Opinión

Público y notario

Para muchos, la seguidilla de recientes anuncios en torno al mercado de los notarios ha hecho públicas y notorias las falencias con que en el país se abordan los problemas.

Director Revista Capital

Bastó que una institución de veras como la Fiscalía Nacional Económica (FNE) le pidiera a dos economistas y a dos abogados de renombre que le echaran un vistazo al sistema de notarías en Chile para que algunos se pusieran nerviosos.

Luego de años viendo salir rumbo al Congreso proyectos de ley de reforma al sistema notarial que en su mayoría terminaron durmiendo la siesta del primer trámite legislativo, en esta oportunidad el próspero mundo de los notarios y los funcionarios que pueblan su entorno han comenzado a vérselas con la agencia nacional encargada de velar por la libre competencia, una suerte de pariente lejano en el andamiaje institucional que aceita la fe pública, pero que tiene fama de actuar en forma independiente y decidida en el cumplimento de sus objetivos.

Que la FNE, que parte su resolución valorando el aporte de estos servicios en el funcionamiento del mercado, se lance a este cometido no deja de ser una señal que devela cómo el país ha fallado a la hora de hacerse cargo de este trascendental tema en forma oportuna, un cometido que probablemente develará carencias y fallas en un mercado del cual se sabe poco y que en algunas zonas opera en condición de monopolio u oligopolio, como apuntan los propios fundamentos de la resolución de la Fiscalía.

No dejó de llamar la atención que el Ministerio de Justicia sacara del sombrero pocas horas después de la resolución de la FNE un anuncio de creación de un centenar de nuevas notarías como forma de mejorar la competencia en este ámbito. Una decisión que en cierta forma muestra al Ejecutivo actuando en forma reactiva en un tema sensible para el buen funcionamiento del mercado y para las mayorías que a diario usan el sistema notarial.
Pero no sólo eso, el anuncio un tanto compulsivo de la autoridad también alentó la suspicacia y la sospecha entre quienes desconfían del sistema de nombramiento de notarios y de paso dejó en evidencia que en este ámbito hay poca conexión a nivel gubernamental con cuestiones como la simplificación administrativa, el uso de nuevas tecnologías y la transparencia.

En cierta forma lo hecho por el ministerio fue (ante las dudas en relación con los protocolos de selección de notarios, la calidad de los mismos, los precios que se cobran y la calidad de su servicio) nombrar más de los mismos funcionarios objeto de sospecha y albergarlos a todos, viejos y nuevos, bajo el manto de dudas ya existente.
Una lástima, sobre todo porque después de cuatro años en que el país ha quemado en forma inusitada sus energías reformistas con el resultado de retroceder en percepción internacional y capacidad de corregir falencias, se sigue mostrando cierta improvisación e incapacidad de innovar en un mundo que en muchas partes ya viene de vuelta mientras acá se aspira a trotar a tropezones.

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