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Y la calidad, ¿cuándo?

Concentrada la reforma en el fin del lucro, la selección y el copago, poco se discute sobre el real problema de la educación en Chile: el bajo nivel de la enseñanza. Alumnos que en octavo básico no saben multiplicar, que no entienden lo que leen y que acumulan rezagos en su aprendizaje de dos años (y más), son parte del panorama. Se necesita una cirugía mayor en la sala de clases, coinciden los expertos.

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Por Catalina Allendes E.

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Tres de cada cuatro estudiantes de octavo básico de los colegios chilenos no tienen los conocimientos mínimos para su edad en matemáticas. Si hablamos de lenguaje, es menos de la mitad. Con cifras en mano, el Centro de Estudios de Políticas y Prácticas de Educación de la Universidad Católica (Ceppe) volvió a poner en el tapete la gravedad de lo que ocurre en las salas de clases nacionales.

El panorama es feroz. Y hay cierto consenso en su gravedad: sectores desde la UDI al PS –incluyendo también a la Iglesia Católica– han criticado que la reforma haya partido al revés, sin poner el foco en lo que sucede en la sala de clases. En plena discusión parlamentaria sobre el proyecto del Gobierno, que algunos describen como revolucionario, no existe un diagnóstico oficial acerca de la calidad de las 12.174 escuelas, colegios y liceos que hay en el país.

La promesa es que a fin de año se conozca el primer informe de la debutante Agencia de Calidad de la Educación, el ente que se creó durante el anterior gobierno de Michelle Bachelet, que le pondrá nota a cada uno de los colegios del país. Recién ahí habrá una mayor claridad acerca de las mejoras que debe hacer cada establecimiento, pues el informe irá acompañado con un plan de mejoramiento (ver recuadro).

Mientras, y sin desconocer que ha habido avances, sostenedores, profesores y expertos no entienden la pasividad con que, más allá del discurso, se ha enfrentado el desafío de mejorar la calidad de los aprendizajes de los niños y jóvenes. En Educación 2020 van más lejos y plantean que si se trata de ser rigurosos, una gran mayoría de colegios lisa y llanamente estarían en desacato, pues la Ley General de Educación de 2009 establece claramente los principios que se deben seguir, y que hoy, muy pocos logran. “Si se penara este incumplimiento, habría que meter a muchos colegios a la cárcel”, advierte su directora ejecutiva, Mirentxu Anaya. O mirado de otro modo, el Estado chileno podría arriesgar demandas colectivas por incapacidad de hacer cumplir lo que promete.

“La educación debe estar al alcance de todas las personas a lo largo de toda la vida”; “todos los alumnos, independientemente de sus condiciones y circunstancias, deben alcanzar los objetivos generales y los estándares de aprendizaje que se definan en la forma que establezca la ley”; “todos los estudiantes deben tener las mismas oportunidades de recibir una educación de calidad”, son algunos de los aspectos que considera la normativa.

Poco y nada de eso se cumple hoy. El 10% más bueno de los colegios de Chile, es decir los mejores, ni se asoma a tener resultados como los del 10% más malo de Shangai, nos vino a decir un experto de la OCDE el mes pasado. En una palabra, reprobados.

 

Acentos mal puestos

El fin al lucro, selección y copago en que se ha centrado la reforma educacional hasta hoy, tienen que ver con la institucionalidad del sistema, con su arquitectura, como lo definen oficialmente. En La Moneda se defienden diciendo que sin esos tres elementos, difícilmente se puede avanzar hacia la calidad.

Desde la perspectiva de la administración Bachelet es clave partir por asegurar que las platas destinadas a educación se inviertan en ella y que los recursos no queden en el bolsillo de los sostenedores, por muy bien que lo hagan. Claro que tampoco existen cifras, al menos públicas, de cuánto es lo que se “fuga” como excedentes para sostenedores de colegios. “Hace rato venimos pidiendo ese dato, pero no existe”, alega Anaya de Educación 2020.

El fin a la selección y el copago, sostienen en el Gobierno, apuntan a terminar con la segregación actual de la educación en Chile. Sólo con esos principios resueltos, dicen, puede comenzar la discusión de los proyectos de ley del “segundo tiempo”: carrera docente y desmunicipalización, ambos comprometidos para ser enviados antes de fin de año.

Hay consenso que parte central de la reforma a la educación pasa por mejorar la calidad de los profesores, pero como eso tardará varios años, la pregunta es qué se hace con los niños que hoy están en las salas de clases y no están aprendiendo lo que deben. Para no pocos analistas, los alumnos reciben una enseñanza del siglo XIX, cuando necesitan una para el siglo XXI.

