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El 14 de la fama

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El mejor jugador de Sudamérica durante la temporada 2006, a sus cortos 20 años, está llamado a triunfar en la liga española, donde ganará 1 millón de dólares anuales. Sin embargo, llegó a un equipo en crisis, con un técnico cuestionado y con conflictos internos. A Matigol le esperan días difíciles en el Villarreal de Manuel Pellegrini.

Matías Fernández dejó en Chile el número 14 que tanta suerte le había dado durante la temporada pasada. Con ese número estampado en la camiseta de Colo Colo, ganó los torneos de Apertura y Clausura, alcanzó la final de la Copa Sudamericana y marcó 37 goles durante el 2006. Además, con el “14 de la fama” en su espalda, los periodistas deportivos del continente lo consagraron como el mejor jugador de América. Hoy, en el Villarreal lo vemos con la camiseta número 21, que poca suerte le ha traído en sus primeras semanas como titular en la Liga de las Estrellas.

Pero más allá del tema de la camiseta, que no es más que una simple anécdota, lo cierto es que Matías Fernández deberá trabajar mucho para deslumbrar en el Villarreal. Matigol arribó en el momento más delicado de las últimas tres temporadas del equipo. Los dirigentes y sobre todo el pueblo valenciano, se habían acostumbrado a los triunfos, luego que el chileno Manuel Pellegrini había llevado a la institución a los primeros lugares de la competencia española, además de llegar el 2005 a las semifinales de la Liga de Campeones de Europa.

Hoy la realidad es muy distinta. Cuando debutó Matías, el domingo 7 de enero en la derrota del Villarreal frente al Valencia, su nuevo equipo había sumado solo 1 punto en los últimos 3 partidos. A esto hay que agregar las lesiones del argentino Gonzalo Rodríguez y del francés Robert Pires, pero sobre todo el conflicto personal que mantiene Pellegrini con la máxima figura del equipo, Juan Román Riquelme, lo que ha generado molestia en el camarín.

Pese a este escenario desfavorable, el mejor jugador chileno del momento, tiene los pergaminos suficientes para triunfar en el fútbol español. Manuel Pellegrini dice que Matías Fernández “es un jugador joven, que todavía debe aprender muchas cosas y que con el apoyo de los jugadores sudamericanos del equipo, puede llegar a rendir mucho más en el Villarreal”. Lo mismo opina Jaime Pizarro, el técnico que hizo debutar a Fernández en el profesionalismo: “por la edad que tiene, por lo que ha sido su desarrollo y por la competencia a la cual va a llegar, todavía le queda mucho por demostrar. Tiene la dosis de técnica, la cuota física, la personalidad, la fortaleza, para disputar un puesto en el Villarreal”.

2006: El año de la matimanía

Si el 2006 fue el mejor año de Colo Colo en mucho tiempo, en gran parte se debió gracias al talento y a los goles de Matías Fernández. El desempeño del volante fue gravitante en la mayoría de los partidos internacionales de su equipo, como frente al Toluca mexicano, en la definición de una de las semifinales de la Copa Sudamericana, donde Matías marcó los dos goles de la victoria colocolina.

Pese a que el equipo perdió el título continental en el último partido, la campaña de Fernández en la Copa Sudamericana fue la vitrina perfecta para ser cotizado al alza en el mercado internacional. Y en eso, los dirigentes tuvieron buen ojo, al no dejar partir al jugador antes que explotara futbolísticamente. El director de Blanco y Negro, Raimundo Valenzuela, cuenta que muchos colocolinos lo recriminaron por no dejar partir al jugador al Dinamo de Kiev por 3 millones de dólares, luego que Colo Colo obtuvo el título del torneo de Apertura: “luego se subieron a 5 millones y también nos negamos; después Matías empezó a reventar en la Copa Sudamericana y ahí las ofertas mejoraron”.

Valenzuela, encargado de las transferencias de jugadores, está convencido de que fue un muy buen negocio vender el pase de Fernández en 9 millones de dólares al Villarreal, “una cifra que significaba más de un 25% de lo que valía Colo Colo en la Bolsa de Valores (40 millones de dólares). Además sin Blanco y Negro de por medio, Matías se habría vendido en 2 millones de dólares y al primer club que hubiese pasado por delante. El quería irse al Dinamo y yo me negué, creía que no era el lugar indicado”.

Aparte de los 9 millones de dólares, Blanco y Negro se quedó con el 10% de una futura transferencia del jugador desde el Villarreal a otro club y junto con eso, se acordó un partido amistoso entre el equipo español y Colo Colo a mediados de 2007. Con todo, Raimundo Valenzuela calcula que la transferencia le significará a la directiva, dividendos por sobre los 11 millones de dólares.

Una de las empresas más beneficiadas con la llamada matimanía durante el 2006 fue la marca deportiva Umbro, el sponsor oficial de Colo Colo. Víctor Irigoyen, Gerente Comercial de Umbro, dice que la campaña deportiva de Colo Colo en general y de Matías Fernández en particular, ayudó a complementar la relación de Umbro con el fútbol. “Hay situaciones como estas donde el mercado te sorprende, impulsado por una gran campaña futbolística, que sobrepasa las expectativas. Vendimos todo lo planificado y más y dada la gran demanda, tuvimos que sacar más poleras al mercado y pudimos reaccionar a tiempo. Todos querían tener el número 14 de Matías Fernández, cuyas ventas correspondieron al 40% del total”.

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Un futuro con el “21”

Con todas las expectativas puestas en el futuro rendimiento de Matías y su camiseta “21”, no hay que olvidar que buena parte de su fortuna estos primeros meses dependerá del rendimiento tanto del Villarreal como de Pellegrini. La posición de este último ya está bastante resentida desde sus cuatro derrotas consecutivas en las primeras semanas de enero, y probablemente tendrá consecuencias en junio próximo, cuando toque la renovación de su contrato.

Pero de momento los nuevos dueños de Matías ya tomaron medidas respecto del valor de su nueva adquisición: fijaron la cláusula de rescisión de su contrato –es decir, el dinero que tendría que ofrecer otro club interesado en él– en nada menos que 65 millones de dólares.

El técnico detrás del jugador

No es una coincidencia que Matías Fernández haya desplegado su talento futbolístico con un entrenador como el argentino Claudio Borghi en la banca de Colo Colo. El mismo ex mundialista de la selección argentina confiesa: “lo único que yo le propuse es que jugara al fútbol como él lo sentía. Matías tuvo todas las libertades dentro de la cancha, nunca tuvo un puesto fijo, se movía por donde quería; lo que yo más trabajé con él fue la confianza y eso le hizo muy bien. Nunca reté ni corregí a Matías en nada, siempre lo dejé ser”.

Los orígenes de un campeón

Nadie puede discutir que Matías Ariel Fernández Fernández es chileno, pero tampoco hay que desconocer que nació en Argentina, exactamente en la localidad de Merlo, en las afueras de Buenos Aires. Sus padres –él chileno y ella argentina– se habían conocido en la plaza San Martín de Buenos Aires y vivieron sus primeros años como familia en Argentina, donde nacieron sus dos primeros hijos. Pero cuando Matías cumplió 4 años, decidieron radicarse en Chile, concretamente en La Calera.

Es probable que al otro lado de la cordillera, el Mati hubiese sido uno más de los tantos talentos que surgen año a año en el fútbol argentino. Pero en Chile, el Pelusa –como le decían en Colo Colo por su ferviente admiración hacia Maradona– tuvo la oportunidad de mostrar todo su fútbol. Jaime Vera, ex jugador y técnico de divisiones inferiores de Colo Colo, confiesa que cuando Matías tenía 15 años, le llamó mucho la atención su juego en un entrenamiento: “agarró una pelota, hizo una rabona y dejó a un jugador solo para hacer el gol. En ese momento le comenté al resto de los técnicos, que estábamos en presencia de un futbolista de mucha jerarquía”.

Matías llegó desde La Calera a Colo Colo a los 12 años. Los dirigentes albos lo habían visto en un torneo regional de cadetes y no dudaron en traerlo a Santiago. Recién llegado a Colo Colo, sin su familia y alojado en una pensión para futbolistas, no dejaba de llamar por teléfono varias veces al día a su madre –de ahí que celebra sus goles con el gesto de un llamado telefónico–, pero la nostalgia y la soledad no le pasaron la cuenta. Jaime Vera recuerda que Matías Fernández siempre fue un niño más maduro que sus compañeros y que superó todos los obstáculos que se le presentaban, como estar lejos de la familia a los 12 años. “Desde muy pequeño tenía muy claro que quería ser jugador de fútbol, a diferencia de otros, que no tenían esa claridad. Siempre trabajó para ser futbolista”.

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