Francisco Rencoret, el W… y el alfabeto urbano - Revista Capital

Poder

Francisco Rencoret, el W… y el alfabeto urbano

-

 

Con una propuesta que combina los conceptos de Mid Town en lo que es tejido citadino y de Mix Use en lo que respecta a oferta inmobiliaria, el edificio Isidora 3.000 y su ancla, el Hotel W, se ponen a la vanguardia de lo que creen es un proceso irreversible en Santiago. Uno de sus impulsores, el arquitecto Francisco Rencoret, devela las claves de esta apuesta que mira hacia adentro a la ciudad y revela hacia donde cree que discurrirá la metamorfosis urbana. Por Roberto Sapag; retrato, Verónica Ortiz.


Que a los 23 años que Francisco Rencoret decidió vender sus bienes (“bastante pocos, una moto y esas cosas”) y partir al exterior a hacer la práctica como arquitecto, con cargo a su peculio. Junto a tres amigos desembarcó en Nueva York y trabajó gratis para el consagrado Richard Meier. Esa experiencia, junto a sus posteriores estudios en la Universidad de Cornell y su recorrido profesional en KPF (Kohn Pedersen Fox) en Nueva York y Londres, lo marcaron profundamente y le dejaron incubado un bicho que años después maduraría y determinaría su forma de pararse en el negocio inmobiliario.

Hoy Rencoret es uno de los gestores, junto a aliados como Ignacio Salazar, Jorge Marín, Ana Sáinz de Vicuña y otros, del edificio Isidora 3.000, el mismo que se ha constituido en centro de gravedad del dinámico barrio El Golf. Ad portas de su opening oficial, quisimos deletrear la receta de este edificio, que entre otras cosas ha incorporado en mayúsculas la grafía W en el alfabeto urbano de la capital.

 

 


Desde potrillo

 

Una de las cosas que más enfatiza Rencoret es que detrás del resultado concreto que es Isidora 3.000, hay –en lo colectivo– muchas horas de trabajo y sacrificio y, en lo personal, un largo proceso de maduración que comenzó en la Universidad de Chile y que a lo largo de sus primeros años de desarrollo consigna la influencia de mentores como Alberto Sartori, Andrés Elton Necochea, Luis Darraidú y Pedro Murtinho, entre otros.

Fue la inquietud un tanto renacentista de estos tutores y la ruptura de moldes conceptuales que le provocó el vivir, estudiar y trabajar fuera de Chile, lo que hoy Rencoret cree estar destilando junto a sus socios en los proyectos que impulsa. “Si bien fuera de Chile partí comprando café para mis jefes y cambiando ampolletas –dice, aunque no nos quedó claro si era una alegoría–, a la larga pude participar en cosas concretas en Atlanta, Frankfurt, Nueva York y Londres; cuestión que, creo, me permitió acortar mentalmente la distancia entre el tercer y el primer mundo”, apunta con letra clara.

Formado en una familia en que la arquitectura ha sido determinante, desde siempre la inquietud profesional de Rencoret ha estado marcada por “los rascacielos”. Sin ir más lejos, la viga maestra de su tesis de graduación en Cornell (y que fue editada por Princeton Architectural Press) fue desentrañar la “forma en que un edificio puede contar una very good story a la ciudad”. De ahí que echara a volar su imaginación y presentara un conjunto de propuestas para reconstruir la sensación de llegada que perdió Nueva York al pasar del arribo en barco al descenso en avión.

Hoy él cree que eso es justamente lo que logra Isidora 3.000: contarle una buena historia a Santiago y poner a la capital en el mapa internacional.

Pero volvamos al recorrido que deriva en este proyecto... En KPF, compañía reconocida internacionalmente por hacer rascacielos, Rencoret dice que aprendió lo que le faltaba conocer del mundo real, y forjó vínculos que más tarde cristalizarían al regresar a Chile. Uno de esos nexos fue la relación que estableció con Gary Handel, quien terminó siendo el master mind de Isidora 3.000. “Gary fue mi profesor auxiliar en la universidad y fue clave en muchos aspectos durante mi estadía en Estados Unidos”, recuerda.

