que le ha tocado bailar con la fea. En todo caso, pienso que el problema no es de personas. La directiva está haciendo un buen esfuerzo y han sido bien abiertos a prestar oreja. Sin embargo, todavía la contingencia tiene atrapada a la UDI y a la oposición en general y no hemos podido sentar cabeza y visibilizar un camino alternativo que convoque a todo el sector y sea capaz de definir líneas programáticas y proyectos.

-¿Cuánto ha afectado el caso Penta a la UDI en este proceso de definir un proyecto mirando hacia el futuro?
-No creo que sea un factor determinante. Es cierto que esto terminó golpeando más a la UDI que al resto del mundo político, a pesar de que son malos hábitos que lamentablemente existen en muchos sectores de la política hasta el día de hoy.

-Usted defendió públicamente a Carlos Alberto Délano y a Carlos Eugenio Lavín, ¿se arrepiente de haberlo hecho dado los antecedentes que se han conocido en el último tiempo?
-No. Aquí se les quiso condenar sin juicio previo y no me parece bien. Yo nunca dije que no habían cometido errores, ni tampoco quise interferir en un proceso judicial, pero me pareció que en ese momento era importante dar el testimonio sobre dos personas a quienes yo valoro mucho y a quienes considero muy serios y responsables. Si han cometido alguna equivocación, bueno, se deberán hacer cargo de ellas como ya lo están haciendo. De hecho, llegaron a un acuerdo con el SII y van a pagar. Y tampoco me arrepiento, porque son personas a las que les sigo teniendo confianza.

Pablo Longueira y Andrés Chadwick: “Es claro que ellos lograron tener una tremenda visibilidad, pero el problema (de la UDI) se origina hace ya algunos años. No sé si su ausencia ha afectado demasiado”.

-¿Ellos han colaborado financieramente en sus campañas?
-Los aportes reservados a mi campaña fueron hechos de esa manera, uno puede presumir que algunas personas que a uno lo conocen le pueden haber aportado plata, pero no sé finalmente quiénes lo habrán hecho.

 

Los rebelados

-¿Qué le parecen las últimos declaraciones de Evelyn Matthei? ¿Comparte sus críticas?
-Dijo algunas verdades: en un sistema presidencialista como el nuestro, los ministros son sólo fusibles y no los responsables últimos de las decisiones que se toman desde el Gobierno. Recuerdo cuando negociamos la reforma tributaria, Arenas daba los pasos sólo cuando tenía luz verde de la presidenta. Ella es la mayor responsable de lo que sucede en su administración, de la lentitud con que se ha manejado la agenda legislativa y del rechazo social que despiertan sus reformas. Comparto esa crítica con Evelyn Matthei, lo que no comparto –porque no es mi estilo– es el tono confrontacional que utiliza. Tengo la impresión de que eso es precisamente lo que los chilenos no quieren ver. Ellos quieren ver una oposición constructiva y colaboradora que ayude al gobierno a solucionar sus problemas.

-¿Por eso se restó de participar del video que hizo la UDI “rebelándose” contra el Gobierno?
-No, la verdad es que nadie me convidó a participar porque, según me dijeron, la idea era hacer varios videos donde irían participando distintas personas. En todo caso, me alegro que no me hayan pedido porque, como se lo dije a mis estimados amigos de la directiva, considero que ese video está muy mal hecho y al final el mensaje que transmite es negativo. Como ya he dicho, a ese video le falta relato y una mirada de futuro. Si persistimos en esta línea, seguiremos sin sintonizar con la gente.

-El video y las entrevistas a Matthei aparecieron casi simultáneamente, tanto que muchos lo interpretan como una arremetida concertada de la UDI para cerrar el año. ¿Hay una estrategia detrás de esto?
-Mi impresión, porque no tengo ningún antecedente, es que la irrupción de la Evelyn fue una cosa espontánea de ella. La directiva, por otro lado, está en una postura de transmitir que efectivamente existe una oposición, porque a rato se le critica a la Alianza que está desaparecida. Me parece bien que exista la voluntad de llenar ese vacío, pero no basta con ser reactivo, también se necesita ser proactivo y llevar la voz cantante en los temas y no sólo actuar a la zaga.

“A la UDI le pasó un poco lo que le sucedió a la DC, en el sentido de que tuvo una crisis de crecimiento: llegó a tener un gran número de parlamentarios, alcaldes y concejales y mantener eso exige un trabajo muy fuerte para las reelecciones”.

El relato de Larraín

Según Hernán Larraín, la UDI –y la oposición en general– ha abandonado ciertos principios e ideas, lo que finalmente se traduce en que la derecha se haya desdibujado. “Como sector, debemos recuperar el eje de la persona como centro de la sociedad y no el Estado, como promueve el mundo socialista. Debemos garantizarles a las personas el espacio de libertad que necesitan para desarrollarse en plenitud”, propone el senador por Linares como aspecto central del relato que debe ofrecer la Alianza a la ciudadanía. Pero rápidamente acota: “Eso no significa que el Estado no tenga un rol y que no sea urgente superar temas como las brechas de desigualdad que se viven en Chile. Por lo tanto, no basta con apelar a la mera libertad, porque la libertad sólo funciona en plenitud cuando convive con otros elementos, como la justicia y la igualdad de oportunidades. La clave de nuestro relato debiera ser la justicia en libertad”.