Un dato que reafirma esta idea es que la educación en Chile no se ha hecho cargo del nuevo mundo transformado por las tecnologías y la globalización. “Estamos frente a una generación muy distinta a las anteriores y seguimos enseñando lo mismo y de igual manera”, resume Mirentxu Anaya.

No sólo tenemos profesores que no dominan los contenidos, porque son hijos de esta misma educación que no logra cumplir con aprendizajes mínimos, sino que además, en su gran mayoría, no han sido entrenados por las universidades para enseñar a gestionar la información, a reflexionar y a provocar que los niños se interesen por el conocimiento.

“El problema está en cómo los profesores presentan los contenidos y desafían a sus alumnos a apropiarse de ellos. Falta que los docentes jerarquicen contenidos y mediante ellos generen las habilidades y competencias para pensar más creativamente, de manera más divergente y más amplia”, sostiene la profesora y consejera de la Agencia de la Calidad, Luz María Budge. No tiene dudas de que lo que se enseña hoy se hace “memorísticamente, descontextualizado, de manera episódica y, por tanto, se olvida rápidamente sin lograr darle sentido”.

Por lo demás, plantea Alejandra Candia, directora del Programa Social del Instituto Libertad y Desarrollo (LyD) “existen rigideces que impiden que nuestros docentes dediquen el tiempo necesario fuera de aula para preparar y planificar sus clases y que permitan a los sostenedores tomar decisiones que beneficien a su comunidad educativa”.

Nada de lo anterior tiene que ver ni con recursos ni con carrera docente, explican, sino que con saber guiar a los profesores hacia el único fin, que son los aprendizajes. Por algo los colegios que tienen un director competente y el foco centrado en que los alumnos aprendan, logran mejoras. Un estudio del CIAE de la Universidad de Chile sentenció que en las actuales condiciones, un 41,2% de los colegios logró mejorar sus desempeños entre los años 2002 y 2010.

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Poda al currículum

Según la investigadora del Ceppe de la Universidad Católica, Magdalena Claro, los colegios enfrentan un currículum absolutamente sobrecargado para los distintos niveles de enseñanza: “Los profesores se quejan de que no tienen tiempo para pasar toda la materia que exige el Ministerio de Educación. La tendencia en el mundo es a simplificar los contenidos, a enfatizar lo importante y dejar tiempo para aplicar y pensar”.

El director ejecutivo de la Fundación Belén Educa, Juan Enrique Guarachi, que tiene la experiencia de comandar doce colegios de excelencia en sectores vulnerables, lo plantea de este modo: “Qué sacamos con vivir una carrera desenfrenada por cumplir un currículum, cuando tengo un 60% de niños que se quedan atrás, que no entienden lo que leen. Si los niños no saben las tablas de multiplicar, qué sacas con haber cumplido con el currículum y pasar a las ecuaciones o las potencias”.

“Todos los educadores, partiendo por el Estado, debemos ser capaces de reconocer que la nivelación tiene un proceso, que más vale que vayamos más lento, pero que aseguremos los aprendizajes. Lo que no significa restar exigencia, sino tener la certeza de que los niños aprendan”, añade.

En Educación 2020 creen que se trata de sincerar lo que ocurre: “Hay que hacer un PARE: los colegios tienen que plantearse la necesidad de decir hasta cuándo seguimos fingiendo y haciendo pasar de curso a niños que no están entendiendo lo que leen, que no saben desarrollar problemas matemáticos simples y que, además, se aburren en la sala. Porque todo esto tiene impacto en otras variables como el nivel de concentración en la sala o la deserción escolar”, sostiene Mirentxu Anaya.

Carlos Henríquez, de la Agencia de la Calidad, sentencia que el objetivo no debiera ser cambiar los currículum, sino que los niños entiendan lo que se les enseña. Que sepan resolver problemas. La piedra de tope es que en muchas escuelas no hay quién ordene y organice el sistema para que los contenidos apunten a desarrollar las habilidades y aptitudes de los niños, y no sólo a memorizar.

“Ha habido sucesivas reformas y es importante tener lapsos de estabilidad para que los colegios se familiaricen con los ajustes”, dice Luz María Budge. Sylvia Eyzaguirre, del CEP, agrega que donde se dan los mayores problemas curriculares es en enseñanza media y técnico profesional, donde se requiere entregar más libertad a los estudiantes que puedan elegir asignaturas para profundizar en sus intereses y desarrollar conocimientos más críticos.