¿Cuál es su gracia?, preguntamos ingenuamente. Sencillo: Handel había sido arquitecto de Millenium Partners, una inmobiliaria muy conocida e identificada como la creadora de un nuevo modelo en el rubro: el llamado mix use, el mismo concepto que hoy anima a Isidora y que incluye hotel, residencias, oficinas, retail, etc. “Se trata de un modelo que busca sinergias y complementos, en un mundo donde las ciudades están tremendamente integradas y donde cada vez la gente quiere menos trabajar y dormir en lugares distantes. Eso no prendió, se acabó”, remata Rencoret.

A su juicio, un ejemplo de este proceso que apunta a la integración es la evolución que ha tenido el Parque Arauco, que ha empujado una auto transformación que le ha resultado particularmente rentable. “A nosotros nos encargaron incorporar la ciudad al mall y mira cómo, después del cine, han venido el boulevard, las oficinas. Hoy la distancia es un tema importante en las ciudades, porque la gente no quiere perder tiempo trasladándose”.

Se suma a eso el que más allá del pulso de las ciudades, el mix use termina haciendo mucho más rentable la dinámica del negocio. Y ello, porque para un hotel claramente es mejor tener un centro de negocios asociado, con oficinas. Y lo mismo ocurre con las oficinas y residencias, para las que es clave tener a la mano servicios, hotelería, salones, centros de negocios, etc.

 

 


Mid town made in Chile

 

La historia de Isidora 3.000 tiene, por cierto, antecedentes.

Al regresar a Santiago, Rencoret reforzó el contacto que siempre mantuvo con su cuñado Rodrigo Domínguez, con quien impulsó varios proyectos, la mayoría de los cuales tuvo al sector de El Golf como centro de gravitación. De esa etapa es, por ejemplo, el proyecto Isidora 3.250, que a su juicio marca un punto de inflexión en el proceso de constituir esta avenida en la columna vertebral del barrio.

“Decidimos apostar a la visión del entonces alcalde Larraín, quien se la jugó por ensanchar la avenida y mejorar las veredas. A mí me había tocado ver cómo tomaban forma visiones similares fuera de Chile y lo que se estaba gestando en esa avenida nos hizo sentido. Nos pareció de toda lógica que Isidora Goyenechea sería el corazón del mid town chileno. Cumplía con todos los requisitos. Era una gran dirección y además, una avenida. No era una avenida de paso vehicular, ya que terminaba en la plaza Loreto, y además tenía dos plazas importantes en 10 cuadras y la suficiente amplitud y normativa que probablemente se desarrollaría adecuadamente con edificios institucionales”, revela.

Y añade: “los centros históricos, tarde o temprano, se disocian del mundo financiero y las compañías de servicios crecen buscando mejor infraestructura: cercanía al Metro, proximidad a hoteles, fácil acceso al aeropuerto y un contexto urbano entretenido, con buen soporte gastronómico. Es más, te diría que los mid towns se desarrollan con edificios menos tradicionales y más modernos. Buscan eficiencia y, por normativa y tejido urbano, esto no se daba en el centro. Por eso pusimos la mirada acá. Porque si un edificio importante se construye bien y hace un aporte al barrio, crea plusvalía y mejora el contexto y la calidad de la construcción en su entorno”.

 

{mospagebreak}

 


Por eso, dice, todos los proyectos que ha realizado en el barrio El Golf han sido consistentemente urbanos. “Por mi formación y experiencia profesional, para eso yo tengo ventajas comparativas y no para otras cosas”, concluye.

De esa etapa son los proyectos (El Regidor, Mapfre y otros) que él y los socios que se fueron sumando desarrollaron en el sector. Una etapa en que destacan los roles clave que han jugado y juegan el abogado Ignacio Salazar, Jorge Marín y José Piñera, a quien define como inversionista y mentor.

