Poder

Gutenberg Martínez: “El populismo ya está presente”

El ex presidente de la DC habla de la necesidad de superar los eslóganes para darle mayor peso al debate. Además, dice que la herida por el impasse con el embajador Contreras está lejos de haber cicatrizado.

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Por Marcelo Soto
Fotos: Verónica Ortíz

Gutenberg-Martinez

Gutenberg Martínez venía llegando de su luna de miel con Soledad Alvear cuando lo pilló el golpe. Aunque como miembro de la JDC suscribió una condena al quiebre institucional, sentía que la polarización que vivía el país durante la UP desataría una guerra civil. Dice que en su entorno sufrieron la violencia incluso antes del 11 de septiembre –con intentos de secuestros y golpizas, por parte de sectores ultras de izquierda–, pero que todavía no es el momento de contar esa verdad. Su verdad.

Por ahora se declara tranquilo, como obediente militante de un partido que apoya al gobierno de Michelle Bachelet, pero no es difícil advertir que hay cosas que no le gustan de la Nueva Mayoría, a la que no le pronostica una vida demasiado larga. Ve con preocupación la fuerza que han logrado sectores que define como chavistas o nostálgicos de los 60: los retro, como los llama.

“No sólo por la retroexcavadora, sino por mirar hacia atrás”, explica.

Este representante de la vieja Concertación lleva décadas dedicado a la política, aunque dice no ser un político profesional. “La política chilena está demasiado estatizada, hay muchos políticos profesionales que dependen del Estado. Yo siempre he tratado de demostrar que se puede estar activo en la sociedad y a la vez en la política. Eso te permite mantener contacto con el mundo real, no perder esa necesaria dosis de realismo. Por lo mismo he ejercido como abogado y ahora como rector de la Universidad Miguel de Cervantes”, explica.

“El caso del embajador ha sido un tema muy fuerte para nosotros... se sigue discutiendo en nuestro interior y en las evaluaciones sobre lo que eso implica e implicará en nuestra relación con el gobierno”.

Martínez confiesa que como rector gana 2 millones 600 mil pesos. “Ningún rector en Chile gana eso. Pero en nuestra universidad, donde el 75% de nuestros alumnos son trabajadores que estudian o que deben trabajar para poder estudiar, buscamos que las diferencias entre el mayor sueldo y el más bajo sean las menores posibles. Disminuir esa brecha es algo que las empresas chilenas deberían impulsar seriamente”.

El ex diputado –presidió la Cámara entre 1996 y 1999– lleva un tiempo retirado de la política de trinchera, pero no ha dejado de influir ni de opinar. En esta entrevista, plantea la necesidad de un nuevo acuerdo nacional, para superar la escasa densidad en que ha caído el debate y recuperar la senda de crecimiento con equidad, que a su juicio hizo de la transición chilena un modelo en el mundo.

-Sinceramente, ¿se siente cómodo en la Nueva Mayoría, se siente feliz?
-(Risas) La política no se mide por eso. La felicidad es un concepto que se discute en la filosofía política, pero de ahí a discutirlo en la política práctica es bastante utópico. Uno se puede sentir tranquilo con estar cumpliendo con lo que estima que debe hacer a partir de sus inspiraciones. Yo soy parte de la DC y la DC es parte de la Nueva Mayoría, y en esa lógica es lo que me corresponde ser.

-¿Cuánto futuro tiene la sociedad DC-PC si en siete meses de gobierno ya ha habido varias escaramuzas?
-No me gusta la política contingente... Sobre la Nueva Mayoría he dicho lo que es, no lo que quisiera que sea. Como está definido en el escrito suscrito por los partidos, es un acuerdo político programático para respaldar el gobierno de la presidenta Bachelet. Eso es.

-O sea, no le ve más futuro que estos 4 años.
-Estoy diciendo lo que es.