 

Lo que pasa en la sala

“No tengo dudas de que adicionalmente a la actual reforma, hay que trabajar para alinear todos los instrumentos y herramientas que existen en el país en la dirección de mejorar el desempeño de los colegios”, subraya Carlos Henríquez de la Agencia de Calidad. “Nos falta más observación de clases, más pensamiento crítico a la hora de planificar. La información hoy está al alcance de la mano, por lo tanto el profesor trasciende al dato, debe lograr que los alumnos organicen su pensamiento y alcancen un desarrollo de pensamiento mayor”, dice Luz María Budge.

“Hay niños que no están aprendiendo y que hay que apoyarlos ahora y da la sensación de que el ministerio está desbordado y que es difícil que pueda tomar medidas”, afirma la investigadora Sylvia Eyzaguirre, y pone énfasis en la necesidad no sólo de enseñar bien los contenidos, sino que en las habilidades para resolver problemas de forma creativa.

“No basta con tener todos los datos, sino que lo importante es qué haces tú con ellos, cómo los aplicas en el día a día. Estamos débiles en conocimientos y aún más en estos otros indicadores, que ni siquiera estamos midiendo. La evidencia muestra que las habilidades blandas son súper importantes para el éxito futuro de los estudiantes y tiene que ver con responsabilidad, empatía, saber trabajar en grupo. Eso también debe ser tarea de los colegios”, agrega.

Otro cuello de botella es que quienes enseñan también recibieron una formación que no se hace cargo de los nuevos tiempos. “A los pobres profesores que salen de las universidades con muy pocas herramientas para abordar la gigantesca tarea de educar, los ponen frente a una sala de clases y los abandonan, no sé cómo sobreviven… bueno en la práctica ahí están los resultados. No hay acompañamiento, no tienen a nadie que les diga cómo hacer las cosas en la sala, cómo normalizar, cómo cautivar a los niños y que no se produzca un desmadre”, plantea Juan Enrique Guarachi.

Falta, según varios observadores, una agenda común enfocada a la calidad. “Queremos que se empiecen a coordinar y desplegar los distintos instrumentos de mejoras, lo que quiere decir que una vez que tengamos los planes de mejoramiento para todos los colegios, los recursos de las instituciones públicas y privadas que se destinen a educación se ordenen al alero del diagnóstico integral que tendremos a partir de fin de año”, anticipa Carlos Henríquez de la Agencia de Calidad.

 

Cómo manejar la diversidad

El sistema educacional chileno plantea la educación desde un currículum común para todos los alumnos de la sala de clase, que en la práctica se traduce en que a todos se les enseña al mismo ritmo, muy distinto a lo que ocurre, por ejemplo, en Finlandia, donde existe un currículum individualizado y se apoya a los niños de acuerdo a su nivel de progreso, asegurando un piso mínimo de aprendizaje para todos.

“Nuestro sistema genera lagunas, porque favorece pasar de curso independiente de cuánto contenido se domine de manera esencial. Como concepto, no existen reforzamientos después de clases ni trabajo individual con cada niño”, advierte Magdalena Claro del Ceppe.

De aprobarse la actual reforma, que pone fin al copago y la selección, la heterogeneidad de las clases va a aumentar y con ello también la dificultad de enseñar de los profesores. Por eso, sostiene Mirentxu Anaya, es clave que los cambios propuestos lleguen también a las escuelas de pedagogía, “para que les enseñen a los docentes a hacerse cargo de la diversidad en la sala”.

“Al eliminar la selección y el copago, el Gobierno está impulsando educar en la diversidad y está diciendo: queremos un mundo integrado. Pero antes debe proveer las herramientas para que eso ocurra de buena manera, porque si mezclas a todos los alumnos sin profesor que pueda mediar esa interacción, puede tener efectos no deseados”, señala la directora ejecutiva de Educación 2020.

 

Los olvidados

No hay experto que no advierta que la reforma educacional va a quedar coja, si es que no se le mete más cabeza, tiempo y recursos a la educación parvularia y la técnico profesional. De esta última egresan más de 300 mil jóvenes al año, que representan el 44% de los alumnos que están en enseñanza media.

A juicio de los expertos, es la educación técnico profesional la más postergada del debate. El 48% de los profesores de esos jóvenes no se ha titulado de Pedagogía. “Los centros técnico profesionales necesitan modernizarse, que los alumnos adquieran los conocimientos que el mercado necesita. Muchas de las empresas que trabajan con estos jóvenes dicen que llegan sabiendo poco, que les enseñan con tecnologías obsoletas. Ahí se requiere urgente una actualización de las mallas curriculares y centrarse en las demandas que tiene el mercado”, advierte Sylvia Eyzaguirre del CEP.

