Poder

Carpas cinco estrellas

-

 

El sueño de unir camping y lujo extremo ya es realidad. El concepto fue bautizado hace poco como glamping y es la solucion perfecta para todos aquellos turistas VIP que buscan convivir con la naturaleza, pero sin las incomodidades de un camping tradicional. Por Cristian Rivas N.


Salir de camping nunca fue tan chic. Ya no serán tema los dolores de espalda por haber dormido en el suelo o el desvelo ocasionado por una repentina lluvia que vino a hacer sopa el reposo onírico. Ahora los recuerdos serán distintos. Porque el lujo comenzó a abrirse un espacio dentro de esta opción turística, cambiando radicalmente el significado de la palabra acampar.

Lo que ocurre es que el lujo ya no es privativo de fastuosos hoteles en zonas vírgenes y de alto valor paisajístico. No. Ahora el concepto es totalmente distinto y mucho más amigable con el entorno. Bajo la forma de pequeños domos, carpas o yurts –mezcla de construcción en madera y lonas– que cuentan con todas las comodidades de un hotel cinco estrellas, los turistas más exigentes pueden acceder a lo mismo o a más que lo que considera un hotel convencional: lujosos baños, confortables camas matrimoniales, exclusivos muebles, climatización y una amplia oferta gastronómica, entre muchos otros detalles que varían de lugar en lugar.

Todo eso envuelve el glamping. Este nuevo concepto turístico, como su nombre lo indica, lo que hace es añadir glamour al tradicional camping al aire libre. La idea ha resultado todo un éxito. Sobre todo para los operadores turísticos internacionales que, así, han logrado satisfacer el interés de los clientes con mayores recursos que buscan perderse en parajes solitarios y que están dispuestos a pagar jugosos dólares por acomodarse sin necesidad de quedar encajonados en construcciones disruptivas.

Por eso, esta modalidad cuenta con una oferta creciente en distintos rincones del planeta. Ya no es difícil encontrar a un atento mayordomo esperando fuera de una lujosa carpa, pendiente de que todo esté bien y a gusto del viajero tras un día de safari en Botswana; de trekking en la jungla de Indonesia; o tras una caminata en la Patagonia chilena. Por mencionar sólo algunos ejemplos.

Lo que dicen varios de los operadores que venden este concepto es que el glamping comenzó a masificarse a fines del año pasado, cuando la famosa actriz estadounidense-danesa Scarlett Johansson y su novio, el también actor Ryan Reynolds, decidieron casarse y pasar su luna de miel en el lujoso camping Clayoquot Wilderness Resort, un asentamiento perdido en los bosques de Canadá.

 

 


Los socios fundadores de Patagonia Camp en Chile: Alberto Gana, Jorge Matetic y Felipe Howard.   En Australia, el Paperbark Camp, en medio de eucaliptos.

 


Con la magia del sur

 

El único campamento de lujo que opera en Sudamérica está en Chile desde diciembre de 2007. Patagonia Camp tiene 17 yurts –carpas basadas en la tradición del pueblo mongol–, hechas en tela y madera, y todas con vista al Macizo del Paine, con las torres como telón de fondo.

La idea de levantar este camping en Magallanes fue de los socios de Latitud 90, Alberto Gana y Felipe Howard, junto a Jorge Matetic, hijo del conocido empresario vitivinícola y ganadero del mismo nombre. “Patagonia Camp surgió como una respuesta a un grave problema que en nuestra empresa de turismo enfrentábamos al atender a pasajeros VIP. Ellos vienen a Chile para conocer los lugares más remotos, destinos naturales alejados... y en estos sitios no teníamos dónde hacerlos dormir. Si usábamos carpas propias, terminaban igual recurriendo al baño común del camping”, cuenta Gana.

La realidad ahora es otra. El huésped se hospeda en una yurt de 32 metros cuadrados, con baño de similares características a las de un hotel, pero en medio de la naturaleza… “siente la fuerza del viento, la lluvia, el movimiento de los árboles y el canto de las aves. Duerme bajo las estrellas del cielo de una de las maravillas naturales del mundo y cuando camina al comedor va por una pasarela que le permite tocar los troncos de árboles milenarios: lengas, coihues y cedros, entre otros”, agrega Howard.

Patagonia Camp es un producto orientado principalmente a mercados de larga distancia como Estados Unidos, Europa y Asia, en los que se ofrece un programa por tres noches todo incluído, con tarifas en torno a los 2.800 dólares para dos personas.
Recientemente también se han abierto al mercado interno, con atractivos descuentos y promociones, que ya les hicieron incrementar a 20% del total la llegada de turistas nacionales este año.

“Tanto extranjeros como chilenos han apreciado la experiencia vivida en Patagonia Camp, pues es única y constituye de por sí un recuerdo imborrable. Un contacto tan intenso con la naturaleza es una vivencia que la mayoría de las personas registra como algo muy potente de encuentro consigo mismo, una instancia de reflexión y de armonía en el lugar más remoto del mundo”, describe Gana.

Por eso, están pensando en replicar el éxito de Patagonia Camp en otros dos lugares: Farellones e Isla de Pascua, que tendrán 15 y 20 yurts respectivamente, y que estarán operando en 2011.

 

 


Frente a las dunas del desierto de Namibia se ubica
Wolwedans Boulders Glamping Camp.


Detalle de una tienda en Greystoke Mahale, Tanzania.

 


Entre safaris y la jungla

 

Africa es por excelencia la joya de la corona en este tipo de campamentos. Entre los más glamorosos están Khwai River Lodge, en la reserva de vida salvaje Moremi, en Botswana; el Serengeti Migration Camp, en la ribera del río del mismo nombre, en Tanzania; o el Wolwedans Boulders Glamping Camp, instalado en medio de los desérticos parajes de Namibia.

Los dos primeros cuentan con variadas comodidades y decoración típicamente africana, con abundante paja, madera y mosquiteros. En cualquiera de ellos, no es extraño levantarse con la insólita visión de un elefante o una jirafa a escasos metros; o de una cebra tratando de librarse del acoso de un león o de alguno de sus primos felinos.

En la misma línea, pero en otros continentes, podemos encontrar glamping en distintos parajes, como las viñas del sur de Francia; la elegancia de las tiendas Aman-i-Khas en India, que imitan la senda de los emperadores; o los desérticos parajes australianos.
En Indonesia, por ejemplo, es muy apreciado el Amanzana Tent, emplazado en una de las muchas islas de ese país, entre un bosque tropical y el mar azul turquesa. Lugar ideal para observar la vegetación de la selva; en especial, las flores.

 

Comparte este artículo: