Poder

Crecimiento y Protección Social

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En ese orden. La protección social, que garantiza un mínimo apoyo a los ciudadanos cuyos recursos propios sean insuficientes para una vida digna, es un objetivo esencial en toda sociedad. Sin embargo, este propósito normalmente es defraudado en los países en desarrollo. En nuestras sociedades conviven sectores que tienen un nivel de vida de primer mundo y bolsones de pobreza que no alcanzan a los mínimos elementales.

En las últimas dos décadas el país ha crecido notablemente. Desde un producto interno bruto per cápita de 2.200 dólares en 1986 (en moneda de hoy), el 2006 cerramos con casi 8.000 dólares per cápita. La población bajo la línea de pobreza cayó desde un 45% ese año al 19% el 2003, última cifra disponible. Qué duda cabe. El crecimiento es una condición básica para avanzar en materia de protección social. El presidente Lagos incorporó al Auge el concepto de garantías mínimas de atención de salud, listado que se irá incrementando en el tiempo, pero ha sido la presidenta Bachelet quien ha dado un salto gigantesco en materia de protección social al plantear una pensión básica solidaria (PBS) para todos los chilenos mayores de 65 años que se encuentren en los primeros tres quintiles socieconómicos.

Es ahora cuando el país está empezando a comprometer recursos futuros para incorporar mayor protección social a las políticas públicas. Será necesario, sin embargo, hacerlo a la chilena, evitando la experiencia europea, que si bien ha dado protección social a través de un frondoso Estado de bienestar, lo ha hecho a costa del crecimiento económico al imponer una carga tributaria despropor-cionada. Dos requisitos se necesitan para que este proceso pueda continuar en forma ordenada. Por un lado, buscar consensos amplios. Por el otro, graduar la velocidad de la incorporación de esta protección a la velocidad del crecimiento económico. Quienes creen que una creciente protección social puede ser el resultado de la lucha política por mayores impuestos se equivocan medio a medio. Que la sabiduría de nuestro electorado nos libre de estos fantasiosos. Vamos por parte.

La reforma provisional anunciada por la presidenta en su campaña amenazaba con ser un dolor de cabeza de proporciones para su período y una fuente de tensión al interior de la coalición de gobierno. Sabido es que conviven en la Concertación quienes respaldan el sistema previsional de capitalización individual y quienes desean reemplazarlo. Sin embargo, acertadamente, el gobierno ha puesto el acento en el tercer pilar, con el nuevo sistema de la PBS. La idea ha generado un gran consenso nacional. El secreto está en el origen. El profesionalismo del trabajo de la Comisión Marcel, que incorporó a técnicos de las más amplias sensibilidades, explica la legitimidad de la propuesta de PBS y la convergencia que generó.

La presidenta Bachelet ya pasó a la historia por ser la primera mujer presidenta de Chile. Este honor histórico se lo ganó apenas asumió el mando. Sin embargo, cuando lo abandone, tendrá también la oportunidad de pasar a la historia como la presidenta de la protección social. Para ello tendrá que resistir la falaz solución tributaria y fortalecer a su ministro de Hacienda, quién ha dado señales recientes de tener las cosas muy claras.

En efecto, en las últimas semanas, el ministro Velasco ha propuesto un nuevo sistema de flexibilidad laboral con protección del desempleo. Esta es una propuesta que conjuga la protección social con el crecimiento. En el actual sistema, los trabajadores que gozan de un empleo formal están protegidos por la rigidez que existe a la hora del despido ante un mal sistema de indemnización por años de servicio. Sin embargo, los desempleados están doblemente desprotegidos. Por una parte, no tienen seguro de desempleo, están al margen de una mínima protección, y por la otra, la economía chilena no genera la rotación suficiente para operar en un desempleo razonable, digamos de un 5%.

El ministro Velasco también ha salido a desalentar a quienes desean subir los impuestos. Es evidente la razón. Los recursos disponibles para la protección social crecen exponencialmente ante el crecimiento del PIB. Por ejemplo, si el gasto social, que el 2007 rozará los 20 mil millones de dólares, crece a una tasa de 6% anual en los próximos tres años en lugar de hacerlo al 4% anual, el mayor crecimiento generará recursos extras por más de 2.000 millones en el período. Siendo así, el gasto social podrá crecer a una tasa dos puntos más arriba si el PIB también crece a una tasa en dos puntos más alta.

Paradójicamente, al más izquierdista de los cuatro gobiernos de la Concertación le ha tocado hasta ahora bajar y no subir impuestos, porque ha debido reactivar el lento crecimiento de la administración anterior. Con consensos amplios y redes de apoyo social expandiéndose a la velocidad del PIB, terminaremos en marzo del 2010 con mayor protección social. Es lo que todos queremos. Por la inversa, el camino tributario no haría otra cosa que perjudicar a los más pobres.

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