La experta del LyD, Alejandra Candia, sostiene que el gobierno pasado avanzó en modernizar las mallas curriculares de la educación técnico profesional y habría que “conocer los resultados de la implementación de estos cambios antes de embarcarse en otros”. Para empeorar las cosas, es en el sector técnico profesional donde se da la mayor deserción: 60 mil jóvenes al año. Un número que da vergüenza si nos comparamos con otros países de la OCDE.

Aquí, dice Anaya, se trata de gestionar bien lo que hay, se requiere un trabajo en red con las empresas y para eso se necesitan directores preparados, que tengan un perfil específico para educar en los temas técnicos y también en las llamadas habilidades blandas, que son vitales para adaptarse a las exigencias laborales siempre cambiantes. Donde el debe de la cuenta educacional es incluso más alto que en los contenidos. Tarea para la casa. •••

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El gran examen

Primero, como marcha blanca, en forma privada y sólo a los colegios de educación básica. Así debutará con sus informes la Agencia de Calidad a fines de este año. Más de cien investigadores están trabajando en los informes de la primera evaluación oficial que dividirá a todos los colegios de Chile en cinco categorías según a su desempeño: desde Alto a Insuficiente.

Para cada uno de ellos, de acuerdo a sus necesidades se propondrá un plan de mejoramiento y acompañamiento para ser cumplido en 2015. El plan trazado es que en 2016 los resultados sean públicos y a partir de ahí, los colegios tendrán un período máximo de cinco años para movilizar los conocimientos de sus alumnos. Si no cumplen, arriesgan cierre, como señala la ley.

La Agencia de Calidad entregará resultados por colegio cada fin de año. Por primera vez no se tratará únicamente de Simce, pues esa medición tendrá una injerencia sólo de un 67%; el otro 33% corresponderá a variables como autoestima y motivación escolar, alimentación saludable, equidad de género, asistencia y retención escolar, además de titulación técnico profesional. Cuestiones que, hasta ahora, jamás habían sido medidas en Chile.

“Éste es un desafío tremendo, que no se hace de un día para otro, es de gran aliento, pero hay que hacer sinergias, tener conciencia de que es una tarea de todos. Todos los recursos deberán alinearse en función del diagnóstico que se haga de cada escuela”, explica el secretario ejecutivo de la Agencia, Carlos Henríquez.

“El desafío es movilizar a las comunidades educativas para que entiendan que el tema de la calidad no pasa por tener más leyes, sino que por que todos los que trabajan en educación, incluso los padres, sean parte del mejoramiento y se hagan cargo”, concluye.

 

Menos evaluación, pero mejor

Un exceso de evaluaciones Simce es una de las principales quejas de expertos y sostenedores. Y no porque rechacen ser evaluados, sino porque ha sido tanta la proliferación de este tipo de pruebas que se han convertido prácticamente en una asignatura más para entrenar niños, en las respuestas.

“Creemos en la evaluación, pero esta no puede ser un fin en sí mismo”, reconoce Carlos Henríquez de la Agencia de Calidad. La subsecretaria de Educación, Valentina Quiroga, lidera una comisión de expertos que en enero debe entregar resultados que apuntan precisamente a un plan de ajuste en estas mediciones.

Como adelanta Henríquez, el objetivo es tener un menor número de evaluaciones, pero más equilibradas y, lo que es clave, que vayan de la mano de remediales y herramientas que apunten a mejorar los aspectos más descendidos.

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  • Gabriel Araya

    Si no cumplías los estándares en una asignatura en la Universidad, reprobabas. Pero en la Educación Básica y Media no pasa eso. ¿Te gustaría ser profesor de Matemática de 8º Básico y tener un grupo de estudiantes que nunca logró los estándares mínimos? ¿Por qué si tienen los recursos y las herramientas para hacerlo, nunca se han enfocado a estudiar o investigar el sistema de evaluación? ¿No es parte del sistema educacional acaso?

  • Paula

    ¿Por qué seguimos comparando con otros países, con otros procesos, con otra historia, con otra cultura? ¿Por qué no mejoramos lo que tenemos con propuestas claras como la demanda de los docentes? ¿Por qué no comparan con los resultados de hace una década? Más apoyo a los profesores por favor!

  • Daniela Wallffiguer

    la calidad educativa terminará cuando los sostenedores de colegios dejen de contratar personal funcional y dejen actuar a los profesores de calidad, dejen de contratar a profesores con formación deficiente y se la jueguen por profesores con autonomía y de excelente formación de universidades tradicionales. asi, si administran un colegio sin el miedo a perder dineros por subvención y comienzan a inyectar ese recurso en la calidad, inmediatamente los colegios y directivos apuntarán a retener profesores de calidad que enseñen con calidad. la subvencion escolar deberá ser por matricula y no por asistencia.

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