Cuatro por cuatro - Revista Capital

Opinión

Cuatro por cuatro

Doble tracción. Eso es lo que se necesitará en el nuevo período de gobierno para hacerse cargo de una sociedad expectante y cargada de ansiedades.

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Director Revista Capital

Fuera de todo pronóstico, el resultado de la segunda vuelta presidencial, con la holgada diferencia de casi diez puntos entre el candidato ganador y el perdedor, ha configurado un escenario inesperado y que seguramente les tomará mucho tiempo de digestión a los analistas.

El extraordinario caudal de votos logrados por el presidente electo Sebastián Piñera suministra información clave no solo en términos del capital político con que asumirá el cargo el 11 de marzo próximo, sino que también respecto de cómo valora la sociedad la dirección y el modo de andar que debe seguir el país para alcanzar el desarrollo.

En efecto, cuesta pensar que en la aplastante diferencia de votos no haya un mensaje implícito sobre la lógica de la retroexcavadora y sus efectos en el clima social y la performance económica; cuesta pensar que no haya una señal elocuente sobre lo que ha representado la llamada “modernización capitalista” para millones de chilenos, así como respecto del balance que debe haber entre derechos y esfuerzo personal en la construcción de una ecuación de vida colectiva que haga sentido al sentido común.

El período de gobierno que se iniciará en menos de tres meses tiene, en ese contexto, una oportunidad histórica, en el sentido de contribuir a que el proceso político de los próximos cuatro años progrese en forma iterativa hacia un núcleo en donde la búsqueda de consensos (no siempre posibles, por cierto) deje fuera de la ecuación las fuerzas centrífugas que en estos últimos cuatro años buscaron cargar la atmósfera con pulsos eruptivos, cuyo único desenlace posible era la confrontación de posturas irreconciliables.

Todo indica que el recorrido será accidentado y plagado de sobresaltos, lo que acrecentará las ansiedades de los pasajeros y los amagos de amotinamiento. Conducir ese proceso exigirá, como han dicho muchos analistas del proceso político, un delicado equilibrio entre claridad de objetivos y humildad, asumiendo las complejidades evidentes que exhibe la sociedad chilena, en donde claramente se perciben un ansia por alcanzar el desarrollo; una indignación con las asimetrías territoriales con que se ha encauzado hasta ahora ese viaje y un enorme miedo a que finalmente ese destino no esté asegurado en justicia para todos.

En consecuencia, la relevancia del ciclo político que se jugará en los próximos cuatro años es clave en múltiples dimensiones, siendo esencial la destreza política para instalar al menos dos hitos. El primero se refiere a la importancia de revalidar la búsqueda de acuerdos como el expediente que asegura, raya para la suma, la manera más expedita de alcanzar el bien común. Y segundo, que es posible hacerse cargo de manera más acelerada de los anhelos de esa ciudadanía que vive su día a día tironeada por las ansiedades, miedos y rabias mencionadas más arriba. Alcanzar ambos hitos requerirá, claro está, tracción cuatro por cuatro.

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