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Chile, letra y música

El economista Ricardo Hausmmann visitó santiago hace unas semanas y quienes lo oyeron no quedaron indiferentes. Sin inhibiciones planteó en cuanto foro estuvo que los países con pocas letras, como Chile, al final escriben pocas palabras… descifre usted la metáfora. Por Renato García Jiménez

El desarrollo de las economías es como un juego de “scrabble”, dice Ricardo Hausmann, de una manera muy gráfica. Los países que tienen pocas letras pueden escribir pocas palabras y los que tienen muchas, pueden escribir palabras más largas y más complejas.

Las letras, en este juego, son las capacidades productivas, y las palabras son los productos. Los productos más complejos son los que dejan más valor, y los países que pueden fabricarlos, son los que han acumulado más capacidades productivas.
En este juego, Chile es un país que tiene pocas letras. Sabe hacer pocas cosas en materia productiva, y cosas poco complejas, asegura el economista de la Universidad de Harvard y co-autor del reporte “The Atlas of Economic Complexity” (en conjunto con el físico chileno del MIT, César Hidalgo).

“El aporte de Chile al desarrollo de políticas industriales competitivas a nivel global ha sido sorprendentemente pobre, incluso para estándares bajos, de economías en desarrollo y comparado con otros países de la región”, dice categóricamente Hausmann.
El economista venezolano atribuye esta falencia a la debilidad de las políticas sectoriales del país, una visión que no comparten muchos economistas en Chile, que no creen que la autoridad deba regular para sectores particulares, sino más bien en sentido transversal.

Pero a Hausmann que los técnicos locales no le den su bendición lo tiene sin cuidado. De hecho, no es primera vez que el ex ministro de Planificación y ex director del Banco Central de Venezuela hace un diagnóstico crítico de Chile. En efecto, Hausmman, quien también se desempeñó en la segunda mitad de los 90 como economista jefe del BID, hace rato que viene advirtiendo de las debilidades de este país. En 2009, sin ir más lejos, en una entrevista que concedió a Diario Financiero, hizo ver que “a Chile se le está agotando la serie de ideas productivas que apoyaron su crecimiento económico anterior. Todas eran ideas de minería con tecnología en agricultura, al estilo California. Eso les entregó una larga lista de productos, como el vino, durazno, arándanos, todo el sector forestal y el salmón… (Hoy) Chile es como California, pero sin un Silicon Valley o un Hollywood”.

"Hace 30 años Israel era un país más pobre que Chile, ahora su ingreso per cápita es el doble que el de Chile"

-¿Por qué Chile se ubica tan abajo en este ranking de complejidad económica?
-Porque no ha asumido el reto de la diversificación productiva. Los países que han sido más exitosos, son aquellos que han tenido estrategias más activas de diversificación.

Todas las economías tienen sus propios problemas. Pero las que se desarrollan son las que identifican esos problemas e invierten en investigación para solucionarlos. Esa investigación se traduce en conocimientos productivos. Israel por ejemplo, tenía una severa crisis de agua. Invirtió en soluciones, y eso generó una industria local competitiva. Y como otros países en el mundo también tienen problemas con el agua, ese sector se convirtió en una industria global competitiva. Chile tiene una crisis de energía, y tiene el desierto de Atacama, sin embargo no es una potencia en energía solar y nadie sabe qué innovación ha surgido en Chile en energía solar.

-¿Cuánto ha afectado esta falta de conocimientos productivos al desarrollo del país? ¿Cómo se puede graficar eso?
-Hace 30 años Israel era un país más pobre que Chile, ahora su ingreso per cápita es el doble que el chileno. Corea del Sur, por ejemplo, desarrollo la tecnología que permitió la miniaturización de los discos duros. Eso por sí solo no era nada, pero permitió que surgieran los smartphones, los tablet, los MP4, toda una industria multimillonaria. Y ahora, ese puro ítem de las exportaciones de Corea del Sur aporta 40 mil millones de dólares, más de la mitad de las exportaciones de Chile.

-¿Ha influido en algo la abundancia de recursos naturales que existe en el país?
-En ningún caso. Países como Nueva Zelanda, Australia, Canadá y Noruega, todos tienen más exportaciones de recursos naturales per cápita que Chile. Es decir que desde el punto de vista de las materias primas, son incluso más ricos. Pero producen entre tres y veinte veces más productos manufacturados y bienes de servicio per cápita que Chile.
Yo he asociado esta situación más bien a la debilidad de las políticas sectoriales del país.

-¿Y a qué atribuye esta debilidad?
-A que a algunos sectores más conservadores en Chile les preocupa que el Estado asuma nuevos roles porque pudiera equivocarse. El problema es que no todos los errores son de comisión, hay errores de omisión. Algunos de los problemas ocurren porque el Estado no hace cosas.

A Chile le faltan industrias. ¿De dónde pueden salir esas industrias? De las leyes que apoyan la existencia de esas industrias, de las universidades que enseñan las profesiones que requieren esas industrias, de los centros de capacitación laboral que forman a los trabajadores para esas industrias.

Nadie va a estudiar para ser relojero en un país que no hace relojes, pero tampoco nadie va a desarrollar una industria de relojes en un país donde no hay relojeros. Este problema del huevo y la gallina es una falla de mercado que solamente se pueden resolver con políticas de Estado, en colaboración con los privados. Si la autoridad sólo pretende actuar de manera horizontal y delimitar un marco general de políticas, sin resolver problemas de sectores específicos, nunca podrá haber diversificación.

