Opinión

Tres puntos buenos

En el turismo, en la industria vinícola, en la cultura. Chile acaba de recibir tres grandes noticias que instan a no perder el norte, y menos cuando se está tan cerca de la meta.

-

Director Revista Capital

Con escasos días de diferencia, las agencias de noticias internacionales consignaron tres noticias de positivos alcances para el país. En orden cronológico, esta fue la secuencia de hitos:

El 24 de octubre, una de las más reconocidas guías de viaje a nivel mundial, Lonely Planet, eligió a Chile como el mejor lugar para viajar en 2018, teniendo a la vista variables como la novedad del destino y los sorprendentes paisajes, todo apuntalado por la modernidad y conectividad de Santiago, la puerta de entrada al país.

Una semana después, el 31 de octubre, la ciudad de Frutillar, que cuenta con trayectoria de medio siglo en la promoción de la música, las artes y la cultura, fue reconocida por la Unesco como Ciudad Creativa de la Música. Las semanas musicales que tienen lugar desde 1968 y el impresionante Teatro del Lago fueron los argumentos que permitieron conseguir la visa de entrada al selecto grupo de 64 ciudades y 44 países que se cuentan en la lista Unesco.

Y antes de que se alcanzara a asimilar dicha noticia, otra, del mismo tenor, remeció el ambiente. Uno de los más renombrados críticos internacionales del mundo del vino, el estadounidense James Suckling, eligió al chileno Almaviva 2015 como “el mejor vino del mundo”, concediéndole una puntuación de 100, noticia que de yapa traía aparejado el honor de que otros dos vinos locales se contaran entre los cinco mejores del mundo.

Coincidencia, pero no casualidad. Estas tres ráfagas de aire fresco que llegaron casi simultáneamente a ventilar la enrarecida atmósfera nacional, son un reconocimiento y un aliciente al potencial y a la potencia con que el país puede seguir desmarcándose de lo que hasta hace tres décadas parecía ser una condena al subdesarrollo.

Mucha agua ha pasado bajo el puente en estos 30 años y hoy nominalmente Chile ya pertenece al club de las naciones OCDE. Un título ganado en buena lid, pero que, siendo honestos, lo que hace es reconocer la capacidad de generar flujos que solo si perduran en el largo plazo permitirán generar un stock de patrimonio (social, educacional, cultural, infraestructural) suficiente para sacar credencial de país desarrollado.

Estas buenas noticias son en realidad tres puntos buenos que se anotan en el track record general, pero que requieren que a los adelantados del mundo privado y público que han posibilitado a Chile alcanzar estas notables posiciones de la vitivinicultura, el turismo y la cultura, se sumen otros talentos y energías.

Los años que vienen serán decisivos para el logro de tal objetivo. Un objetivo que exige volver a crecer a lo menos al promedio del mundo y, por supuesto, por sobre la tasa de crecimiento de la población (cualquier resultado por debajo equivale a retroceder en términos per cápita). Pero también se requiere consolidar una visión de sociedad en donde todos puedan crecer junto con la economía del país, en especial los que están más rezagados en la carrera.

Comparte este artículo:
  • Cargando