Por otro lado, Larraín insiste en volver a los orígenes populares de la UDI, entendiendo que ese mundo popular hoy se ha extendido a la clase media, la que no se siente en la actualidad interpretada ni respaldada por el Gobierno.

-El problema es que lo que reflejan las encuestas es que la clase media abandonó al Gobierno, pero tampoco ha emigrado hacia la oposición...
-Justamente, porque nosotros no hemos tenido un mensaje de esperanza para el mundo popular y la clase media.

-También ha planteado la idea de conformar un conglomerado amplio con todas las fuerzas opositoras. ¿Realmente cree que sea políticamente viable?
-Hoy, como están las cosas, suena muy difícil. Pero obviamente que es posible. Si al final no hay grandes diferencias de pensamiento.

-¿Estaría dispuesto a sumar a Fuerza Pública en este frente amplio de oposición?
-Primero, tenemos que hacer una alianza con todos los que no se sientan incorporados a la Nueva Mayoría y de ahí fijar un horizonte lo más amplio posible.

-Pero no digamos que en Fuerza Pública son muy pro Nueva Mayoría…
-No excluyo a nadie a priori. Lo que digo es ¿cuál es el mar?: todo lo que no sea Nueva Mayoría. En ese contexto, Fuerza Pública está con un pie en el Gobierno y con el otro fuera de él. Por eso esta definición le corresponde más a Fuerza Pública que a nosotros. Más allá de esto, aquí hay que hacer una coalición unitaria con todos estos sectores. Institucionalizada para poder dirimir las diferencias. No se supone que tenga que ser un coro que cante a una sola voz, pero es esencial poder tener una mirada unitaria en los temas importantes, como lo hizo la Concertación en sus orígenes.

-Por ahora, muchos en su sector miran a Andrés Velasco como su mejor carta. ¿Estaría dispuesto a apoyarlo en una eventual candidatura presidencial?  
-Nosotros tenemos que proyectar nuestros propios liderazgos. En RN aparecen figuras como Andrés Allamand, Manuel José Ossandón y, bueno, está Piñera. La UDI tiene que buscar los suyos.

-Evelyn Matthei era la mejor posicionada, pero en la última CEP aparece con un 52% de rechazo.
-Por eso es que hay que definir nuevos liderazgos que puedan asumir ese desafío y que sean representativos de este proyecto.

-En este sentido, figuras emergentes de la UDI como Ernesto Silva y Ena von Baer aparecen mal evaluados en la última encuesta CEP…
-Creo que eso sucede por falta de conocimiento, más que por un encono hacia ellos en particular. Cuesta mucho que la gente te conozca. Tampoco sabemos con qué criterio se mide a algunas personas y a otras no. •••

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Constitución: “La suma de los disparates”

-El Gobierno acaba de anunciar que dará prioridad en la agenda legislativa de 2015 al proyecto de nueva Constitución. ¿Cómo evalúa este anuncio?
-Es la suma de todos los disparates. Durante 2014, el Gobierno ha generado una tremenda incertidumbre e inestabilidad con las diferentes reformas que ha propuesto. Eso ha significado un frenazo en la economía y también inestabilidad institucional. Si a ese escenario le agregas el anuncio de que pretendes cambiar todas las reglas del juego constitucional y que, además, lo harás a través de una asamblea constituyente…

-Pero desde el Gobierno no han hablado de una asamblea constituyente.
-A ver, no se han atrevido a decirlo. Porque si dicen que no la harán, se les quiebra la Nueva Mayoría y si dicen que sí la harán, también se les quiebra.

-Siguiendo esa lógica no va a pasar mucho…
-Lo absurdo es que la presidenta se dio cuenta de que si a todos los cambios le agregaba la discusión de una nueva Constitución, se le generaba un conflicto enorme, más todavía si lo hacía a través de una asamblea constituyente y no por el Congreso. Por eso lo chuteó para más adelante. Lo inentendible es que decidiera volverlo a priorizar.  Con esto le están dando una señal al mundo de que en Chile la institucionalidad es mala y que por eso hay que cambiarla por una nueva.

-¿Usted cree innecesario cambiar la Constitución del 80?
-Es efectivo que su origen es en el 80, mientras gobernaba Pinochet, pero ha experimentado muchas reformas. Particularmente en 2005, después de un proceso de tres años hicimos una transformación total de esa Carta. El propio Ricardo Lagos, cuando en septiembre de ese año la promulgó, dijo que la “Constitución ya no es un factor que divide a los chilenos, sino que los une”. Hoy, ya nadie puede decir que ésta no es una Constitución enteramente democrática.

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