 

 


El nacimiento de Isidora

 

La oportunidad de Isidora 3.000 nació en 2002, cuando Diego Durruti les llevó la idea. Rencoret recuerda que en ese momento Ignacio Salazar se tomó en serio la propuesta y plantea al resto del grupo que había que empujar un proyecto ambicioso que tuviera como base una estructura distinta. Así nació Territoria, donde, por cierto, además de ellos, dos juegan un rol clave: Jorge Marín y la familia Sáinz de Vicuña.

Entre los elementos que, a su juicio, justificaban (y justifican) que Isidora 3.000 terminara siendo un hito, Rencoret menciona la ubicación del edificio en el corazón del barrio El Golf: “está en el epicentro del turismo, los negocios y la gastronomía de Santiago, muy en la línea con proyectos de grandes capitales del mundo, que siempre se instalan en lugares de gran presencia estratégica. En Nueva York lo hace Time Warner, en Columbus Circle, o Lincoln Square en Broadway, frente al Lincoln Center. Lo mismo pasa en Miami, con el Four Seasons, que se encuentra en Brickel Avenue con Miami River, y en San Francisco, también con Four Seasons”.

No solo de edificios

Y aunque Territoria tiene para rato en la vida de Francisco Rencoret, hoy él dice estar dando salida a varias de sus otras inquietudes vitales.

“Por ejemplo, estoy embarcado en un proyecto de aceite de oliva que tiene 12 hectáreas en la costa, al lado de Costa Cachagua. Allí, junto a mi señora e hijos, pretendemos crear una almazara, que es una pequeña planta boutique de aceite orgánico. Se llama Olivo Santo y tendrá un modelo de producción biodinámico. Llevamos años trabajando en él, hasta ahora sin un fin comercial, aunque quizás lo tenga en un par de años, porque la idea es producir un aceite que cuente una historia”.

Además, Rencoret es socio de Jaime Vásquez (el dueño del Tip y Tap) en Kilómetro Cero, en el núcleo de Isidora 3.000; participa en Awasi, el premiado hotel boutique de San Pedro de Atacama, y dice estar mirando varias alternativas de desarrollo en la V Región, todas ligadas al área inmobiliaria y hotelería. Y es que cree íntimamente que en el turismo y la hotelería hay un enorme potencial de desarrollo. De hecho, no descarta hacer más hoteles grandes en la región de la mano de Starwood, ya que por la similitud de idiosincrasias la exportación del concepto de mix use es una gran oportunidad.

Otra cosa que lo tiene muy motivado es que acaba de ser invitado a dar una exposición en Harvard sobre el caso de Isidora 3.000, una historia que, dice, partirá “desde la compra de las 110 propiedades iniciales hasta el término del edificio”.
Otros atributos que destaca son la escala y la envergadura del proyecto (con su concepto de uso mixto) y la presencia del Hotel W, que –está convencido– es un imán de actividad turística, comercial y empresarial. Dicho magnetismo, cree, se extiende a las residencias, que operan con la misma moral W donde, por el lado del diseño, los roles que jugaron Tony Chi y Sergio Echeverría, han sido clave.

Dentro del proyecto, el área destinada al retail también es fundamental. “Se trata de una oferta de tiendas que apunta a un segmento con un estilo de vida marcado. No es un estilo masivo; es exclusivo, pero no excluyente. En este contexto, destacan marcas internacionales con trayectoria local (Mercedes Benz, Juan Valdéz, Bang & Olufsen, Brooks Brothers, The North Face) y otras que ensamblan con la propuesta global, como El Mundo del Vino y O2, entre otras.

Pero, ¿cómo les ha ido? Rencoret dice que si bien toda innovación provoca cierta distancia, con el correr de los días la curiosidad aflora y la gente se acerca. Recalca que basta visitar el hotel para constatarlo. “El hotel tiene lleno todos los amenities. Es cosa de venir a verlo, acá se entremezclan empresarios, políticos, extranjeros, celebridades. Eso está 100% insertado y me parece que es un tremendo logro, porque la gente ha dejado su casa para venir”.

La propuesta W de Starwood (firma con la cual son socios, tras venderle el 40%), “ha tenido un magnetismo impresionante, destacando la variedad de propuestas gastronómicas y la mano del chef Jean Paul Bondoux, que viene del Hotel Alvear”, anota.

