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El extraño mundo de la “Tía Rica”. Pongale empeño

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Funciona sin interrupciones desde 1920. Aunque sus clientes han caído producto de la bancarización de los sectores medios y del acceso a los créditos del retail, la caja de Crédito Prendario no se rinde. Sus procedimientos, objetivos y hasta sus sucursales lucen anacrónicos, pero la verdad es que miles de chilenos logran sobrevivir gracias a esta particular forma de prestar dinero. He aquí la historia de una de las únicas casas de empeño estatales del mundo. Por Lorena Rubio; fotos, Verónica Ortiz.



La sala de espera de la Dirección de Crédito Prendario o “Tía Rica”, en calle San Pablo, se parece mucho a la de un hospital público. Decenas de personas –en su gran mayoría, mujeres de mediana edad– esperan pacientemente su turno para empeñar la joya que cuidadosamente llevan envuelta en un pañuelo o en sus carteras.

Sin hablar entre ellas, quizás algo avergonzadas, algunas acompañadas por hijos y nietos, estas personas venidas de comunas tan lejanas como Quilicura, Lo Espejo y Maipú saben que muy probablemente abandonarán el enorme y vetusto edificio con 20 mil, 30 mil o, si las cosas resultan bien y las joyas son mejor tasadas, 50 mil pesos que les permitirán salir del paso: pagar esa cuenta atrasada, afrontar un mes con más gastos e, incluso, cancelar matrículas de colegio y universidades.

Los hombres son pocos y, por cierto, más reacios a hablar. Según ellos, todos están aquí acompañando a alguien, aunque no falta aquel que estruja entre sus manos una cartilla de apuestas del Club Hípico.

De todo se ve en esta suerte de almacén del siglo pasado –un imponente edificio decó de los años 20–, adornado con baldosas de principios del siglo pasado y cuyos ventanales son vitrales fabricados especialmente por el artista Juan Francisco González, con motivos relativos a los objetos que se prendaban en esos años, incluidos vestuario y vajilla.

Pocos de los concurrentes saben que se trata de una entidad estatal, dependiente del Ministerio del Trabajo, la cual los gobiernos en general no mencionan en sus cuentas públicas, pese a que realiza una labor social que a muchos sorprenderá, porque se da bajo la forma de una especie de trueque entre joyas y dinero a un bajísimo interés de 2,3%.

Es posible que la misma opacidad con que el Estado se relaciona con esta institución se refleje en la matriz de la Dirección de Crédito Prendario, escasamente iluminada. Se trata de una de las pocas entidades de este tipo que aún permanecen en manos estatales; sobre todo, en América latina, donde la mayoría de estas cajas de préstamo ya fueron privatizadas.

Muchos de los que acuden a cada una de las 18 oficinas que la “Tía Rica” posee a lo largo de Chile, son “clientes frecuentes”; tanto así, que nos confesaron que una parte importante de las joyas vuelve una y otra vez a las añosas bóvedas de la caja de empeño. “Mis argollas de matrimonio pasan más aquí que en mi casa”, dice, sin ninguna aprensión, Alma H., guardia de seguridad de una firma de transportes, la única de las entrevistadas que se atreve a dar su nombre. Para esta dueña de casa, madre de un hijo que estudia Ingeniería y que recibirá unos 30 mil pesos por sus anillos de matrimonio, la caja de crédito ha sido la solución para varios de sus apuros en los últimos 20 años. “Pedir en una entidad financiera es engorroso, y esto te evita pasar vergüenzas con los vecinos”, sostiene.

El porqué de la Tía Rica

Que la ventanilla de empeño se encuentre en el pasaje Capuchinos –donde antes funcionó el anexo carcelario y hoy opera el Patronato Nacional de Reos– es sólo casualidad. Los clientes de la “Tía Rica” históricamente han sido buenos pagadores.

Porque la idea no es perder las joyas, aseguran, aunque eso suceda a veces. “Yo perdí una medalla que me regalaron para la graduación”, explica una joven vendedora de multitienda que hoy está sin trabajo. El problema es que se traspapeló con los plazos para recuperar los objetos empeñados y éstos se fueron a remate, como está estipulado.

Desde esa ocasión, asegura, nunca volvió a olvidar que el plazo para las joyas es de seis meses, más uno de gracia, con posibilidad de renovar el crédito en tres ocasiones, sólo con el pago de los intereses.

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Otra clienta –una de las pocas que dice acudir por primera vez–, cuenta que viene con “varias cositas de oro”, porque necesita pagar una deuda y que el dato se lo dio alguien de su familia. Esta joven madre luce perdida entre tantas personas que se mueven como peces en el agua en la caja de crédito. Asegura que lo hará “sólo por esta vez” y que le da confianza el hecho que va a poder recuperar sus “cositas”.

