Poder

Candado con espaldas

Producto Protegido, el ultimo acierto empresarial de Daniel Daccarett, termino por llamar la atención del Fondo Austral Capital –en el que participan los Del Río, Philippi y Guilisasti, entre otros–, que ya se puso con un aporte financiero y esta haciendo crecer a la compañía. A través de su plataforma tecnológica buscan proteger de la delincuencia a productos de distinta índole, en alianza con retailers y policías. Por Cristian Rivas N. Foto, Elisa Bertelsen.


Daniel Daccarett (41) es de esas personas que nunca paran de moverse. Puede hacer tres o cuatro cosas a la vez y no dejar de hablar ni por un segundo. Atiende el celular, da instrucciones a alguien, enciende un computador, muestra una presentación, habla de su trabajo, de sus últimas ideas, de lo importante que es su familia y que olvidó hacer algo que tenía en mente. Todo, en apenas un par de minutos.

En ese escaso tiempo, nos damos cuenta inmediatamente la fuerza que tiene en él su carácter emprendedor. Las ideas le brotan solas, cada una con más ímpetu que la anterior. Más todavía si ponemos sobre la mesa el tema que lo tiene concentrado por estos días, su empresa Producto Protegido.

¡Cómo no! Si es su proyecto estrella. El negocio que creó hace poco más de un año y en el que ya tiene como socio al Fondo de Inversiones Austral Capital, formado por trece reconocidos empresarios chilenos: José Luis y Sebastián del Río, Rafael y Pablo Guilisasti, Bruno Philippi y Andrés Concha, Juan Claro y su hermano Luis, Juan Antonio Guzmán, Víctor Hugo Puchi, Fernán Gazmuri, Miguel Angel Poduje y el científico Pablo Valenzuela.

Ellos entraron a la propiedad de la firma este año, inyectando una parte importante de capital –unos 1.200 millones de pesos– y agregando el ingrediente más corporativo a la nueva compañía, con la creación de un directorio y la misión clara de hacer crecer la firma, mirando muy seriamente su expansión al resto de Latinoamérica. Desafíos que Daccarett se tomó con seriedad, porque de inmediato dejó de lado su participación activa en otros negocios y se dedicó a trabajar sólo en Producto Protegido.

La base de este nuevo negocio es la lucha contra la delincuencia. Por eso mismo es, quizá, que le ha ido tan bien en poco tiempo. El sistema tecnológico que desarrolló permite seguir la pista a cualquier bien, mediante la impresión de un código imborrable, y su inscripción en un registro nacional de bienes, que está conectado con la Policía de Investigaciones y el ministerio Público. En caso de ser robado, el usuario puede entrar a un sitio web y anunciarlo, activando así un sistema que alerta a los eventuales compradores sobre si el producto es robado o no.


De izquierda a derecha, Pablo Valenzuela, José Luis del Río, Daniel Daccarett, Juan Antonio Guzmán, Gonzalo Miranda y Luis Claro.


Silicon Valley, la inspiración

La historia detrás de Daccarett da para escribir varias páginas de un libro. Ha sido reconocido y premiado varias veces por distintas instituciones que fomentan el emprendimiento. Y en su curriculum, sin duda, lo que más se recuerda es la firma Globe, una muy destacada en el área de vending, que funciona desde hace más de una década administrando máquinas expendedoras de discos compactos, medicamentos, libros, bebidas, alimentos y varios otros productos de venta directa.

Por eso, su apellido es sin duda uno de los que más suenan como emprendedor Endeavor y fue justamente en uno de los viajes que organiza esa fundación cuando tuvo la idea original detrás de Producto Protegido.

Cuenta que en mayo de 2007, visitó Silicon Valley, La Meca de la tecnología en Estados Unidos. Tras volver –y después de que le robaran su bicicleta– tuvo la idea de hacer un buscador muy similar a Google, pero que contuviera datos numéricos de patentes o distintos tipos de artículos para vehículos, de manera de que al ingresar un número de serie se obtuviera información de si esos artículos tenían asuntos pendientes con el Ministerio Público, si estaban encargados por robo y si el dueño era efectivamente quien lo estaba vendiendo. Fue así como nació Gloobe, imitando en muchos aspectos la imagen del conocido buscador.