-¿Quedó herida casi fatalmente la relación de su partido con la presidenta Bachelet después del impasse por el embajador Contreras?
-Ha sido un tema muy fuerte para nosotros. Lo que se dijo suponía una acusación política demasiado dura y es un tema que para nosotros sigue estando presente. Y que en todo caso, se sigue discutiendo en nuestro interior y en las evaluaciones sobre lo que eso implica e implicará en nuestra relación con el gobierno.

-¿Qué responde a sus aliados que promueven la necesidad de refundar el modelo, de echar abajo el sistema neoliberal?
-Yo estoy entre los que decimos que lo que hicimos en los gobiernos de la Concertación fue cambiar el sistema neoliberal que vivía el país a partir del gobierno militar y de derecha de Pinochet. Nosotros implementamos todo un cambio de aquello por algo que va más en la línea del crecimiento con equidad, que está en el marco de lo que es una economía social y ecológica de mercado. No reconozco que hayamos construido o continuado un modelo neoliberal. No fue así ni en nuestras políticas públicas, ni respecto al mercado, ni respecto a nuestra apertura internacional, etc. Sería largo enumerar las razones, pero es una afirmación taxativa: no somos continuadores del modelo neoliberal de la dictadura.

-Pero escuchando algunas declaraciones, incluso de ex ministros de la Concertación, pareciera que se arrepienten o reniegan de ese pasado.
-Está claro que existe una onda retro. Es decir, la onda retroexcavadora o retro fundacional con nostalgia de los 60, es eso: una tendencia que no reconoce lo que son los avances históricos del país, y yo no la comparto. Lo que estamos haciendo en Chile es un proceso de reformas que supone el cumplimiento de etapas sucesivas encadenadas entre sí, que se sustentan las unas respecto de las otras. Lo que hoy día pueda hacer este Gobierno se sustenta en lo que hizo el gobierno anterior de Bachelet, y en lo que hicieron los de Lagos, Frei y Aylwin. Aquí no hay una lógica refundacional, sino una lógica de proceso de reforma en etapas. Es evidente que esas dos líneas conviven dentro de la NM y también se dan en las políticas de gobierno.

-¿Hay dos bandos o almas que se contraponen?
-Hay dos líneas. Eso se notó al comienzo del Gobierno, cuando surgió una línea que más bien negaba la posibilidad del diálogo, no valoraba la presenciaba del resto, y eso significó lo que significó en materia tributaria. En una primera fase se negaba la posibilidad de hacer aportes desde dentro de la NM y desde fuera. También en lo educacional. Después, el tiempo ha hecho retomar en buena medida lo que ha sido la línea de la Concertación sobre la materia.

-¿Cómo valora la gestión de Alberto Arenas, de quien se dice que ha perdido la confianza del mundo privado?
-Yo no opino sobre temas personales. Creo que necesitamos relevar y darle más fuerza y preocupación al tema de la economía. Necesitamos evaluar las políticas públicas, la eficiencia en lo que hacemos con el gasto estatal; necesitamos una reactivación que nos permita superar las bajísimas proyecciones de crecimiento. Faltan decisiones en el ámbito económico social que tenemos que afrontar.

“No creo que la bancada estudiantil sea la voz de todos los estudiantes. Los movimientos estudiantiles tienen hoy vanguardias en su dirección que no siempre poseen un origen democrático en su generación”.

-¿Echa de menos decisión política, como dijo Lagos?
-La intervención del presidente Lagos fue muy oportuna, muy rica y muy veraz.

-En ese sentido, ¿sería positivo un cambio de gabinete?
-Somos todos humanos, todos podemos cometer errores, y una buena administración supone una evaluación periódica. En gobiernos de cuatro años, la necesidad de que esas evaluaciones se hagan al comienzo es muy relevante, porque si se van haciendo al final simplemente no logran enmendar los eventuales errores que se han cometido.

-¿Cree que hay un riesgo de girar hacia el populismo?
-El populismo ya lo vivimos. A veces, en la discusión se siente presente un grado transversal de populismo, porque cuando no hay visiones de mediano y largo plazo, cuando no hay consistencia en formulaciones políticas que respondan a esas visiones, lo que se impone son visiones coyunturales. Hacer un seguidismo de lo que supuestamente es “la opinión de la gente” es una deformación de la política, y eso tiene contaminaciones populistas evidentes. Chile ya vive desde hace algunos años ese riesgo y el populismo ya está presente en nuestra realidad. Por lo mismo, es muy importante darle densidad al debate.

-¿Va a tener la DC un candidato presidencial 2017?
-Yo creo que debiera tenerlo y lo más pronto posible.

-¿Se debería definir ya un mecanismo para definir un candidato?
-Sí.

-¿Y cuál sería su candidato?
-No tengo ninguno. Lo que me interesa es el bien común, que haya un candidato de la DC. Que podamos colocarnos todos detrás de él y potenciarlo debidamente.

-¿Estaría dispuesto a apoyar a otro PS, como Isabel Allende?
-Aprecio a Isabel, pero lo que estoy buscando es un candidato DC.

-Si fuera ME-O o Velasco, ¿se sentiría cómodo votando por uno de ellos?
-No me gusta la contingencia, ya he dicho lo que tenía decir. Pero me parece natural que entre miembros de la Nueva Mayoría haya relaciones y acercamientos.

 

Desesperadamente buscando un acuerdo

-¿Debe haber un acuerdo transversal para luchar contra la desigualdad (en temas de educación, salud, pensiones), tal como hay una agenda pro crecimiento?
-Eso es lo que creo. Uno de los problemas que yo veo es que se está perdiendo un consenso de país sobre temas centrales. Al inicio de la transición y durante los primeros gobiernos de la Concertación, ese consenso estaba muy patente, se distinguía entre lo que eran acuerdos de Estado y lo que podían ser las diferencias políticas o programáticas. En el último tiempo, eso se ha esfumado.

-El propio ministro Peñailillo dijo que la era de los consensos se había acabado.
-Es una mala frase, porque la base para que una sociedad funcione bien es que tenga consensos básicos. No se puede relativizar el concepto de democracia, por ejemplo. En Chile ya vivimos lo que significó cuando se relativizó, por unos y otros. Tampoco se puede relativizar el concepto de derechos humanos. No puede haber doble estándar sobre estos dos conceptos básicos: democracia y DD.HH. Sería importante situar a nivel de consenso país el tema de la necesidad del crecimiento y la equidad.

-¿Por qué en sectores como la bancada estudiantil se ha desprestigiado la búsqueda de acuerdos, como si fuera algo nefasto para la democracia?
-No creo que ellos sean la voz de todos los estudiantes. Los movimientos estudiantiles tienen hoy día vanguardias en su dirección, que no siempre poseen un origen democrático en su generación. Hay una visión contestataria en algunos, pero que no representa lo que es el parecer de la juventud chilena y menos de la sociedad como tal. Los chilenos buscan mejorar las condiciones del país en democracia, dirimiendo democráticamente los desacuerdos, pero en el entendido que no se trata de pelear todo, y de contrariar todo.

-¿Se necesita una juventud política renovada?
-El ideal socialcristiano tiene que hacerse presente con más fuerza en el movimiento estudiantil, porque se genera una confusión: pareciera que la discusión estudiantil está situada solo entre quienes están más a la izquierda y aún más a la izquierda.

-De acuerdo a algunos estudios, los primeros en hablar contra el lucro fueron los grupos anarcos; eso se expandió y generalizó a otros sectores de izquierda. ¿Cómo se transformó en la representación del mal?
-Por falta de densidad en la discusión política nacional. Se ha caído en un cierto pragmatismo de seguimiento de lo que se entiende que es la opinión pública o la voz de la calle. Falta una mayor tarea de conducción. Si uno no define lo que es el lucro mal habido, si a final de cuentas prohíbe toda legítima retribución por el trabajo o el emprendimiento, lo que está diciendo es que la sociedad debiera moverse a través del Estado o la filantropía. Y sería desconocer algo que es parte de la actividad humana. No cabe ninguna duda que la creación de riqueza es una necesidad para que las sociedades avancen.