Así funciona la popular Tía Rica. ¿Por qué el nombre? El presidente de una de las dos asociaciones de funcionarios de la caja, Leonardo Verdugo, quien lleva 28 años en la institución, explica que cuando nació la Dicrep, en 1920, quienes empeñaban sus cosas de valor no querían que sus amistades lo supieran. De allí surgió el dicho “voy donde una tía rica que me va a prestar dinero”, o “este dinero lo conseguí donde una tía rica que tengo”.

Aunque hace un par de años tenía 28 sucursales y 1.400 funcionarios, hoy sólo hay 18 ofi cinas y trabajan en ellas 330 personas. Y es que si bien las colocaciones (préstamos) muestran desde 2004 un incremento de entre 5% y 7%, se trata de cifras muy lejanas respecto del crecimiento mostrado en el mismo período por la banca formal. ¿Cuánto hay de responsabilidad del propio Estado y cuánto de abandono de una mentalidad de otra época? El director nacional de la caja de crédito prendario tiene su propia explicación y está decidido a dar vuelta las cosas.

Lo que está claro es que a primera vista parece una institución en vías de extinción que, además, no está exenta de los escándalos que sacuden a diversas reparticiones del Estado. En la unidad de Antofagasta, por ejemplo, hay nueve funcionarios suspendidos por “infringir normas de control interno” causando una pérdida contable de al menos 30 millones de pesos. Los empleados siguen recibiendo sueldo, pero la actual dirección nacional pidió la intervención de Contraloría para agilizar el caso. En fin...

La tía al pabellón

Los tiempos no son fáciles para la caja de empeño estatal fundada en 1920. En la vorágine y masificación del sistema financiero, la “Tía Rica” sabe que se está quedando atrás.

El problema es que no puede derechamente competir, porque su misión es otorgar créditos con “fines sociales” y no sería bien visto que, por ejemplo, hiciera publicidad sobre las bondades de sus bajos intereses. Por eso, su existencia sigue transmitiéndose en forma oral y de generación en generación, sin mucho espacio para la captación de nuevos “clientes”.

La ubicación de sus sedes, al menos en Santiago (San Pablo, San Diego y Matucana) tampoco ayuda a ampliar la cantidad de usuarios y, por años, se ha discutido la instalación de filiales en zonas más populosas. No obstante, el director nacional de la Dicrep, Pablo Núñez, está optimista. Desde que asumió el cargo, en enero de este año, se propuso modernizar a esta prestadora estatal, hacerla llegar a más gente y aumentar el número de usuarios. ¿Cómo planea hacerlo? Lo primero será abrir las denominadas “oficinas modelo”, sucursales de estructura liviana, que permitan alcanzar a mayor población. La mayoría de las oficinas de la Dicrep son de propiedad de ésta y, al igual que la matriz, se trata de enormes y antiguos edificios caros de mantener. La primera “oficina modelo” se abrirá en Copiapó, de aquí a mayo, y Núñez ambiciona hacer lo mismo en comunas de la RM como Maipú y La Florida. “Queremos cambiar la percepción de que esta caja sólo presta dinero a gente pobre”, sostiene.

También dice que están atentos a las sugerencias de los usuarios –que se recogen a través de encuestas trimestrales– y que por eso se aumentó la cifra dedinero para cada préstamo de 50 mil a 100 mil pesos. “La suma anterior no se había movido desde 1994 y nos dimos cuenta de que las necesidades de nuestro público habían cambiado”, explica a Capital.

La meta del director nacional del organismo es aumentar en un 50% el número de usuarios de aquí a 2010, cuando termina su período; y asegura que no habrá problemas de liquidez para cubrir la nueva demanda. Primero, porque no todas las personas harán uso de esta ampliación del crédito y, además, porque la “Tía Rica” tiene unos 2.000 millones de pesos en depósitos a plazo, “que pueden servir para aumentar la liquidez en caja”, dice Núñez.

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El negocio de los joyeros

Otra cosa que no ha cambiado es el aire de secretismo y misterio que todavía se cuela en los pasillos de esta unidad. Por ejemplo, cuesta mucho que las personas cuenten a qué van a destinar los recursos que obtendrán de su empeño. También llaman la atención varios personajes que se pasean con aire misterioso, y que después supimos eran compradores de pólizas… Se trata de personajes –también en vías de extinción– que se dedican a comprar pólizas (comprobantes del empeño) por un valor menor para luego recuperar la joya, obteniendo la diferencia.