Como la idea encontró eco en varios de sus amigos, a quienes les mostró la iniciativa, pensó que debía encontrar la fórmula de comercializarla a través del retail. Las primeras conversaciones las tuvo con Falabella, que se mostró muy interesada en venderlo como un servicio a domicilio, marcando en terreno todos los bienes que el cliente deseara e integrarlos al registro. Después vinieron contratos con Lider y La Polar: se vende como un kit autoinstalable por los propios usuarios, lo que también les da derecho a colocar una placa en la entrada al domicilio (similar a los sistemas antirrobos) y un seguro. Todo, por módicos pagos mensuales, cargados a las cuentas de los clientes.

Como estos canales han sido todo un éxito –ya cuentan con cerca de 60 mil clientes y unos 500 mil bienes registrados– la firma también explora varias otras aristas de negocios; esta vez, por ejemplo, con empresas de servicios básicos, que podrían entregar el producto y cobrarlo a través de la cuenta mensual.

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Daccarett cuenta que con el correr del tiempo –llevan poco más de un año comercializando su idea– y al ir desarrollando aún más el concepto, han llegado a la conclusión de que Producto Protegido, junto con permitir mantener los bienes siempre identificados, se ha constituido en un sistema de protección que disuade a un eventual delincuente frente a la posibilidad de hurtar o robar especies domiciliarias. Por ende, disminuye también el riesgo de victimización, y a la vez merma el valor de la especie robada, ya que su re-venta y receptación (compra del bien robado) serán más difíciles, porque se hace evidente que se trata de un bien robado. Recordemos que el sello que marca los artículos es, de verdad, imborrable.

Otra ventaja de este servicio es que el registro de los bienes siempre está disponible y puede ser consultado a través de Internet –en forma muy similar al Registro Civil para vehículos–; en consecuencia, habrá un historial de cada bien que podrá ser consultado cuantas veces uno desee, lo que traerá enormes ventajas para el mercado de bienes usados, permitiendo a potenciales compradores consultar el estado de éstos.

“Las policías le han dado harta aceptación a este producto y lo han usado mucho, porque básicamente les permite perseguir a los delincuentes”, explica. De hecho, en la firma también tienen un área legal, que se dedica a llevar las causas por robo. Hoy tienen cerca de 400 en marcha.


Con más espaldas

El primer contacto que tuvo Daccarett con inversionistas que pudieran interesarse en apoyar su negocio lo logró a través de Gonzalo Miranda, a quien conoció como director ejecutivo de Endeavor, y que hoy está a cargo de la administración del Fondo Austral Capital. Entraron como socios minoritarios este año, y lo primero que promovieron fue pensar en grande y escalar el modelo.

Además de crear un directorio, en el que nombran a dos de los cinco miembros y que se reúne por lo menos una vez al mes, propiciaron la formación de un equipo potente en la administración de la compañía. Por ejemplo, en el área de Finanzas incorporaron a Juan Enrique Suárez, que estuvo a cargo del mismo rubro en el Ministerio Público durante ocho años, desde su creación. En el área legal, sumaron a Francisco del Río, del estudio Bahamondez, Alvarez & Zegers, y al área comercial llegó Alejandro Demianenko, que era gerente de Garantía Extendida de Interamericana. En total, la firma funciona con 60 empleados.

Miranda explica que la esencia de Austral Capital encajaba perfecto en Producto Protegido. La idea de los empresarios que impulsan este fondo es apoyar a empresas que puedan tener una escala importante; que su negocio pueda ser replicado en el exterior; y que además cuente con buenos gestores, porque su interés no es administrar directamente las compañías, sino que sus emprendedores sigan guiando el crecimiento.

“Siempre invertimos en forma minoritaria, con buenos emprendedores y con empresas que creemos pueden tener un potencial importante. Firmas que pueden multiplicar diez o veinte veces su valor en pocos años”, explica. En esa línea, además de Producto Protegido, este año ya ingresaron a la propiedad de Paperless y de Scopix, organizaciones insertas en el mundo tecnológico que combinan una plataforma tecnológica con la prestación de distintos servicios.

En Producto Protegido, Miranda dice que vieron por lo menos tres conceptos que son muy potentes para el negocio. Por un lado, una necesidad del mercado importante en cuanto a protegerse de la delincuencia. Y no sólo en Chile, ya que la misma situación se repite en toda Sudamérica; el segundo, la fuerza que puede tener un registro de bienes a nivel nacional, activo que puede ser muy valorado con el paso de los años; más todavía si se liga al tercer elemento: la plataforma tecnológica de respaldo, que podría permitir escalar cuantitativamente el negocio, en poco tiempo, a través de múltiples servicios.


Los pasos que vienen

Hace pocos días Daccarett puso a prueba el funcionamiento de su empresa con una actividad en terreno. En conjunto con la subsecretaria de Carabineros, Javiera Blanco, hizo un llamado ciudadano a inscribir vehículos y algunas de sus piezas más robables, como espejos y radios, en este registro. Aunque la iniciativa no tuvo gran difusión y fue acotada a la comuna de La Cisterna como piloto, en sólo un fin de semana acudieron en masa más de 2.000 vehículos, lo que a su juicio muestra el potencial que vigoriza a la gestión.

Por eso es que está empeñado en ir concretando nuevas alianzas. Anuncia que en pocos días comenzará a vender el kit de Producto Protegido en los Pronto Copec y que ya está a punto de cerrar con otra firma del retail. Además desarrolla conversaciones con una docena de empresas del sector utilities, como distribuidoras eléctricas, de agua y otros servicios.

Por eso, aunque no revela números sobre el desempeño de la firma, asegura que este año de todas maneras terminará en un punto de equilibrio, lo que es mucho decir considerando la corta vida del negocio. Las metas que tiene por delante es duplicar el número de clientes el próximo año y continuar materializando alianzas.

“Lo más arriesgado era saber si es que la instituciones de seguridad pública iban a validar este sistema... y me he dado cuenta de que todas lo han hecho. Las municipalidades, por ejemplo, cuando hablamos con los departamentos de seguridad ciudadana, todas tienen muy asimilado el mensaje. Lo que estamos tratando de hacer es crear conciencia, que la gente entienda y que eso permita después venderlo con mayor facilidad a los retailers. Creo que está funcionando. Los resultados lo demuestran”, concluye.

El camino de Austral Capital
Lo que más se destaca de Austral Capital en el mercado es, sin duda, el protagonismo de sus gestores. Habitualmente estamos acostumbrados a que los fondos de inversión en capital de riesgo sean ciegos, pero en este caso sus socios están interesados en asumir un rol más importante, colaborando estrechamente con su experiencia y contactos en los distintos proyectos por los que muestran interés.

“Hoy día hay muchos fondos y gente con capital, pero eso está lejos de ser suficiente para que estas compañías sean exitosas. Junto con buenos emprendedores, también es importante que exista una buena red de contactos”, dice Gonzalo Miranda, a la cabeza de Austral Capital. Es más, revela que los empresarios que adhirieron a la propuesta, además de mostrar su interés en financiar proyectos innovadores y con mucha tecnología, estuvieron dispuestos desde un comienzo a poner a disposición sus propias redes de contactos.

En esa misma línea es que el fondo abrió hace poco una oficina en Silicon Valley, con la idea de estrechar vínculos que faciliten la internacionalización de las compañías a las que se están incorporando.

La filosofía de fondo de Austral Capital es invertir entre uno y tres millones de dólares en empresas incipientes, en áreas de tecnologías y servicios. Eso sí, ahora último también han comenzado a mirar otros sectores, como la biotecnología y las energías renovables.
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