Opinión

Apuntes de política nacional

Son observaciones al pasar. Y algunas son conjeturas. Pero son parte de un escenario político que aún sigue sin poder articularse con claridad.

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Escritor

Piñera, el candidato furioso. ¿Por qué Sebastián Piñera, que va primero en las encuestas, anda tan enojado? ¿Le molesta mucho que le pregunten por su dinero y sus eventuales conflictos de interés? ¿Acaso no sabía que esto le iba a pasar si volvía a presentarse como candidato? Es sintomática tanta rabia. Tratar a sus opositores de “canallas” y de aprovechadores pegados a la calefacción del Estado no es menor. Y, como si fuera poco, sostiene que sus oponentes políticos desean que se suicide.

Son crudas sus palabras, propias de una persona rabiosa y herida. Tampoco hay templanza en Piñera cuando se refiere a lo que hará en su eventual gobierno. Lo suyo será volver al orden, lo que implica destruir aquello que está instalado.

La de Piñera es una extraña manera de vincularse al poder. Poco placentera, por decir lo menos. Su irritación con quienes lo regañan es exagerada. Si llega a ser presidente, con esa soberbia, puede pasarlo muy mal. Sobre todo cuando sabemos que ninguna alianza tendrá mayoría suficiente para gobernar sin mirarles la cara a los demás.

Alejandro Guillier, hombre de baja intensidad. Desganado se ve el candidato Guillier. Sospecho que tiene pocas ganas de involucrarse en la ferocidad política. Sus deseos por mantenerse independiente son tan absurdos que lo han vuelto débil, errático.

Definitivamente no cree en las ideas, puesto que lleva meses sin plantear ninguna. Ni siquiera tiene un comando con vocero convincente. Se ve que las cosas se hacen a su cadencia, y su ritmo es pausado, predecible, sin energía. Su identidad es difusa, y su falta de vocación por el poder, abierta. Sus escasas ganas de trabajar son míticas. Basta ver las pocas leyes que ha auspiciado y su inverosímil negativa a dirigir un conglomerado que lo eligió candidato. Guillier les saca el cuerpo a las responsabilidades, por eso pierde puntos. Pero no le importa, quizás porque ser presidente de la República nunca estuvo en sus planes.

Es tan fuerte su desidia como candidato que está instalado el rumor de no llegar a la papeleta final. Su posición díscola se ha vuelto un problema que le resta credibilidad ante los suyos. Y se especula con que quizá su afán por juntar firmas para inscribirse como independientes sea una coartada para fugarse. Es una posibilidad que cabe tener en cuenta.

El look Frente Amplio. Uno de los éxitos del Frente Amplio es trabajar con las tendencias y las modas. Si bien todos piensan parecido y están alineados, sus fachas son diversas y hablan por ellos. El sistema de la moda se titula el libro de Roland Barthes, en el cual observa la semiología respecto de cómo se visten y peinan las personas. Si uno mira a Javiera Parada, Gabriel Boric, Alberto Mayol, Beatriz Sánchez y Giorgio Jackson, lo que ve es a un grupo de adultos con un estilo para vestirse que va asociado a lo que predican, que está impreso en sus poses y ropas. La informalidad, los pelos largos en los hombres y cortos en las mujeres, la calvicie asumida, refieren a identidades diversas, que se inscriben en lo alternativo, en lo que está teñido por el gusto estético de estos tiempos.

En el Frente Amplio no se ven las chaquetas ni las corbatas, ni los ternos baratos ni los zapatos gastados. No hay homogeneidad en lo que a ropas comprende, puesto que es en el look donde está puesto el individualismo que reprimen los líderes. ¿Cómo lo harán para sumar votos de adultos formales, sin onda? ¿Cómo lo harán para abrirse como movimiento, más allá de lo que parece exclusivo de determinadas generaciones y sus precursores? ¿Caben en el Frente Amplio los oficinistas, los burócratas, los que están orgullosos de sus logros laborales, los que pretenden mejorar su situación económica con más trabajo, o los que creen en su talento original? Más que ímpetu por sumar, se nota en el Frente Amplio ganas de excluir a los contaminados por el mercado (que son la mayoría popular) y a los intelectuales escépticos, por burgueses.

¿A quién le habla Carolina Goic? Hasta el momento sólo se dirige a los simpatizantes de su partido. Eso explica su mal desempeño en las encuestas. Sigue metida en la ingeniería electoral. No le he escuchado propuestas que estén fuera del ámbito político y que convoquen a los que no militan. ¿Seguirá con la gratuidad? ¿Qué hará con los impuestos y el crecimiento? ¿Qué propone como sello de identidad? ¿Con quién va a gobernar si se acaba de separar de sus socios? En materia valórica es donde menos se ha pronunciado, tal vez porque ahí es donde está más a la derecha de sus antiguos socios.

Carolina Goic asegura que llegará hasta el final, lo que es un mensaje irrelevante si no va acompañado de ideas, de su carisma desplegado en la calle y de un grupo de apoyo más heterogéneo que su círculo de correligionarios.

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