La fiestita de Bachelet - Revista Capital

Opinión

La fiestita de Bachelet

La ex presidenta vino a reunirse con sus ex ministros. Y, entonces, todavía uno se pregunta, ¿qué fue esa reunión? ¿La expresión de una molestia de ella por algo que se dijo? ¿Un intento de insuflarle vida a su “legado” sin heredero? ¿El solapado aviso de una nueva candidatura presidencial? ¿Un simple exabrupto?

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Profesor titular Instituto de Filosofía, UDP

Chile político va tendiendo a contar con cuatro cuartos. Hay dos sectores centrales más masivos: la ex Nueva Mayoría y la centroderecha. Hay, a los respectivos costados, dos sectores relativamente más pequeños: el Frente Amplio y los que se ubican junto a José Antonio Kast.

Los dos conglomerados centrales son determinantes, aunque con una diferencia importante: si la centroderecha parece más vigorosa, la ex Nueva Mayoría amenaza descomposición. Es cierto que la centroderecha se ve tironeada desde más a la derecha y parte de la UDI podría agruparse con Kast. Pero, a su vez, cuenta con Evópoli y, especialmente, con un partido principal, RN, que no solo acusa riqueza ideológica y social, sino que tiene capacidad de crecer hacia el centro. Su reciente incorporación a la IDC (ex Internacional Demócrata Cristiana) confirma esta capacidad. En cambio, la Nueva Mayoría está tironeada desde los dos flancos: a la izquierda, el PC y sectores del PS podrían devenir en el Frente Amplio. A la derecha, la DC se va desgranando.

En este contexto, Bachelet vino a reunirse con sus ex ministros. Y, entonces, todavía uno se pregunta, ¿qué fue esa reunión? ¿La expresión de una molestia de ella por algo que se dijo? ¿Un intento de insuflarle vida a su “legado” sin heredero? ¿El solapado aviso de una nueva candidatura presidencial? ¿Un simple exabrupto?

Por cierto, el acto genera inconvenientes. Los más obvios: enreda el funcionamiento de la oposición, hace sombra sobre eventuales liderazgos presidenciales, desenfoca la discusión política, aparece una foto casi de compinches en un momento en el que el pueblo parece buscar otro tipo de expresiones públicas. Probablemente no le hace ni bien a ella (políticamente, ya que juntarse con amigos no es malo), ni bien a su destartalado sector.

Pero el asunto es aún peor.

Sucede que quienes están en el Frente Amplio y el PC, o sea, esas personas a las que podríamos agrupar como “nueva izquierda”, cuentan no solo con un discurso distinto al de la ex Nueva Mayoría. Es un discurso que alcanza a veces tenores contrarios al republicanismo, francamente revolucionarios, pero es persuasivo. Tienen, además, capacidad de penetración en las organizaciones estudiantiles. Y probablemente articulen a todas las juventudes políticamente relevantes de la izquierda. En cambio, los demás grupos de la Nueva Mayoría carecen de eso: juventudes significativas. No cuentan con recambios importantes después de ese conato triste que fuera la “G-90”. Y, salvo el “legado”, no tienen aún discurso.

Entonces, pasa esto: mientras la Nueva Mayoría ha sido apaleada en las urnas, mientras la centroderecha crece hacia el centro (o tiene posibilidades serias de hacerlo, especialmente desde RN), mientras la DC se desintegra y mientras la nueva izquierda exhibe una plétora de liderazgos y despliega un trabajo estudiantil y territorial que expone con una ideología persuasiva, ¿qué hace Bachelet? Se junta con los amigos.

Cuando la labor urgente para las fuerzas de centroizquierda es un trabajo orgánico, de recomposición de liderazgos, de formación de juventudes, de persuasión en las universidades, de volver a articular un pensamiento a la altura del tiempo presente, ¿a qué se dedica Bachelet? A conversar y sacarse fotos con sus ex ministros. Tamaña frivolidad no se salda con unas pingües declaraciones de autodefensa.

La presencia de sectores políticos moderados robustos es condición para la existencia de repúblicas democráticas estables y capaces de dar expresión pertinente a las pulsiones y anhelos populares. Una socialdemocracia en crisis le hace mal a la centroizquierda, pero también a todos los otros sectores y al país. Entonces amenaza vaciarse el centro. En ese momento, quienes confían en fórmulas consistentes y abstractas, los que están dispuestos a pasar por el rasero de sus reglas a la realidad, al no encontrar contraparte en el diálogo, pueden llegar a dominar. La amenaza late a la izquierda y a la derecha.

La frivolidad de Bachelet puede terminar costándonos caro. Es momento de que ella reflexione, se sume en tareas de segunda línea y deje surgir el recambio. Y mal no le haría dedicarle un tiempo mayor de su semana a las labores de formación de juventudes o de apoyar a quienes las hagan.

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