“Se ha caído en un cierto pragmatismo de seguimiento de lo que se entiende que es la opinión pública o la voz de la calle. Falta una mayor tarea de conducción”.

-¿Qué piensa del lucro en educación?
-El tema educacional yo lo enfoco a partir de mi inspiración humanista cristiana. Para nosotros la centralidad está en la persona, lo más importante es qué pasa con los estudiantes, con los docentes, y con las familias. La visión propietarista que impulsa el Gobierno no es la adecuada. En segundo lugar, el elemento prioritario es la calidad. Y en tercer lugar, el mejoramiento de la educación pública. Éste es un proyecto parcial, que debió haber partido con el mejoramiento significativo de la educación pública y de nuestros docentes, y después con el resto de las cosas. Ahora el Gobierno eligió lo que eligió y se ha tratado de ir perfeccionando y mejorando. En esa línea debe precisarse qué es el concepto de lucro para estos efectos. El lucro con recursos fiscales destinados a la educación no debiera ser admisible, pero eso no debiera significar estatizar la educación ni limitar o de hecho prohibir la existencia de colegios particulares subvencionados, porque creemos que la provisión mixta es un valor.

-La reforma que se acaba de aprobar en la cámara, ¿es un paso atrás?
-Depende de cómo salga. Si se prohíbe la posibilidad de que se pueda arrendar, me parece que es una limitación a la posibilidad de que profesores puedan generar un proyecto educativo, por ejemplo. Ahí lo que se está señalando es que sólo podrían fundar colegios en Chile el Estado o quienes tengan mucho capital. Creo que eso es una grave limitación a un principio básico que es la libertad de enseñanza. Si existiera esa limitante en términos finales, creo que sería muy malo.

-¿A la discusión le hace falta un mayor análisis fundamentado?
-En la reforma hay poca discusión de contenido, no hay una visión sistémica respecto de lo que se quiera hacer. Lo básico es calidad y equidad; no hay una sin la otra. Sabemos que las diferencias se dan en los niveles preescolares y básicos, pero nosotros vamos en la dirección contraria. El último presupuesto no modifica la estructura general del sistema.

-¿Está de acuerdo con la educación superior gratuita, que es una de las promesas de campaña de Bachelet?
-Sería absolutamente regresivo que los sectores acomodados fueran objeto del premio de educación gratuita, porque esos recursos debieran destinarse a otros sectores que están muy necesitados, en el área de salud, por ejemplo, o en la propia área educacional. Ya sea en preescolar, básica, o en los propios sectores vulnerables en educación superior, que no sólo no tienen cómo pagar su educación, sino que no tienen cómo mantenerse durante el tiempo en que se están educando.

-Usted es rector de la U. Miguel de Cervantes, ¿se ha demonizado el papel privado en la educación?
-Algunos sectores tienen una visión crítica, porque de la idolatría del mercado pasan a la idolatría del Estado. Los péndulos se mueven de un lado a otro: la historia política y económica ha demostrado que ese tambaleo resulta muy negativo para el progreso. Eso supone repetir los errores. No existe ni el papá Estado ni el papá Mercado como solución a los problemas.

-¿Qué piensa del caso Arcis? ¿Ve un doble estándar del PC, que critica el lucro, pero aparece ligado a una universidad cuestionada?
-Hemos participado en actividades en conjunto en su minuto con Arcis, sobre todo en sus rectorías anteriores, por lo tanto, yo soy muy respetuoso de las autonomías de cada una de las universidades. No conozco que se haya acreditado hasta el momento algo indebido, y como abogado parto de la presunción de la inocencia.

-Hoy se habla de Chile como ejemplo de la nueva mediocridad económica, ¿le parece acertada esa alusión?
-No quiero usar palabras cargadas, pero desde un punto de vista estructural, nuestra economía venía bajando su tendencia en el crecimiento. Eso ya lo sabíamos y creo que ahí hubo una falta de capacidad de diagnóstico. La autoridad no previó lo que efectivamente venía, y los factores que además se sumaban a ello. Y sobre todo, no entendió que era necesario un cambio mucho mayor a ver esto como un simple proceso cíclico, de corto plazo y de fácil recuperación. Todos sabemos que se hablaba de la crisis en minúsculas, y ahora se habla de una con mayúsculas.

