Opinión

El difícil invierno de la izquierda

la izquierda está dispersa. no es fácil crecer sobre la negación completa de tus antepasados, ni intentar construir una fuerza política utilizando las mismas reglas que has cuestionado.

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La multiplicación de candidaturas presidenciales (5) y de listas parlamentarias inscritas a nivel nacional (a lo menos 4) refleja la gran dispersión de la izquierda. Esta realidad merma la capacidad de disputar la Presidencia de la República, y reduce de facto la cuota de representación del sector en el Parlamento, a la hora del debut de la nueva ley electoral.

La disolución de la Nueva Mayoría

Es paradójico que justo cuando concluye el sistema binominal, que promovía el empate entre las dos primeras fuerzas, y que se impone una legislación que favorece la combinación mayoritaria, probablemente la balanza se termine inclinando en favor de la derecha. Las fuerzas de apoyo de Piñera con una disciplina sorprendente han unificado todas sus energías bajo un solo emblema, rompiendo con su vieja tradición de conflictos e individualismos.

El ex ministro Peñailillo, arquitecto del cambio del sistema electoral, jamás hubiese imaginado que la Nueva Mayoría, apenas tres años después de suscrita esta alianza de gobierno y cuyos parlamentarios  legislaron alegremente en favor de las primarias, sería la única coalición que  no utilizaría este procedimiento para elegir a su candidato presidencial y que terminaría desgranándose en  distintas opciones.

La apuesta imposible del Frente Amplio

Al declarar una ruptura con el proyecto que se estableció desde 1988 y proponer una discontinuidad histórica con los partidos tradicionales (PS, PPD y PC), el Frente Amplio se ha planteado un desafío mayor: armar un relato de la izquierda que inicia a partir de las movilizaciones estudiantiles del 2011. Antes de su formación, según esta construcción, sólo existía una izquierda vigente en la política democrática; aquella que estaba “incorporada” en conciliábulos, acuerdos y consensos que legitimaban el “modelo neoliberal”.

Además, para elevar el peso de su apuesta ha verbalizado una “nueva ética” en su gestión política.

No es fácil crecer sobre la negación completa de tus antepasados. No es trivial intentar construir una fuerza política usando las mismas reglas que has cuestionado y pretender recuperar para el ejercicio electoral a ciudadanos escépticos, en parte, por el  propio discurso contrario a la democracia representativa presente en el mensaje profundo de muchos frenteamplistas. Menos en vigencia del voto voluntario.

Es por eso que la votación en la primaria que eligió a Beatriz Sánchez fue modesta. Y es por eso que sus problemas de gobernabilidad, algunos bastante menores, tienen tanta resonancia y les provocan tanta conmoción. Han puesto el listón demasiado alto y, por lo mismo, han empezado a alimentar su propia frustración.

¿Culpables o chivos expiatorios?

Las explicaciones para este estado de las cosas son diversas y mayoritariamente apuntan al desempeño de los liderazgos. En el caso de la Nueva Mayoría, se les supone enajenados por la motivación de asesinar al padre (al ex presidente Lagos y toda su generación política), móvil que han ejecutado, se les dice, a través de actos pragmáticos, carentes de densidad doctrinaria y estratégica. A los del Frente Amplio se les atribuye sectarismo y mesianismo.

En el primer caso, se habla de ausencia de líderes competentes, y en el segundo, de caudillos con agendas propias  incompatibles con la construcción de una fuerza colectiva.

De ese  modo, la responsabilidad actual y eventualmente histórica queda bien adjudicada y domiciliada en personas concretas.

Un contexto difícil

Pero, como siempre, todo es más complejo. A esta nueva  generación de  políticos le ha correspondido heredar y convivir con el período más fuerte de desconfianza e insatisfacción con las instituciones de las últimas décadas. Y el cuestionamiento se refiere no sólo a la corrupción, sino también a déficits dramáticos de su funcionamiento en muy distintas áreas. Y no es fácil comunicar mensajes políticos creíbles en esta realidad tan enturbiada.

El problema del relato

A cien años de la Revolución de  Octubre, qué duda cabe, el relato global de la izquierda está fuertemente cuestionado. El proyecto anticapitalista, eficaz para denunciar sus carencias en un mundo lleno de problemas, ha sido incapaz de proponer alternativas fiables a lo actualmente  existente. En el  caso de América Latina, este fracaso además se ha teñido negativamente del  autoritarismo que han ejercido y ejercen muchos de sus adeptos en el poder.

Esta nueva generación de dirigentes es la primera que no dispone de un proyecto histórico que enarbolar. Y ha intentado remplazarlo por un discurso de reivindicaciones, algunas sociales, otras “postmateriales” o  acerca de las reglas de convivencia, pero sin disponer de un relato que proponga opciones substantivas al cuestionamiento del capitalismo y que creen una identidad  esperanzadora, y por eso promuevan pasión, movilización y militancia.

La segunda vuelta y final

El resultado de la elección parlamentaria y la segunda vuelta electoral pondrán en tensión todas estas contradicciones y conflictos. Allí se enfrentarán las opciones y efectivamente se podrá medir en realidad la fortaleza de los liderazgos. Porque lo que estará en juego no será sólo una opción electoral. También estarán sobre la mesa las visiones de cómo se producirá el rearme hacia el futuro. Con quiénes, con qué ideas, con qué programa, con cuál estrategia. A ver si se impone una lógica constructiva y crecedora, o triunfan los caminos propios y los ajustes de cuenta. Para todo eso faltan menos de 90 días. Habrá que esperar, como dice Skármeta, con ardiente paciencia.

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