Así son las fuerzas que palpitan y dan vida a la Tía Rica; las mismas fuerzas que explican, por ejemplo, que los días previos a Semana Santa, la sucursal San Pablo se viera especialmente atiborrada en el ala del edificio donde se retiran los objetos o se renuevan los empeños. La razón no era otra que el remate que se realizaría en ese mismo lugar los días 25 y 26 de marzo, en el que se entregarían al mejor postor un montón de aros, anillos y collares de oro que no habían sido rescatados por sus dueños. Era evidente que la mayor cantidad de público iba a “recuperar” o a “renovar” sus préstamos, más que a empeñar.

¿Y los días del remate? En éstos, el público era otro: joyeros del sector céntrico de Santiago, en su gran mayoría, que siguen al dedillo las fechas y procedimientos de la Tía Rica. “Todos los meses son las mismas personas las que vienen”, comenta un funcionario de la entidad.

El martes 25, por ejemplo, se remató gran parte de las joyas; la más cara, un anillo con incrustaciones de diamantes que partió en 150 mil pesos –el monto al que había sido prendado por su dueño– y terminó en cerca de 400 mil pesos.

Pero no son sólo alhajas las que recibe esta “tía millonaria”, que en 2007 otorgó créditos por unos 13 mil millones de pesos. Algo así como un 5% de los empeños son “objetos varios”; en un alto porcentaje, equipos y maquinarias de uso industrial que, a diferencia de las joyas, son llevados por hombres. “Aquí hay mucho maestro que trae esmeriles y otras herramientas”, explica el mismo funcionario.

También se reciben cámaras digitales, filmadoras, MP3, equipos de música, relojes (“de buena marca, eso sí”, asegura una guardia que ha visto de todo), bicicletas y aspiradoras. No se aceptan computadores.

Tras su envejecida fachada estilo Art
Decó
, la Dirección de Crédito Prendario
alberga miles de silenciosas historias de
apreturas económicas

 

 

Señor tasador

El sector más silencioso de este extraño mundo, sacado de otra época, es la sección de avalúo y tasación de objetos, en el mismo edificio decó que encierra la matriz de la Dirección de Crédito Prendario (Dicrep), pero en un costado, en el pasaje Capuchinos.

Allí la gente se sienta calladamente y con la vista fija en los números electrónicos que la harán pasar ante el funcionario que les dirá cuánto vale ese par de aros o, muy raramente, ese anillo con piedras preciosas que ha pasado de mano en mano en una familia. En este extravagante y también triste lugar, los tasadores son los amos y señores. “Ellos deciden si tu alhaja vale algo o es un simple adorno bañado en oro”, cuenta una de las mujeres presentes. Proveniente de Santiago, esta secretaria asegura que “toda mi familia” acude a la Tía Rica para conseguir dinero. Por lo mismo, le ha tocado ver gente que sale desilusionada –“algunos, incluso llorando”– porque el collar al que le tenía fe tenía sólo un baño de oro o, peor aún, era de un metal no precioso. Los tasadores de la “Tía Rica” se saben poderosos y son preparados por la propia institución.

“Cada año salen entre cinco y seis nuevos tasadores formados en las dependencias de la Dicrep”, señala el director del organismo. De hecho, es la única entidad que forma tasadores profesionales y la idea es hacer un convenio con Argentina –que forma con detalle a estos especialistas– para intercambiar experiencias.

A tal punto es la pericia de los tasadores de la “Tía Rica”, que muchas veces son solicitados de otras reparticiones públicas para determinar el valor de un objeto. Por ejemplo, en las últimas semanas, la Aduana pidió a Dicrep enviar un experto en pintura –especialidad que prácticamente no existe en la “Tía Rica”, porque ya no se aceptan cuadros– para determinar si una litografía de Roberto Matta era auténtica.

Entrando en terreno práctico, en la Dicrep pagan $4.100 por gramo de oro. Si la joya tiene piedras preciosas se utiliza una tabla de avalúo predefinida. Si bien en el mercado formal se paga entre 7.500 y 8.500 pesos, en la “Tía Rica” recuerdan que dicho pago es sin la ventaja de rescatar la alhaja. En cuanto a los topes, acá el sistema permite pagar hasta un 60% de la tasación, con un tope de 100 mil pesos.

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  • Felipe

    Hola , Quisiera saber donde quedan ubicadas las sucursales dela Tia Rica , gracias.

  • erwin

    Se puede recuperar un objeto sin tener el.comprobante

  • naty

    se puede llevar un reloj steel

  • sabrina beltran

    tengo una moto y la necesito empeñar se puede?

  • Milton Maldonado Cordero

    se pueden empeñar instrumentos musicales