"El problema es que no todos los errores son de comisión, hay errores de omisión. Algunos de los problemas ocurren porque el Estado no hace cosas"

-Muchas veces se escucha en Chile que cuando el Estado intenta asumir la dirección de una industria, no logra sintonizar con lo que los agentes económicos realmente buscan o necesitan, y se desperdician esos recursos.
-Esa es una visión vieja y equivocada que no explica los éxitos que sí ha tenido Chile. La industria forestal existe porque hubo una política forestal, las AFP existen porque hubo una política de pensiones, el sector frutícola existe porque hubo una política sectorial que permite el control de las plagas. La industria del salmón salió de la Fundación Chile. Mucho de lo que lo que ha sido exitoso, lo ha sido al amparo de políticas sectoriales del Estado chileno.

-Pero en nuestra región hay ejemplos como Argentina, donde el Estado está interviniendo cada vez más en la economía, reviviendo antiguas políticas de sustitución de importaciones. Y al final, sólo le ha restado dinamismo a la economía porque ha ido asfixiando al sector privado.
-América Latina tuvo su fase de sustitución de importaciones y las razones por las que la fracasó las entendemos todos. Son puntos bien establecidos. El error está en la forma de estimular una actividad, pero no en la idea de que para funcionar bien y ser productivas, las industrias requieren que el Estado cumpla ciertos roles.

Eso no quiere decir que el Estado deba subsidiar a una industria, pero sí que tiene que proveerle las cosas que ella no puede salir y comprar por su propia cuenta en el mercado. Yo puedo comprar un terreno y sembrar melocotones en Chile, pero sin una política de logística y transporte, sin certificación de buenas prácticas agrícolas, sin negociación de acuerdos fitosanitarios, no hay manera de que yo pueda exportar mis melocotones.

-¿Por qué cree que existe este rechazo a las políticas sectoriales a nivel local?
-Porque la discusión en Chile es demasiado ideológica. El líder chino Deng Xiaoping decía, no importa si el gato es blanco o es negro, importa que cace ratones. En Chile dan demasiada importancia a cuál es el color del Estado en vez de si caza ratones.
El gobierno en EEUU es infinitamente más pragmático. Mi universidad vive en una parte importante de las investigaciones médicas, donde el Estado está metido hasta los tuétanos. Sin el Estado, no existiría una industria farmacéutica norteamericana, en todo sentido. El Estado participa en el aspecto regulatorio, en la validación de las pruebas clínicas, en la distribución de las medicinas. Todo ese desarrollo no es horizontal, no es para todos igual, no se les van a poner las mismas regulaciones a las medicinas que a los refrescos, ese es el mundo real, el mundo práctico. Una sociedad compleja tiene que desarrollar toda la complejidad que se requiera para apoyar a una economía más diversa.

-¿Y cómo podría Chile desarrollar esa complejidad?
-A través de una conversación permanente sobre cuáles son los problemas de una industria en particular para buscarle soluciones. En Chile hay buenos ejemplos de lo que se puede hacer cuando el Estados sabe cooperar con los privados en cosas muy específicas. Yo no conozco ningún país de Latinoamérica que haya hecho una obra tan compleja como la Costanera, o la Autopista Américo Vespucio, a través de un proyecto público-privado, en medio de la ciudad. Eso es política sectorial. Ahí no se está tratando a todo el mundo por igual, se está haciendo una inversión en un sector específico y se están resolviendo los problemas de ese sector.
En Chile las políticas financieras son excelentes, son muy detalladas y son muy sectoriales. Por ejemplo, se creó un registró de crédito para que los bancos pudieran saber qué tan endeudados estaban sus clientes con el sistema. Pero luego Cencosud y Falabella comenzaron a expandirse en el negocio del crédito, sin ser bancos. De este modo, una parte de la deuda de los consumidores quedó oculta para  los bancos, porque ambas informaciones no estaban consolidadas. Entonces se cambió la regulación para que también las cadenas de retail tuvieran que entregar esa información. Eso no es una política horizontal, no es una política que trata a todos los sectores de igual manera. Pero esa misma actitud pragmática no existe en otras áreas de la economía. •••

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Perfil

Ricardo Hausmann es director del Center for International Development y profesor de la Práctica de Desarrollo Económico de la Universidad de Harvard. En su trayectoria profesional destaca el cargo de economista jefe que desempeñó por seis años en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) al cual arribó con posterioridad a haber servido como ministro de Planificación y miembro del directorio del Banco Central de Venezuela.

Durante su carrera académica, sus investigaciones han puesto especial énfasis en cómo los países y las regiones pueden acelerar sus tasas de crecimiento.

Con una Licenciatura en Física y PhD en Economía en la Universidad de Cornell, Hausmann es conocido por sus investigaciones en estabilidad macroeconómica, finanzas internacionales y las dimensiones sociales del desarrollo, a lo que se suma una reputación bien ganada de analista que no se anda por las ramas.

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  • Eduardo

    excelente articulo…honesto, preciso y conciso. Felicitaciones¡¡¡ me da gusto estar suscrito hace 3 años a esta revista…gozo abriendole en cada tomo¡¡¡

  • nikita bush

    lamentable la postura empresarial chilena a este respecto.

    bien sabido es el temor que tienen los empresarios a lo desconocido. atrévanse, el mundo los espera. solo la muerte es segura, no dejen todo a los gusanos.
    estoy lleno de buenas ideas que no puedo de$arrollar.
    recuerdo que el señor Hausmann participó el 2012 en un foro de ASIMET donde fue maltratado, vetado al punto que su valiosa participación no fue registrada en la página de la organización, como si lo hicieron con el resto de los participantes.