-¿La política también se ha vuelto mediocre?
-Se ha deteriorado la densidad de la discusión, se ha caído en los prejuicios, en los eslóganes. Yo no creo en la polarización como estrategia política. De repente la discusión es muy simplista, populista. La política supone la capacidad de representar, pero también de conducir, y yo creo que la capacidad de conducir está debilitada. •••

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Definiciones al cierre

Las tareas de las empresas. “Creo que a nivel privado, las empresas deben hacer un esfuerzo para disminuir la brecha entre el que gana más y el que gana menos, no llegar a igualdades que no son posibles ni realistas, pero que las diferencias sean razonables, como políticas empresariales que se definan en el mediano plazo. Además, debemos recuperar valores como el de la austeridad, la sobriedad, la ética; por lo tanto, el no a la ostentación, no a la codicia, no a la amoralidad en los negocios y sí a la capacidad de autorregulación empresarial”.

Congreso. “No se justifican dos cámaras, me inclino por un Parlamento unicameral, una ley en Chile tiene demasiados trámites. La sociedad hoy es más rápida. Un Congreso unicameral junto con ser más representativo, porque permite mayor proporcionalidad, es más dinámico en su proceso de legislar”.

Régimen político. “Hay que ir hacia un régimen semipresidencial, que haga corresponsable al Poder Ejecutivo y al Legislativo, de lo tiene que ser la dirección del país, para que estos dos poderes actúen más en positivo respecto de las obligaciones nacionales. Tiene que haber una colaboración, pero también una mayor exigencia a los partidos, e igualmente en el plano de los ciudadanos; esto es, que hay que jugar con los conceptos de derechos y obligaciones”.

Individualismo y codicia. “Hay estudios internacionales que dicen que Chile es el país más individualista del mundo occidental, ése es un mal que nosotros tenemos y es el que le da pie a la codicia, a la falta de solidaridad, a las actitudes antisistémicas. Todos deberíamos apostar a una sociedad chilena cohesionada, que sea capaz de manejar sus diversidades, pero con algún proyecto común. Si no lo hacemos, nos estancamos”.

Derechos humanos. “Chile es el país de aquéllos que han pasado de dictadura a democracia donde más se ha avanzado en materia de DD.HH. El único déficit ha sido el doble estándar: esto de delimitar el tema de los DD.HH. solamente a Chile y el que Chile no sea un promotor activo de la defensa de los DD.HH. fuera del país. Echo de menos actitudes más claras aún de mi gobierno en el caso venezolano y cubano”.

Monseñor Ezzati. “Yo valoro la gestión de Ezzati. Lo que ha hecho es impecable, él no ha acusado a nadie; por el contrario, tengo convicción de que entiende y defiende el rol de estos sacerdotes cuestionados. Por tanto, él no tiene nada que ver en este asunto”.
La mirada de la DC sobre la UP. “Como acá hubo una alianza desde la vuelta de la democracia nosotros hemos callado nuestra parte de verdad, y ellos han ganado una batalla histórico cultural, pero en el momento en que se produzca una diferenciación o un quiebre, va a salir toda esta parte de la película, que no ha salido”.

Caso PENTA. “No sabría decir si es un síntoma de un problema estructural. Cuando no había legislación existía una libertad de la selva; cada uno recibía lo que podía recibir, cada uno aportaba como quisiera aportar, no había ningún tipo de límite de gasto. Con la legislación actual, hubo un avance en el control de los aportes a la política, pero ha demostrado no ser perfecta. Requiere de mejoramiento”.

Financiamiento de la política. “Yo tiendo a pensar que lo central es que haya un financiamiento público y en el caso privado hay que distinguir entre las sociedades de personas y las de accionistas. Las de personas deben tener el mismo tratamiento que las personas naturales, pero el aporte de las empresas accionarias debiera tener un grado de limitación mayor”.

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