Las residencias, en tanto, que representan el 20% del total, ya totalizan ventas cercanas al 20%, en su mayoría a extranjeros. En una primera etapa dicen haber recibido mucha oferta chilena, pero con propuestas de precio que no se ajustan. “Este producto en Buenos Aires cuesta 6.500 dólares el metro, en Nueva York cuesta 55.000 dólares y acá vale 4.500. El extranjero lo encuentra razonable y nos parece que el chileno va a tener que indexarse a los valores de afuera. Es como cuando se introduce un auto de 150.000 dólares. Si bien al principio no se compran muchos, luego la gente comienza a pagar su valor”, diagnostica Rencoret.

Los extranjeros que están comprando residencias vienen de Argentina, Brasil, Estados Unidos, Inglaterra y Australia, proceso que se reforzarzará con promoción internacional; entre otras cosas, con ofertas directamente en Buenos Aires y las que se puedan realizar a través de la red de comercialización de W.

En cuanto a las oficinas, cuenta que ya está colocado un 50% del espacio total y que éstas se distribuyen 50-50 entre multinacionales y compañías locales... “y eso que la comercialización partió hace seis o siete meses”.

Hotel, residencias, oficinas y retail. La idea es que coexistan, ganen sinergias, pero sin traslaparse. “Desde el plano nos preocupamos de eso. La calle privada que da acceso a las residencias y al hotel hace un aporte muy potente en lo que a exclusividad se refiere. Luego, en la parte pública, por Isidora Goyenechea, y que te da acceso a oficinas y retail, te mueves con separación entre los productos. Ninguno está traslapado, pero si buscas los espacios de sinergia, los consigues fácilmente. Se puede ir directo desde las oficinas al centro de negocios y lo mismo ocurre con las residencias, ya que puedes acceder a los servicios del hotel y a unos 2.200 m2 de espacios de servicio, con cavas de vino, living room, lounge, teatro, piscina, ascensores independientes para el servicio, salas de pool y acceso directo a los restaurantes, más estacionamientos exclusivos”.

Finalmente, y cuando le preguntamos qué pasó con la anunciada venta del edificio a un fondo internacional, operación que no se materializó, dice que efectivamente la idea es que el edificio termine en manos institucionales, “no obstante lo cual lo que te puedo decir es que en este minuto estamos 100% dedicados a la comercialización; y respecto de la venta que no prosperó, sólo señalar que esa es una materia estratégica del directorio”.

 

 

No solo de edificios

Y aunque Territoria tiene para rato en la vida de Francisco Rencoret, hoy él dice estar dando salida a varias de sus otras inquietudes vitales.

“Por ejemplo, estoy embarcado en un proyecto de aceite de oliva que tiene 12 hectáreas en la costa, al lado de Costa Cachagua. Allí, junto a mi señora e hijos, pretendemos crear una almazara, que es una pequeña planta boutique de aceite orgánico. Se llama Olivo Santo y tendrá un modelo de producción bio-dinámico. Llevamos años trabajando en él, hasta ahora sin un fin comercial, aunque quizás lo tenga en un par de años, porque la idea es producir un aceite que cuente una historia”.

Además, Rencoret es socio de Jaime Vásquez (el dueño del Tip y Tap) en Kilómetro Cero, en el núcleo de Isidora 3.000; participa en Awasi, el premiado hotel boutique de San Pedro de Atacama, y dice estar mirando varias alternativas de desarrollo en la V Región, todas ligadas al área inmobiliaria y hotelería. Y es que cree íntimamente que en el turismo y la hotelería hay un enorme potencial de desarrollo. De hecho, no descarta hacer más hoteles grandes en la región de la mano de Starwood, ya que por la similitud de idiosincrasias la exportación del concepto de mix use es una gran oportunidad.

Otra cosa que lo tiene muy motivado es que acaba de ser invitado a dar una exposición en Harvard sobre el caso de Isidora 3.000, una historia que, dice, partirá “desde la compra de las 110 propiedades iniciales hasta el término del edificio”.

 

 

Comparte este artículo: